Las sombras tras “el vínculo”

En una época donde la sensibilidad con los animales se hace cada día con más ciudadanos, también he visto como aflora un deseo hacia lo que yo llamo “el vínculo”. Nos encantan los animales, sobre todo los salvajes: Son criaturas increíbles, muchas veces exóticas y escasas, y son una muestra de lo único que es nuestro planeta y del proceso evolutivo que las ha ido moldeando hasta hoy. Probablemente sea esto lo que nos invite a interaccionar con ellas, por muy mala idea que esto pueda llegar a ser.

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Fotografía de Katerina Plotnikova

Y es que de eso hablo cuando digo “el vínculo”: Esa necesidad imperiosa que tenemos por “interaccionar” con los animales. Ya sea para sacarnos un selfie o mirarlas a los ojos esperando alguna especie de conexión espiritual.

Más allá de ese interés que suscitaron los zoológicos hace años en occidente, ahora nos importa más el bienestar de los animales y de ello han surgido muchas “interacciones” con animales que aparentan ser menos dañinas que una casa de bestias (el concepto antiguo de zoológico) pero que muchas veces son todo lo contrario, ya no hablamos tanto de exposiciones museísticas de animales, hablamos de antropomorfismo: Pensar que si a nosotros nos encantaría darle un abrazo a un tigre…¿Cómo va a ser estresante para él? 

Cada vez vemos más programas de televisión que fomentan este tipo de conexiones, muchas veces con buenas intenciones y con un balance “positivo”, pero que retroalimentan este rollo de lo guay que es tocar animales.

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Fotografía de Katerina Plotnikova

Primeramente, hablando de los zoológicos, yo mismo he participado como cuidador voluntario en interacciones donde yo marcaba los límites, y tengo sentimientos encontrados: En general, es innecesario e incluso peligroso juntar a animales salvajes y personas, si bien existen unas condiciones bajo las que creo que puede ser beneficioso; las cuales son tener como prioridades el bienestar de los animales, el objetivo divulgativo y la seguridad de las personas.

Por ejemplo, el contacto con serpientes inofensivas bajo unas pautas permite que sobre todo los más jóvenes se lleven un grato recuerdo y aprendan sobre estos animales, en especial que no deben tener ese concepto de alimañas que aún permanece a día de hoy en las zonas rurales.

Por desgracia, existen muchos lugares donde estas interacciones tienen como único objetivo el beneficio económico. Aún a día de hoy se pueden encontrar en España casos de este tipo, como centros donde puedes acariciar crías apartadas de sus madres sin ningún control o felinos con una correa, como el caso de la siguiente fotografía, donde podría haber elegido una de las cientos de fotos que tienen los visitantes con el animal mucho más idílicas, pero no quiero poner aquí rostros de gente que ha visitado el lugar equivocado:

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Ocelote en el zoo de Castellar – Tripadvisor

El turismo en países exóticos es el que más se ha aprovechado de estas situaciones, en lugares muy alejados del respeto al bienestar animal que debiera tener un zoológico en el siglo XXI. Hace unos años eran los macacos haciendo trucos o para hacerse fotos (y a día de hoy sigue siendo así), pero en esta misma dirección de maquillar de amor hacia los animales a la explotación animal también han proliferado falsos “centros de rescate” donde puedes tener tu momento mágico acariciando a un león en Sudáfrica o bañando a un elefante en Indonesia.

El problema es que es puro marketing y muchas veces esto solo nutre negocios como la caza enlatada bajo una fachada de “altruismo”. Otro ejemplo es el famoso “Templo del Tigre”, hasta hace poco idílico lugar donde monjes y tigres convivían para disfrute de los turistas, y donde se descubrieron decenas de cadáveres de tigres congelados.

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Monje interaccionando con tigres – donaldandcathy.typepad.com

Otro punto que me apasiona es el uso de interacciones como gancho para biólogos y veterinarios (y sobre todo alumnos) interesados en formarse en fauna silvestre. Pocas veces está justificado, y sin embargo muchas veces parece que el objetivo es triplicar el precio de cursos con carencias formativas a cambio de un “book” con animales salvajes, que aunque muchas veces están bien cuidados (y por eso no voy a poner enlaces, porque desconozco cada situación como para criticarla directamente), creo que muchas veces lo único que se fomenta con esas cosas es nutrir estas necesidades de interacción y sacar dinero de ello.

Como es mi tercer año organizando cursos de este tipo en AVAFES, me toca especialmente la fibra, cuando veo programas de una calidad muy inferior a la de nuestros cursos, pero que cuadruplican el precio de estos. Y es que una cosa es formarse y otra muy distinta es hacerse fotos. Aprovecho para hacer “publi”, hay AVAFES en las facultades de veterinaria de buena parte de España en la que los alumnos trabajamos mucho por sacar cursos, y se cobra únicamente para suplir los costes de organización, y los escasos beneficios se reinvierten en nuevas actividades más económicas. Seguidnos si queréis formaros de forma económica!

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Fotografía de Katerina Plotnikova

¿Y por qué esta necesidad de interaccionar y toquetear a los animales no es buena? Lo primero porque en muchas ocasiones la interacción entre el ser humano y la fauna salvaje es peligrosa tanto para personas y animales, y de hecho, al año se producen cientos de casos fatales por gente que decide que es buena idea acercarse mucho a animales salvajes tanto en su medio natural como en cautividad.

Y lo segundo, porque fomentamos esa “maravillosa” idea de que los animales salvajes y las personas son un buen tandem, y fomentamos el mascotismo de especies salvajes, que mueve uno de los mayores tráficos ilegales del mundo, del que son víctimas miles de animales al año, muriendo la mayoría en condiciones de transporte horribles, y sobreviviendo unos pocos de los cuales la mayoría acaba viviendo una cautividad mucho más horrible de la que estamos acostumbrados a denunciar.

Es una lástima ver como creemos que una foto en blanco y negro en un zoológico significa que el animal está triste, pero un tigre sentado en un sofá es super feliz porque la foto es a color y el “dueño” sonríe y abraza al animal. Es ignorancia pura que perjudica enormemente a estos animales.

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Oso grizzly humanizado – Fotografía de Caters News Agency

Y es que a día de hoy se sigue sin poder conocer el pensamiento de los animales en toda su complejidad en cada situación, y al igual que no podemos caer en tratarles como objetos, tampoco podemos proyectar nuestros deseos y sentimientos en ellos, pues no les haremos ningún favor idealizando las relaciones entre primates humanos y el resto de las especies de nuestro planeta; y es que muchos tienen imágenes demasiado cercanas a algunas de las que ilustran este artículo (me refiero al trabajo artístico de Katerina Plotnikova). Con esto no quiero decir que todas las interacciones sean horribles ni que no se pueda sacar uno fotos con animales salvajes. Pero creo que hay que dar una serie de “normas morales”:

  • Pregúntate por el objetivo de la interacción, ya no el que tenga quien la está ofreciendo; pregúntate si te aporta algo a tí más que un montón de likes en facebook.
  • Pregúntate si puede suponer estrés o un peligro para el animal o para tí.
  • Si estás interesado en hacer voluntariados, prácticas o trabajar con animales salvajes, lo primero piensa que lo normal es que no toques a los animales. Y sobre todo, investiga sobre los centros a los que quieres ir, si en verdad son sitios que trabajan por los animales o por contra son sitios en los que usan a los animales como reclamo para un “voluntariado” en el que debas pagar.
  • Si te estás formando, pon prioridad a la calidad de las ponencias antes que a hacerte fotos con animales o tocarlos.
  • Si trabajas con animales salvajes, esta bien compartir tu trabajo, pero ten en cuenta del impacto que puede tener, un “foto de ámbito laboral, los animales salvajes no son mascotas!” nunca viene mal.

Creo que además, en muchos casos estas interacciones, a pesar de ser beneficiosas para la divulgación la conservación (me viene a la cabeza Kevin Richardson o el propio Frank de la Jungla), deben ser evaluadas desde ambos puntos de vista y actuar en consecuencia, es decir, si las interacciones con animales pueden ayudar a la conservación, creo que sus autores tienen también la responsabilidad de contar la otra cara y ser activistas contra la idealización de las relaciones entre humanos y personas (En este caso, ambos hablan de ello en mayor o menor medida).

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Kevin Richardson interaccionando con un león – Fotografía de Adrian Steirn

Recalco: No estoy condenando todas las interacciones con animales, pero actuemos con cabeza y pensemos que nos aportan a nosotros y a ellos. Los animales salvajes no necesitan relacionarse con el ser humano, y la mayoría de interacciones tienen como resultado más probable el estrés del animal. Si estás interesado en trabajar con animales salvajes, que no sea por tocarlos, que sea por protegerlos. Y apoyad a los centros que fomenten la conservación y el respeto a la fauna salvaje, ya sea sin interacciones o usando estas como una herramienta divulgativa que respete a sus protagonistas: Con el resto, no perdáis ni el tiempo ni el dinero. Como siempre, gracias por leerme y os enlazo a las redes sociales del blog: facebook y twitter. Se agradece la difusión, cuyo único objetivo es divulgar sobre estos temas!

 

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5 thoughts on “Las sombras tras “el vínculo”

  1. Virgina noviembre 27, 2016 / 3:40 pm

    Totalmente de acuerdo. En muchos casos no se tiene en cuenta el bienestar del animal.
    Soy bióloga y educadora ambiental, y dentro del sector existen formas muy invasivas para mi gusto. No hace falta tocar todo lo que vemos para divulgar información y conciencia ambiental. Ni hacerse fotos con animales, sea de la familia que sean. Los animales en su sitio y sin tener que interaccionar con nosotros, bastante estrés les supone y nuestra presencia. Como siempre en muchas ocasiones se “instrumentaliza” la imagen con el animal para beneficio particular. Enhorabuena por acabar de este tema!! Un saludo

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