Desmontando el mito del macho alfa

El término macho alfa ha alcanzado gran popularidad en nuestro argot y expresiones, no solo cuando hablamos de forma coloquial de la conducta animal, también en campos como el coaching empresarial o el ligoteo rancio.

Desde César Millán hasta el youtuber misógino de turno reparte consejos basados en el concepto del macho alfa que mantiene y llega a su posición mediante la agresividad, pero ¿qué hay de cierto en los orígenes biológicos y la popularidad del mito del macho alfa? ¿es cierto que las relaciones grupales entre animales están monopolizadas por machos agresivos? ¿o tal vez en el reino animal el relato también ha sido monopolizado por una historia única?

El origen del mito del macho alfa

El término macho alfa se refiere al macho de mayor rango en un grupo de animales sociales. El término fue creado por Rudolf Schenkel, y popularizado por David Mech, ambos pioneros en el estudio de la ecología y el comportamiento de los lobos

Los primeros estudios de Mech fueron publicados en su obra “The Wolf: Ecology and Behavior of an Endangered Species”, un libro de gran éxito que el propio David Mech ha intentado retirar sin éxito. Y es que tal y como admite el autor en numerosos textos y entrevistas, sus primeros estudios fueron en cautividad.

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Gorila espalda plateada – naturalworldsafaris.com

Años después realizaría estudios en estado silvestre donde vería que la mayoría de manadas de estos cánidos son grupos familiares, donde la “pareja alfa” no deja de ser otra cosa que la pareja reproductora. Mientras, los famosos lobos subordinados sobre los que el macho alfa dominaba eran sus crías…¡qué machote!

Y recalco lo de pareja alfa: parece que en esta narrativa del mito del macho alfa se nos ha olvidado que normalmente machos y hembras tienen jerarquías separadas y también hay hembras dominantes, en ocasiones sobre los propios machos. ¿Cuántas veces hemos escuchado el término “hembra alfa” al hablar del comportamiento animal?

Los machos alfas son los padres

Según palabras del propio Mech, “las manadas de lobos en estado silvestre son normalmente unidades familiares, en la que la pareja reproductora dirige las actividades del grupo y comparte el liderazgo mediante la división de tareas“. Entre las tareas que realizan las hembras de lobo destacan, por ejemplo, la defensa frente a intrusos o la obtención de alimento una vez sus crías ya comienzan a ser independientes.

De todas formas, las hembras de lobo no han necesitado a su pareja para lucirse; en 2012 falleció 832F, una famosa loba de Yellowstone que es considerada el lobo más famoso del mundo.

Pareja de lobos árticos – Fotografía de Scott Randall

Nate Blakeslee dedica un libro a este animal; en él menciona la espectacular capacidad de esta loba para derribar a los grandes ciervos de Yellowstone que muchos lobos tienden a esquivar, frente a presas menores como el ciervo de cola blanca.

Mech no solo intentó retirar su libro por errores en el comportamiento del lobo; el mito del macho alfa probablemente ha simplificado y caricaturizado al extremo a especies sociales como el lobo. ¿Qué pasaría si una de las especies que mayor conflicto causa con el hombre no fuese simplificada a la agresividad y la dominancia?

Así, el lobo es una especie donde empatía y altruismo tal vez tengan más protagonismo que la agresividad. ¿qué se puede esperar del cazador cooperativo por excelencia y origen del mejor amigo del hombre? No olvidemos que incluso chacales y geladas conviven sin conflictos, un ejemplo de la armonía que puede establecerse entre cánidos salvajes y estas manadas de primates en las cumbres de Etiopía.

 

La caída del patriarcado de Keekorok

Aunque hemos visto que en el lobo el mito del macho alfa apenas tiene aplicación, hay otras especies en las que esto si ocurre: los babuinos son unos primates altamente jerarquizados, donde la figura del macho alfa tiene una gran importancia y donde las agresiones de los machos tanto a individuos de bajo rango como a hembras para procrear son comunes.

Esta competitividad entre los machos lleva al infanticidio e incluso a ataques a hembras preñadas para provocar el aborto, tal y como descubrió el equipo de la bióloga Alice Baniel. Al igual que en otras especies de primate, las hembras de babuino tienen una hinchazón genital exagerada y prolongada en el tiempo que permite confundir a los machos respecto a la paternidad, lo que parece reducir en gran medida los infanticidios en estas especies.

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Babuino de Anubis – Fotografía de Yvonne de Jong y Tom Butynski

Pero en la tropa de Keekorok, estudiada en Kenia por el primatólogo Robert Sapolsky ocurrió algo sorprendente: los machos más agresivos y de mayor rango tomaron como botín un vertedero y consumieron carne infectada por tuberculosis, pereciendo al poco tiempo.

Sapolsky se sumió en duelo al ver como la picaresca de un complejo turístico había acabado con su trabajo de una década y con los animales que le habían acompañado…pero algo increíble pasó; este grupo de babuinos pasó de la noche a la mañana a estar formado por una gran proporción de hembras y de machos que estaban en posiciones bajas en la jerarquía.

Babuinos pacíficos o como las jerarquías cambian

En su libro “Memorias de un primate”, Sapolsky narra como rápidamente este grupo de babuinos cambió la tradicional gestión agresiva de las relaciones sociales de esta especie por una mucho más tranquila, donde el acicalamiento y los comportamientos prosociales eran los que regían las relaciones sociales entre machos y hembras.

Cuando los machos de un grupo de babuinos se acercan a la madurez sexual, se van de su grupo y buscan otro, donde entran en la rutina de estos comportamientos agresivos. A este grupo también llegaron nuevos babuinos que venían de colonias más agresivas, pero rápidamente aprendieron las maneras de “Keekorok” y siguieron estas conductas prosociales.

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Babuinos acicalándose – Fotografía de Noah Snyder-Mackler

¿Y por qué ocurre esto? Resulta obvio que en muchas especies hay machos dominantes que compiten entre ellos; por tanto los “perdedores” suelen tener que migrar, mientras que las hembras permanecen en el grupo y tienen su propia jerarquía (muchas veces por herencia). Y en estas sociedades matrilineales con machos dispersantes, las hembras son las que permanecen en el grupo y por tanto las encargadas de mantener la cohesión social y los comportamientos culturales. 

Así, la tropa de babuinos de Keekorok registra ahora muchas menos agresiones, mucho más acicalamiento y niveles muy inferiores de estrés. El propio Sapolsky ha estudiado el estrés a muchos niveles y ha visto como este cambio cultural no solo redujo el estrés, también sus consecuencias negativas para la salud, como la hipertensión.

Como reza el propio Sapolsky en este fragmento de vídeo: Sí estos babuinos han cambiado su sociedad por una más pacífica e igualitaria en una generación…¿qué excusa tiene el hombre?

¿Líderes o tiranos?

Al igual que los babuinos, los chimpancés pueden cambiar la estructura y jerarquía de sus grupos. Son una de las especies con mayores variedades culturales; en Senegal la antropóloga americana Jill Pruetz descubrió el uso de lanzas en chimpancés, y como esto parece hacer a las hembras mucho más independientes en la caza, y por tanto hace a estos grupos de Senegal mucho más “igualitarios”: las hembras de esta “cultura chimpancé” protagonizan más la caza y se respetan más sus capturas.

Pero…¿cómo es normalmente un grupo de chimpancés? Normalmente, es cierto que en los chimpancés hay un macho alfa, pero este puede tener formas de gobierno más o menos conciliadoras. Este mismo año, el primatólogo Frans de Waal dió una gran charla sobre los machos alfa de chimpancé. Frans de Waal popularizó este término tras Mech, al incluirlo en su libro “Chimpanzee Politics“.

En su charla, de Waal menciona a Amos, un chimpancé que no solo consiguió ser el macho dominante: también un líder querido y respetado, que fue despedido con cariño tras caer enfermo. El caso contrario es un macho que lideró a los chimpancés senegaleses estudiados por Jill Pruetz: Foudouko, un macho alfa bastante agresivo que tras ser desterrado fue asesinado e incluso devorado por su propio grupo, algo muy raro en esta especie.

A female chimpanzee with baby becomes aggressive towards male interloper in Liberia. Picture: Dr Clive Bromhall.
Chimpancés realizando comportamientos agonísticos – Getty Images

Y es que en los chimpancés, el más gamberro y matón no siempre es el macho alfa, ya que muchas veces acceden al poder gracias a coaliciones. Es decir, las amistades cuentan para ser macho alfa, y en muchas ocasiones un macho débil con apoyos puede hacerse con el poder; esto fue descubierto por Jane Goodall y confirmado en otras especies, como en los macacos de Assam.

Así, los machos alfa más exitosos en los chimpancés son aquellos que comparten comida, juegan con las crías o consuelan tras las peleas; de hecho, estudios de la española Teresa Romero confirmaron que normalmente son las hembras de chimpancé las que más consuelan; pero esto cambia en los individuos dominantes, donde en los machos esta actividad aumenta considerablemente.

Un macho alfa de chimpancé ideal debe mantener la paz, no ser un gamberro: los jefes agresivos tienden a tener menos apoyos y más alzamientos en su contra, por lo que tienen más estrés y reinados más cortos.

El ingenio también cuenta para conseguir ser un macho alfa; un ejemplo es Mike, un macho alfa que tomó el poder durante 5 años en la comunidad de chimpancés de Kasakela, estudiada en Gombe por Jane Goodall. Mike no era el chimpancé más fuerte ni el que tenía mayores alianzas, pero comenzó a robar bidones del campamento de Goodall y los usó para hacer sus displays, lo que le hacía parecer más grande y ruidoso.

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Conducta pro-social en chimpancés – Getty Images

Vamos, que aunque es cierto que en muchas especies el macho alfa es quien lidera al grupo, el relato predominante ha dibujado un rol simplificado de las jerarquías del reino animal. 

Matriarcados que molan

Pero no solo hay especies donde la figura del macho alfa es una falsedad o donde el concepto tradicional se desdibuja: hay muchas especies donde el género que manda es la hembra.

Un ejemplo son los bonobos, esos primates tan cercanos a nosotros como el chimpancé: ¿podemos achacar su pacifismo únicamente a las conductas de la especie, o tiene algo que ver que sean gobernados por matriarcas? Aunque mucho más relajados que sus primos chimpancés, los machos de bonobo maltratan a las hembras o realizan displays al encontrarse con otros grupos.

Sin embargo, las hembras de bonobo traen la paz: se alían y apoyan contra los machos agresivos, o socializan con grupos ajenos mientras los machos se pavonean o se alejan de estas reuniones. 

Hay muchos ejemplos más de matriarcado que los del bonobo; por ejemplo, los elefantes basan su liderazgo en matriarcas de gran edad donde lo que de verdad importan son sus conocimientos. Vamos, que en los elefantes no solo es que mandan las hembras (mientras los machos se matan unos a otros durante el “musth”), es que además mandan las más maduras y sabias!

Algo similar ocurre en las orcas, donde la matriarca puede haber llegado perfectamente a la menopausia y comenzar su época dorada de reinado, una sociedad donde sus hijos permanecen en el grupo para continuar siendo guiados por su madre en la etapa adulta, y que según las investigaciones de Emma Foster y su equipo explicarían su alargada menopausia.

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Hiena manchada y crías – Fotografía de David Lloyd

Hay decenas de especies donde las hembras son el animal dominante: la mayoría de especies de lémur son un ejemplo de matriarcado, al igual que las hienas, donde los machos ocupan los últimos puestos en la jerarquía y son más pequeños y tranquilos que las hembras.

Mientras, son muchas las especies como el macaco de Gibraltar en la que los machos también tienen un gran protagonismo en la infancia de sus crías. Y como ya comentamos, son muchas las especies que aunque lideradas por un macho dominante, sorprenden por la organización e importancia de las hembras del grupo: un ejemplo son los leones, donde frente al macho que comete infanticidio tenemosleonas que comparten cuidados y deciden “en consenso”, y donde la hembra tiene especial protagonismo en la defensa del grupo al igual que en muchas otras especies como el lobo, de forma similar a las mujeres guerreras que aparecen en numerosas culturas humanas.

La caricatura de que en los animales la única forma de organización es la de un macho dando golpes al resto ha hecho mucho daño: ha infravalorado a otras especies a nivel cognitivo y ha hecho que cometamos grandes errores entrenando a nuestras mascotas (no! tu perro no quiere convertirte en el macho beta, tal vez es que tú mismo has reforzado que se mee en el pasillo!).

Este mito del macho alfa incluso se ha usado para reforzar el machismo en nuestra sociedad; aplicada a personas, esta figura tiene aún menos sentido debido a la variedad de contextos sociales que vive la especie humana, y en donde alguien que domina en cierto contexto social puede ser dominado en otro.

Que nadie me malinterprete: la dominancia en el reino animal existe, y muchas veces es llevada por machos a través de agresiones y demostraciones de fuerza. Eso no quiere decir que no existan alternativas sociales y culturales en los distintos grupos animales; de hecho, muchos ejemplos como el de Keekorok o las cazadoras de Fongoli son cambios culturales que desafían al comportamiento imperante de la especie, y que muestran como la cultura en los animales puede modificar esas conductas que aparentemente se escriben en piedra.

Así que me parece que en el campo de la divulgación científica y la educación ambiental aún queda mucho trabajo por hacer. Por mi parte, seguiré intentando introducir este tipo de artículos dentro de la temática del blog pero con “perspectiva de género”…se agradecen comentarios y sugerencias! Y agradecer a un par de biólogas que han tenido la paciencia de leer este artículo antes de que se publicase y darme ideas chulísimas!

Bibliografía empleada:

  • Mech, L. D. (2000). Leadership in wolf, Canis lupus, packs. Canadian Field-Naturalist114(2), 259-263.
  • Furuichi, T. (2011). Female contributions to the peaceful nature of bonobo society. Evolutionary Anthropology: Issues, News, and Reviews20(4), 131-142.
  • Sapolsky, R. M. (2007). A primate’s memoir: a neuroscientist’s unconventional life among the baboons. Simon and Schuster.

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El peligro de no entender a los animales

Todos los animales emiten información de forma constante a través de vocalizaciones, colores o posiciones. Sin embargo, muchas veces malinterpretamos esa información, y eso repercute en el bienestar de esos animales y en el nuestro.

Hace poco, en mi cumpleaños me hicieron una sorpresa con tarjetas en las que salían chimpancés “graciosos”. Mi amiga, con la mejor intención del mundo, eligió una foto de uno de estos primates, mostrando toda su dentición, de forma similar a una sonrisa humana. Al ver la tarjeta, tuve sentimientos encontrados. Por un lado, un detalle que no olvidaré, pero por otro la sensación que da una foto que representa un sentimiento en las antípodas de lo intencionado.

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La imagen en cuestión – Autoría desconocida

No es algo anormal, de hecho, la misma imagen que utilizó mi amiga para ilustrar la tarjeta aparece en miles de webs, entre ellas, algunas de divulgación científica seria. Y es que incluso especies tan cercanas a nosotros tienen un lenguaje distinto al nuestro, y para ellos, el mostrar toda la dentición suele significar miedo o tristeza. Y este es uno de los peores ejemplos de las consecuencias de no comprender a los animales: Primates actores entrenados, para entre otras cosas, poner una expresión que nos resulta graciosa pero que significa miedo. ¿Cómo se consigue que un animal salvaje exprese miedo mediante el entrenamiento? Creo que no hace falta dar muchos detalles.

No entendemos a los animales. Por eso se hace muy difícil hablar en su nombre. Y fruto de ese desconocimiento existen múltiples consecuencias, principalmente para el bienestar y conservación de especies silvestres y nuestra relación con estas. Otro caso sería el mascotismo: Comportamientos anormales de mascotas “particulares” se vuelven virales, porque al desconocer su verdadero significado nos resultan graciosos; un claro ejemplo es el comportamiento defensivo del loris lento.

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Macaco de Gibraltar con cara de pocos amigos – Fotografía de Stephanie Piri

Pero el no entender a otras especies también tiene consecuencias directas para nosotros. De hecho, esta es una de las principales razones de ataques de animales silvestres a personas, pues normalmente todo conflicto con estos animales viene precedido de avisos por parte de estos, en forma de expresiones faciales o corporales. Sin embargo, las solemos ignorar, como bien señala un estudio reciente de la universidad de Lincoln, donde se demuestra que confundimos un aviso amenazante de un macaco con que nos lanzan un beso. A esto están acostumbradas muchas ONG que trabajan con este tipo de animales, como BMAC, una asociación conservacionista que trabaja con el macaco de Berbería. Desde BMAC, opinan que “Cuando invertimos tiempo entre animales salvajes, tenemos la responsabilidad de intentar entenderles, al igual que hacemos con otras personas para evitar estresarles. Aprender unas pocas expresiones faciales sencillas puede hacer una enorme diferencia positiva cuando observamos a estos animales”.

En otras ocasiones, malinterpretar a estos animales no nos lleva a un peligro directo, pero sí al estrés del animal. Es el caso de aquellos centros que mantienen animales salvajes en cautividad, ya sean santuarios o zoológicos. Reírnos o imitar a los animales al otro lado de la barrera no suele ser lo más respetuoso, y puede hacer más difícil la vida de los animales del centro y de la gente a su cargo. La ignorancia lleva a hacer muecas a primates o a agacharnos de espaldas ante un tigre esperando despertar en él comportamientos de depredador. También pensamos que un animal se sorprende por un truco de magia cuando en realidad le estamos molestando, o que un chimpancé lanzándonos cosas es gracioso.

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Imagen de “Proyecto Nim”

Por último, esta el caso inverso. En lugar de pensar que un animal esta alegre cuando está estresado, a veces pasa al revés. Y esto ya es un comentario personal: He colaborado con algún centro que acoge animales decomisados, y no sabéis lo que fastidia estar meses cuidando de animales que han sido maltratados por el ser humano, y que te venga el listo de turno (muchas ves tras haberse reído un rato del animal y que le expliques todo esto) a decirte “Ya…si se les ve tan tristes. Pobres”. Por favor, intentemos no hablar en nombre de animales y especies que no conocemos, porque a veces puede resultar ofensivo o incluso peligroso. Tal vez, en lugar de hablar tanto en su nombre, deberíamos empezar a aprender a escucharles.

 


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Los zorros que explicaron la inteligencia de nuestros perros

Dmitri Beliáyev es uno de esos nombres desconocidos que nos han traído grandes descubrimientos de cara a nuestra forma de ver el mundo. Dmitri fue un genetista ruso, que participo en la WWII, y que continúo estudiando la teoría darwiniana y la domesticación durante la Rusia de Stalin, estudiando la domesticación desde el punto de vista genético, siendo su trabajo uno de los más importantes del siglo XX en cuanto a comportamiento.

El experimento de Beliáyev era bastante sencillo, a pesar de su tremenda duración (Su creador murió hace más de 30 años, y a día de hoy continúa dicho experimento tras más de 50 años). Tenía dos poblaciones de zorros plateados (una variante del zorro rojo): Una de ellas era seleccionada por su reacción al contacto con humanos (si no se dejan tocar no se les permitía reproducirse), es decir, seleccionando animales mansos, y no permitiendo a aquellos más temerosos reproducirse, forzando una domesticación rápida. Tras varias generaciones, curiosamente, también se produjo una selección morfológica no intencionada: Estos animales tenían un cráneo feminizado (más pequeño), un esqueleto más estilizado, aparición de capas moteadas (si os fijáis, manchas blancas en cara aparecen en muchas razas de especies domesticadas), orejas elásticas y colas más curvadas.  La otra población actúa como población control, y en ella no se producía selección (pero sí contacto humano) pero el resto de condiciones eran las mismas.

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Zorro plateado – Fotografía de Kevin76

En cuanto a niveles hormonales, los zorros seleccionados tenían mayores niveles de serotonina, mientras que tenían menores niveles de corticosteroides, lo cual se relaciona enormemente con la reducción de comportamientos agresivos y la reducción de estrés. Comportamientos como ladridos, llantos y movimientos de cola también fueron seleccionados de forma no intencionada.  Dmitri descubrió así lo que es la domesticación: La selección contra comportamientos agresivos y a favor de la interacción humana, la cual, genéticamente parece ligada a muchas otras características fenotípicas.

Pero el experimento de Dmitri podría tener otras implicaciones: Un equipo de la universidad de Duke viajo al Instituto de Citología y Genética fundado por Dmitri en Siberia para testar su hipótesis: La domesticación se encuentra tras la enorme inteligencia de los perros, que han demostrado ser capaces de entender la comunicación humana mucho mejor que otros animales que se consideran altamente inteligentes, como los grandes simios.

Es importante recalcar que no hubo selección de cara a dicha habilidad comunicativa: De aparecer en los zorros seleccionados y no en los otros, es muy probable que dicha habilidad sea fruto de la domesticación. Y es que el equipo de la Universidad de Duke, liderado por Brian Harne, ya había comprobado que esta habilidad aparece en cachorros que aún no han tenido contacto con el ser humano (ergo no es que nos empiecen a comprender mediante la convivencia) y que no aparece en lobos (ergo no esta presente en sus “antepasados” salvajes), al igual que tampoco parece muy desarrollada en los chimpancés y bonobos que participaron también en estos juegos.

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Zorro domesticado – Fotografía de Luz Rovira

El experimento consistió en el juego del trilero apoyado en señales y gestos (es decir, ocultar comida en dos sitios y dar pistas de que se encuentra en uno de ellos), con dos poblaciones de animales de animales de 3-4 meses:

  • Cachorros “experimentales”: Animales pertenecientes a la línea seleccionada pero que aún no han estado expuestos al ser humano.
  • Cachorros “control”: Animales pertenecientes a la línea no seleccionada, pero con 5 semanas de exposición al ser humano.

Lo que el equipo de Brian Harne encontró fue que los cachorros “experimentales” eran muy buenos detectando las pistas que realizaba el investigador, mientras que los cachorros control no lo eran. Hay que recalcar que la exposición de los cachorros control consistió en entrenarles en esta clase de juegos y en la interacción con el ser humano, es decir, un periodo de socialización.

Estos animales control, si bien tuvieron menos éxito que los cachorros seleccionados o que los cachorros de perro utilizados en anteriores investigaciones, tuvieron bastantes aciertos, lo cual parece indicar que la socialización les ayudo bastante a desarrollar esta habilidad. Es decir, la capacidad de interpretar señales humanas parece estar, en mayor o menor medida presente en cánidos silvestres, pues podemos entrenar dicha habilidad a través de la socialización; sin embargo, dicha habilidad ha sido seleccionada durante la domesticación, haciendo a los perros unos expertos en interpretar los gestos humanos.

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Zorro rojo domesticado – Wikipedia.org

Se realizó otro experimento, diferenciándose del anterior en que no se socializó a los animales control y tampoco se utilizó comida como premio. En este caso, una persona toca uno de los juguetes con una lámina de metal que suena al tocarla; el otro es exactamente igual. ¿Cogerían el juguete con el que interacciona el ser humano? Se utilizó como “experimento control” el mismo proceso, pero tocando el juguete utilizando una pluma (sin que vieran que era movida por una persona). Se encontró en los animales experimentales un mayor interés en interaccionar por el juguete con el que previamente había interaccionado una persona, sin embargo, dicho aumento del interés no se produjo con la pluma. Lo interesante es que en la población control ocurre exactamente lo contrario: Los animales que no han sido “domesticados” prefieren el juguete que no ha sido tocado por una persona.

Todos estos comportamientos, dado que ambas poblaciones únicamente se diferenciaban en la domesticación, parecen indicar que la domesticación es la única responsable; esto apoya de forma bastante fuerte la hipótesis de la domesticación de la que hablábamos anteriormente, en la que se teoriza que las increíbles habilidades sociales de los perros son debidas a la domesticación.

Esta línea de investigación llevo a Brian Harne a teorizar que bonobos, e incluso humanos, somos fruto de una autodomesticación, tanto por nuestras increíbles habilidades sociales como por algunas características morfológicas que compartimos con la domesticación canina (nuestro cráneo es más feminizado que el de nuestros antepasados, y nuestros esqueletos, más frágiles). Aquí ya no me voy a meter, pero sería increíble que los zorros de Beliáyev nos lleven a replantearnos si nosotros mismos estamos domesticados.

Por desgracia, el mascotismo de fauna silvestre entro en escena y al parecer durante un tiempo se vendieron ejemplares como método de financiación. Aunque éticamente hay un par de “vacíos legales” (es fauna silvestre, pero domesticada, ergo solo puede vivir en cautividad y son animales que disfrutan de la interacción humana), enviamos un mensaje equivocado al incentivar que la gente tenga fauna salvaje como mascotas; aún así, y a pesar de este mensaje final, los zorros de Siberia nos han permitido entender mejor a nuestros amigos los perros, curioso, ¿cierto? Como siempre, os invito a seguir el facebook (que es el que uso principalmente), twitter (admito que lo tengo abandonadete) e instagram del blog. Y creo que también os anima a compartir el contenido para poder llegar a más gente este proyecto de divulgación científica y educación ambiental! Nos vemos pronto!

Lo que no nos hace humanos: Luto

Entre las habilidades cognitivas complejas más llamativas para el ser humano en otras especies, destaca la consciencia de la muerte y el luto; principalmente documentado en grandes simios, mediante las reacciones de individuos ante la muerte de congéneres; sin embargo, día a día se encuentran casos similares en otros animales más alejados de nosotros en la escala evolutiva. Como recordaréis, en “Lo que no nos hace humanos” busco traer características tradicionalmente asociadas al hombre y al que se atribuye su exclusividad, en este caso, hablamos de luto como “respuesta comportamental a la muerte”, no de vestir de negro y realizar funerales, si bien hay animales que presentan comportamientos que podrían tratarse como ritos.

Recientemente uno de estos encuentras se ha dado en una pareja de langures dorados de nariz chata (Rhinopithecus roxellana), que fueron observados en la reserva natural nacional de Zhouzhi (China). Durante la jornada de campo, la hembra “DM” mostraba signos de debilidad, resultando finalmente fallecida. La secuencia de acontecimientos sucedió durante la observación, por parte de investigadores de la Universidad de Kyoto (Japón), de un grupo de 150 monos de esta especie en la reserva natural nacional de Zhouzhi (China). 

Ejemplar de R. roxellana. Fotografía de David Blank

Durante el estudio, los expertos percibieron que, en un subgrupo, una hembra apodada “DM”, reaparecía tras 3 días, presentando epistaxis (sangrado por la nariz) y signos de debilidad. Un macho del grupo conocido como “ZBD” se acercó donde esta yacía, tocando su mano dos veces de forma suave, mientras realizaba advertencias al resto de los miembros del grupo.

Posteriormente “DM” subía a un árbol, siendo seguida por “ZBD”. Tras unos minutos de acicalamiento. Tras esto, “DM” se precipita al vacío, recibiendo una contusión que la deja en estado crítico. Los miembros del grupo realizaron vocalizaciones de alarma y descendieron para rodear a “DM”, y durante 50 minutos rodearon el cadáver para inspecionar a la hembra, olerla, realizar grooming (acicalamiento con importancia social en primates), abrazarla y agarrárla del brazo con delicadeza.

Poco a poco, algunos miembros del grupo fueron alejándose del cuerpo de “DM”, mientras que otras hembras adultas y “ZBD” permanecían a su alrededor. Las hembras realizaron grooming entre ellas mientras que “ZBD” continuó realizando miradas, toques y gromming a “DM”, que finalmente falleció. “ZBD” permaneció con el cuerpo sin vida durante varios minutos, continuando con la misma actitud. Finalmente se aleja del cadáver de “DM”, realizando miradas de forma esporádica, para posteriormente sentarse a la orilla del río, observando tanto al grupo como a su compañera fallecida. Tras su marcha, los investigadores quemaron el cuerpo, sin embargo, el grupo retornó al lugar del fallecimiento, donde “ZBD” permaneció varios minutos.

No es el único caso; miembros de otros grupos taxonómicos han demostrado tener comportamientos que podrían significar algún tipo de duelo. El caso más conocido es el de los elefantes, los cuales inspeccionan durante largos periodos los cadáveres de otros miembros de la especie, hasta el punto de volver varias veces al esqueleto de un compañero fallecido. En ese sentido os recomiendo el documental “El alma del elefante” que trata de esta especie, enfocando la obra en dicho comportamiento de luto.

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Elefante asiático en Tailandia. Fotografía de Alexander Klink

 

Como se comentaba al principio, el luto y la reacción a la muerte de miembros del grupo ha sido bastante documentada en los grandes simios, especialmente en chimpancés, comenzando por el registro de las reacciones de Flint a la muerte de su madre Flo, hecho observado por Jane Goodall en 1972. Existen otras especies que muestran luto, entre ellas algunos cetáceos (y apostaría a que la inmensa mayoría de ellos simplemente es que no está documentado). Se han registrado muchos casos donde los delfines arrastran a sus crías muertas durante horas antes de dejar que se hundan en el océano. El mismo comportamiento se ha visto en orcas.

Como en muchas ocasiones en el campo de la etología, el excepticismo esgrime como arma el antropomorfismo. Pero lo cierto es que, a pesar de la dificultad de medir niveles hormonales ante situaciones improvistas como puede ser la muerte de un miembro del grupo, la bióloga Anne Engh comprobó la subida de glucocorticoides (hormonas relacionadas con el estrés) en los miembros de un grupo de papiones del delta del Okavango, tras la muerte de una de las hembras del grupo (Engh et al. 2006), vamos, que demostró de forma científica que la muerte de este ejemplar generó estrés en el grupo.

Reacción ante la muerte de un chimpancé en Camerún. Fotografía de Monica Szczupider

Aún así, aún se desconocen todos los múltiples factores que pueden influir en la respuesta a la muerte, como pueden ser la propia circunstancia de la muerte, factores culturales o la relación social entre los miembros del grupo. Así, por ejemplo, Ian Douglas-Hamilton registró un fenómeno de luto en elefantes en el que solo participaron hembras de diferentes familias, pero ningún macho.

Lo que está cada vez más claro es que la empatía hacia otros congéneres fallecidos con los que se guardaba un vínculo no es exclusiva del ser humano, y cada día, parece ampliarse más el abanico de especies que sufren respuestas similares a las nuestras ante procesos traumáticos como la muerte de otro animal. Queda en mano de los etólogos un estudio exhaustivo de estos eventos para continuar rompiendo las barreras entre los primates humanos y el resto de fauna del planeta.

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Fotografía de Bing Yang et al.

En el caso de esta entrada, es una actividad que realicé durante el curso de Especialización en Biología y Comportamiento de Primates organizado por la gente de IPRIM. Os recomiendo seguirles en las redes sociales, tanto a ellos como a fundación MONA, si estáis interesados en formación e información de ese orden de animales tan maravilloso al que pertenecemos que son los primates. Como en otras entradas del blog, os animo a seguirlo en las redes sociales del blog: Facebook y Twitter, que me permitirá tener mayor alcance con esta herramienta divulgativa. Como siempre, encantado si participáis en los comentarios. Nos leemos!

Artículo original: Bin Yang, James R.Anderson y Bao-Guo Li:”Tending a dying adult in a wild multi-level primate society”.Current Biology 23 de mayo de 2016 DOI: http://dx.doi.org/10.1016/j.cub.2016.03.062

El verdugo de los cielos australianos

El verdugo flautista o urraca canora (Gymnorhina tibicen) es una de las aves cantoras más conocidas de Australia, aunque aquí nos suene al protagonista de alguna fábula extraña. Parece un ave bastante normal, que nos recuerda a nuestros córvidos, de color blanco y negro, con unos ojos de un marrón muy vivo. Pero su comportamiento esconde un oscuro secreto que la convierte en el castigo de miles de australianos durante cada verano, y que le ha valido el apodo extraoficial de “la orca de los cielos”:

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Ilustración de Ego Guiotto

 

Esta paseriforme, prima de los córvidos, se ha ganado su nombre oficial a pulso. Es flautista debido a su amplio repertorio de vocalizaciones; de hecho, puede imitar a más de 35 especies de aves, además de perros, caballos y humanos. Son además aves bastante inteligentes. Sin querer entrar a profundizar en temas de cultura y luto, me ha chocado toparme con un vídeo de una especie de “ritual funerario”. Pero lo interesante es el origen de su apodo de verdugo. Dado que es un ave bastante común, se ha adaptado muy bien a la presencia humana, siendo habitante habitual de parques y jardines como pudiera ser aquí la urraca.

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Ejemplar joven de verdugo flautista. Fotografía de David Midgley (Freeimages)
 Pero en verano (Agosto-Octubre), en plena etapa de reproducción, coincidiendo con el periodo desde que los polluelos nacen hasta que abandonan el nido, algunos machos de esta especie se vuelven especialmente territoriales y agresivos, atacando a cualquier ser que se acerque a sus nidos. Este comportamiento es bastante típico de los córvidos (que recordemos, no es un córvido pero recuerda a uno), siendo capaces de atacar a aves mucho mayores como águilas o halcones hasta expulsarlas de su territorio. Sin embargo, el verdugo flautista ha llevado esto al siguiente nivel, y su principal víctima son los humanos, especialmente aquellos que van en bici, dada su mayor velocidad y “envergadura”.
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Ciclista siendo atacado por un verdugo flautista

Todo aquel que pasa a 50 metros del nido o menos pueden recibir un ataque, que en el caso de los ciclistas llega a 100 metros. Tan frecuentes son estos ataques que el 90% de los australianos dice que ha sido atacado por un verdugo (Y el 92% de la gente cree que este tipo de estadísticas se inventa, pero bueno). La mayoría de los atacados son ciclistas, aunque 1/4 de los ataques se producen durante simples paseos a pie. Según la web “MagpieAlert”, el año pasado, el 15% de los ataques resultaron el algún tipo de lesión.

Al principio, este animal utilizará llamadas de alarma e intentará asustar al intruso con vaivenes aéreos a su alrededor. Si no consigue su objetivo (Hay que decir que es un animal con poca paciencia), el ataque pasará a una fase más agresiva, que consiste en lanzarse en picado contra su enemigo, emitiendo estridentes sonidos, e incluso atacando directamente al rostro o al pecho. Dado que no tiene el pico más limpio del mundo, estos ataques pueden causar conjuntivitis o desprendimiento de retina.

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Cartel del ayuntamiento de Brisbane sobre el verdugo flautista

Los ataques del verdugo también se producen contra otras aves, y es por ello que se le considera una dañina especie invasora en Nueva Zelanda, donde fue introducido alrededor de 1860 para combatir plagas. Ha desplazado a varias especies de avifauna de zonas importantes para su supervivencia, poniendo en jaque a especies como la paloma maorí. Además, poseen preferencia por los pastizales, siendo los protagonistas de bastantes choques con avionetas.

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Verdugo Flautista adulto. Fotografía de Justin Otto (Flickr)

Sin embargo, los verdugos flautistas son un ave protegida en Australia, ergo los australianos, especialmente los aficionados a utilizar la bicicleta como medio de transporte, han tenido que aprender a convivir con estos particulares vecinos. Medidas “efectivas” parecen los sombreros de ala ancha, o imitar un rostro en la parte trasera de la cara mediante gafas de sol u ojos pintados. Los que más complicado lo tienen son los ciclistas: Algunos llevan una bandera en la parte trasera de la bicicleta, otros llevan cables u otras “extensiones” en el casco…existen muchas técnicas, pero ninguna parece infalible. De hecho, a pesar de su estado de protección, las autoridades locales podrán disparar al animal si agrede a la gente, o capturarlo y alejarlo del nido (Más de 30 km, para que no vuelva a la zona). Lejos de quedar en anécdota, existen webs y asociaciones que recaban ataques e incluso elaboran mapas para saber donde nidifican estas aves y evitar esas zonas.

En fin, espero que os resultase interesante descubrir como conviven los australianos con un ave tan “pesada”. ¿Qué pasaría en España si tuviéramos aves tan agresivas? ¿Se desarrollaría de forma tan pacífica e imaginativa esta convivencia? Vaya, tal vez desconozco alguna especie endémica que tenga este tipo de comportamientos, pero al menos por el norte, lo más que nos puede pasar es ver alguna urraca atacando un ratonero. Como en otras ocasiones, os animo acompartir el post y a seguir el blog en el facebook y twitter de Nasua, y os animo a participar en los comentarios.

Bibliografía empleada:

  • Página del verdugo flautista en wikipedia.org
  • Web de la iniciativa “Magpie Alert”
  • Web de Wildlife Australia

 

 

Chimpancé parasitado busca leopardo

Recientemente se ha publicado un artículo científico bajo el título “Atracción de chimpancés infectados por toxoplasma a la orina del leopardo” por parte de un grupo de investigadores del centro de ecología funcional y evolutiva de Montpellier. Normalmente la mayoría de animales, en caso de reconocer el olor de sus depredadores, huyen de la zona. Los chimpancés no son una excepción…y entonces ¿Queréis descubrir como es posible que esto lo produzca un parásito? Seguid leyendo:

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“Leopard”, fotografía del usuario DaSchu (Deviantart)

Toxoplasma gondii es un protozoo que parasita, principalmente, a los felinos, que son su hospedador definitivo (donde el parásito alcanza su madurez). Sus hospedadores intermediarios (donde se desarrollan sus fases anteriores), sin embargo, van desde los roedores a las aves, pasando por los primates, incluido el ser humano. Así que cada vez que hable de hospedador intermediario, pensad en todos estos.

Resumiendo: El hospedador intermediario ingiere (1) el ooquiste (el “huevo”), el cual invade (2) a los glóbulos blancos (monocitos), que se extienden por el cuerpo vía sanguínea, permitiendo que se formen quistes de bradizoitos (3) en músculo y cerebro, que al ser ingeridos por el hospedador definitivo (4), se reproducen y son excretados en heces (5) en forma de ooquiste. Es ingerido y vuelta a empezar. Ambos hospedadores sufren la enfermedad conocida como toxoplasmosis.

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Hasta aquí todo correcto, pero aquí viene la parte interesante: Se sabe que Toxoplasma gondii hace que las ratas tengan reacciones más lentas, letargo, disminución del miedo…de hecho, produce cambios bastante más precisos: No afecta al miedo a los espacios abiertos o al olor de alimentos desconocidos…pero si afecta al miedo al olor de los gatos. Lo que normalmente les causa pavor, les atrae si están afectadas por toxoplasmosis: Las ratas son atraídas por la orina de los gatos. El mecanismo es aún bastante desconocido, pero se cree que el parásito aumenta los neurotransmisores que afectan a todo esto (como GABA). Se ha especulado con que podría ser una adaptación evolutiva del parásito: Si el gato atrae al roedor infectado por toxoplasma, se lo zampa: El gato come, y el parásito infecta al gato, continuando la diseminación de ooquistes.

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Rat on cat. Montaje fotográfico del usuario Danfantom (Deviantart)

Lo interesante es que cambios similares se han comprobado en humanos: Aumento de comportamientos de alto riesgo: Una persona infectada podría tener más probabilidades de suicidarse o ser atropellado. Y lo cierto es que T. gondii está bastante extendido, aunque su infección en humanos suele ser asintomática.

Pues bien. ¿Dónde están los chimpancés y los leopardos? Resulta que una bióloga francesa, Clémence Poirotte, decidió averiguar si esta relación existía en otras especies: Estudiaron 33 chimpancés en Gabon, 9 de los cuales estaban infectados por T. gondii. Y en lugar de usar orina de gato, usaron orina de diferentes animales: Leopardo (su depredador natural), tigre, león y hombre. Los chimpancés sanos exploraban más las zonas con orina humana y una vez explorada la orina de leopardo, se alejaban; mientras que los chimpancés portadores del parásito exploraban la orina de leopardo con asiduidad. El efecto no ocurrió con la orina de otros felinos, que no son depredadores naturales del chimpancé, siendo esto un cambio de comportamiento muy específico que sugiere que el responsable es el mismo que reduce el miedo de las ratas al olor de nuestros gatos domésticos; si bien, como apunta Jacques Bernard en los comentarios, aún es muy prematuro asegurar que el mismo mecanismo que ocurre en roedores y gatos es el que ha desencadenado los resultados en este estudio (La propia doctora Clémence habla de realizar este mismo estudio con los primates antes y después de ser infectados por toxoplasmosis).

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“Family Time at Gombe”, fotografía de Anup Shah y Fiona Rogers (N)

Me pregunto si esto podría sugerir que el efecto que causa este parásito no apareció con la relación humano-gato doméstico, ¿podría ser muy anterior, e incluso que nuestros propios antepasados, antiguas presas del león de las cavernas y otros felinos prehistóricos, estuvieran también bajo los efectos de esta relación parasitaria tan fenomenal? Pero no me quiero meter en temas evolutivos. Como siempre, Nasua también está en las redes (facebook y twitter) donde comparto noticias, reflexiones e iniciativas de otros blogs y webs. Si os ha gustado el post, os sugiero amablemente compartirlo por las redes sociales! La divulgación científica y educación ambiental no es nada sin el boca a boca! Nos leemos, gente!

Bibliografía empleada

  • Toxoplasmosis, nuevos descubrimientos. Artículo publicado en National Geographic
  • Temas de Zoonosis IV. Edit. Asociación Argentina de Zoonosis. Capítulo 42.
  • Toxoplasma gondii hace que las ratas macho se sientan atraídas por los gatos. Joaquín Ventura García para Argos, portal de veterinaria
  • Induction of changes in human behaviour by the parasitic protozoan Toxoplasma gondii. J. Flegr, S. Zitková, P. Kodym and D. Frynta
  • “Latent” infection with Toxoplasma gondii: Association with trait aggression and impulsivity in healthy adults. Thomas B. Cook, Lisa A. Brenner et al.
  • Morbid attraction to leopard urine in Toxoplasma-infected chimpanzees. Clémence Poirotte et al.
  • A Parasite, Leopards, and a Primate’s Fear and Survival. Carl Zimmer en NYtimes

 

Cazadores de mitos: Los 25 lobos en la nieve

En la red corren muchos bulos virales: Animales extintos, fotos trucadas e historias falsas sobre animales, que si bien pueden incluso ayudar a la causa conservacionista, creo que se puede educar y divulgar sin contar patrañas. Sin ser un experto en ninguno de los temas que trataré en esta “nueva sección” llamada CAZADORES DE MITOS (sutil homenaje al mítico programa), suelo encontrarme con este tipo de informaciones virales, y tengo por costumbre que me pique la curiosidad e intentar contrastarlas y saber si son verdaderas o falsas, ergo creo que es una buena idea exponer aquí las conclusiones.

En este caso le toca el turno a la famosa foto de los 25 lobos en la nieve. La imagen es esta en cuestión:

Os copio el texto que suele acompañar a la imagen:

“Una manada de lobos: los primeros 3 son los viejos o enfermos, quienes dan el ritmo a toda la manada. Si fuera al revés, serían dejados atrás, perdiendo el contacto con la manada. En caso de una emboscada ellos serían sacrificados. Luego siguen los 5 FUERTES, en la línea del frente. En el centro está el resto de los miembros de la manada, luego de los 5 siguientes. El último va solo, el alfa. Él lo controla todo desde la parte trasera. En esa posición puede verlo todo, decidir la dirección. Él ve a todos los de la manada. La manada se mueve según el ritmo de los ancianos y ayudándose el uno al otro y cuidándose el uno al otro.”

La foto suele ir acompañada de un autor random y una localización random, en muchos grupos de facebook se ha dicho incluso que la foto era de nuestro país, no se si por desconocimiento o con intención de “caldear” aún más el ambiente en cuanto al conflicto lobo-ser humano que tenemos en el norte de España. Pero lo primero que hay que decir es claramente de donde sale esta foto: Fue hecha durante el documental “Frozen Planet” de la BBC, por el director y productor Chadden Hunter, en el Parque Nacional Wood Buffalo, en Alberta. Aunque no supiéramos la localización de la foto ni tengamos ninguna referencia para saber el tamaño, la verdad es que no parecen lobos ibéricos, ni siquiera con pelaje de invierno…

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Fotografía de Gaetan Bourque

Gracias al propio equipo de la BBC sabemos que en este caso, la que lidera la manada en este caso es una hembra “alfa”. Normalmente, según la etología clásica del lobo, las manadas de lobos están lideradas por una pareja de alfas y no tienen por costumbre controlar la “zona trasera”. En general suelen ir delante porque son los que más libertad tienen para decidir el camino, y el resto les sigue. Según el naturalista Grande del Río, el que lidera la marcha también puede ser un lobo que actúa de prospector

Posteriormente tendríamos un macho y/o hembra beta, y no los llamados “5 fuertes”, aunque hablamos de la organización de la manada, no de como se colocan para avanzar. El resto de lobos se consideran “subordinados” y “omegas”, que es uno de los rangos más bajos en esta escala social. Pero lo cierto es que hay una corriente liderada por uno de los mayores expertos del lobo a nivel mundial, David Mech, que habla de que en la inmensa mayoría de manadas, el término “alfa” es erróneo, pues hablamos simplemente de la pareja reproductora, y que las manadas no estarían tan estrictamente jerarquizadas como se creía en el pasado siglo. Os dejo un pequeño vídeo donde el propio David Mech habla del tema:

Respecto a “La marcha en fila india”, es la forma en la que los lobos suelen desplazarse durante las nevadas para ahorrar energía, usando el rastro de su predecesor. Lo de que la manada se deja llevar por los ancianos y protege a los débiles, me ha parecido muy “disney” y viralizable, pues las manadas siguen el ritmo de la pareja reproductora. No tiene sentido darle importancia, pero: ¿La manada va a su ritmo y se cuida entre sí, pero en caso de “emboscada” son sacrificados? ¿Qué emboscadas sufre un depredador como el lobo? Ni siquiera en Alberta, donde los osos de vez en cuando pueden atacar a una cría de lobo, estos se atreverían a ir a por una manada de lobos. Así que creo que deberíamos sustituir el texto “viral” por uno más realista:

“Una manada de lobos: El primero es la hembra reproductora, siendo seguida por el resto de la manada en fila india, para ahorrar fuerzas debido al temporal. La manada presenta una densidad de miembros atípica, de 25 miembros, que permite la caza de presas mayores como pueden ser los bisontes. Del resto, no podemos apenas especular”

Finalizando, espero haber aclarado alguna cosilla, y sobre todo, que la próxima vez os pase como a mí, y cuando veáis ciertas publicaciones nos entre la curiosidad y nos pongamos a descubrir la verdad que se esconde tras tanto viral. En otras ocasiones “atacaré” publicaciones más fáciles, porque no soy ningún experto para ir corrigiendo, pero si creo que hay que ser curioso y crítico para tener una visión realista del mundo. Si queréis historias reales y virales de lobos, pero contadas con algo más de rigor, os dejo aquí la historia de los lobos de Yellowstone. Como siempre, Nasua también está en las redes (facebook y twitter) donde comparto noticias, reflexiones e iniciativas de otros blogs y webs. Si os ha gustado el post, os sugiero amablemente compartirlo por las redes sociales! La divulgación científica y educación ambiental no es nada sin el boca a boca!

Como siempre, tenéis los comentarios para opinar, aportar “virales” para la sección o corregirme si me he equivocado en algo y este post llega a algún experto en etología lobuna. Nos leemos, gente!

Bibliografía empleada:

  • BBC Frozen Planet: In pictures. The Guardian
  • Alpha status, dominance, and division of labor in wolf packs. Canadian Journal of Zoology. David Mech
  • Desmintiendo erratas: El grupo de 25 lobos. Blog de David Nieto (Muy recomendable)
  • Wolf Pack of Lies. Escrito por Dan Evon para Snopes
  • Manadas de cánidos. Wikipedia en inglés