El verdugo de los cielos australianos

El verdugo flautista o urraca canora (Gymnorhina tibicen) es una de las aves cantoras más conocidas de Australia, aunque aquí nos suene al protagonista de alguna fábula extraña. Parece un ave bastante normal, que nos recuerda a nuestros córvidos, de color blanco y negro, con unos ojos de un marrón muy vivo. Pero su comportamiento esconde un oscuro secreto que la convierte en el castigo de miles de australianos durante cada verano, y que le ha valido el apodo extraoficial de “la orca de los cielos”:

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Ilustración de Ego Guiotto

 

Esta paseriforme, prima de los córvidos, se ha ganado su nombre oficial a pulso. Es flautista debido a su amplio repertorio de vocalizaciones; de hecho, puede imitar a más de 35 especies de aves, además de perros, caballos y humanos. Son además aves bastante inteligentes. Sin querer entrar a profundizar en temas de cultura y luto, me ha chocado toparme con un vídeo de una especie de “ritual funerario”. Pero lo interesante es el origen de su apodo de verdugo. Dado que es un ave bastante común, se ha adaptado muy bien a la presencia humana, siendo habitante habitual de parques y jardines como pudiera ser aquí la urraca.

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Ejemplar joven de verdugo flautista. Fotografía de David Midgley (Freeimages)
 Pero en verano (Agosto-Octubre), en plena etapa de reproducción, coincidiendo con el periodo desde que los polluelos nacen hasta que abandonan el nido, algunos machos de esta especie se vuelven especialmente territoriales y agresivos, atacando a cualquier ser que se acerque a sus nidos. Este comportamiento es bastante típico de los córvidos (que recordemos, no es un córvido pero recuerda a uno), siendo capaces de atacar a aves mucho mayores como águilas o halcones hasta expulsarlas de su territorio. Sin embargo, el verdugo flautista ha llevado esto al siguiente nivel, y su principal víctima son los humanos, especialmente aquellos que van en bici, dada su mayor velocidad y “envergadura”.
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Ciclista siendo atacado por un verdugo flautista

Todo aquel que pasa a 50 metros del nido o menos pueden recibir un ataque, que en el caso de los ciclistas llega a 100 metros. Tan frecuentes son estos ataques que el 90% de los australianos dice que ha sido atacado por un verdugo (Y el 92% de la gente cree que este tipo de estadísticas se inventa, pero bueno). La mayoría de los atacados son ciclistas, aunque 1/4 de los ataques se producen durante simples paseos a pie. Según la web “MagpieAlert”, el año pasado, el 15% de los ataques resultaron el algún tipo de lesión.

Al principio, este animal utilizará llamadas de alarma e intentará asustar al intruso con vaivenes aéreos a su alrededor. Si no consigue su objetivo (Hay que decir que es un animal con poca paciencia), el ataque pasará a una fase más agresiva, que consiste en lanzarse en picado contra su enemigo, emitiendo estridentes sonidos, e incluso atacando directamente al rostro o al pecho. Dado que no tiene el pico más limpio del mundo, estos ataques pueden causar conjuntivitis o desprendimiento de retina.

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Cartel del ayuntamiento de Brisbane sobre el verdugo flautista

Los ataques del verdugo también se producen contra otras aves, y es por ello que se le considera una dañina especie invasora en Nueva Zelanda, donde fue introducido alrededor de 1860 para combatir plagas. Ha desplazado a varias especies de avifauna de zonas importantes para su supervivencia, poniendo en jaque a especies como la paloma maorí. Además, poseen preferencia por los pastizales, siendo los protagonistas de bastantes choques con avionetas.

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Verdugo Flautista adulto. Fotografía de Justin Otto (Flickr)

Sin embargo, los verdugos flautistas son un ave protegida en Australia, ergo los australianos, especialmente los aficionados a utilizar la bicicleta como medio de transporte, han tenido que aprender a convivir con estos particulares vecinos. Medidas “efectivas” parecen los sombreros de ala ancha, o imitar un rostro en la parte trasera de la cara mediante gafas de sol u ojos pintados. Los que más complicado lo tienen son los ciclistas: Algunos llevan una bandera en la parte trasera de la bicicleta, otros llevan cables u otras “extensiones” en el casco…existen muchas técnicas, pero ninguna parece infalible. De hecho, a pesar de su estado de protección, las autoridades locales podrán disparar al animal si agrede a la gente, o capturarlo y alejarlo del nido (Más de 30 km, para que no vuelva a la zona). Lejos de quedar en anécdota, existen webs y asociaciones que recaban ataques e incluso elaboran mapas para saber donde nidifican estas aves y evitar esas zonas.

En fin, espero que os resultase interesante descubrir como conviven los australianos con un ave tan “pesada”. ¿Qué pasaría en España si tuviéramos aves tan agresivas? ¿Se desarrollaría de forma tan pacífica e imaginativa esta convivencia? Vaya, tal vez desconozco alguna especie endémica que tenga este tipo de comportamientos, pero al menos por el norte, lo más que nos puede pasar es ver alguna urraca atacando un ratonero. Como en otras ocasiones, os animo acompartir el post y a seguir el blog en el facebook y twitter de Nasua, y os animo a participar en los comentarios.

Bibliografía empleada:

  • Página del verdugo flautista en wikipedia.org
  • Web de la iniciativa “Magpie Alert”
  • Web de Wildlife Australia

 

 

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