¿Por qué debería tener cuidado al compartir selfies y memes de animales?

Los selfies, vídeos virales, gifs y memes de animales pueblan internet. En el afán de conseguir uno de estos selfies para la red social de turno, hace unos días asistíamos a un hecho insólito: Un grupo de turistas acosaba a un oso al norte de León, hasta el punto de forzarle a cruzar una carretera con tráfico a plena luz del día.

Dejando a un lado la necesidad de una mayor regulación del ecoturismo; lo cierto es que da igual que red social usemos, basta con bajar un poco por sus infinitos “timelines” para encontrarnos con algún animal salvaje: Tal vez sea la imagen animada de un gato gracioso, un mono que parece flipar ante un truco de magia o un meme de animales haciendo algo “humano” y con algún chascarrillo de por medio.

Estas imágenes virales tienen bastante éxito y consiguen propagarse por la red, pero tal vez estén teniendo más consecuencias que hacernos pasar un buen rato frente a una pantalla. Vamos a verlo a través de las tres preguntas que deberíamos hacernos antes de subir un “selfie” con algún bichejo a nuestras redes sociales, y que servirán para preguntarnos que sentido tienen muchas de estas imágenes viralizadas.:

¿Es peligroso para mí realizar esa foto?

Los selfies requieren de una cercanía que muchos animales no están dispuestos a aguantar, llevando a accidentes, con los bisontes de Yellowstone a la cabeza. Mientras, los osos de Colorado son otro caso similar, donde se ha llegado a cerrar el parque natural para los turistas.

Otro caso llamativo son muchos de los primates que podemos encontrarnos en la Asia más turística: Si ya nos encantaba interaccionar de forma innecesaria e irresponsable con estos animales, ahora, con los selfies, los ataques a personas aumentan, y el mayor peligro en este caso son las enfermedades infecciosas que podemos contraer.

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Uno de los osos virales de Colorado – Mercury Press

¿Está en peligro el animal o ha sufrido estrés?

La respuesta es afirmativa en muchos de los casos, y la primera muestra de ello son los ataques que hemos mencionado antes: Sí un animal salvaje te ataca, probablemente le estuvieras estresando o intimidando.

En muchas ocasiones, no vemos ese estrés porque no sabemos reconocerlo. Un ejemplo claro es el babuino sorprendido por un truco de magia. 

Monkey Trick GIF - Find & Share on GIPHY

En realidad, ese animal se ha sentido estresado por los movimientos del “mago” y le ha mostrado una expresión de enfado, no de sorpresa. Esto fomenta que los turistas molestemos a los animales en los zoos.

Otro caso es el de animales en ambientes humanizados, que aunque pueden no estar sufriendo un estrés agudo en la imagen, si han sido privados de muchos estímulos y padecido trastornos mentales graves.

El ejemplo clásico es el de primates en ambientes anormales: Siendo afeitados, con ropa o jugando con perros. Estas son algunas de las imágenes más populares, y también, para aquellos que conocemos su trasfondo, unas de las más grotescas y dañinas.

Estos animales han sido apartados de sus madres, con las cuales mantienen una relación afectiva similar a la que mantenemos los humanos. Separarlos de estas para humanizarles es un maltrato psicológico terrible que destroza la vida de estos animales.

Esta moda por viralizar animales ha hecho que se creen empresas especializadas en selfies con animales. En nuestro propio país puedes hacerte fotos con tigres y otras especies, salidas de lugares de dudosa ética.

Pero hay empresas de este tipo lejos de las zonas urbanas, en lugares como el Amazonas, donde animales capturados y maltratados son usados para que el turista de turno actualice su instagram.

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World Animal Protection

Otro ejemplo es el de la explotación de elefantes en Indonesia y Tailandia, el uso de falsos santuarios de animales que cobran por subirte a estos animales, o incluso para hacer supuestos voluntariados. (Gente, los voluntariados con ONG y santuarios no consisten en duchar y jugar con elefantes!).

Que *a*fkr! Incluso existen cursos de biología o veterinaria en nuestro país en los que parte del temario consiste en hacerse un auténtico book con un animal salvaje. No intento criminalizar todos los cursos con fotos y animales, ni todas las atracciones con elefantes (algunas son santuarios de verdad)…pero un poquito de sentido común nos puede evitar más de un disgusto.

El daño de estas fotos también aparece en el ámbito del ecoturismo que comentábamos al principio. Ciertas asociaciones medioambientales piden un poco de mesura a la hora de compartir avistamientos de fauna, evitando que cualquiera pueda acceder a zonas delicadas como cantaderos o madrigueras.

¿Qué mensaje transmite?

Tal vez podamos pensar que el daño ya está hecho, y que compartir este contenido no va a mejorar a reparar el daño que se muestra en estas imágenes. Pero lo cierto es que estas imágenes transmiten muchos mensajes, la mayoría de forma inconsciente. Y la mayoría con consecuencias nefastas para estos animales.

Primeramente, estas imágenes promueven una competencia por ver quién maltrata mejor animales, promoviendo esa clase de negocios a través de hashtags y geolocalizaciones. Y es que, que mejor idea que tras participar en maltratar un perezoso por dinero, usar el hashtag del sitio y poner donde está para que otros puedan sumarse a la nueva moda.

Pero también ponen de moda y normalizan la tenencia de animales salvajes. ¿Quién no ha visto a un zorro o un mapache siendo acariciado? ¿O protagonizando un meme en el cual sale en un sofá? Estos gifs y memes de animales transmiten que sus protagonistas son buenas mascotas, algo peligroso para su bienestar, conservación y para aquellos que caen en esta compra ignorante y compulsiva.

Estos mismos mapaches se pusieron de moda en España hace años, seguramente motivado por el aumento de vídeos y virales de esta especie. ¿Consecuencias? La especie se convirtió en invasora, vector de la rabia y ya se han capturado en Madrid más de 700. Los afortunados van a centros de recuperación, pero otros son sacrificados.

Lo cierto es que existen numerosos estudios que certifican que cuando una especie se vuelve viral en internet, su adquisición como mascota aumenta. Es por ello que estos virales pueden aumentar, de forma directa, el tráfico ilegal de fauna. (Recordemos, mercado negro conectado a grupos armados, trata de personas, prostitución de menores y demás)

Sin querer criminalizar a nadie por compartir una imagen cómica, lo cierto es que cuando compartimos estas imágenes, estamos, por desgracia, apoyando el maltrato de animales y fomentando su tráfico ilegal y tenencia irresponsable. Pensar un poco antes de darle a “Share” puede evitar tanto sinsentido.

Si queréis ver fauna salvaje graciosa en internet, mejor que sea difundiendo comportamientos naturales, y no compartiendo su vida con humanos. Y de todas formas, si queremos ver animales graciosos en internet, siempre nos quedarán los gatitos…

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“Grumpy Cat” – Fotografía de Amy E. Price

 

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El peligro de no entender a los animales

Todos los animales emiten información de forma constante a través de vocalizaciones, colores o posiciones. Sin embargo, muchas veces malinterpretamos esa información, y eso repercute en el bienestar de esos animales y en el nuestro.

Hace poco, en mi cumpleaños me hicieron una sorpresa con tarjetas en las que salían chimpancés “graciosos”. Mi amiga, con la mejor intención del mundo, eligió una foto de uno de estos primates, mostrando toda su dentición, de forma similar a una sonrisa humana. Al ver la tarjeta, tuve sentimientos encontrados. Por un lado, un detalle que no olvidaré, pero por otro la sensación que da una foto que representa un sentimiento en las antípodas de lo intencionado.

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La imagen en cuestión – Autoría desconocida

No es algo anormal, de hecho, la misma imagen que utilizó mi amiga para ilustrar la tarjeta aparece en miles de webs, entre ellas, algunas de divulgación científica seria. Y es que incluso especies tan cercanas a nosotros tienen un lenguaje distinto al nuestro, y para ellos, el mostrar toda la dentición suele significar miedo o tristeza. Y este es uno de los peores ejemplos de las consecuencias de no comprender a los animales: Primates actores entrenados, para entre otras cosas, poner una expresión que nos resulta graciosa pero que significa miedo. ¿Cómo se consigue que un animal salvaje exprese miedo mediante el entrenamiento? Creo que no hace falta dar muchos detalles.

No entendemos a los animales. Por eso se hace muy difícil hablar en su nombre. Y fruto de ese desconocimiento existen múltiples consecuencias, principalmente para el bienestar y conservación de especies silvestres y nuestra relación con estas. Otro caso sería el mascotismo: Comportamientos anormales de mascotas “particulares” se vuelven virales, porque al desconocer su verdadero significado nos resultan graciosos; un claro ejemplo es el comportamiento defensivo del loris lento.

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Macaco de Gibraltar con cara de pocos amigos – Fotografía de Stephanie Piri

Pero el no entender a otras especies también tiene consecuencias directas para nosotros. De hecho, esta es una de las principales razones de ataques de animales silvestres a personas, pues normalmente todo conflicto con estos animales viene precedido de avisos por parte de estos, en forma de expresiones faciales o corporales. Sin embargo, las solemos ignorar, como bien señala un estudio reciente de la universidad de Lincoln, donde se demuestra que confundimos un aviso amenazante de un macaco con que nos lanzan un beso. A esto están acostumbradas muchas ONG que trabajan con este tipo de animales, como BMAC, una asociación conservacionista que trabaja con el macaco de Berbería. Desde BMAC, opinan que “Cuando invertimos tiempo entre animales salvajes, tenemos la responsabilidad de intentar entenderles, al igual que hacemos con otras personas para evitar estresarles. Aprender unas pocas expresiones faciales sencillas puede hacer una enorme diferencia positiva cuando observamos a estos animales”.

En otras ocasiones, malinterpretar a estos animales no nos lleva a un peligro directo, pero sí al estrés del animal. Es el caso de aquellos centros que mantienen animales salvajes en cautividad, ya sean santuarios o zoológicos. Reírnos o imitar a los animales al otro lado de la barrera no suele ser lo más respetuoso, y puede hacer más difícil la vida de los animales del centro y de la gente a su cargo. La ignorancia lleva a hacer muecas a primates o a agacharnos de espaldas ante un tigre esperando despertar en él comportamientos de depredador. También pensamos que un animal se sorprende por un truco de magia cuando en realidad le estamos molestando, o que un chimpancé lanzándonos cosas es gracioso.

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Imagen de “Proyecto Nim”

Por último, esta el caso inverso. En lugar de pensar que un animal esta alegre cuando está estresado, a veces pasa al revés. Y esto ya es un comentario personal: He colaborado con algún centro que acoge animales decomisados, y no sabéis lo que fastidia estar meses cuidando de animales que han sido maltratados por el ser humano, y que te venga el listo de turno (muchas ves tras haberse reído un rato del animal y que le expliques todo esto) a decirte “Ya…si se les ve tan tristes. Pobres”. Por favor, intentemos no hablar en nombre de animales y especies que no conocemos, porque a veces puede resultar ofensivo o incluso peligroso. Tal vez, en lugar de hablar tanto en su nombre, deberíamos empezar a aprender a escucharles.

 


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La “otra” educación en zoos y santuarios

En un momento donde la cautividad animal está bajo el punto de mira, muchos se preguntan si los zoológicos y otro tipo de centros tienen de verdad una función educativa. En mi opinión, esta función está en muchos centros de manera anecdótica, y la cartelería no es suficiente para ejercer una verdadera educación. Sin embargo, voy a hablar de otro tipo de educación al visitar estos centros, y es la del visitante.

Y es que debe ser difícil educar cuando al visitar estos centros, muchas veces vamos al zoo como quien va al parque de atracciones, con el único objetivo de pasarlo bien, sin buscar una tarde de aprendizaje. Por un momento, vamos a alejarnos del debate, y dejando de lado nuestro concepto de estos centros, vamos a hablar del respeto que les debemos tener a estos animales una vez atravesamos la taquilla, independientemente de la filosofía del centro:

  • Aprenda a leer: La mayoría de estas “normas” suelen estar escritas varias veces en estos centros. Al ir más a reírnos de animales que a aprender, suele pasar que la gente únicamente es capaz de leer los precios de las cervezas. Tal vez encontremos, de paso, algún dato interesante de las especies que vamos a ver y entrenemos un poco la empatía.

 

  • Los animales ya tienen comida: Sí señores. Únicamente en el caso de que el centro venda alimentos para los animales debieran ustedes darles comida. Las dietas de la fauna que alberga estos centros están formuladas de forma estricta para evitar diversas patologías, y en muchas ocasiones los animales albergados pueden padecer diferentes alteraciones metabólicas. Normalmente, no tenemos ni idea de la dieta de estos animales, y muchos de nuestros alimentos pueden ser tóxicos para otras especies.
Macaco Rhesus comiendo galletas – Sarvesh Phule
  • Flashes no, gracias: El hecho de que la inmensa mayoría de estos centros únicamente abran durante las horas de luz debería hacer que prohibir los flashes no fuese necesario. Aún así, parece que hay gente que aún no ha aprendido a quitar el flash del móvil, a pesar de haberse gastado 800€ en este. El flash puede dañar la retina de muchos animales, especialmente aquellos adaptados para ver en horas de poca luz. La práctica se vuelve bochornosa cuando vemos como se realiza frente a recintos de cristal, que reflejarán la luz de nuestra cámara.

 

  • No toques, porque tocas: Me da igual que estés en una instalación de “inmersión”, los animales salvajes no están para ser sobados. El traspaso de enfermedades no solo es uno de los riesgos, el estrés de los animales y el nulo beneficio que reciben de que vayas tras ellos también están ahí. Por no hablar que nuestro escaso conocimiento del lenguaje de estos animales hace que nos llevemos un mordisco en muchas ocasiones. Estas instalaciones deberían tener vigilancia constante, pero también nuestra capacidad de asimilar normas básicas. Si quieres tocar animales, ten un perro.
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Orangutanes de Borneo en el Zoo de Dublín – Fotografía propia
  • “El mono me ha quitado el móvil”: ¿Y cómo lo ha hecho? ¿Se ha escapado del recinto? ¿O tal vez pensabas que lo de “no tocar a los animales” no incluye el uso de prolongaciones de tu mano en forma de dispositivos? Es especialmente sangrante la gracia que nos hace el agitar bolsos en la cara de animales que pueden quitarnos las cosas, como muchos primates. Ojalá te tire el móvil al estanque. Igualmente, el lanzar botellas o piedras para que los animales nos hagan caso es un comportamiento que aunque marginal se sigue viendo, y uno no sabe donde meterse.

 

  • Cierra el pico: El gritar constantemente y reírse a pleno pulmón del comportamiento de otras especies molesta a los animales, e incluso algunos captarán que te estás riendo de ellos, especialmente aquellos que vienen rescatados de circos o espectáculo. Esto es alucinante en algunas instalaciones dentro de edificios, donde podemos convertir la vida en cautividad en un suplicio durante las horas de visita.

 

  • Controle a sus crías: Aunque muchos de estos comportamientos pueden ser ejercidos por un adulto, es especialmente triste cuando el hijo lo ejecuta y el padre le ríe las gracias. Si no está preparado para visitar estos sitios, déjelo en casa, ya que si comenzamos así durante la infancia, mal vamos…
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Cobos de agua en Cabárceno – Fotografía propia

 

  • “Bshhh Bshhh, mira aquí”: Este punto resume todos los anteriores, mucha gente va a llamar la atención de los animales con un objeto o un ruido para que les miren, se acerquen, y con suerte puedan tocarles. El protagonista es el humano, al cual el animal no puede ni debe ignorar. En el momento en el que hacemos cosas así, no venimos a aprender, sino a desaprender: Venimos a que los animales nos vean a nosotros, a hacernos el selfie y poco más, y no a observar a estas especies y aprender de sus comportamientos e historias.

Esta forma de relacionarse con los animales en cautividad por parte del visitante hace que las funciones sociales y conservacionistas de estos centros se hagan difíciles de defender. Probablemente se deba trabajar en una educación más activa para que este tipo de comportamientos se transformen, y visitar estos centros signifique respetar a sus habitantes, independientemente de que queramos visitarlos o verlos cerrados. Por suerte, muchos centros, especialmente los santuarios y centros de rescate, cada vez regulan más las visitas, siendo incluso exclusivamente guiadas, lo cual ayuda a mitigar la mayoría de estos comportamientos.

Espero que os gustase la entrada y siento estar escribiendo tan poco. Como suelo hacer, os animo a compartir la entrada y difundirla, y a meteros en las redes sociales del blog como facebookinstagramtwitterdad un like o un follow, que son gratis y me ayudan con la difusión! Un saludo, gente!

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Coatí en el zoo El Bosque (Oviedo) – Fotografía propia

 

 

¿Qué mascotas puedo tener en España? Tal vez demasiadas

La tenencia de mascotas exóticas no es algo nuevo: Los egipcios y romanos ya tenían peces ornamentales o utilizaban guepardos para cazar. Sin embargo, la magnitud que ha alcanzado actualmente el mascotismo de fauna silvestre, en una época de supuesto cenit moral, es preocupante y peligrosa, tanto para el bienestar de animales individuales como para el equilibrio ecológico que guardan las poblaciones a las que estos pertenecen. Conviene preguntarse que animales no podemos tener de mascotas, y conviene plantearse si la pregunta adecuada para protegerlos no debería ser “¿Qué animales puedo tener de mascota?”

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La demanda de yaco de cola roja para ejercer de mascota es una de sus mayores amenazas (Zoo el Bosque) – Fotografía propia

No estoy en contra de la tenencia de fauna exótica por particulares; conozco a amantes de los animales (De los de verdad, que conocen la problemática de las especies invasoras o saben identificar toda fauna que se les cruza por delante) que tienen ajolotes, serpientes o hurones. Son conscientes de que las necesidades que estas especies piden son mayores y actúan en consecuencia; sin embargo, basta darse una vuelta por las mismas páginas web que usamos para comprar artículos de segunda mano para encontrar titís, linces y otros animales.

Como ya hemos hablado en el blog, existen muchos tipos de cautividad, y una de las más peligrosas es la de particulares. Hay, como ya comenté, gente muy responsable, y personalmente conozco gente que cuida de animales exóticos o los cría que me caen genial y son muy responsables. Pero también hay compras compulsivas sin conocimiento de especies que no debieran ser la mascota de nadie: Animales peligrosos, que cuando crecen pueden verse obligados a establecer una relación dañina con nosotros. Os aseguro que un adorable tití da unas buenas dentelladas, y la cosa se complica si viene cargado de VIH

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Tití común, una especie muy traficada en nuestro país (Zoo el Bosque) – Fotografía propia

Debido a esto, muchas de ellas son abandonadas, desembocando en la aparición de especies invasoras que acaban con la fauna autóctona (Si quieres conocer algunas de las especies más problemáticas en nuestro país, te enlazo esta entrada del blog) o que acaban con la muerte del animal “liberado”.

Pero no solo supone un peligro para el medio ambiente: Por desgracia, tener un perro o un macaco no es lo mismo. Los animales exóticos tienen requerimientos que son muy difíciles de satisfacer, y en muchos casos aquellos que optan por las mascotas exóticas, permitidas o no, acaban maltratando al animal sin saberlo: Mala alimentación, recintos pobres o falta de ejemplares de la misma especie pueden llevar al animal a comportamientos estereotipados, enfermedades graves o agresividad dirigida hacia los dueños.

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La serpiente del maíz, uno de los herpetos más criados en nuestro país (Zoo el Bosque) – Fotografía propia

Por supuesto, los animales exóticos también son fuente de enfermedades, y sobre todo me refiero a los que provienen de tráfico ilegal, con CITES falseados y capturados del medio natural, sin pasar ni un solo chequeo veterinario. Esta situación hace que un simple arañado pueda desembocar en enfermedades graves que se transmiten al hombre.

Un ejemplo sería el herpesvirus B, altamente letal en el hombre pero que los macacos tienen de forma latente (recordemos que España es la gran vía de entrada al tráfico de macaco de Gibraltar por Europa), o la salmonelosis presente en la piel de muchos reptiles.

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Rafi, macaco que apareció en un parque (Rainfer) – Fotografía propia

Pero, ¿Por qué estamos hablando de esto? ¿Acaso CITES no nos protege de esto? Si bien CITES posee cierta utilidad, a día de hoy se pueden tener cientos de especies distintas en tu casa con el documento adecuado, a cual más extravagante, e incluso algunas arrancadas de su medio natural, pues dado el dinero que mueve el tráfico de fauna silvestre, no hay problema en invertir una parte en la falsificación de documentos CITES y otros permisos. Además, CITES no prohíbe la tenencia de muchas especies ya que eso recae en la legislación de cada país.

Actualmente, en la mayoría de Europa se trabaja con listas negativas: Se prohíbe tener ciertas especies animales, ya sea por temas de conservación, salud pública o riesgo medioambiental; un poco lo que ya hemos hablado. El panorama de mascotas exóticas es el siguiente: Una nueva especie se pone de moda, ya sea porque a Paris Hilton le ha dado por tener un kinkajou o a Justin Bieber un mono capuchino (en esta especie de primate sudamericano ha influido mucho su aparición en películas como Piratas del Caribe).

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Brutus, mono capuchino intervenido por el SEPRONA (Rainfer) – Fotografía propia

Esto hace que las ventas se disparen, ergo el tráfico ilegal nutre en mayor o menor medida esta demanda (sí, hay criaderos legales…pero los clicks en internet van muy rápido y os aseguro que es mucho más rápido que en Barajas aparezcan en una maleta la especie de turno y se venda quedando por internet en alguna gasolinera, a que se monte un negocio de cría).

Cuando la gente comienza a darse cuenta de que estas especies no son fáciles de mantener en cautividad, ya sea porque se hacen grandes, muerden o hacen ruido, son “liberadas” al medio natural: Pasó con las tortugas de Florida, pasó con los mapaches (sí, tenemos colonias en Madrid, por ejemplo), con los coatíes y pasará en un futuro con más especies. Posteriormente, dado que es una especie invasora, toca sacrificar a estos animales.

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Los mapaches han formado varias colonias en nuestro país tras ser abandonados (zoo el Bosque) – Fotografía propia

En otras ocasiones, dada la ilegalidad y peligrosidad de estas “mascotas” muchos animales acaban en sótanos…por suerte, muchos de ellos tienen un mejor futuro, y cuando son incautados acaban en centros de rescate o acogida. Por desgracia, la mayoría de estos centros son de financiación privada: El Ministerio de Economía es dueño de los animales incautados pero son estos centros los que costean su mantenimiento de por vida (Recordemos que muchos primates no humanos, psitácidas o quelonios pueden rebasar los 50-70 años).

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Los guacamayos pueden llegar a edades similares a las humanas (Zoo el Bosque) – Fotografía propia

Actualmente, son muchas las asociaciones y centros de rescate que piden el uso de listas positivas (entre los que destaca AAP, con su asesoramiento en varios países de la UE para instaurar este tipo de control en toda Europa), que ya se desarrollan en varios países. Tal vez el ejemplo más claro sea Bélgica,ya que su lista positiva, a diferencia de otras, no tiene “peros”: Apenas 40 especies de mamíferos pueden ser tenidas en cautividad por particulares, convirtiéndose en el único país europeo con una lista positiva real.

Mientras, la legislación de otros países como el nuestro está basada en la prohibición de ciertas especies. El problema es que las especies no mencionadas está permitido tenerlas; así que como comentábamos antes, tras comprobar que una especie ausente en la lista se puede convertir en invasora o en peligrosa (es decir, tarde), es prohibida, y otra nueva especie se pone de moda.

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Los perritos de las praderas han ganado popularidad a pesar de su necesidad de realizar galerías (Zoo el Bosque) – Fotografía propia

Este tipo de legislación se vuelve obsoleta pronto y permite que el mercado ilegal encuentre nuevas especies que traer a nuestro país. En España, la mayoría de restricciones son por ser una especie invasora o por presentar peligros para el hombre (por ejemplo, los primates por temas sanitarios); sin embargo, por motivos de bienestar animal apenas existen restricciones, como si cualquier especie salvaje pudiera vivir en el jardín de casa.

La venta de exóticos está aún menos regulada, tanto en tiendas como por internet, no existiendo la obligación de informar de requerimientos específicos de especie o siquiera formación a los vendedores de estos animales, en prácticamente ninguna comunidad.

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El coatí es otra de las especies que se ha convertido en invasora tras popularizarse como mascota (Zoo de Oviedo) – Fotografía propia

Todo ello permite que en muchos países de Europa como el nuestro exista una enorme demanda de animales exóticos, cada vez de especies distintas: Un mercado poco regulado, volátil y cambiante, ideal para que continúen apareciendo maletas en Barajas con animales arrancados de su medio natural. También fomenta la cría de nuevas especies con ánimo de lucro. Personalmente, creo que debemos caminar a una legislación que regule la cautividad animal, la cual solo permita tener a particulares ciertas especies cuya cría este ya asentada en Europa y sean fáciles de mantener en entornos controlados; por lo demás, la mayoría de especies silvestres en cautividad solo deberían encontrarse así por motivos conservacionistas y educativos, y con unos estándares de bienestar animal muy superiores a los exigidos actualmente.

De momento, solo nos queda apoyar a las ONG que impulsan este tipo de iniciativas y a los centros que acogen a los animales víctimas de la pobre legislación que tenemos en estos temas. Especial mención a AAP, por todo su trabajo a nivel europeo. Las fotografías de la entrada han sido realizadas por mí durante mis estancias como voluntario en diversos centros, concretamente en el zoológico el Bosque (que actúa como centro de rescate de fauna exótica y salvaje en Asturias) y Rainfer (El Centro de Rescate de Primates más antiguo de España), pero existen muchos otros centros que realizan una labor vital como fundación MONA o el CRARC, y zoológicos y centros de acogida que colaboran con estos centros como Marcelle o Karpin.

Espero que os gustase la entrada; como en otras ocasiones, os invito a difundirla a través de las redes sociales (facebookinstagram y twitterpara dar a conocer la problemática que tiene la tenencia de fauna exótica y apoyar el mascotismo responsable. La educación ambiental que realizo desde este proyecto se nutre del boca a boca, así que ayudadme un poco 😉

 

  • Analysis of national legislation related to the keeping and sale of exotic pets in Europe – Eurogroup for Animals
  • Think positive: Why Europe needs positive lists to regulate the sale and keeping of exotic animals as pets – AAP & Eurogroup for Animals

Si no lo haces por ellos, hazlo por ti

Esta semana vamos con un experimento, y es que os traigo a un bloguero invitado! No se si lo haré habitualmente, pero en este caso estoy encantado, pues no es otro que Javier Ruiz, escritor que podéis disfrutar en blogs como “Doblando tentáculos” y en libros como “De cómo los animales viven y mueren”, lectura que yo mismo estoy realizando y que os recomiendo, pues trata este y otros temas de forma extensa y documentada. Sin más dilación os dejo con Javier:

En el año 2000, el químico neerlandés Paul J. Crutzen, premio Nobel de Química en 1995, propuso a la comunidad científica la sustitución del término Holoceno por Antropoceno para definir el impacto global que las actividades humanas habían tenido en los ecosistemas terrestres. En 2017, esta etapa geológica ya es una realidad: mientras el Reloj del Apocalipsis (Doomsday Clock) se acercaba otros treinta segundos a la catástrofe atómica en Chicago, nos quedamos sin argumentos para no aceptar que hemos cambiado el mundo a peor.

Este último año me he acostumbrado a hablar en público sobre ética animal. Las primeras veces, junto al nerviosismo, se unió un enfoque erróneo de la cuestión: «Lo que nos trae aquí», les decía, «son setenta años de agricultura y ganadería industrial». De este modo, quería explicarles cómo la humanidad acogió la infraestructura de los campos de exterminio y la aplicó al sector cárnico a medida que la población mundial seguía aumentando y, debido a la tecnología, obviando los procesos naturales que habían regido el planeta hasta la fecha —dando paso a una función eternamente asintótica de crecimiento poblacional y nunca más sigmoidea—, y cómo todo el horror que se perpetró contra republicanos, prisioneros de guerra, judíos, homosexuales o gitanos se infringía ahora a seres sintientes como las vacas, los cerdos o los pollos. No era solo cierta clase de muerte, que ya puede ser horrible de por sí, sino toda la industria de martirio que la precedía.

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Fotografía de Matthias Ripp

Entre los públicos más concienciados, aquellos que habían visto Earthlings o Cowspiracy, o que habían meditado unos segundos sobre aquella frase de Theodor Adorno que decía «Auschwitz empieza dondequiera que alguien mira un matadero y dice: son solo animales», tanto la parte ética de la charla como aquella otra centrada en la sostenibilidad, funcionaban. Sin embargo, era habitual que, sin el tiempo de exposición suficiente, muchos amantes de los perros no comprendiesen ni una palabra de por qué es erróneo ese especismo que nos aleja de cerdos degollados para hacer salchichas o visones despellejados para un retal de abrigo. Una visión que poco o nada tiene que ver con la filosofía de este blog, Nasua, pero que sí tiene mucha influencia en mi vida, por lo que, aunque no tengamos por qué estar en todo de acuerdo, me permitiréis la contextualización.

Entonces, me decía a mí mismo: «Nunca subestimes el poder de la ignorancia voluntaria», no desde una óptica clasista, sino como un modo de recordar que las personas seguimos distintos caminos porque aprendemos de distintos modos. Y pasábamos al plan B.

El plan B se articulaba en dos preguntas retóricas: la primera (¿cuántos de vosotros coméis carne y pescado cada día?) intentaba hacer consciente al público de la problemática del incremento en la producción de la industria cárnica y pesquera y de que esa producción depende de una masificación del proceso industrial y de que (otros) miles de millones de personas nunca coman. Pero, sobre todo, me permitía enfocar los dos principales problemas camino a esa deadline que los científicos marcan alrededor de 2050: la ganadería industrial es culpable de más del 50 % de las emisiones de gases de efecto invernadero (uno) y la huella hídrica asociada a la producción no es sostenible (dos). Estamos derrochando el agua, y, por ello, las guerras del futuro no estarán movidas por la invasión de territorios, sino por la escasez de recursos.

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Fotografía de Gwenael Piaser

En los próximos años, además, este problema se agravará por tres grandes razones: la inserción de nuevos actores en el mercado (en concreto, China y la India, aunque también otros países de Oriente Próximo y Oriente Medio), el aumento de la población —se calcula que, en 2050, habrá 9.000 millones de personas en el mundo— y el incremento de dietas cárnicas, que seguirá aumentando en estos nuevos mercados y acuciando, todavía más, la brecha entre países ricos y pobres. Como conclusión, en treinta años, el aire en la Tierra será irrespirable y las reservas de agua potable inexistentes. No viviremos, o lo haremos dentro de una gran oligocracia global o, en un escenario que comenzamos a conocer como Neo Green, y que alude a un gran jardín fruto de la tecnología tras la destrucción de lo que nos queda de verdadera naturaleza en el Antropoceno.

Todo lo anterior tiene una conclusión lógica: cambiar nuestros hábitos de consumo e incrementar el intervencionismo de los estados en las economías neoliberales en lo que se refiere al sector alimentario; no obstante, por el momento, a solo tres décadas de alcanzar el periodo más catastrófico de la historiografía humana, ni los hábitos de consumo ni la conciencia colectiva han despertado: vivimos el presente, obviando totalmente el medio plazo. Como prueba tácita, tenemos la moderada repercusión del documental Before the Flood, de Leonardo di Caprio, que, pese a ser gratuito y accesible a través de decenas de dispositivos, no ha conseguido alcanzar unos enormes niveles de audiencia —ni de inferencia entre el público americano, se puede concluir, tras la elección de Trump a finales de 2016—, si bien el cambio climático es uno de los temas más controvertidos del siglo XXI.

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Fotografía de Ilja Klutman

Esta es, pues, la primera barrera con la que el activismo de este siglo se encuentra: la falta de conexiones reales a través de las que crear conciencia para un verdadero nexo entra la emoción y la acción. Sin este, resulta imposible que Occidente dé ejemplo del necesario cambio de modelo que debe aplicar, entre otras, la industria alimentaria, así como de la búsqueda de nuevos patrones que sí funcionen en el medio y largo plazo: no se trata de acoger ni de imponer una ética vegetariana o vegana, sino de crear canales que limiten al máximo el sufrimiento y nos ofrezcan el tiempo suficiente para realizar un verdadero cambio por la preservación del planeta y de la humanidad entera1.

Todos estos conceptos pueden parecer colosales, catastróficos e incluso irreales, pero el deshielo de casi la mitad del Ártico o las emisiones de gases efecto invernadero —en España, también las últimas noticias de contaminación atmosférica y los recientes planes de actuación para las ciudades de Barcelona y Madridnos demuestran que no podemos, ni debemos, sacralizar la tecnología, porque puede ser que, esta, pierda frente a esta carrera contrarreloj.

Sé egoísta. Si no lo haces por ellos —por los animales, por los ciudadanos de países del Tercer mundo, por tus hijos—, hazlo por ti. Pero hazlo. Actúa.

1 Puede que las ideas de estos dos últimos párrafos se acerquen mucho a las tesis neo-bienestaristas y ampliamente criticadas, por muchos veganos, de Peter Singer, pero no podemos olvidar que nos enfrentamos a un cambio a nivel global en el que miles de millones de personas todavía no apoyan el movimiento de liberación animal; por mucho que nos cueste aceptarlo, ese movimiento o cualquier otro no tiene ningún sentido si no conseguimos preservar agua y aire en el planeta más allá de 2050.


Vuelvo a ser yo! Muchas gracias a Javier por su texto, el cual espero hayáis disfrutado tanto como yo. Como una persona familiarizada con la producción animal y su bienestar, me preocupa enormemente este problema, y aunque en muchas ocasiones me posiciono en contra de ciertas corrientes dentro del activismo animal, creo que mayoritariamente nos trae una forma de ejercer presión, mover conciencias y cambiar el mundo, en este caso de la importancia de resolver la ecuación de “Consumo de carne + sobrepoblación + sostenibilidad”, objetivo común que deberíamos perseguir independientemente de nuestra empatía hacia otros seres vivos.

Si os interesan estos temas, os remito a la página de facebook del autor, Javier Ruiz, donde escribe y comparte contenido similar. También os recomiendo echarle un ojo a la entrada en la que hablé del deadline 2050 que os comenta Javier en el texto, en este caso en nuestros océanos, o del tema del deshielo que también está muy relacionado con el cambio climático y con la agricultura destinada a la producción animal; y como siempre, si te ha gustado la entrada, ayúdame un poco a difundir este proyecto divulgativo y comparte por redes sociales, y también os agradezco seguir el facebook (que es el que uso principalmente), twitter (admito que lo tengo abandonadete) e instagram del blog. Espero que os gustase la idea de la colaboración, dejadnos vuestra opinión en los comentarios y estoy abierto a realizar más en un futuro!

Las sombras tras “el vínculo”

En una época donde la sensibilidad con los animales se hace cada día con más ciudadanos, también he visto como aflora un deseo hacia lo que yo llamo “el vínculo”. Nos encantan los animales, sobre todo los salvajes: Son criaturas increíbles, muchas veces exóticas y escasas, y son una muestra de lo único que es nuestro planeta y del proceso evolutivo que las ha ido moldeando hasta hoy. Probablemente sea esto lo que nos invite a interaccionar con ellas, por muy mala idea que esto pueda llegar a ser.

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Fotografía de Katerina Plotnikova

Y es que de eso hablo cuando digo “el vínculo”: Esa necesidad imperiosa que tenemos por “interaccionar” con los animales. Ya sea para sacarnos un selfie o mirarlas a los ojos esperando alguna especie de conexión espiritual.

Más allá de ese interés que suscitaron los zoológicos hace años en occidente, ahora nos importa más el bienestar de los animales y de ello han surgido muchas “interacciones” con animales que aparentan ser menos dañinas que una casa de bestias (el concepto antiguo de zoológico) pero que muchas veces son todo lo contrario, ya no hablamos tanto de exposiciones museísticas de animales, hablamos de antropomorfismo: Pensar que si a nosotros nos encantaría darle un abrazo a un tigre…¿Cómo va a ser estresante para él? 

Cada vez vemos más programas de televisión que fomentan este tipo de conexiones, muchas veces con buenas intenciones y con un balance “positivo”, pero que retroalimentan este rollo de lo guay que es tocar animales.

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Fotografía de Katerina Plotnikova

Primeramente, hablando de los zoológicos, yo mismo he participado como cuidador voluntario en interacciones donde yo marcaba los límites, y tengo sentimientos encontrados: En general, es innecesario e incluso peligroso juntar a animales salvajes y personas, si bien existen unas condiciones bajo las que creo que puede ser beneficioso; las cuales son tener como prioridades el bienestar de los animales, el objetivo divulgativo y la seguridad de las personas.

Por ejemplo, el contacto con serpientes inofensivas bajo unas pautas permite que sobre todo los más jóvenes se lleven un grato recuerdo y aprendan sobre estos animales, en especial que no deben tener ese concepto de alimañas que aún permanece a día de hoy en las zonas rurales.

Por desgracia, existen muchos lugares donde estas interacciones tienen como único objetivo el beneficio económico. Aún a día de hoy se pueden encontrar en España casos de este tipo, como centros donde puedes acariciar crías apartadas de sus madres sin ningún control o felinos con una correa, como el caso de la siguiente fotografía, donde podría haber elegido una de las cientos de fotos que tienen los visitantes con el animal mucho más idílicas, pero no quiero poner aquí rostros de gente que ha visitado el lugar equivocado:

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Ocelote en el zoo de Castellar – Tripadvisor

El turismo en países exóticos es el que más se ha aprovechado de estas situaciones, en lugares muy alejados del respeto al bienestar animal que debiera tener un zoológico en el siglo XXI. Hace unos años eran los macacos haciendo trucos o para hacerse fotos (y a día de hoy sigue siendo así), pero en esta misma dirección de maquillar de amor hacia los animales a la explotación animal también han proliferado falsos “centros de rescate” donde puedes tener tu momento mágico acariciando a un león en Sudáfrica o bañando a un elefante en Indonesia.

El problema es que es puro marketing y muchas veces esto solo nutre negocios como la caza enlatada bajo una fachada de “altruismo”. Otro ejemplo es el famoso “Templo del Tigre”, hasta hace poco idílico lugar donde monjes y tigres convivían para disfrute de los turistas, y donde se descubrieron decenas de cadáveres de tigres congelados.

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Monje interaccionando con tigres – donaldandcathy.typepad.com

Otro punto que me apasiona es el uso de interacciones como gancho para biólogos y veterinarios (y sobre todo alumnos) interesados en formarse en fauna silvestre. Pocas veces está justificado, y sin embargo muchas veces parece que el objetivo es triplicar el precio de cursos con carencias formativas a cambio de un “book” con animales salvajes, que aunque muchas veces están bien cuidados (y por eso no voy a poner enlaces, porque desconozco cada situación como para criticarla directamente), creo que muchas veces lo único que se fomenta con esas cosas es nutrir estas necesidades de interacción y sacar dinero de ello.

Como es mi tercer año organizando cursos de este tipo en AVAFES, me toca especialmente la fibra, cuando veo programas de una calidad muy inferior a la de nuestros cursos, pero que cuadruplican el precio de estos. Y es que una cosa es formarse y otra muy distinta es hacerse fotos. Aprovecho para hacer “publi”, hay AVAFES en las facultades de veterinaria de buena parte de España en la que los alumnos trabajamos mucho por sacar cursos, y se cobra únicamente para suplir los costes de organización, y los escasos beneficios se reinvierten en nuevas actividades más económicas. Seguidnos si queréis formaros de forma económica!

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Fotografía de Katerina Plotnikova

¿Y por qué esta necesidad de interaccionar y toquetear a los animales no es buena? Lo primero porque en muchas ocasiones la interacción entre el ser humano y la fauna salvaje es peligrosa tanto para personas y animales, y de hecho, al año se producen cientos de casos fatales por gente que decide que es buena idea acercarse mucho a animales salvajes tanto en su medio natural como en cautividad.

Y lo segundo, porque fomentamos esa “maravillosa” idea de que los animales salvajes y las personas son un buen tandem, y fomentamos el mascotismo de especies salvajes, que mueve uno de los mayores tráficos ilegales del mundo, del que son víctimas miles de animales al año, muriendo la mayoría en condiciones de transporte horribles, y sobreviviendo unos pocos de los cuales la mayoría acaba viviendo una cautividad mucho más horrible de la que estamos acostumbrados a denunciar.

Es una lástima ver como creemos que una foto en blanco y negro en un zoológico significa que el animal está triste, pero un tigre sentado en un sofá es super feliz porque la foto es a color y el “dueño” sonríe y abraza al animal. Es ignorancia pura que perjudica enormemente a estos animales.

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Oso grizzly humanizado – Fotografía de Caters News Agency

Y es que a día de hoy se sigue sin poder conocer el pensamiento de los animales en toda su complejidad en cada situación, y al igual que no podemos caer en tratarles como objetos, tampoco podemos proyectar nuestros deseos y sentimientos en ellos, pues no les haremos ningún favor idealizando las relaciones entre primates humanos y el resto de las especies de nuestro planeta; y es que muchos tienen imágenes demasiado cercanas a algunas de las que ilustran este artículo (me refiero al trabajo artístico de Katerina Plotnikova). Con esto no quiero decir que todas las interacciones sean horribles ni que no se pueda sacar uno fotos con animales salvajes. Pero creo que hay que dar una serie de “normas morales”:

  • Pregúntate por el objetivo de la interacción, ya no el que tenga quien la está ofreciendo; pregúntate si te aporta algo a tí más que un montón de likes en facebook.
  • Pregúntate si puede suponer estrés o un peligro para el animal o para tí.
  • Si estás interesado en hacer voluntariados, prácticas o trabajar con animales salvajes, lo primero piensa que lo normal es que no toques a los animales. Y sobre todo, investiga sobre los centros a los que quieres ir, si en verdad son sitios que trabajan por los animales o por contra son sitios en los que usan a los animales como reclamo para un “voluntariado” en el que debas pagar.
  • Si te estás formando, pon prioridad a la calidad de las ponencias antes que a hacerte fotos con animales o tocarlos.
  • Si trabajas con animales salvajes, esta bien compartir tu trabajo, pero ten en cuenta del impacto que puede tener, un “foto de ámbito laboral, los animales salvajes no son mascotas!” nunca viene mal.

Creo que además, en muchos casos estas interacciones, a pesar de ser beneficiosas para la divulgación la conservación (me viene a la cabeza Kevin Richardson o el propio Frank de la Jungla), deben ser evaluadas desde ambos puntos de vista y actuar en consecuencia, es decir, si las interacciones con animales pueden ayudar a la conservación, creo que sus autores tienen también la responsabilidad de contar la otra cara y ser activistas contra la idealización de las relaciones entre humanos y personas (En este caso, ambos hablan de ello en mayor o menor medida).

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Kevin Richardson interaccionando con un león – Fotografía de Adrian Steirn

Recalco: No estoy condenando todas las interacciones con animales, pero actuemos con cabeza y pensemos que nos aportan a nosotros y a ellos. Los animales salvajes no necesitan relacionarse con el ser humano, y la mayoría de interacciones tienen como resultado más probable el estrés del animal. Si estás interesado en trabajar con animales salvajes, que no sea por tocarlos, que sea por protegerlos. Y apoyad a los centros que fomenten la conservación y el respeto a la fauna salvaje, ya sea sin interacciones o usando estas como una herramienta divulgativa que respete a sus protagonistas: Con el resto, no perdáis ni el tiempo ni el dinero. Como siempre, gracias por leerme y os enlazo a las redes sociales del blog: facebook y twitter. Se agradece la difusión, cuyo único objetivo es divulgar sobre estos temas!

 

Los animales en cautividad de los que nadie habla

La cautividad de animales salvajes es algo que preocupa a mucha gente, y lo podemos ver a diario con noticias que ponen el punto de mira en los zoológicos. Pero…¿Es esta la única forma de cautividad de fauna silvestre?

Para aclarar un poco este asunto vamos a utilizar un animal como el tigre y un país como Estados Unidos, que si bien tiene diferente legislación a la UE, nos puede dar una visión del alcance del problema.

Hace solo unos meses, los dueños de tigres sin “pedigrí” (Ascendencia desconocida o cruces entre subespecies) se libraban de los permisos que requerían las subespecies puras. No solo eso; la USDA ha incluido como violación de la ley de bienestar animal el retirar cachorros de sus madres antes de los 28 días para que puedan ser utilizados para el entretenimiento.

Estos cambios de leyes tan recientes parecen pensados para un criadero de alguna raza canina, sin embargo, son para una de las especies más amenazas del planeta. No son leyes pensadas para los zoológicos: Son leyes pensadas para la tenencia privada de estos animales. 

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Cría de tigre de bengala en una casa – Reuters

Se calcula que entre 5.000 y 10.000 tigres viven en este país en cautividad, superando de largo las poblaciones salvajes, que rondan los 3.500. Y bien, ¿Dónde se esconden todos estos animales? Tristemente, un tigre puede estar en muchos sitios que no sean los bosques de Rusia o las selvas de la India.

Uno de esos lugares es el jardín o garaje de muchas casas, pues resulta bastante sencillo tener fauna salvaje como mascota en muchos países. Y si bien organizaciones como el CITES (¿Qué es el CITES?) intentan controlar este mercado, con dinero es fácil obtener documentos legales que te permitan tener muchas especies cuya tenencia es peligrosa y poco ética. Muchos tigres, y otras muchas especies, son mantenidas en jardines particulares, sin ninguna garantía de su bienestar y con ningún objetivo educativo o conservacionista.

No hace falta irse al país de las oportunidades, en España podemos encontrarnos con situaciones horrendas en este aspecto. Para aquellos que conocen un poco el mundillo de las mascotas exóticas no les resultará extraño: En internet podéis encontrar muchos foros en los que abundan conversaciones sobre la tenencia de especies que no esperarías que un particular pudiera tener en nuestro país.

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Guepardo en coche particular – autoría desconocida

 En algunos países, los “zoológicos de carretera” son bastante comunes. Son centros cuyo único objetivo es atraer turistas que pasan por delante de su centro y nunca más volverán. Estos centros únicamente están regulados por leyes federales, y suelen tener a los animales hacinados. Si bien en Europa la ley de núcleos zoológicos es más restrictiva y no tenemos esa tradición, en España existen muchos núcleos zoológicos que hacen negocio con estos animales a través de espectáculos circenses, ferias, rodajes, etc. Es decir, estos centros, a diferencia de un zoo, no están obligados a tener ninguna actividad educativa o de conservación, y pueden usar directamente sus animales para el lucro.

Los circos con animales salvajes siguen siendo un gran negocio, y en este caso es común ver animales mutilados para que no puedan dañar a sus “entrenadores”, instalaciones ridículas que muchas veces se limitan a remolques, etc. La federación europea de veterinarios ya condeno las actividades circenses con animales, debido al entrenamiento con refuerzo negativo, las pésimas instalaciones y la nula educación que se transmite en este tipo de eventos hacia el mundo animal. En España se están prohibiendo en muchas comunidades autónomas y ayuntamientos, pero aún es legal.

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Macaco de gibraltar – Fotografía de Dev Dharm Khals

 

Los zoológicos tradicionales pueden estar acreditados o no. Un zoológico no acreditado puede realizar una gran labor, pero tampoco tenemos la garantía de que así sea. Lo mejor es informarse de las labores del centro (educacionales, conservacionistas, etc.), pues en este caso su labor no depende de instituciones, sino de voluntad popular, y es entonces donde nos encontramos lo mejor y lo peor de estos centros: Podemos tener centros que realizan rescate de fauna, educan y tienen bien a sus animales, compartiendo “categoría” con centros que en poco se diferencian a los zoos de carretera. Y es una pena que la gente no entienda la diferencia entre gente que se parte por los animales, y “gente” que parte esa labor, y con ella, al bienestar de sus animales.

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Imagen del Centro de Rescate-Zoo de Castellar, un centro denunciado por el estrés que sufren sus animales en las interacciones

Existen también muchos mal llamados santuarios y centros de rescate, que hacen pasar su labor como altruista. Podemos encontrar casos en España, pero en otras áreas del mundo es aún más sangrante. Por ejemplo, el negocio de la caza enlatada se rentabiliza con “santuarios” de crías donde puedes fotografiarte con futuros trofeos de caza.

Y es que hay muchos centros que crían animales salvajes con el objetivo de abastecer el tráfico de especies, especialmente en países como China, donde miles (sí, miles) de tigres son criados para abastecer un mercado negro de huesos y pieles. Por supuesto, también existen, en mayor medida, santuarios y centros de rescate reales que tienen como prioridad el bienestar y rehabilitación de sus animales, y nuestro país es una buena muestra de ello.

Sin embargo, también existen zoológicos acreditados por la WAZA (o su equivalente en España, la AIZA), una asociación que vela porque los zoológicos tengan como objetivo el bienestar animal, la conservación y la educación. Lo curioso es que, volviendo de nuevo al felino rayado y su situación en América, solo el 6% de los tigres en Estados Unidos están en este tipo de centros.

Esto quiere decir que mientras que un par de centenares de tigres se encuentran en este tipo de instalaciones, miles y miles de ejemplares permanecen en centros cuyo único objetivo es el lucro; y esto ocurre con cualquier especie. Personalmente, creo que estas asociaciones no son garantía de tales objetivos, o al menos del nivel que requiere actualmente la sociedad y el sentido común, pero si son un paso muy grande que debe diferenciarlas del resto, y regulan que las empresas que gestionan estos centros vayan en la buena dirección; aún así, creo que cada día serán más exigentes con sus miembros, pues es parte de la evolución natural que debiera tener el sector.

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Anuncios de venta de grandes felinos

Alguno pensará que esto nos pilla muy lejos. Si bien no vivimos en Estados Unidos, en Europa no nos libramos de cifras horrendas. Europa es el segundo importador de reptiles del planeta, se calcula que en Reino Unido hay 42 millones de animales no domesticados como mascotas, y hablaríamos de entre 2.500-7.500 primates solo en UK. Estos son algunos datos que he recabado en escasos minutos, sería interesante tener los datos de cuantos tigres o leones se pueden encontrar en jardines y garajes europeos y españoles. No es muy complicado y encontrar por internet la posiblidad de adquirir uno de estos animales.

Es entonces donde me pregunto a que estamos jugando. ¿Por qué veo a tanta gente pidiendo el cierre de zoológicos con miles de animales y a tan poca apoyando a centros de rescate y zoos buenos donde debieran trasladarse estos mismos animales para evitar su sacrificio? Tal vez fuera mucho más útil manifestarse por mayores restricciones en la tenencia de animales salvajes por particulares.

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Mujur, hembra de orangután de Borneo (zoo de Dublín) – Fotografía propia

 Porque está claro que en los zoológicos modernos hay mucho que mejorar, y es que este artículo no es una defensa de estos: Debieran cerrarse muchos centros y seguir una mejora constante de las premisas conservacionistas y educacionales (Más creo que este tema es mucho más complicado de lo que aparenta para muchos). El camino seguramente pase por unas acreditaciones más exigentes y una mayor proporción de santuarios y pequeños centros que educan y recuperan, en contraposición a la cautividad como forma de lucrarse sin aportar beneficios a los ecosistemas y la sociedad, y sobre todo, en contraposición a esa “cautividad invisible” que tan poca visibilidad tiene en los medios y que parece estar tan poco presente para muchos.

Por ello, sigamos apoyando, de forma crítica, a aquellos centros que velan por los valores educativos, que velan por el bienestar de sus animales y que velan por el futuro del planeta. Como siempre, muchas gracias por leerme. Os recuerdo que si queréis apoyar al blog, seguidlo en las redes sociales (facebook y twitter) e interaccionar con las publicaciones, pues simplemente un “me gusta” ayuda bastante a la difusión de este contenido divulgativo.