La terrible historia que me contó el hielo en julio de 2015

Recientemente he estado de vacaciones, recorriendo Francia e Italia. Una de las zonas que no conocía de Europa era los Alpes, y pasamos por ella este verano. Concretamente, tuve la oportunidad de subir en teleférico a uno de los niveles del Mont Blanc (el otro estaba cerrado) y al “Mer de Glace” (Mar de hielo). Todo lo que escuché allí tiene bastante que ver con la próxima cumbre del clima que se celebrará en París para que los peces gordos debatan sobre el cambio climático. Pero bueno, volvamos a los Alpes.

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Vistas desde el “Mer de Glace”. Fotografía propia (Eugenio Fernández Suárez)

El “Mar de Hielo” es un glaciar. Se podría hablar mucho de ellos (hay una rama entera de ciencias, la glaciología, que se dedica a ello). De momento, vale con decir que es un montón de hielo que se origina por acumulación y recristalización de la nieve durante miles de años, avanzando y erosionando las montañas, dando forma a los valles. No estoy contando nada del otro mundo.

Hay otro participante en esta historia. El “Cambio climático”. Siempre ha sido algo bastante etéreo. Mucha gente habla sobre él; sabemos que los maremotos, terremotos y todos esos desastres acabados en “-moto” tienen algo que ver. Sabemos que nuestros abuelos dicen que antes nevaba más. Sabemos que antes había menos incendios. El cambio climático parece tener pequeños mensajeros que van haciendo ruido por el mundo y sembrando el caos. Ya estamos acostumbrados a “que este verano sea el más caluroso desde los 1980 en Andalucía” y simplemente asumimos que hemos batido un nuevo record. O “que este año tengamos record de incendios en Galicia”, y nos acordamos de la madre del pirómano que ha quemado una burrada de hectáreas, cuando tal vez la mayoría de incendios se deban indirectamente a nosotros.

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Fotografía de Mark Thiessen

Bien, todo esto tiene algo que ver con la historia que me contó el hielo este verano. Al llegar en el tren cremallera me quedé anonadado. Una enorme “carretera” de hielo, excavada en la montaña, iba trazando curvas, con cascadas y montañas nevadas a los lados. Es uno de los paisajes más bellos que he tenido el placer de ver. Poco a poco, me fuí dando cuenta que también era de los más terroríficos.

El glaciar se puede visitar. Bajamos en un teleférico a dicha “carretera” y posteriormente a unas escaleras. Todo parecía un poco chapucero, como si la escalera se hubiera hecho a tramos. Según vas bajando van apareciendo carteles con cifras. Pasé por 1985, 1990, 1995, 2000…me dí cuenta, tonto de mí, que la “altura” iba aumentando conforme descendía. Estaba tan impactado por el paisaje que no me había parado a leer. Los carteles no hablaban de la altura (en mi defensa, decir que es una altura similar a la que me encontraba). Los carteles ponían “Nivel del glaciar en 1990”.

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“Mer de glace”. Fotografía propia (Eugenio Fernández Suárez)

Es entonces, y solo entonces, cuando te das cuenta de lo que verdaderamente está pasando. Difícilmente lo puedes entender en los telediarios, en los documentales, en las fotos del “antes y el después”, me dí cuenta de ello cuando hice una foto de uno de estos carteles, y al mirarla en la pantalla de mi cámara, no creo que nadie pueda hacerse una idea del descenso del glaciar con esta fotografía (En parte porque es imposible de representar, en parte porque es una fotografía mala de cojones). Cuando vas bajando por estas escaleras, hechas a tramos porque cada vez el glaciar desciende más y más, vas haciendo un descenso terrorífico para alguien mínimamente preocupado por el futuro de nuestro planeta. He buscado una foto antigua desde una zona similar a la que yo hice alguna que otra foto, y es desolador; pero además, hay que pensar que gran parte de este descenso se ha producido en los últimos 30 años, aunque las fotos tengan más de un siglo de diferencia.

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A la izquierda, fotografía de Auguste Couttet en 1900 A la derecha, fotografía propia (Eugenio Fdz Suárez) en 2015

Las escaleras van llegando al glaciar, siguen apareciendo carteles, cada vez en periodos de años más cortos, como si el descenso entre 2010 y 2005 fuera similar al de 1900 y 1950. Vas acercándote a la enorme masa de hielo y vas escuchando el agua correr, como si te estuvieras acercando a un enorme reloj de arena, cuya cuenta atrás es orquestada por el hielo derritiéndose. El glaciar tiene un túnel visitable, donde te das cuenta que es temporal, debido al avance de este colosal monumento de la naturaleza y a su paulatina desaparición.

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Jökulsárlón, Iceland, 4 March 2005. Fotografía de James Balog

Tal vez mucha gente piense que ya sabe todo del cambio climático, pero creo que no podemos hacernos a la idea hasta que te enfrentas, cara a cara con un glaciar, cuando te das cuenta de la realidad en todas sus dimensiones y te golpea en el pecho. No es simplemente un montón de hielo, es un monstruo, brutalmente bello, que va devorando la montaña, y al cual estamos matando poco a poco. Por fuera puede parecer incluso roca, manchado por la erosión y la contaminación hasta volver la superficie helada en tonos grises y negros, pero por dentro, las fisuras te permiten ver hielo que pasa del negro al blanco, y del blanco al azul. Es algo muy raro y muy bello, y probablemente he visto uno de los glaciares menos impactantes del mundo. Y aún así, te deja helado. Pero sigamos con la historia.

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Svi´nafellsjo¨kull Glacier in Iceland. Fotografía de James Balog

Cuando volví, me puse a investigar un poco sobre glaciares. Descubrí a una persona, James Balog, que había escuchado las terribles historias del hielo de diferentes partes del mundo y les había dado vida. Podría hablar mucho de la curiosa vida de este tipo, tal vez la reserve para otro post o tal vez no, el caso es, que tras contemplar un espectáculo similar al que yo vi este verano, le pareció necesario contar su historia. Puso cámaras alrededor de los principales glaciares del mundo y se dedicó a hacer “Time-lapses”.

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Cámaras del documental en Alaska. Fotografía de James Balog

Os recomiendo el genial documental que hizo hace relativamente poco, llamado “Chasing ice”, donde podéis ver el proceso, los ideales que hay detrás y el resultado. Pero un resumen rápido es esta charla de TED, donde entre otras cosas, podéis ver alguno de los time-lapses, o, por ejemplo, la mayor ruptura de glaciar jamás filmada. En 75 minutos, se separó el equivalente al tamaño del “Bajo Manhattan”, solo que los edificios de esta ciudad de rascacielos son 2-3 veces más bajos que el glaciar. James Balog ha encontrado la forma perfecta de representar el paso del tiempo por los glaciares, y da mucho miedo ver una gigantesca masa de hielo retroceder kilómetros en apenas 2 años.

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“Diamante de hielo”, Islandia. Fotografía de James Balog

Pero el glaciar es la prueba viviente del cambio climático en otras maneras menos gráficas. Para resumirlo, se extrae un tubo de hielo (“Núcleo de hielo o Ice Core”) con perforadoras, que, como si de los anillos de un árbol se tratase, nos cuenta la historia del mundo. Burbujas de aire atrapadas, formando cápsulas del tiempo con las concentraciones de gases desde hace miles de años. Esta gráfica representa los niveles de CO2, los cuales pueden llegar a aumentar, de forma cíclica y natural, hasta las 280 partes por millón. Obviamente, debido al efecto invernadero (gases que absorben la energía solar y luego la liberan, aumentando la temperatura), esto viene acompañado de un aumento de temperatura, que cada vez será más brusco. Pues actualmente estamos llegando a los 400 ppm, y subiendo, cuando nuestro planeta lleva cientos de miles de años entre los 200 y los 280 ppm.

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Gráfica que representa los niveles de dióxido de carbono de los últimos 400.000 años

Es así, como el hielo nos cuenta el pasado, presente y futuro de nuestro planeta. Gracias al hielo sabemos que el aumento de gases efecto invernadero actual no tiene parangón en la historia. Los lamentos de los glaciares son la prueba viva del cambio climático, y de que su relación con desastres naturales y extinción masiva de especies es totalmente cierta e incuestionable.

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Greenland Ice Sheet, 28 June 2009. Fotografía de James Balog

¿Soluciones? Muchas, que podemos hacer todos en mayor o menor medida. Pero la entrada no iba de solucionar problemas, iba de la historia que me contó el hielo este verano. Y ya la he contado, así que nos vemos en otro post! Como siempre, os animo a participar dejando comentarios, compartiendo el post por redes sociales y siguiendo al blog en dichas redes (facebook y twitter) para difundir la palabra y hacer que la historia del hielo sea escuchada. También os recomiendo visitar la web de Extreme Ice Survey, que es el proyecto de James Balog, que va aún más allá del documental. Un saludo.

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Marmota alpina (Marmota marmota), en Mont Blanc, muy cerca del “Mer de Glace”. Fotografía propia (Eugenio Fernández Suárez)
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6 thoughts on “La terrible historia que me contó el hielo en julio de 2015

  1. Manuel noviembre 30, 2015 / 5:15 pm

    Muy interesante el artículo !! Hay que tomar medidas urgentes por parte de todos los estados para dejar el planeta tierra en condiciones para las futuras generaciones.

    Le gusta a 1 persona

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