¿Qué mascotas puedo tener en España? Tal vez demasiadas

La tenencia de mascotas exóticas no es algo nuevo: Los egipcios y romanos ya tenían peces ornamentales o utilizaban guepardos para cazar. Sin embargo, la magnitud que ha alcanzado actualmente el mascotismo de fauna silvestre, en una época de supuesto cenit moral, es preocupante y peligrosa, tanto para el bienestar de animales individuales como para el equilibrio ecológico que guardan las poblaciones a las que estos pertenecen. Conviene preguntarse que animales no podemos tener de mascotas, y conviene plantearse si la pregunta adecuada para protegerlos no debería ser “¿Qué animales puedo tener de mascota?”

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La demanda de yaco de cola roja para ejercer de mascota es una de sus mayores amenazas (Zoo el Bosque) – Fotografía propia

No estoy en contra de la tenencia de fauna exótica por particulares; conozco a amantes de los animales (De los de verdad, que conocen la problemática de las especies invasoras o saben identificar toda fauna que se les cruza por delante) que tienen ajolotes, serpientes o hurones. Son conscientes de que las necesidades que estas especies piden son mayores y actúan en consecuencia; sin embargo, basta darse una vuelta por las mismas páginas web que usamos para comprar artículos de segunda mano para encontrar titís, linces y otros animales.

Como ya hemos hablado en el blog, existen muchos tipos de cautividad, y una de las más peligrosas es la de particulares. Hay, como ya comenté, gente muy responsable, y personalmente conozco gente que cuida de animales exóticos o los cría que me caen genial y son muy responsables. Pero también hay compras compulsivas sin conocimiento de especies que no debieran ser la mascota de nadie: Animales peligrosos, que cuando crecen pueden verse obligados a establecer una relación dañina con nosotros. Os aseguro que un adorable tití da unas buenas dentelladas, y la cosa se complica si viene cargado de VIH

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Tití común, una especie muy traficada en nuestro país (Zoo el Bosque) – Fotografía propia

Debido a esto, muchas de ellas son abandonadas, desembocando en la aparición de especies invasoras que acaban con la fauna autóctona (Si quieres conocer algunas de las especies más problemáticas en nuestro país, te enlazo esta entrada del blog) o que acaban con la muerte del animal “liberado”.

Pero no solo supone un peligro para el medio ambiente: Por desgracia, tener un perro o un macaco no es lo mismo. Los animales exóticos tienen requerimientos que son muy difíciles de satisfacer, y en muchos casos aquellos que optan por las mascotas exóticas, permitidas o no, acaban maltratando al animal sin saberlo: Mala alimentación, recintos pobres o falta de ejemplares de la misma especie pueden llevar al animal a comportamientos estereotipados, enfermedades graves o agresividad dirigida hacia los dueños.

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La serpiente del maíz, uno de los herpetos más criados en nuestro país (Zoo el Bosque) – Fotografía propia

Por supuesto, los animales exóticos también son fuente de enfermedades, y sobre todo me refiero a los que provienen de tráfico ilegal, con CITES falseados y capturados del medio natural, sin pasar ni un solo chequeo veterinario. Esta situación hace que un simple arañado pueda desembocar en enfermedades graves que se transmiten al hombre.

Un ejemplo sería el herpesvirus B, altamente letal en el hombre pero que los macacos tienen de forma latente (recordemos que España es la gran vía de entrada al tráfico de macaco de Gibraltar por Europa), o la salmonelosis presente en la piel de muchos reptiles.

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Rafi, macaco que apareció en un parque (Rainfer) – Fotografía propia

Pero, ¿Por qué estamos hablando de esto? ¿Acaso CITES no nos protege de esto? Si bien CITES posee cierta utilidad, a día de hoy se pueden tener cientos de especies distintas en tu casa con el documento adecuado, a cual más extravagante, e incluso algunas arrancadas de su medio natural, pues dado el dinero que mueve el tráfico de fauna silvestre, no hay problema en invertir una parte en la falsificación de documentos CITES y otros permisos. Además, CITES no prohíbe la tenencia de muchas especies ya que eso recae en la legislación de cada país.

Actualmente, en la mayoría de Europa se trabaja con listas negativas: Se prohíbe tener ciertas especies animales, ya sea por temas de conservación, salud pública o riesgo medioambiental; un poco lo que ya hemos hablado. El panorama de mascotas exóticas es el siguiente: Una nueva especie se pone de moda, ya sea porque a Paris Hilton le ha dado por tener un kinkajou o a Justin Bieber un mono capuchino (en esta especie de primate sudamericano ha influido mucho su aparición en películas como Piratas del Caribe).

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Brutus, mono capuchino intervenido por el SEPRONA (Rainfer) – Fotografía propia

Esto hace que las ventas se disparen, ergo el tráfico ilegal nutre en mayor o menor medida esta demanda (sí, hay criaderos legales…pero los clicks en internet van muy rápido y os aseguro que es mucho más rápido que en Barajas aparezcan en una maleta la especie de turno y se venda quedando por internet en alguna gasolinera, a que se monte un negocio de cría).

Cuando la gente comienza a darse cuenta de que estas especies no son fáciles de mantener en cautividad, ya sea porque se hacen grandes, muerden o hacen ruido, son “liberadas” al medio natural: Pasó con las tortugas de Florida, pasó con los mapaches (sí, tenemos colonias en Madrid, por ejemplo), con los coatíes y pasará en un futuro con más especies. Posteriormente, dado que es una especie invasora, toca sacrificar a estos animales.

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Los mapaches han formado varias colonias en nuestro país tras ser abandonados (zoo el Bosque) – Fotografía propia

En otras ocasiones, dada la ilegalidad y peligrosidad de estas “mascotas” muchos animales acaban en sótanos…por suerte, muchos de ellos tienen un mejor futuro, y cuando son incautados acaban en centros de rescate o acogida. Por desgracia, la mayoría de estos centros son de financiación privada: El Ministerio de Economía es dueño de los animales incautados pero son estos centros los que costean su mantenimiento de por vida (Recordemos que muchos primates no humanos, psitácidas o quelonios pueden rebasar los 50-70 años).

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Los guacamayos pueden llegar a edades similares a las humanas (Zoo el Bosque) – Fotografía propia

Actualmente, son muchas las asociaciones y centros de rescate que piden el uso de listas positivas (entre los que destaca AAP, con su asesoramiento en varios países de la UE para instaurar este tipo de control en toda Europa), que ya se desarrollan en varios países. Tal vez el ejemplo más claro sea Bélgica,ya que su lista positiva, a diferencia de otras, no tiene “peros”: Apenas 40 especies de mamíferos pueden ser tenidas en cautividad por particulares, convirtiéndose en el único país europeo con una lista positiva real.

Mientras, la legislación de otros países como el nuestro está basada en la prohibición de ciertas especies. El problema es que las especies no mencionadas está permitido tenerlas; así que como comentábamos antes, tras comprobar que una especie ausente en la lista se puede convertir en invasora o en peligrosa (es decir, tarde), es prohibida, y otra nueva especie se pone de moda.

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Los perritos de las praderas han ganado popularidad a pesar de su necesidad de realizar galerías (Zoo el Bosque) – Fotografía propia

Este tipo de legislación se vuelve obsoleta pronto y permite que el mercado ilegal encuentre nuevas especies que traer a nuestro país. En España, la mayoría de restricciones son por ser una especie invasora o por presentar peligros para el hombre (por ejemplo, los primates por temas sanitarios); sin embargo, por motivos de bienestar animal apenas existen restricciones, como si cualquier especie salvaje pudiera vivir en el jardín de casa.

La venta de exóticos está aún menos regulada, tanto en tiendas como por internet, no existiendo la obligación de informar de requerimientos específicos de especie o siquiera formación a los vendedores de estos animales, en prácticamente ninguna comunidad.

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El coatí es otra de las especies que se ha convertido en invasora tras popularizarse como mascota (Zoo de Oviedo) – Fotografía propia

Todo ello permite que en muchos países de Europa como el nuestro exista una enorme demanda de animales exóticos, cada vez de especies distintas: Un mercado poco regulado, volátil y cambiante, ideal para que continúen apareciendo maletas en Barajas con animales arrancados de su medio natural. También fomenta la cría de nuevas especies con ánimo de lucro. Personalmente, creo que debemos caminar a una legislación que regule la cautividad animal, la cual solo permita tener a particulares ciertas especies cuya cría este ya asentada en Europa y sean fáciles de mantener en entornos controlados; por lo demás, la mayoría de especies silvestres en cautividad solo deberían encontrarse así por motivos conservacionistas y educativos, y con unos estándares de bienestar animal muy superiores a los exigidos actualmente.

De momento, solo nos queda apoyar a las ONG que impulsan este tipo de iniciativas y a los centros que acogen a los animales víctimas de la pobre legislación que tenemos en estos temas. Especial mención a AAP, por todo su trabajo a nivel europeo. Las fotografías de la entrada han sido realizadas por mí durante mis estancias como voluntario en diversos centros, concretamente en el zoológico el Bosque (que actúa como centro de rescate de fauna exótica y salvaje en Asturias) y Rainfer (El Centro de Rescate de Primates más antiguo de España), pero existen muchos otros centros que realizan una labor vital como fundación MONA o el CRARC, y zoológicos y centros de acogida que colaboran con estos centros como Marcelle o Karpin.

Espero que os gustase la entrada; como en otras ocasiones, os invito a difundirla a través de las redes sociales (facebookinstagram y twitterpara dar a conocer la problemática que tiene la tenencia de fauna exótica y apoyar el mascotismo responsable. La educación ambiental que realizo desde este proyecto se nutre del boca a boca, así que ayudadme un poco 😉

 

  • Analysis of national legislation related to the keeping and sale of exotic pets in Europe – Eurogroup for Animals
  • Think positive: Why Europe needs positive lists to regulate the sale and keeping of exotic animals as pets – AAP & Eurogroup for Animals

Si no lo haces por ellos, hazlo por ti

Esta semana vamos con un experimento, y es que os traigo a un bloguero invitado! No se si lo haré habitualmente, pero en este caso estoy encantado, pues no es otro que Javier Ruiz, escritor que podéis disfrutar en blogs como “Doblando tentáculos” y en libros como “De cómo los animales viven y mueren”, lectura que yo mismo estoy realizando y que os recomiendo, pues trata este y otros temas de forma extensa y documentada. Sin más dilación os dejo con Javier:

En el año 2000, el químico neerlandés Paul J. Crutzen, premio Nobel de Química en 1995, propuso a la comunidad científica la sustitución del término Holoceno por Antropoceno para definir el impacto global que las actividades humanas habían tenido en los ecosistemas terrestres. En 2017, esta etapa geológica ya es una realidad: mientras el Reloj del Apocalipsis (Doomsday Clock) se acercaba otros treinta segundos a la catástrofe atómica en Chicago, nos quedamos sin argumentos para no aceptar que hemos cambiado el mundo a peor.

Este último año me he acostumbrado a hablar en público sobre ética animal. Las primeras veces, junto al nerviosismo, se unió un enfoque erróneo de la cuestión: «Lo que nos trae aquí», les decía, «son setenta años de agricultura y ganadería industrial». De este modo, quería explicarles cómo la humanidad acogió la infraestructura de los campos de exterminio y la aplicó al sector cárnico a medida que la población mundial seguía aumentando y, debido a la tecnología, obviando los procesos naturales que habían regido el planeta hasta la fecha —dando paso a una función eternamente asintótica de crecimiento poblacional y nunca más sigmoidea—, y cómo todo el horror que se perpetró contra republicanos, prisioneros de guerra, judíos, homosexuales o gitanos se infringía ahora a seres sintientes como las vacas, los cerdos o los pollos. No era solo cierta clase de muerte, que ya puede ser horrible de por sí, sino toda la industria de martirio que la precedía.

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Fotografía de Matthias Ripp

Entre los públicos más concienciados, aquellos que habían visto Earthlings o Cowspiracy, o que habían meditado unos segundos sobre aquella frase de Theodor Adorno que decía «Auschwitz empieza dondequiera que alguien mira un matadero y dice: son solo animales», tanto la parte ética de la charla como aquella otra centrada en la sostenibilidad, funcionaban. Sin embargo, era habitual que, sin el tiempo de exposición suficiente, muchos amantes de los perros no comprendiesen ni una palabra de por qué es erróneo ese especismo que nos aleja de cerdos degollados para hacer salchichas o visones despellejados para un retal de abrigo. Una visión que poco o nada tiene que ver con la filosofía de este blog, Nasua, pero que sí tiene mucha influencia en mi vida, por lo que, aunque no tengamos por qué estar en todo de acuerdo, me permitiréis la contextualización.

Entonces, me decía a mí mismo: «Nunca subestimes el poder de la ignorancia voluntaria», no desde una óptica clasista, sino como un modo de recordar que las personas seguimos distintos caminos porque aprendemos de distintos modos. Y pasábamos al plan B.

El plan B se articulaba en dos preguntas retóricas: la primera (¿cuántos de vosotros coméis carne y pescado cada día?) intentaba hacer consciente al público de la problemática del incremento en la producción de la industria cárnica y pesquera y de que esa producción depende de una masificación del proceso industrial y de que (otros) miles de millones de personas nunca coman. Pero, sobre todo, me permitía enfocar los dos principales problemas camino a esa deadline que los científicos marcan alrededor de 2050: la ganadería industrial es culpable de más del 50 % de las emisiones de gases de efecto invernadero (uno) y la huella hídrica asociada a la producción no es sostenible (dos). Estamos derrochando el agua, y, por ello, las guerras del futuro no estarán movidas por la invasión de territorios, sino por la escasez de recursos.

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Fotografía de Gwenael Piaser

En los próximos años, además, este problema se agravará por tres grandes razones: la inserción de nuevos actores en el mercado (en concreto, China y la India, aunque también otros países de Oriente Próximo y Oriente Medio), el aumento de la población —se calcula que, en 2050, habrá 9.000 millones de personas en el mundo— y el incremento de dietas cárnicas, que seguirá aumentando en estos nuevos mercados y acuciando, todavía más, la brecha entre países ricos y pobres. Como conclusión, en treinta años, el aire en la Tierra será irrespirable y las reservas de agua potable inexistentes. No viviremos, o lo haremos dentro de una gran oligocracia global o, en un escenario que comenzamos a conocer como Neo Green, y que alude a un gran jardín fruto de la tecnología tras la destrucción de lo que nos queda de verdadera naturaleza en el Antropoceno.

Todo lo anterior tiene una conclusión lógica: cambiar nuestros hábitos de consumo e incrementar el intervencionismo de los estados en las economías neoliberales en lo que se refiere al sector alimentario; no obstante, por el momento, a solo tres décadas de alcanzar el periodo más catastrófico de la historiografía humana, ni los hábitos de consumo ni la conciencia colectiva han despertado: vivimos el presente, obviando totalmente el medio plazo. Como prueba tácita, tenemos la moderada repercusión del documental Before the Flood, de Leonardo di Caprio, que, pese a ser gratuito y accesible a través de decenas de dispositivos, no ha conseguido alcanzar unos enormes niveles de audiencia —ni de inferencia entre el público americano, se puede concluir, tras la elección de Trump a finales de 2016—, si bien el cambio climático es uno de los temas más controvertidos del siglo XXI.

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Fotografía de Ilja Klutman

Esta es, pues, la primera barrera con la que el activismo de este siglo se encuentra: la falta de conexiones reales a través de las que crear conciencia para un verdadero nexo entra la emoción y la acción. Sin este, resulta imposible que Occidente dé ejemplo del necesario cambio de modelo que debe aplicar, entre otras, la industria alimentaria, así como de la búsqueda de nuevos patrones que sí funcionen en el medio y largo plazo: no se trata de acoger ni de imponer una ética vegetariana o vegana, sino de crear canales que limiten al máximo el sufrimiento y nos ofrezcan el tiempo suficiente para realizar un verdadero cambio por la preservación del planeta y de la humanidad entera1.

Todos estos conceptos pueden parecer colosales, catastróficos e incluso irreales, pero el deshielo de casi la mitad del Ártico o las emisiones de gases efecto invernadero —en España, también las últimas noticias de contaminación atmosférica y los recientes planes de actuación para las ciudades de Barcelona y Madridnos demuestran que no podemos, ni debemos, sacralizar la tecnología, porque puede ser que, esta, pierda frente a esta carrera contrarreloj.

Sé egoísta. Si no lo haces por ellos —por los animales, por los ciudadanos de países del Tercer mundo, por tus hijos—, hazlo por ti. Pero hazlo. Actúa.

1 Puede que las ideas de estos dos últimos párrafos se acerquen mucho a las tesis neo-bienestaristas y ampliamente criticadas, por muchos veganos, de Peter Singer, pero no podemos olvidar que nos enfrentamos a un cambio a nivel global en el que miles de millones de personas todavía no apoyan el movimiento de liberación animal; por mucho que nos cueste aceptarlo, ese movimiento o cualquier otro no tiene ningún sentido si no conseguimos preservar agua y aire en el planeta más allá de 2050.


Vuelvo a ser yo! Muchas gracias a Javier por su texto, el cual espero hayáis disfrutado tanto como yo. Como una persona familiarizada con la producción animal y su bienestar, me preocupa enormemente este problema, y aunque en muchas ocasiones me posiciono en contra de ciertas corrientes dentro del activismo animal, creo que mayoritariamente nos trae una forma de ejercer presión, mover conciencias y cambiar el mundo, en este caso de la importancia de resolver la ecuación de “Consumo de carne + sobrepoblación + sostenibilidad”, objetivo común que deberíamos perseguir independientemente de nuestra empatía hacia otros seres vivos.

Si os interesan estos temas, os remito a la página de facebook del autor, Javier Ruiz, donde escribe y comparte contenido similar. También os recomiendo echarle un ojo a la entrada en la que hablé del deadline 2050 que os comenta Javier en el texto, en este caso en nuestros océanos, o del tema del deshielo que también está muy relacionado con el cambio climático y con la agricultura destinada a la producción animal; y como siempre, si te ha gustado la entrada, ayúdame un poco a difundir este proyecto divulgativo y comparte por redes sociales, y también os agradezco seguir el facebook (que es el que uso principalmente), twitter (admito que lo tengo abandonadete) e instagram del blog. Espero que os gustase la idea de la colaboración, dejadnos vuestra opinión en los comentarios y estoy abierto a realizar más en un futuro!

Las sombras tras “el vínculo”

En una época donde la sensibilidad con los animales se hace cada día con más ciudadanos, también he visto como aflora un deseo hacia lo que yo llamo “el vínculo”. Nos encantan los animales, sobre todo los salvajes: Son criaturas increíbles, muchas veces exóticas y escasas, y son una muestra de lo único que es nuestro planeta y del proceso evolutivo que las ha ido moldeando hasta hoy. Probablemente sea esto lo que nos invite a interaccionar con ellas, por muy mala idea que esto pueda llegar a ser.

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Fotografía de Katerina Plotnikova

Y es que de eso hablo cuando digo “el vínculo”: Esa necesidad imperiosa que tenemos por “interaccionar” con los animales. Ya sea para sacarnos un selfie o mirarlas a los ojos esperando alguna especie de conexión espiritual.

Más allá de ese interés que suscitaron los zoológicos hace años en occidente, ahora nos importa más el bienestar de los animales y de ello han surgido muchas “interacciones” con animales que aparentan ser menos dañinas que una casa de bestias (el concepto antiguo de zoológico) pero que muchas veces son todo lo contrario, ya no hablamos tanto de exposiciones museísticas de animales, hablamos de antropomorfismo: Pensar que si a nosotros nos encantaría darle un abrazo a un tigre…¿Cómo va a ser estresante para él? 

Cada vez vemos más programas de televisión que fomentan este tipo de conexiones, muchas veces con buenas intenciones y con un balance “positivo”, pero que retroalimentan este rollo de lo guay que es tocar animales.

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Fotografía de Katerina Plotnikova

Primeramente, hablando de los zoológicos, yo mismo he participado como cuidador voluntario en interacciones donde yo marcaba los límites, y tengo sentimientos encontrados: En general, es innecesario e incluso peligroso juntar a animales salvajes y personas, si bien existen unas condiciones bajo las que creo que puede ser beneficioso; las cuales son tener como prioridades el bienestar de los animales, el objetivo divulgativo y la seguridad de las personas.

Por ejemplo, el contacto con serpientes inofensivas bajo unas pautas permite que sobre todo los más jóvenes se lleven un grato recuerdo y aprendan sobre estos animales, en especial que no deben tener ese concepto de alimañas que aún permanece a día de hoy en las zonas rurales.

Por desgracia, existen muchos lugares donde estas interacciones tienen como único objetivo el beneficio económico. Aún a día de hoy se pueden encontrar en España casos de este tipo, como centros donde puedes acariciar crías apartadas de sus madres sin ningún control o felinos con una correa, como el caso de la siguiente fotografía, donde podría haber elegido una de las cientos de fotos que tienen los visitantes con el animal mucho más idílicas, pero no quiero poner aquí rostros de gente que ha visitado el lugar equivocado:

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Ocelote en el zoo de Castellar – Tripadvisor

El turismo en países exóticos es el que más se ha aprovechado de estas situaciones, en lugares muy alejados del respeto al bienestar animal que debiera tener un zoológico en el siglo XXI. Hace unos años eran los macacos haciendo trucos o para hacerse fotos (y a día de hoy sigue siendo así), pero en esta misma dirección de maquillar de amor hacia los animales a la explotación animal también han proliferado falsos “centros de rescate” donde puedes tener tu momento mágico acariciando a un león en Sudáfrica o bañando a un elefante en Indonesia.

El problema es que es puro marketing y muchas veces esto solo nutre negocios como la caza enlatada bajo una fachada de “altruismo”. Otro ejemplo es el famoso “Templo del Tigre”, hasta hace poco idílico lugar donde monjes y tigres convivían para disfrute de los turistas, y donde se descubrieron decenas de cadáveres de tigres congelados.

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Monje interaccionando con tigres – donaldandcathy.typepad.com

Otro punto que me apasiona es el uso de interacciones como gancho para biólogos y veterinarios (y sobre todo alumnos) interesados en formarse en fauna silvestre. Pocas veces está justificado, y sin embargo muchas veces parece que el objetivo es triplicar el precio de cursos con carencias formativas a cambio de un “book” con animales salvajes, que aunque muchas veces están bien cuidados (y por eso no voy a poner enlaces, porque desconozco cada situación como para criticarla directamente), creo que muchas veces lo único que se fomenta con esas cosas es nutrir estas necesidades de interacción y sacar dinero de ello.

Como es mi tercer año organizando cursos de este tipo en AVAFES, me toca especialmente la fibra, cuando veo programas de una calidad muy inferior a la de nuestros cursos, pero que cuadruplican el precio de estos. Y es que una cosa es formarse y otra muy distinta es hacerse fotos. Aprovecho para hacer “publi”, hay AVAFES en las facultades de veterinaria de buena parte de España en la que los alumnos trabajamos mucho por sacar cursos, y se cobra únicamente para suplir los costes de organización, y los escasos beneficios se reinvierten en nuevas actividades más económicas. Seguidnos si queréis formaros de forma económica!

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Fotografía de Katerina Plotnikova

¿Y por qué esta necesidad de interaccionar y toquetear a los animales no es buena? Lo primero porque en muchas ocasiones la interacción entre el ser humano y la fauna salvaje es peligrosa tanto para personas y animales, y de hecho, al año se producen cientos de casos fatales por gente que decide que es buena idea acercarse mucho a animales salvajes tanto en su medio natural como en cautividad.

Y lo segundo, porque fomentamos esa “maravillosa” idea de que los animales salvajes y las personas son un buen tandem, y fomentamos el mascotismo de especies salvajes, que mueve uno de los mayores tráficos ilegales del mundo, del que son víctimas miles de animales al año, muriendo la mayoría en condiciones de transporte horribles, y sobreviviendo unos pocos de los cuales la mayoría acaba viviendo una cautividad mucho más horrible de la que estamos acostumbrados a denunciar.

Es una lástima ver como creemos que una foto en blanco y negro en un zoológico significa que el animal está triste, pero un tigre sentado en un sofá es super feliz porque la foto es a color y el “dueño” sonríe y abraza al animal. Es ignorancia pura que perjudica enormemente a estos animales.

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Oso grizzly humanizado – Fotografía de Caters News Agency

Y es que a día de hoy se sigue sin poder conocer el pensamiento de los animales en toda su complejidad en cada situación, y al igual que no podemos caer en tratarles como objetos, tampoco podemos proyectar nuestros deseos y sentimientos en ellos, pues no les haremos ningún favor idealizando las relaciones entre primates humanos y el resto de las especies de nuestro planeta; y es que muchos tienen imágenes demasiado cercanas a algunas de las que ilustran este artículo (me refiero al trabajo artístico de Katerina Plotnikova). Con esto no quiero decir que todas las interacciones sean horribles ni que no se pueda sacar uno fotos con animales salvajes. Pero creo que hay que dar una serie de “normas morales”:

  • Pregúntate por el objetivo de la interacción, ya no el que tenga quien la está ofreciendo; pregúntate si te aporta algo a tí más que un montón de likes en facebook.
  • Pregúntate si puede suponer estrés o un peligro para el animal o para tí.
  • Si estás interesado en hacer voluntariados, prácticas o trabajar con animales salvajes, lo primero piensa que lo normal es que no toques a los animales. Y sobre todo, investiga sobre los centros a los que quieres ir, si en verdad son sitios que trabajan por los animales o por contra son sitios en los que usan a los animales como reclamo para un “voluntariado” en el que debas pagar.
  • Si te estás formando, pon prioridad a la calidad de las ponencias antes que a hacerte fotos con animales o tocarlos.
  • Si trabajas con animales salvajes, esta bien compartir tu trabajo, pero ten en cuenta del impacto que puede tener, un “foto de ámbito laboral, los animales salvajes no son mascotas!” nunca viene mal.

Creo que además, en muchos casos estas interacciones, a pesar de ser beneficiosas para la divulgación la conservación (me viene a la cabeza Kevin Richardson o el propio Frank de la Jungla), deben ser evaluadas desde ambos puntos de vista y actuar en consecuencia, es decir, si las interacciones con animales pueden ayudar a la conservación, creo que sus autores tienen también la responsabilidad de contar la otra cara y ser activistas contra la idealización de las relaciones entre humanos y personas (En este caso, ambos hablan de ello en mayor o menor medida).

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Kevin Richardson interaccionando con un león – Fotografía de Adrian Steirn

Recalco: No estoy condenando todas las interacciones con animales, pero actuemos con cabeza y pensemos que nos aportan a nosotros y a ellos. Los animales salvajes no necesitan relacionarse con el ser humano, y la mayoría de interacciones tienen como resultado más probable el estrés del animal. Si estás interesado en trabajar con animales salvajes, que no sea por tocarlos, que sea por protegerlos. Y apoyad a los centros que fomenten la conservación y el respeto a la fauna salvaje, ya sea sin interacciones o usando estas como una herramienta divulgativa que respete a sus protagonistas: Con el resto, no perdáis ni el tiempo ni el dinero. Como siempre, gracias por leerme y os enlazo a las redes sociales del blog: facebook y twitter. Se agradece la difusión, cuyo único objetivo es divulgar sobre estos temas!

 

Cautividad invisible: El verdadero problema de la fauna salvaje

Cada cierto tiempo se hace patente el serio problema de percepción que tenemos en torno a la cautividad animal. Parece que para muchos, los animales cautivos que verdaderamente sufren son los más mediáticos, los de las instituciones zoológicas más visitadas, en lugar de los que de verdad están sufriendo lo peor del ser humano…además, se tiende a englobar toda la cautividad en el mismo saco, otro gran error.

Para aclarar un poco este asunto vamos a utilizar un animal como el tigre y un país como USA, que si bien tiene diferente legislación a la UE, la cautividad está regida por instituciones comunes como el CITES o la WAZA. Cabe destacar que hace solo unos meses, los dueños de tigres sin “pedigrí” (Ascendencia desconocida o cruces entre subespecies) se libraban de los permisos que requerían las subespecies puras. No solo eso; la USDA ha incluido como violación de la ley de bienestar animal el retirar cachorros de sus madres antes de los 28 días para que puedan ser utilizados para el entretenimiento. Estos cambios de leyes, que parecen más bien pensados para una explotación ganadera, son para una de las especies más amenazas del planeta. Creo que eso ya deja patente la visión mercantilista de la cautividad de especies como esta.

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Cría de tigre de bengala en una casa – Reuters
Y es que este cambio en la legislación se hace insuficiente para aquellos que conocen la situación del tigre en Estados Unidos: Se calcula que entre 5.000 y 10.000 tigres viven en este país en cautividad, superando de largo las poblaciones salvajes, que rondan los 3.500. Y bien, ¿Dónde se esconden todos estos animales? Tristemente, un tigre puede estar en muchos sitios que no sean los bosques de Rusia o las selvas de la India.
Uno de esos lugares es el jardín o garaje de muchas casas, pues resulta bastante sencillo tener fauna salvaje como mascota en muchos países. Y si bien organizaciones como el CITES (¿Qué es el CITES?) intentan controlar este mercado, con dinero es fácil obtener documentos legales que te permitan tener muchas especies cuya tenencia es peligrosa y poco ética. Muchos tigres, y otras muchas especies, son mantenidas en jardines particulares, sin ninguna garantía de su bienestar y con ningún objetivo educativo o conservacionista. No hace falta irse al país de las oportunidades, en España podemos encontrarnos con situaciones horrendas en este aspecto. Seguramente también encontremos situaciones en las que la reintroducción es imposible y que ningún centro se hace cargo, pero son casos anecdóticos frente a la tenencia como mascotas de estas especies.
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Guepardo en coche particular – autoría desconocida
 En algunos países, los “zoológicos de carretera” son bastante comunes. Son centros cuyo único objetivo es atraer turistas que pasan por delante de su centro y nunca más volverán. Estos centros únicamente están regulados por leyes federales, y suelen tener a los animales hacinados. Si bien en Europa la ley de núcleos zoológicos es más restrictiva y no tenemos esa tradición, existen también centros con los que se podría hacer un símil.
Los circos con animales salvajes siguen siendo un gran negocio, y en este caso es común ver animales mutilados para que no puedan dañar a sus “entrenadores”, instalaciones ridículas que muchas veces se limitan a remolques, etc. La federación europea de veterinarios ya condeno las actividades circenses con animales, debido al entrenamiento con refuerzo negativo, las pésimas instalaciones y la nula educación que se transmite en este tipo de eventos hacia el mundo animal.
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Macaco de gibraltar – Fotografía de Dev Dharm Khals
La cautividad animal se puede rentabilizar de muchas otras maneras de dudosa ética: Animales actores y exposiciones itinerantes para ferias y fiestas, como pueden ser los camellos que vemos en las cabalgatas o los burros que vemos en las ferias. De nuevo, pocas garantías tenemos del bienestar de estos animales, y ninguna de su objetivo educativo.
Los zoológicos tradicionales pueden estar acreditados o no. Un zoológico no acreditado puede realizar una gran labor, pero tampoco tenemos la garantía de que así sea. Lo mejor es informarse de las labores del centro (educacionales, conservacionistas, etc.), pues en este caso su labor no depende de instituciones, sino de voluntad popular, y es entonces donde nos encontramos lo mejor y lo peor de estos centros: Podemos tener centros que realizan rescate de fauna, educan y tienen bien a sus animales (un ejemplo es el zoológico “El Bosque”; en Oviedo, donde yo mismo he estado como voluntario y he comprobado su gran labor) compartiendo “categoría” con centros que en poco se diferencian a los zoos de carretera (centros como el de Castellar, que se hacen llamar centros de rescate a la par que son considerados uno de los peores centros de España). Y es una pena que la gente no entienda la diferencia entre gente que se parte por los animales, y “gente” que parte esa labor, y con ella, al bienestar de sus animales.
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Imagen del zoológico de Castellar
Existen también muchos mal llamados santuarios y centros de rescate, que hacen pasar su labor como altruista. Podemos encontrar casos en España, pero en otras áreas del mundo es aún más sangrante. Por ejemplo, el negocio de la caza enlatada se rentabiliza con “santuarios” de crías donde puedes fotografiarte con futuros trofeos de caza. Y es que hay muchos centros que crían animales salvajes con el objetivo de abastecer el tráfico de especies, especialmente en países como China, donde miles (sí, miles) de tigres son criados para abastecer un mercado negro de huesos y pieles. Por supuesto, también existen, en mayor medida, santuarios y centros de rescate reales que tienen como prioridad el bienestar y rehabilitación de sus animales, y nuestro país es una buena muestra de ello (Como siempre, agradecer su labor a Amus, AAP, Mona, Grefa, Rainfer, Fieb y demás centros en España donde se vela por el bienestar y el futuro de estos animales).
Sin embargo, también existen zoológicos acreditados por la WAZA (o su equivalente en España, la AIZA), una asociación que vela porque los zoológicos tengan como objetivo el bienestar animal, la conservación y la educación. Lo curioso es que, volviendo de nuevo al felino rayado y su situación en América, solo el 6% de los tigres en Estados Unidos están en este tipo de centros. Esto quiere decir que mientras que un par de centenares de tigres se encuentran en este tipo de instalaciones, miles y miles de ejemplares permanecen en centros cuyo único objetivo es el lucro; y esto ocurre con cualquier especie. Personalmente, creo que estas asociaciones no son garantía de tales objetivos, o al menos del nivel que requiere actualmente la sociedad y el sentido común, pero si son un paso muy grande que debe diferenciarlas del resto, y regulan que las empresas que gestionan estos centros vayan en la buena dirección; aún así, creo que cada día serán más exigentes con sus miembros, pues es parte de la evolución natural que debiera tener el sector.
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Anuncios de venta de grandes felinos
Alguno pensará que esto nos pilla muy lejos. Si bien no vivimos en Estados Unidos, en Europa no nos libramos de cifras horrendas. Europa es el segundo importador de reptiles del planeta, se calcula que en Reino Unido hay 42 millones de animales no domesticados como mascotas, y hablaríamos de entre 2.500-7.500 primates solo en UK. Estos son algunos datos que he recabado en escasos minutos, sería interesante tener los datos de cuantos tigres o leones se pueden encontrar en jardines y garajes europeos y españoles. No es muy complicado y encontrar por internet la posiblidad de adquirir uno de estos animales.
Es entonces donde me pregunto a que estamos jugando. ¿Por qué veo a tanta gente pidiendo el cierre de zoológicos con miles de animales y a tan poca apoyando a centros de rescate y zoos buenos donde debieran trasladarse estos mismos animales para evitar su sacrificio? Tal vez fuera mucho más útil manifestarse por mayores restricciones en la tenencia de animales salvajes por particulares.
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Mujur, hembra de orangután de Borneo (zoo de Dublín) – Fotografía propia
 Porque está claro que en los zoológicos modernos hay mucho que mejorar, y es que este artículo no es una defensa de estos: Debieran cerrarse muchos centros y seguir una mejora constante de las premisas conservacionistas y educacionales (Más creo que este tema es mucho más complicado de lo que aparenta para muchos). El camino seguramente pase por unas acreditaciones más exigentes y una mayor proporción de santuarios y pequeños centros que educan y recuperan, en contraposición a la cautividad como forma de lucrarse sin aportar beneficios a los ecosistemas y la sociedad, y sobre todo, en contraposición a esa “cautividad invisible” que tan poca visibilidad tiene en los medios y que parece estar tan poco presente para muchos.
Por ello, sigamos apoyando, de forma crítica, a aquellos centros que velan por los valores educativos, que velan por el bienestar de sus animales y que velan por el futuro del planeta. Como siempre, muchas gracias por leerme. Os recuerdo que si queréis apoyar al blog, seguidlo en las redes sociales (facebook y twitter) e interaccionar con las publicaciones, pues simplemente un “me gusta” ayuda bastante a la difusión de este contenido divulgativo.
Bibliografía empleada:
  • “America tiene un problema con los tigres y nadie tiene una respiesta” – Web del Smithsonian

De gorilas, orcas y hombres

La cautividad animal ha sido puesta de nuevo en tela de juicio en las últimas semanas; son muchos los que ponen en duda esa aparente evolución de las instituciones zoológicas hacia centros de conservación, y existen razones para poner en duda dicha premisa. Esta semana hemos visto una nueva muestra de ello, y es que mientras Harambe, un espalda plateada del zoo de Cincinnati, se las veía con un niño de 4 años; Morgan, la famosa orca sorda de Loro Parque, se hacía viral en un vídeo de 30 segundos.

Vamos a empezar diciendo que creo que el debate de la cautividad animal es muchísimo más complejo de a lo que normalmente se ve reducido: Los que ponen a los zoológicos como baluarte conservacionista por excelencia y sin fallos, frente a los que los ponen como cárceles de seres inocentes. Y que simplificar dicho debate a estas dos posturas me parece un error, tanto para el avance de la conservación como para el de los derechos de los animales. No es tan simple como poner una foto en blanco y negro, y decir que en los zoológicos solo reina la tristeza. Tampoco justificar las limitaciones espaciales y etológicas que sufren muchos de estos animales tras el escudo de la conservación sin poner verdaderas soluciones. Parece claro que la evolución de los zoológicos ha sido grande, pero aún no ha acabo. Pero bueno, este no es el tema del post de hoy.

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Fotografía de Jabruson

Lo que me escama de estas historias, tanto la de Harambe como la de Morgan, es que de pronto todo el mundo es experto en muchas cosas desde la comodidad de su sofá: Somos expertos en teleanestesia, comportamiento de cetáceos y primates, bienestar animal, cognición animal, primatología y un sinfín de paquetes más de conocimiento, derribando y superando décadas de estudio de los diferentes ecotipos de orca y del comportamiento de varias poblaciones de gorilas. En el caso de Harambe, culpando al zoológico de una mala decisión a la hora de no usar anestésico, pues el gorila no pretendía dañar al niño. En el caso de Morgan, se garantiza que el animal está cometiendo un suicidio.

Por mi parte, toda la ignorancia y cautela del mundo, ergo mi intención es traer algunas de las opiniones que he leído a lo largo de estas semanas. Es curioso ver como desde aquellos nichos de conocimiento en la materia es de donde llegan las palabras más cautas: Desde Gorilla Doctors, probablemente los mayores expertos en medicina veterinaria en estos primates, declaran que “los zoológicos tienen como primer deber proteger a los visitantes” (Me parece reseñable que una organización que se dedica a anestesiar gorilas no analice la situación ni juzgue a los responsables). Otros, como el veterano primatólogo Frans de Waal, comentan esta actitud de forma cautelosa, y hablan también de excitación y nerviosismo, que ponía en peligro la vida del niño, en la misma línea que cuidadores de gorilas veteranos como Amanda O´Donoughue, que recalcan que aunque había comportamiento de protección, también existía un nerviosismo peligroso en el animal, que arrastró bajo el agua al niño durante varios segundos. El veterano cuidador de primates Jack Hanna recordaba que la teleanestesia no es inmediata, y que cuando un gorila estresado recibe un disparo de dardo mientras tiene un niño en la otra mano, la vida del niño se pone en peligro.

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“La mirada del gorila” – Fotografía del usuario Zx30 (DA)

Desde la Humane Society de Estados Unidos, una de las asociaciones animalistas más potentes de América, recuerdan que “en la mayoría de muertes de animales a manos de humanos, no hay lugar para el dilema moral de elegir entre un gorila y un niño. Reconozcamos que los responsables del zoo tomaron esta decisión en un estado de crisis y con gran pesar, palabras que han sido compartidas por las redes sociales de otros veteranos en la protección de los primates, PASA, la alianza de santuarios de primates africanos, añadiendo al hecho de que una buena forma de demostrar el dolor que nos suscita esta noticia es ayudar a la protección de estas especies en su hábitat natural.

La veterinaria y primatóloga Belén Roca, con la que tuve la oportunidad de hablar hace tiempo del tema, comentaba que “Dar un punto de vista sin conocimiento previo del animal puede ser algo atrevido. Su pasado, sus hábitos, sus rutinas y su personalidad pueden ser esenciales a la hora de valuar el comportamiento de Harambe”, recalcando que aunque podría haberse planteado otra medida beneficiosa para ambos, es consciente de “los riesgos que se corren en la anestesia de un animal de semejante envergadura, además de que el disparo del dardo podría haber sido detonante de un comportamiento agresivo”.

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Harambe (zoo de Cincinatti) – Fotografía de Chris Miller

La doctora Jane Goodall, por su parte, mandaba sus condolencias al director del zoológico; en sus palabras se matizaba que apoyaba la idea de que el comportamiento del gorila era protector, pero de nuevo, palabras cautelosas frente a aquellos que garantizaban saber las intenciones del gran simio. Y es que tal vez la cautela sea lo más indicado cuando hablamos de una situación límite, de máximo estrés, en la que los responsables no disponían del vídeo que ahora vemos todos de forma apaciguada y fría desde nuestro ordenador (al igual que la mayoría han ignorado esos momentos donde Harambe arrastraba al niño por el agua con una fuerza tremenda). Otros culpan a los padres; de nuevo, cabría preguntarse si aquí nadie ha despistado a su hijo, su mascota o simplemente a su grupo de amigos, durante 2 minutos.

El caso es que tal vez nos atrevemos a juzgar muy pronto a todos los partícipes de esta historia. Lo que parece indiscutible, como apuntan desde Wildfare, es que “Lo que si queda claro es que el diseño de las instalaciones debería de ser un tema primordial, no solo por el bienestar de los animales cautivos, sino también para evitar estas situaciones”. Pero en mi opinión, aquellos que ven en la muerte de Harambe una elección fácil con verdugos y víctimas, están menospreciando la vida animal, independientemente de que hablemos de primates humanos o no humanos, no existen soluciones fáciles y no es un debate donde se pueda tener la razón absoluta por arte de magia.

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Espalda plateada (Cabárceno) – Forografía propia

Lo que está claro es que muchos se olvidarán de este suceso mañana, mientras que los protagonistas de esta historia (cuidadores, personal del zoológico, padres y compañeros de Harambe en su instalación) tardarán bastante más en olvidarlo, si es que llegan a hacerlo; mientras, día a día mueren gorilas como consecuencia de nuestra forma de consumo, y en muy pocas ocasiones mueren de esta forma trágica.

Por otro caso, el caso de Morgan es bien distinto. Tras evaluar un vídeo de 30 segundos, miles de personas dedujeron que el animal buscaba el suicidio. Cabría preguntarse porque un mamífero marino, que respira oxígeno fuera del agua, intenta suicidarse saliendo del agua. Las orcas salen de esta forma tanto en estado salvaje (caza de leones marinos en Argentina) como en cautividad (los entrenadores les hacen salir mediante refuerzo positivo para espectáculos y chequeos veterinarios). ¿Es normal que una orca decida quedarse durante varios minutos fuera del agua sin razón aparente? No sé de etología de cetáceos, ergo opinar se me hace difícil. ¿Tiene que ver esto con la lucha en contra de la cautividad de los cetáceos? Yo creo que no. Hablamos de rigor y de utilizar argumentos. Hay numerosos estudios que hablan del estrés en cetáceos en cautividad, con mucho más peso que hablar de suicidio en un vídeo de 30 segundos.

Veo a gente leer este titular y tener dos reacciones: O compartirlo corriendo como si fuera la verdad absoluta o reírse, muchos de ellos pensando que las orcas no son más que peces grandes, que ni sienten ni padecen, haciendo imposible que podamos otorgarles acciones y cualidades humanas como el suicidio…”Como van a suicidarse los animales, que tontería”. Ambas ideas dan bastante rabia y pena. Al final, lo que se consigue con este tipo de noticias, es que miles de personas hablen de cerrar zoológicos y liberar animales, sin que nadie ofrezca un lugar donde dichos animales puedan continuar su vida de forma digna, y que encima otros menosprecien la inteligencia y la vida de estos seres, que merecen todo nuestro respeto y consideración.
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Dos ejemplares de orca – Fotografía propiedad de Seaworld
Es respetable y comprensible la lucha contra la cautividad animal, pero en ciertos casos, en lugar de debates desde la ignorancia o gritos de libertad de animales que no pueden sobrevivir en el medio natural, sería más interesante pedir que estos centros cumplan los compromisos básicos que se supone cumplen las instituciones zoológicas, que muchas veces superan con creces la mágica solución propuesta, en caso de existir. En el mundo hay cientos de miles de animales salvajes cautivos, y en lugar de los más mediáticos, deberíamos preocuparnos de aquellos donde su situación y bienestar deja mucho que desear. Mientras los compañeros de recinto de Harambe probablemente tengan unas condiciones de vida geniales, tenemos en los Estados Unidos casi 10.000 tigres en cautividad: Solo 500 de ellos se encuentran en instituciones zoológicas regladas por la WAZA. El resto de millares de animales viven en jardines privados, circos, núcleos zoológicos de carretera y casas particulares. Esa es la cautividad contra la que deberíamos estar luchando. 
Seamos además conscientes pues, que antes de pedir que se liberen animales por vídeos virales sin fundamento, debiéramos potenciar la situación de los santuarios de este tipo de especies (en España nuestros santuarios de primates están colapsados y sin apenas apoyo institucional, y nadie habla de ello), además de denunciar la verdadera cautividad animal dañina, aquella que no tiene en cuenta ni la biología ni el bienestar de los animales que aloja, y sobre todo, fomentar la conservación de nuestra biodiversidad y consumir acorde a estos ideales. Pues veo a mucha gente preocupada por Morgan y Harambe, lo cual es enternecedor, pero a muy pocos preocuparse por la situación de sus congéneres en estado salvaje, y si seguimos así, pronto solo habrá gorilas y orcas en capitales europeas y estadounidenses, y se extinguirán de montañas y océanos. Pensemos antes en estos animales, tanto individualmente como englobados en especies amenazadas, y actuemos en consecuencia, en lugar de utilizar cualquier viralización para alimentar nuestras ideas, en lugar de ponerlas en duda constantemente.
Como siempre, os animo a compartir el post y a seguir el blog en el facebook y twitter de Nasua, y os animo a participar en los comentarios! Y siento tener esto tan abandonado, pero el deber me llama. Volveré!

No está enfermo ni está solo: Un bisonte es sacrificado por desconocimiento

La mayoría de la biodiversidad de nuestro planeta está amenazada por la presencia humana; en la mayoría de ocasiones, de forma indirecta: No es nuestro objetivo afectar a la fauna, pero la actividad humana sin barreras causa deforestación y contaminación del medio natural. En otras ocasiones, es más directa: hablamos de temas como la caza furtiva o el tráfico de especies. Sin embargo, en otras ocasiones, se dan casos de irresponsabilidad, muchas veces con la mejor de las intenciones.

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Fotografía del animal en cuestión – twitter.com

Un bisonte americano ha sido sacrificado en el mítico parque de Yellowstone, aquel donde los lobos “cambiaron” los ríos. Unos turistas se encontraron con una cría de bisonte, y pensaron que estaba muriendo de frío, así que lo metieron a su furgoneta y buscaron ayuda. De hecho, se les dijo que podían meterse en problemas pero no les importó: Querían salvar al animal a toda costa.

Como en otras especies, encontrar a una cría sola no es sinónimo de que esté perdida o enferma, y de hecho, retirarla de la zona puede hacer que luego la madre la rechace. En España ocurre bastante con los corzos, y de hecho, en los últimos años el proyecto corcino intenta que estos casos se reduzcan a 0, con vídeos como el siguiente:

 

En el caso del bisonte, pasó algo parecido: La cría no estaba enferma, y los esfuerzos de los guardas por reintroducirla no sirvieron de nada, y estuvo durante varias horas desorientada impidiendo el correcto tráfico de los visitantes del parque natural. El animal, como comentaba al principio del post, fue eutanasiado.

Es una pena que debamos ser testigos de este tipo de hechos; si bien se hacen con la mejor intención del mundo, todos los años tenemos miles de casos de animales huérfanos, debido a que se les toma por abandonados o enfermos, y son “rescatados”. En España tenemos cientos de aves nidífugas, es decir, aves que, si bien dependen de su madre, abandonan rápido el nido, son víctimas de esta buena voluntad. Como comentaba al principio, el corzo en nuestro país es un buen ejemplo. Tenemos centros de rescates por España que intentan compensar esta equivocación mediante educación ambiental y rescate de estos animales, pero parece que la gente está cada día más sensibilizada con la fauna salvaje, y sin embargo, desinformada. Lo mejor a la hora de enfrentarse a una situación de este tipo es llamar a un centro de recuperación y si es posible enviar alguna foto para que te digan que hacer, que en general es indicar donde esta el animal para que puedan actuar. En este antiguo post os digo como actuar en estos casos.

Polluelos de águila de Bonelli – GREFA

Ante esta ola de amor al mundo animal, estamos teniendo muchos casos de irresponsabilidad, y en muchas ocasiones, no como los anteriores: La idea de hacer vínculo con los animales salvajes, y especialmente, tener el recuerdo para la red social de turno, ha hecho que proliferen los casos de agresiones de fauna salvaje, cambios comportamentales y demás, muchas veces por tener de fondo a un animal en el selfie de turno. Hay que recordar que las actividades de naturaleza deben hacerse con suma responsabilidad: Un ecoturismo responsable (ya hablamos de eso con los gorilas que atacan fotógrafos), unos conocimientos básicos antes de realizar este tipo de actividades, y sobre todo, buenas intenciones y sentido común, son las herramientas para que estos hechos no se repitan.

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Hembra de bisonte americano y su cría en Yellowstone – Fotografía de Julie Larsen Maher

Como en otras ocasiones, os ánimo a informaros en otras fuentes: Desde las webs de GREFA y AMUS podéis aprender un poco como actuar ante este tipo de situaciones. Os dejo también el manual de buenas prácticas para la observación de grandes carnívoros en nuestro país, editado por el ministerio de agricultura. Como siempre, os animo a compartir el post y a seguir el blog en el facebook y twitter de Nasua, y os animo a participar en los comentarios! Y siento la inactividad, prometo volver, pero la cuesta de mayo se hace dura.

 

Sobre el ecoturismo y los gorilas borrachos

Ya hemos hablado en otras ocasiones de la población de gorilas de montaña (Gorilla beringei beringei) que habita en Ruanda, Uganda y el Congo. Esta especie, en peligro de extinción, cuenta con menos de 900 ejemplares, y su proyecto de conservación es muy peculiar: La población está fuertemente monitoreada, con guardabosques custodiando a los gorilas en su habitat, veterinarios que realizan chequeos a la población salvaje y programas de ecoturismo en el cual cualquiera puede pasar el día en los parques nacionales, fotografiando a esta especie a apenas unos metros. Sin duda las múltiples amenazas que afronta su hábitat, tanto para los primates no humanos como para los humanos, hacen que los proyectos de cooperación con la población local que incluyen a estos animales una gran herramienta para garantizar su supervivencia a largo plazo (Si quieres saber más de la situación del Congo de cara a los primates, os recomiendo que os leáis este post!).

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Gorila de montaña. Fotografía de Sebastiao Salgado

Siempre me han chocado mucho el ecoturismo de gorilas, pues no dejamos de hablar de un animal salvaje cuyos machos, los famosos espalda plateada (cuando ya llegan a unos 12 años), llegan a los 250 kg. Teniendo en cuenta que los chimpancés, con 70 kg, tienen 3 veces la fuerza de un ser humano (Y ejemplares que han sufrido en manos del ser humano han acabado atacando, causando graves daños), no me quiero imaginar lo que es un espalda plateada con un mal día, a pesar de las grandes medidas de seguridad, tanto para turistas como para primates, que se siguen, pues no hablamos precisamente de sacar rentabilidad a los gorilas sin tener en cuenta su bienestar y futuro.

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Gorila de montaña, fotografía de Eric Kruszewski para National Geographic Society

A pesar de que los gorilas de montaña parecen no tener mayor problema con los “ecoturistas” (de hecho, en muchas ocasiones protagonizan momentos de pura curiosidad); en general a las personas nos gusta estar muy cerca, experimentar ese momento de conexión animal, sacarnos un selfie, y los gorilas no siempre “quieren marcha”, dando lugar a algunos momentos de tensión. Si bien me sigue llamando la atención una cosa: Si estos primates quisieran en algún momento acabar con la amenaza que les pudiera suscitar la presencia humana, creo que no se valdrían de simples empujones como en este vídeo (digo esto desde la más absoluta ignorancia)

Se han dado más casos de este tipo de encuentros. Me llamó la atención especialmente a principios de año el titular “gorila borracho ataca a fotógrafo”, una de estas noticias virales, en este caso de un fotógrafo que parece haber molestado bastante a un ejemplar de espalda plateada, el cual estaba “borracho de bambú” (En muchos sitios he leído que es porque el estómago del gorila fermenta el bambú…lo dudo mucho porque tienen un digestivo como el nuestro pero más adaptado a una dieta mucho menos “carnívora”).

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El famoso “gorila borracho”, fotografía propiedad de Caters News Agency

El ecoturismo es una palabra que se está poniendo muy de moda. Hace muchos años que se hacen safaris en África, pero las excursiones organizadas a la Sierra de la Culebra o a la Taiga Finlandesa son más actuales. Y en un momento donde existe un movimiento animalista tan fuerte y un interés en el bienestar de los animales en cautividad, muchos hablan del ecoturismo como la alternativa a los zoológicos. Sin duda, creo que disfrutar de los animales salvajes en libertad es la experiencia más gratificante y ética, pero en los últimos años, lo que era un sector anecdótico va sumando adeptos, y con ello, problemas.

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Excursión para ver a los gorilas en su hábitat. Fotografía propiedad de Caters News Agency

Como os comenté en otras ocasiones, en el caso de los gorilas de montaña el principal problema son las enfermedades que les podemos transmitir, que junto a su escasa variabilidad genética les ponen en serio riesgo (Podéis leeros “El curioso caso del gorila de montaña” si os aburrís). A pesar de que los turistas suelen ir con mascarillas, y que actualmente la distancia mínima de observación es de 7 metros, parece que su comportamiento también se está resintiendo. En un estudio realizado en Bai Hokou y liderado por Michelle Klailova reveló algo que no parece muy descabellado: Cuantos más turistas (o investigadores) hay, y más cerca se encuentran, los primates dedican menos tiempo a comer y más tiempo a vigilar a los turistas. Los comportamientos agresivos también se ven influidos por esto, encontrando que a partir de los 10 metros los gorilas pueden llegar a realizar sonidos de amenaza o incluso embestidas.

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Trekking con gorilas. Fotografía de ker-downeyafrica

Este tipo de situaciones no son tan ajenas a nosotros y no hace falta desplazarse hasta el Congo. Hace poco el Principado de Asturias se comprometió a limitar el turismo de avistamiento de osos, pues cada vez se adaptan más a la presencia humana y tienden a acercarse demasiado a las poblaciones (Ni en este ni en ningunos casos hablamos de que el ecoturismo sea la única variable, obviamente, muchas veces hablamos de intrusión en el hábitat de estas especies). En el Parque Nacional Gran Teton, los alces pasan menos tiempo en alerta y sus manadas están más dispersas, un peligro para ellos en caso de la presencia de depredadores como el puma o el lobo; es un paso más que en el caso de los gorilas de montaña: La presencia de los humanos pasa de causar un estrés (muy negativo) a una adaptación, que desemboca en un menor estado de alerta, haciendo a los animales más vulnerables a la caza o los depredadores.

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Miembros de AVAFES observando grullas en Gallocanta. Fotografía propia (Viva a Avafes!)

En general en todos los animales hay un proceso que, salvando las grandes distancias que existen, podría asimilarse a una domesticación: Nos animales se están acostumbrando al hombre. Un proceso similar al que se produce en la fauna urbana, en general con mucho menos miedo a las personas. La diferencia entre los gorriones que picotean frente a Notre Dame y los que hay por la sierra que hay tras mi casa es bastante grande en cuanto a comportamiento y “radio de tolerancia” con el ser humano. Lo que está claro es que la presencia humana produce cambios fisiológicos en los animales, y cambios comportamentales a largo plazo.

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Selfie con oso. Fotografía de Jacob Bean

Desde luego tampoco creo que la solución sea acabar con el ecoturismo (Uganda consigue casi medio millón de euros en un mes solo por los permisos de estas actividades, que repercuten en conservación). En Riaño, en nuestro país, el lobo deja 100.000€ al año. Se calcula que en el mundo, el turismo de naturaleza genera 520.000 millones de euros anuales. Aunque la inversión en conservación es apenas del 2% de lo ganado. Creo que la clave es reconocer que el ecoturismo genera un impacto, tenerlo en cuenta y actuar en consecuencia, limitándolo. Debería además repercutir aún más en la conservación del hábitat y en la población local, pues para mantener este “negocio” en el tiempo se debe de proteger al centro de todo: La naturaleza.

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Pajareo máximo

Por otro lado, dado el creciente apogeo de este turismo, debemos valorar todas las alternativas. Creo que los buenos zoológicos que apuestan por la conservación y el bienestar animal aún tienen un papel que jugar en este sentido, pues no podemos pretender que toda la gente se dedique a sacarse selfies en las selvas del Congo, ni tampoco pretender que la gente ame y proteja algo que solo ha visto en fotos y vídeos. En este sentido, puede que las nuevas tecnologías tengan también un importante papel que jugar. Os dejo un vídeo de muestra de ecoturismo de gorilas en “realidad virtual”, que es una gozada, y estoy seguro que con unas gafas de VR y unos años más, podremos disfrutar de safaris en el sofá de casa (Se puede mover la vista con el ratón!)

Desde luego, a mucha gente nos encanta el turismo de naturaleza. Mi última escapada ha sido a la Laguna de Gallocanta, y fue una gozada! Pero debemos ser conscientes del impacto de este tipo de actividades y actuar en consecuencia. Desde luego, espero que el ecoturismo en Uganda siga actualizándose y poniendo a los gorilas por delante, porque es un viaje que espero hacer algún día!

Bibliografía empleada:

  • Gorila borracho golpea a un fotógrafo. Consultado el 03/01/2016
  • Behavioral responses of one western lowland gorilla (Gorilla gorilla gorilla) group at Bai Hokou, Central African Republic, to tourists, researchers and trackers. American Journal of Primatology
  • How Nature tourism might increase prey vulnerability to predators. Benjamin Geffroy, Diogo S.M. Samia, Eduardo Bessa y Daniel T. Blumstein
  • El ecoturismo amenaza a los animales. El País. Consultado el 02/01/2016