Desmontando el mito del macho alfa

El término macho alfa ha alcanzado gran popularidad en nuestro argot y expresiones, no solo cuando hablamos de forma coloquial de la conducta animal, también en campos como el coaching empresarial o el ligoteo rancio.

Desde César Millán hasta el youtuber misógino de turno reparte consejos basados en el concepto del macho alfa que mantiene y llega a su posición mediante la agresividad, pero ¿qué hay de cierto en los orígenes biológicos y la popularidad del mito del macho alfa? ¿es cierto que las relaciones grupales entre animales están monopolizadas por machos agresivos? ¿o tal vez en el reino animal el relato también ha sido monopolizado por una historia única?

El origen del mito del macho alfa

El término macho alfa se refiere al macho de mayor rango en un grupo de animales sociales. El término fue creado por Rudolf Schenkel, y popularizado por David Mech, ambos pioneros en el estudio de la ecología y el comportamiento de los lobos

Los primeros estudios de Mech fueron publicados en su obra “The Wolf: Ecology and Behavior of an Endangered Species”, un libro de gran éxito que el propio David Mech ha intentado retirar sin éxito. Y es que tal y como admite el autor en numerosos textos y entrevistas, sus primeros estudios fueron en cautividad.

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Gorila espalda plateada – naturalworldsafaris.com

Años después realizaría estudios en estado silvestre donde vería que la mayoría de manadas de estos cánidos son grupos familiares, donde la “pareja alfa” no deja de ser otra cosa que la pareja reproductora. Mientras, los famosos lobos subordinados sobre los que el macho alfa dominaba eran sus crías…¡qué machote!

Y recalco lo de pareja alfa: parece que en esta narrativa del mito del macho alfa se nos ha olvidado que normalmente machos y hembras tienen jerarquías separadas y también hay hembras dominantes, en ocasiones sobre los propios machos. ¿Cuántas veces hemos escuchado el término “hembra alfa” al hablar del comportamiento animal?

Los machos alfas son los padres

Según palabras del propio Mech, “las manadas de lobos en estado silvestre son normalmente unidades familiares, en la que la pareja reproductora dirige las actividades del grupo y comparte el liderazgo mediante la división de tareas“. Entre las tareas que realizan las hembras de lobo destacan, por ejemplo, la defensa frente a intrusos o la obtención de alimento una vez sus crías ya comienzan a ser independientes.

De todas formas, las hembras de lobo no han necesitado a su pareja para lucirse; en 2012 falleció 832F, una famosa loba de Yellowstone que es considerada el lobo más famoso del mundo.

Pareja de lobos árticos – Fotografía de Scott Randall

Nate Blakeslee dedica un libro a este animal; en él menciona la espectacular capacidad de esta loba para derribar a los grandes ciervos de Yellowstone que muchos lobos tienden a esquivar, frente a presas menores como el ciervo de cola blanca.

Mech no solo intentó retirar su libro por errores en el comportamiento del lobo; el mito del macho alfa probablemente ha simplificado y caricaturizado al extremo a especies sociales como el lobo. ¿Qué pasaría si una de las especies que mayor conflicto causa con el hombre no fuese simplificada a la agresividad y la dominancia?

Así, el lobo es una especie donde empatía y altruismo tal vez tengan más protagonismo que la agresividad. ¿qué se puede esperar del cazador cooperativo por excelencia y origen del mejor amigo del hombre? No olvidemos que incluso chacales y geladas conviven sin conflictos, un ejemplo de la armonía que puede establecerse entre cánidos salvajes y estas manadas de primates en las cumbres de Etiopía.

 

La caída del patriarcado de Keekorok

Aunque hemos visto que en el lobo el mito del macho alfa apenas tiene aplicación, hay otras especies en las que esto si ocurre: los babuinos son unos primates altamente jerarquizados, donde la figura del macho alfa tiene una gran importancia y donde las agresiones de los machos tanto a individuos de bajo rango como a hembras para procrear son comunes.

Esta competitividad entre los machos lleva al infanticidio e incluso a ataques a hembras preñadas para provocar el aborto, tal y como descubrió el equipo de la bióloga Alice Baniel. Al igual que en otras especies de primate, las hembras de babuino tienen una hinchazón genital exagerada y prolongada en el tiempo que permite confundir a los machos respecto a la paternidad, lo que parece reducir en gran medida los infanticidios en estas especies.

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Babuino de Anubis – Fotografía de Yvonne de Jong y Tom Butynski

Pero en la tropa de Keekorok, estudiada en Kenia por el primatólogo Robert Sapolsky ocurrió algo sorprendente: los machos más agresivos y de mayor rango tomaron como botín un vertedero y consumieron carne infectada por tuberculosis, pereciendo al poco tiempo.

Sapolsky se sumió en duelo al ver como la picaresca de un complejo turístico había acabado con su trabajo de una década y con los animales que le habían acompañado…pero algo increíble pasó; este grupo de babuinos pasó de la noche a la mañana a estar formado por una gran proporción de hembras y de machos que estaban en posiciones bajas en la jerarquía.

Babuinos pacíficos o como las jerarquías cambian

En su libro “Memorias de un primate”, Sapolsky narra como rápidamente este grupo de babuinos cambió la tradicional gestión agresiva de las relaciones sociales de esta especie por una mucho más tranquila, donde el acicalamiento y los comportamientos prosociales eran los que regían las relaciones sociales entre machos y hembras.

Cuando los machos de un grupo de babuinos se acercan a la madurez sexual, se van de su grupo y buscan otro, donde entran en la rutina de estos comportamientos agresivos. A este grupo también llegaron nuevos babuinos que venían de colonias más agresivas, pero rápidamente aprendieron las maneras de “Keekorok” y siguieron estas conductas prosociales.

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Babuinos acicalándose – Fotografía de Noah Snyder-Mackler

¿Y por qué ocurre esto? Resulta obvio que en muchas especies hay machos dominantes que compiten entre ellos; por tanto los “perdedores” suelen tener que migrar, mientras que las hembras permanecen en el grupo y tienen su propia jerarquía (muchas veces por herencia). Y en estas sociedades matrilineales con machos dispersantes, las hembras son las que permanecen en el grupo y por tanto las encargadas de mantener la cohesión social y los comportamientos culturales. 

Así, la tropa de babuinos de Keekorok registra ahora muchas menos agresiones, mucho más acicalamiento y niveles muy inferiores de estrés. El propio Sapolsky ha estudiado el estrés a muchos niveles y ha visto como este cambio cultural no solo redujo el estrés, también sus consecuencias negativas para la salud, como la hipertensión.

Como reza el propio Sapolsky en este fragmento de vídeo: Sí estos babuinos han cambiado su sociedad por una más pacífica e igualitaria en una generación…¿qué excusa tiene el hombre?

¿Líderes o tiranos?

Al igual que los babuinos, los chimpancés pueden cambiar la estructura y jerarquía de sus grupos. Son una de las especies con mayores variedades culturales; en Senegal la antropóloga americana Jill Pruetz descubrió el uso de lanzas en chimpancés, y como esto parece hacer a las hembras mucho más independientes en la caza, y por tanto hace a estos grupos de Senegal mucho más “igualitarios”: las hembras de esta “cultura chimpancé” protagonizan más la caza y se respetan más sus capturas.

Pero…¿cómo es normalmente un grupo de chimpancés? Normalmente, es cierto que en los chimpancés hay un macho alfa, pero este puede tener formas de gobierno más o menos conciliadoras. Este mismo año, el primatólogo Frans de Waal dió una gran charla sobre los machos alfa de chimpancé. Frans de Waal popularizó este término tras Mech, al incluirlo en su libro “Chimpanzee Politics“.

En su charla, de Waal menciona a Amos, un chimpancé que no solo consiguió ser el macho dominante: también un líder querido y respetado, que fue despedido con cariño tras caer enfermo. El caso contrario es un macho que lideró a los chimpancés senegaleses estudiados por Jill Pruetz: Foudouko, un macho alfa bastante agresivo que tras ser desterrado fue asesinado e incluso devorado por su propio grupo, algo muy raro en esta especie.

A female chimpanzee with baby becomes aggressive towards male interloper in Liberia. Picture: Dr Clive Bromhall.
Chimpancés realizando comportamientos agonísticos – Getty Images

Y es que en los chimpancés, el más gamberro y matón no siempre es el macho alfa, ya que muchas veces acceden al poder gracias a coaliciones. Es decir, las amistades cuentan para ser macho alfa, y en muchas ocasiones un macho débil con apoyos puede hacerse con el poder; esto fue descubierto por Jane Goodall y confirmado en otras especies, como en los macacos de Assam.

Así, los machos alfa más exitosos en los chimpancés son aquellos que comparten comida, juegan con las crías o consuelan tras las peleas; de hecho, estudios de la española Teresa Romero confirmaron que normalmente son las hembras de chimpancé las que más consuelan; pero esto cambia en los individuos dominantes, donde en los machos esta actividad aumenta considerablemente.

Un macho alfa de chimpancé ideal debe mantener la paz, no ser un gamberro: los jefes agresivos tienden a tener menos apoyos y más alzamientos en su contra, por lo que tienen más estrés y reinados más cortos.

El ingenio también cuenta para conseguir ser un macho alfa; un ejemplo es Mike, un macho alfa que tomó el poder durante 5 años en la comunidad de chimpancés de Kasakela, estudiada en Gombe por Jane Goodall. Mike no era el chimpancé más fuerte ni el que tenía mayores alianzas, pero comenzó a robar bidones del campamento de Goodall y los usó para hacer sus displays, lo que le hacía parecer más grande y ruidoso.

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Conducta pro-social en chimpancés – Getty Images

Vamos, que aunque es cierto que en muchas especies el macho alfa es quien lidera al grupo, el relato predominante ha dibujado un rol simplificado de las jerarquías del reino animal. 

Matriarcados que molan

Pero no solo hay especies donde la figura del macho alfa es una falsedad o donde el concepto tradicional se desdibuja: hay muchas especies donde el género que manda es la hembra.

Un ejemplo son los bonobos, esos primates tan cercanos a nosotros como el chimpancé: ¿podemos achacar su pacifismo únicamente a las conductas de la especie, o tiene algo que ver que sean gobernados por matriarcas? Aunque mucho más relajados que sus primos chimpancés, los machos de bonobo maltratan a las hembras o realizan displays al encontrarse con otros grupos.

Sin embargo, las hembras de bonobo traen la paz: se alían y apoyan contra los machos agresivos, o socializan con grupos ajenos mientras los machos se pavonean o se alejan de estas reuniones. 

Hay muchos ejemplos más de matriarcado que los del bonobo; por ejemplo, los elefantes basan su liderazgo en matriarcas de gran edad donde lo que de verdad importan son sus conocimientos. Vamos, que en los elefantes no solo es que mandan las hembras (mientras los machos se matan unos a otros durante el “musth”), es que además mandan las más maduras y sabias!

Algo similar ocurre en las orcas, donde la matriarca puede haber llegado perfectamente a la menopausia y comenzar su época dorada de reinado, una sociedad donde sus hijos permanecen en el grupo para continuar siendo guiados por su madre en la etapa adulta, y que según las investigaciones de Emma Foster y su equipo explicarían su alargada menopausia.

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Hiena manchada y crías – Fotografía de David Lloyd

Hay decenas de especies donde las hembras son el animal dominante: la mayoría de especies de lémur son un ejemplo de matriarcado, al igual que las hienas, donde los machos ocupan los últimos puestos en la jerarquía y son más pequeños y tranquilos que las hembras.

Mientras, son muchas las especies como el macaco de Gibraltar en la que los machos también tienen un gran protagonismo en la infancia de sus crías. Y como ya comentamos, son muchas las especies que aunque lideradas por un macho dominante, sorprenden por la organización e importancia de las hembras del grupo: un ejemplo son los leones, donde frente al macho que comete infanticidio tenemosleonas que comparten cuidados y deciden “en consenso”, y donde la hembra tiene especial protagonismo en la defensa del grupo al igual que en muchas otras especies como el lobo, de forma similar a las mujeres guerreras que aparecen en numerosas culturas humanas.

La caricatura de que en los animales la única forma de organización es la de un macho dando golpes al resto ha hecho mucho daño: ha infravalorado a otras especies a nivel cognitivo y ha hecho que cometamos grandes errores entrenando a nuestras mascotas (no! tu perro no quiere convertirte en el macho beta, tal vez es que tú mismo has reforzado que se mee en el pasillo!).

Este mito del macho alfa incluso se ha usado para reforzar el machismo en nuestra sociedad; aplicada a personas, esta figura tiene aún menos sentido debido a la variedad de contextos sociales que vive la especie humana, y en donde alguien que domina en cierto contexto social puede ser dominado en otro.

Que nadie me malinterprete: la dominancia en el reino animal existe, y muchas veces es llevada por machos a través de agresiones y demostraciones de fuerza. Eso no quiere decir que no existan alternativas sociales y culturales en los distintos grupos animales; de hecho, muchos ejemplos como el de Keekorok o las cazadoras de Fongoli son cambios culturales que desafían al comportamiento imperante de la especie, y que muestran como la cultura en los animales puede modificar esas conductas que aparentemente se escriben en piedra.

Así que me parece que en el campo de la divulgación científica y la educación ambiental aún queda mucho trabajo por hacer. Por mi parte, seguiré intentando introducir este tipo de artículos dentro de la temática del blog pero con “perspectiva de género”…se agradecen comentarios y sugerencias! Y agradecer a un par de biólogas que han tenido la paciencia de leer este artículo antes de que se publicase y darme ideas chulísimas!

Bibliografía empleada:

  • Mech, L. D. (2000). Leadership in wolf, Canis lupus, packs. Canadian Field-Naturalist114(2), 259-263.
  • Furuichi, T. (2011). Female contributions to the peaceful nature of bonobo society. Evolutionary Anthropology: Issues, News, and Reviews20(4), 131-142.
  • Sapolsky, R. M. (2007). A primate’s memoir: a neuroscientist’s unconventional life among the baboons. Simon and Schuster.

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¿Por qué debería tener cuidado al compartir selfies y memes de animales?

Los selfies, vídeos virales, gifs y memes de animales pueblan internet. En el afán de conseguir uno de estos selfies para la red social de turno, hace unos días asistíamos a un hecho insólito: Un grupo de turistas acosaba a un oso al norte de León, hasta el punto de forzarle a cruzar una carretera con tráfico a plena luz del día.

Dejando a un lado la necesidad de una mayor regulación del ecoturismo; lo cierto es que da igual que red social usemos, basta con bajar un poco por sus infinitos “timelines” para encontrarnos con algún animal salvaje: Tal vez sea la imagen animada de un gato gracioso, un mono que parece flipar ante un truco de magia o un meme de animales haciendo algo “humano” y con algún chascarrillo de por medio.

Estas imágenes virales tienen bastante éxito y consiguen propagarse por la red, pero tal vez estén teniendo más consecuencias que hacernos pasar un buen rato frente a una pantalla. Vamos a verlo a través de las tres preguntas que deberíamos hacernos antes de subir un “selfie” con algún bichejo a nuestras redes sociales, y que servirán para preguntarnos que sentido tienen muchas de estas imágenes viralizadas.:

¿Es peligroso para mí realizar esa foto?

Los selfies requieren de una cercanía que muchos animales no están dispuestos a aguantar, llevando a accidentes, con los bisontes de Yellowstone a la cabeza. Mientras, los osos de Colorado son otro caso similar, donde se ha llegado a cerrar el parque natural para los turistas.

Otro caso llamativo son muchos de los primates que podemos encontrarnos en la Asia más turística: Si ya nos encantaba interaccionar de forma innecesaria e irresponsable con estos animales, ahora, con los selfies, los ataques a personas aumentan, y el mayor peligro en este caso son las enfermedades infecciosas que podemos contraer.

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Uno de los osos virales de Colorado – Mercury Press

¿Está en peligro el animal o ha sufrido estrés?

La respuesta es afirmativa en muchos de los casos, y la primera muestra de ello son los ataques que hemos mencionado antes: Sí un animal salvaje te ataca, probablemente le estuvieras estresando o intimidando.

En muchas ocasiones, no vemos ese estrés porque no sabemos reconocerlo. Un ejemplo claro es el babuino sorprendido por un truco de magia. 

Monkey Trick GIF - Find & Share on GIPHY

En realidad, ese animal se ha sentido estresado por los movimientos del “mago” y le ha mostrado una expresión de enfado, no de sorpresa. Esto fomenta que los turistas molestemos a los animales en los zoos.

Otro caso es el de animales en ambientes humanizados, que aunque pueden no estar sufriendo un estrés agudo en la imagen, si han sido privados de muchos estímulos y padecido trastornos mentales graves.

El ejemplo clásico es el de primates en ambientes anormales: Siendo afeitados, con ropa o jugando con perros. Estas son algunas de las imágenes más populares, y también, para aquellos que conocemos su trasfondo, unas de las más grotescas y dañinas.

Estos animales han sido apartados de sus madres, con las cuales mantienen una relación afectiva similar a la que mantenemos los humanos. Separarlos de estas para humanizarles es un maltrato psicológico terrible que destroza la vida de estos animales.

Esta moda por viralizar animales ha hecho que se creen empresas especializadas en selfies con animales. En nuestro propio país puedes hacerte fotos con tigres y otras especies, salidas de lugares de dudosa ética.

Pero hay empresas de este tipo lejos de las zonas urbanas, en lugares como el Amazonas, donde animales capturados y maltratados son usados para que el turista de turno actualice su instagram.

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World Animal Protection

Otro ejemplo es el de la explotación de elefantes en Indonesia y Tailandia, el uso de falsos santuarios de animales que cobran por subirte a estos animales, o incluso para hacer supuestos voluntariados. (Gente, los voluntariados con ONG y santuarios no consisten en duchar y jugar con elefantes!).

Que *a*fkr! Incluso existen cursos para trabajar con animales salvajes en nuestro país en los que parte del temario consiste en hacerse un auténtico book con un animal salvaje. No intento criminalizar todos los cursos con fotos y animales, ni todas las atracciones con elefantes (algunas son santuarios de verdad)…pero un poquito de sentido común nos puede evitar más de un disgusto.

El daño de estas fotos también aparece en el ámbito del ecoturismo que comentábamos al principio. Ciertas asociaciones medioambientales piden un poco de mesura a la hora de compartir avistamientos de fauna, evitando que cualquiera pueda acceder a zonas delicadas como cantaderos o madrigueras.

¿Qué mensaje transmite?

Tal vez podamos pensar que el daño ya está hecho, y que compartir este contenido no va a mejorar a reparar el daño que se muestra en estas imágenes. Pero lo cierto es que estas imágenes transmiten muchos mensajes, la mayoría de forma inconsciente. Y la mayoría con consecuencias nefastas para estos animales.

Primeramente, estas imágenes promueven una competencia por ver quién maltrata mejor animales, promoviendo esa clase de negocios a través de hashtags y geolocalizaciones. Y es que, que mejor idea que tras participar en maltratar un perezoso por dinero, usar el hashtag del sitio y poner donde está para que otros puedan sumarse a la nueva moda.

Pero también ponen de moda y normalizan la tenencia de animales salvajes. ¿Quién no ha visto a un zorro o un mapache siendo acariciado? ¿O protagonizando un meme en el cual sale en un sofá? Estos gifs y memes de animales transmiten que sus protagonistas son buenas mascotas, algo peligroso para su bienestar, conservación y para aquellos que caen en esta compra ignorante y compulsiva.

Estos mismos mapaches se pusieron de moda en España hace años, seguramente motivado por el aumento de vídeos y virales de esta especie. ¿Consecuencias? La especie se convirtió en invasora, vector de la rabia y ya se han capturado en Madrid más de 700. Los afortunados van a centros de recuperación, pero otros son sacrificados.

Lo cierto es que existen numerosos estudios que certifican que cuando una especie se vuelve viral en internet, su adquisición como mascota aumenta. Es por ello que estos virales pueden aumentar, de forma directa, el tráfico ilegal de fauna. (Recordemos, mercado negro conectado a grupos armados, trata de personas, prostitución de menores y demás)

Sin querer criminalizar a nadie por compartir una imagen cómica, lo cierto es que cuando compartimos estas imágenes, estamos, por desgracia, apoyando el maltrato de animales y fomentando su tráfico ilegal y tenencia irresponsable. Pensar un poco antes de darle a “Share” puede evitar tanto sinsentido.

Si queréis ver fauna salvaje graciosa en internet, mejor que sea difundiendo comportamientos naturales, y no compartiendo su vida con humanos. Y de todas formas, si queremos ver animales graciosos en internet, siempre nos quedarán los gatitos…

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“Grumpy Cat” – Fotografía de Amy E. Price

 

El peligro de no entender a los animales

Todos los animales emiten información de forma constante a través de vocalizaciones, colores o posiciones. Sin embargo, muchas veces malinterpretamos esa información, y eso repercute en el bienestar de esos animales y en el nuestro.

Hace poco, en mi cumpleaños me hicieron una sorpresa con tarjetas en las que salían chimpancés “graciosos”. Mi amiga, con la mejor intención del mundo, eligió una foto de uno de estos primates, mostrando toda su dentición, de forma similar a una sonrisa humana. Al ver la tarjeta, tuve sentimientos encontrados. Por un lado, un detalle que no olvidaré, pero por otro la sensación que da una foto que representa un sentimiento en las antípodas de lo intencionado.

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La imagen en cuestión – Autoría desconocida

No es algo anormal, de hecho, la misma imagen que utilizó mi amiga para ilustrar la tarjeta aparece en miles de webs, entre ellas, algunas de divulgación científica seria. Y es que incluso especies tan cercanas a nosotros tienen un lenguaje distinto al nuestro, y para ellos, el mostrar toda la dentición suele significar miedo o tristeza. Y este es uno de los peores ejemplos de las consecuencias de no comprender a los animales: Primates actores entrenados, para entre otras cosas, poner una expresión que nos resulta graciosa pero que significa miedo. ¿Cómo se consigue que un animal salvaje exprese miedo mediante el entrenamiento? Creo que no hace falta dar muchos detalles.

No entendemos a los animales. Por eso se hace muy difícil hablar en su nombre. Y fruto de ese desconocimiento existen múltiples consecuencias, principalmente para el bienestar y conservación de especies silvestres y nuestra relación con estas. Otro caso sería el mascotismo: Comportamientos anormales de mascotas “particulares” se vuelven virales, porque al desconocer su verdadero significado nos resultan graciosos; un claro ejemplo es el comportamiento defensivo del loris lento.

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Macaco de Gibraltar con cara de pocos amigos – Fotografía de Stephanie Piri

Pero el no entender a otras especies también tiene consecuencias directas para nosotros. De hecho, esta es una de las principales razones de ataques de animales silvestres a personas, pues normalmente todo conflicto con estos animales viene precedido de avisos por parte de estos, en forma de expresiones faciales o corporales. Sin embargo, las solemos ignorar, como bien señala un estudio reciente de la universidad de Lincoln, donde se demuestra que confundimos un aviso amenazante de un macaco con que nos lanzan un beso. A esto están acostumbradas muchas ONG que trabajan con este tipo de animales, como BMAC, una asociación conservacionista que trabaja con el macaco de Berbería. Desde BMAC, opinan que “Cuando invertimos tiempo entre animales salvajes, tenemos la responsabilidad de intentar entenderles, al igual que hacemos con otras personas para evitar estresarles. Aprender unas pocas expresiones faciales sencillas puede hacer una enorme diferencia positiva cuando observamos a estos animales”.

En otras ocasiones, malinterpretar a estos animales no nos lleva a un peligro directo, pero sí al estrés del animal. Es el caso de aquellos centros que mantienen animales salvajes en cautividad, ya sean santuarios o zoológicos. Reírnos o imitar a los animales al otro lado de la barrera no suele ser lo más respetuoso, y puede hacer más difícil la vida de los animales del centro y de la gente a su cargo. La ignorancia lleva a hacer muecas a primates o a agacharnos de espaldas ante un tigre esperando despertar en él comportamientos de depredador. También pensamos que un animal se sorprende por un truco de magia cuando en realidad le estamos molestando, o que un chimpancé lanzándonos cosas es gracioso.

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Imagen de “Proyecto Nim”

Por último, esta el caso inverso. En lugar de pensar que un animal esta alegre cuando está estresado, a veces pasa al revés. Y esto ya es un comentario personal: He colaborado con algún centro que acoge animales decomisados, y no sabéis lo que fastidia estar meses cuidando de animales que han sido maltratados por el ser humano, y que te venga el listo de turno (muchas ves tras haberse reído un rato del animal y que le expliques todo esto) a decirte “Ya…si se les ve tan tristes. Pobres”. Por favor, intentemos no hablar en nombre de animales y especies que no conocemos, porque a veces puede resultar ofensivo o incluso peligroso. Tal vez, en lugar de hablar tanto en su nombre, deberíamos empezar a aprender a escucharles.

 


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Disney no tiene la culpa de como vemos la naturaleza

Tener como única referencia del medio natural a las películas “Disney” de los 90 no sea la mejor idea para educar a nuestros hijos. Sin embargo, como fan del cine de animación, me niego a creer que se pueda culpar a estas películas de nuestra concepción de la naturaleza.

Concept art de “El Rey León”

En primer lugar, el cine de animación ha ido adquiriendo complejidad a lo largo de los años. De las sutiles morajelas de “bien y mal” y los animales que ponen el mantel a Blancanieves hemos pasado a ver películas como Wall-E, que retrata un futuro catastrófico para la especie humana por sus errores ambientales, o la reciente Moana, que nos acaba de sustituir el concepto “princesa Disney” por el de “Heroína”, una heroína que se enfrenta a una catástrofe ambiental causada porque el ser humano toma el poder de “dar vida” de la Madre Tierra (¿Os suena de algo?). Hoy veo valores mucho más interesantes en muchas películas de animación que en las series tipo “Hannah Montana”.

Concept art de “Wall-E”

Aún así, no se puede negar que en estas películas, especialmente en las más antiguas, se mantenían roles humanizados para los animales. El antropomorfismo une nuestra parte más emocional con nuestra necesidad por conocer y admirar la fauna, y ha hecho bastante daño a nuestro trato al medioambiente, si bien habría que recordar que la concepción de animales como seres no sintientes, el imperante anterior, ha traído mil veces más desgracias.

Es cierto que en los clásicos Disney hemos visto a las hienas como traicioneras, y a los conejos y ciervos como seres amigables. Yo mismo he “denunciado” algunos de estos conceptos mal traídos (Buen momento para recordaros que tengo un análisis “biofriki” de El Rey León y Buscando a Nemo). Pero también he visto como Disney nos trasmite a través de su “ciclo de la vida” el funcionamiento de la cadena trófica mientras algunos sectores, como el cinegético, simplifican y humanizan aún más los roles de la fauna salvaje (Cormorán malo por comer nuestro pescado, cazador bueno por matar al malvado lobo).

Mulan Viz Dev - Lake
Concept art de “Mulán”

También habría que decir, que no es responsabilidad de la televisión educar a los niños en valores ambientales. Tal vez su función pueda ser reforzar esa educación, o despertarla, pero no se puede sustituir un paseo por el bosque por ver “Bambi” en el salón. Tal vez ahí falla la cosa, y es que todo este viene a que yo he visto Disney toda mi vida, y tan mal no he salido…¿No? Mientras, hay padres que han comprado peces payaso a sus hijos tras ver Nemo, que han durado dos días (¿Sabías que Disney ha sacado guías para la compra responsable de peces con “Buscando a Dory”?)

Tal vez es porque yo al volver en coche de casa de mis abuelos y de haber visto “Balto”, veía un potro con la panza desgarrada tras el ataque de los lobos. O tal vez, porque antes de ver “Bichos”, había visto a mi abuelo embutido en un traje de apicultor. O simplemente porque las aventuras de Bambi podían haber ocurrido en los bosques que podía encontrar a 5 minutos de mi casa. Y es que el “efecto Walt Disney” tiene más que ver con nuestra desconexión con la naturaleza que con el cine de animación.

Concept Art de “Buscando a Dory”

Y es que no, por supuesto que Disney no sustituye a nuestras raíces rurales o a coger unos prismáticos para buscar buitres en el horizonte, a sentir el olor del musgo durante el camino o simplemente a los vuelos de un petirrojo a unos metros de nosotros. Pero eh! Tampoco es incompatible con la educación ambiental u otro tipo de programas. Yo veía Pocahontas, pero también “El Hombre y la Tierra”. ¿Veis por donde voy?

Aún así, las cosas van cambiando, y es que esta famosa empresa de animación no solo está introduciendo más valores sociales y ambientales en sus películas animadas, también lleva una década produciendo documentales bastante desconocidos en nuestro país, pero de una enorme calidad, y en los que la narrativa Disney y la crudeza del medio natural se mezclan sin forzar la cosa. ¿Sabíais que por ejemplo, Disney cuenta con un documental de polinizadores? 

Lo cierto es que los documentales de esta franquicia son ideales para poner a los más pequeños de la casa. Mientras que “Bears” nos narra las aventuras de unos oseznos y su madre en Alaska, “Monkey Kingdom” nos traslada a los líos jerárquicos de los macacos de Sri Lanka, que habitan las místicas ruinas de Polonnaruva.

Con una narración a medio camino entre la fábula y el documental, estos documentales no renuncian a poner nombres y “humanizar” a los animales en su justa medida, narrando sus historias no solamente como uno de los ciclos de un ecosistema, sino como una aventura de un conjunto de seres sintientes que tienen lazos familiares. Y es que tampoco podemos caer en retratar a los animales como máquinas que cumplen una función ecológica, que cumplen las 5 funciones vitales de todo ser vivo y se van de este mundo habiendo cumplido “su parte”.

Oscar, protagonista de “Chimpancés” – DisneyNature

Por cierto, a través de Disney Conservation Fund, en gran parte financiada a través de estos documentales, Disney apoya a 330 ONGs, invirtiendo más de 65 millones de dólares en conservación. En nuestro país, el angelote, un tiburón que surca las aguas canarias, es una de las especies beneficiadas por esta iniciativa. Pero también hay muchas ONG conocidas, como el instituto Jane Goodall, Panthera o Save the Elephants (Sí, justo hablamos en el post anterior de abejas y elefantes). Tampoco es mi intención ensalzar a una de las empresas más grandes del mundo por su “compromiso” con el medioambiente, pues es lo mínimo que se debería pedir a toda gran empresa, no solo a aquellas que hacen documentales.

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Concept Art de “El Rey León”

Por supuesto que muchos niños conocen mejor la fauna africana que la autóctona, pero ¿Vamos a esperar que un estudio americano haga una película animada del alimoche? ¿Pretendemos que sea una multinacional la que enseñe de fauna ibérica? Por supuesto que no. Eso es deber de nuestro sistema educativo, de la divulgación ambiental y de la relación con la naturaleza que mantenemos los adultos cuando nos calzamos las botas y nos perdemos en los bosques, cada vez que salimos de la jungla de cristal. Y sobre todo, a la curiosidad y capacidad crítica propias una vez tenemos las herramientas y el conocimiento para conocer nuestro patrimonio natural y su fauna de forma independiente y sin sesgos.

Bueno, cerramos el post como siempre, animándoos a compartirlo y difundirlo, y a meteros en las redes sociales del blog (facebookinstagram y twitter), dad un like o un follow, que son gratis y me ayudan con la difusión! Un saludo, gente!

Asturias…¿Paraíso natural?

Adoro mi tierra natal, Asturias,  pero lo cierto es que cuando cojo un bastón y me calzo las botas para perderme unas horas por retazos del camino primitivo, no dejo de preguntarme si podemos seguir hablando de “Paraíso Natural”; aunque tal vez se acerque al paraíso cristiano, una visión utilitarista de la naturaleza de donde fuimos expulsados por utilizar el único recurso natural que se nos tenía prohibido: El fruto del Edén.

En mi concejo hay otro eslogan para atraer al turismo: “Naturaleza a la carta”. ¿En que momento la naturaleza se convirtió en un restaurante donde vemos y tomamos lo que queremos y cuando lo queremos? La respuesta es que tristemente es así desde hace muchos años, pero tal vez no sea oportuno hacer gala de ello.

Cuando un0 da un paseo por la sierra astur, es cierto que ve belleza y naturaleza, pero hablamos de una naturaleza tan modificada por el hombre que resulta difícil encontrar restos de lo salvaje. Aún el glayu y el ratonero se espantan a 3 fincas de distancia (en el momento en el que tienes que medir en fincas, ya ves que algo falla), mientras el oso patrulla por la cordillera y los dragones se esconden por las callejuelas de Oviedo; pero en cierta medida el paisaje silvestre ha sido sustituido por cientos de terrenos particulares, muchos de ellos abandonadas por el éxodo rural, y de vez en cuando nos encontramos sierras pobladas de molinos de viento, “bosques” plantados en cuadrantes desafiando el azar de la naturaleza, o 4 jóvenes castaños de donde antaño emergía uno solo, señal de que no dejamos a nuestros bosques envejecer.

Que oye, no es mi intención criticar este sistema: la producción extensiva asturiana no deja de ser mucho más ética, necesaria y sostenible que el sistema imperante, y la energía eólica no deja de ser una de las opciones más deseables para obtener electricidad, pero hay que admitir que muy de “bosque cantábrico”, no es, y debemos fomentar que las zonas rurales no pierdan viva, pero si la pierden tal vez sea hora de fomentar la vuelta de los bosques a aquellos terrenos que se han convertido en improductivos.

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Pajares – Fotografía de Mariluz Rodríguez

Pero cuando uno sigue profundizando en la “naturaleza cantábrica”, no puede dejar de sentir rabia y lástima. Y es que hay mil ejemplos de las tropelías que se están cometiendo, que si bien ocurren cosas similares en buena parte de España, en el “paraíso terrenal” de la península adquiere todo un toque más bizarro y contradictorio.

A partir de aquí voy a enlazar numerosas noticias de prensa, e intentar opinar lo menos posible, pues no son temas de los que sepa mucho: Para empezar, el paisaje que antes comentaba, que es legítimo y que en muchos lugares han perdido hasta esa naturaleza fragmentada y domesticada, también convive con montes y pastos desbrozados para poder disparar y pastorear mejor (¿invadida por el matorral?), pero que no benefician en nada a la fauna.

También con monocultivos de pinos, y especialmente de eucalipto, un árbol que drena el suelo como una bomba y arde como gasolina, lo cual es perfecto, pues Asturias también es una de las comunidades más afectadas por una política forestal ridícula, y es que los incendios darían para otra entrada del blog. Por desgracia el eucalipto se extiende por España, y no porque tengamos koalas: Os dejo esta excelente reflexión de Arsenio Terrón de cara a su expansión por El Bierzo; tal vez debamos gestionar estos recursos madereros de una forma más respetuosa con el medio. Los “bosques” marinos tampoco están para tirar cohetes, con la desaparición casi total de las laminarias del Cantábrico.

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Plantación de eucalipto – Agencia SINC

Podríamos mencionar numerosas especies invasoras que parecen no importar mucho a la administración: La invasión de la avispa asiática, que pone en riesgo a los apicultores mucho más que las anecdóticas incursiones oseras, y que a día de hoy buena parte de su control y de la educación que debe acompañarla es realizada por entidades como el CEPESMA, que realiza charlas por toda Asturias y ha invertido en drones y fusiles sin apoyo del gobierno.

También la reacción tardía a la polilla guatemalteca que amenaza el cultivo de la patata, y de paso la soberanía alimentaria que buena cantidad de asturianos tienen la fortuna de dominar, aunque no sin sudor derramado. Los plumeros son otro ejemplo, que parecen ya flora autóctona de la cantidad que podemos ver por las cunetas de muchos kilómetros de autovía, son otra amenaza, muy ignorada durante años por la administración.

Y estos son los casos más sonados, pero siempre puede aparecer algún mapache merodeando las zonas urbanas, mientras el cerdolí continúa ganando presencia por culpa del mascotismo de cerdo vietnamita.

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Avispa asiática – Fotografía de Danel Solabarrieta

Mientras, los varamientos de cetáceos y otra fauna marina siguen sin atenderse en Asturias: Durante los inicios del año aparecieron 20 delfines muertos en apenas 3 semanas, cuerpos ignorados por la guardería del Principado. Lo que en otros países hubiera activado un protocolo nacional de varamientos masivos, movilizando a la comunidad científica y a organismos públicos, en Asturias ha desembocado en animales pudriéndose durante días en las playas.

En muchas ocasiones se aprovecha la dejadez para alimentar en tráfico ilegal de fauna, además de suponer un riesgo sanitario terrible (no hablemos de la indignación en cuanto a la falta de responsabilidades en el caso de que el animal llegue vivo a la costa). Durante 20 años fueron atendidos por el CEPESMA y su extensa red de voluntarios, pero la consejería no ha renovado el convenio con esta ONG que realizaba su labor con ejemplaridad, a pesar del enorme apoyo de los ciudadanos a esta institución y de que esta únicamente pedía respeto (y no dinero).

Si, señores, esta labor se hacía de forma altruista por particulares, que hacían el trabajo del gobierno, pero parece que no son capaces ni de mantener una relación honesta y de respeto con estas iniciativas populares.

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Uno de los delfines varados en Asturias – Fotografía de Juan Llaca

Luego podríamos hablar de algunas de nuestras aves: Para el caso del urogallo, del cual mucho se podría decir, os remito a este excelente documental de “Más que pájaros”, que finaliza con esta cita “Si el urogallo llega a desaparecer sabremos que ya no queda nada salvaje en la Cordillera Cantábrica, sabremos que ha sido domesticada”, no sin instar desde la Universidad de León a “Renaturalizar la cordillera”, que ya tiene poco de salvaje.

Si no vais a ver el documental, simplemente dejaros con la lectura que ha sido denunciada por múltiples divulgadores y biólogos, y es que el LIFE del urogallo parece estar gastando una millonada de forma ineficaz. Hay animales más comunes que también están sufriendo las políticas medioambientales asturianas: Nuestros humedales y nuestras aves acuáticas son buen ejemplo de ello.

Otras aves de las que podríamos hablar es de las carroñeras, donde Asturias va con años de retraso frente a otras comunidades en cuanto al depósito de cadáveres para su alimentación (¿lo cual tal vez redujera los ataques de lobos y osos al ganado? Bueno, comida se deja para el lobo, pero para cebaderos ilegales que permitan pegarles un tiro sin andar mucho), si bien se comenta que el negocio de convertir cadáveres en biomasa es muy rentable a día de hoy para ciertas empresas.

El ecoturismo empieza a plantearse como alternativa, pero la Cordillera Cantábrica es uno de los sitios donde menos se respeta a los animales observados, como el oso, con lo cual esta actividad parece más una amenaza para nuestras especies amenazadas a falta de ser convenientemente regulada.

Que por cierto, seguimos con dos poblaciones fragmentadas y una oriental especialmente escasa, poco apoyo para unirlas pero aún casos de furtivismo (y los censos auguran muertes cuyas dimensiones no son desconocidas), mientras la dinámica poblacional es guiada por decisiones políticas y económicas, haciendo oídos sordos a los investigadores pertinentes.

Por otro lado, parece que la política con otros grandes depredadores pasa más por disparar con riflesalgunos acusan de soberbia a aquellos que no creen en los controles letales del lobo, amparando a aquellos que cuelgan animales decapitados de señales, imagen ya habitual en el Principado de Asturias (este mismo febrero se ha cerrado con ¿3?), alimentada por noticias falsas y exageraciones que culpan al lobo de muertes animales e incluso humanas, mientras se implantan jaulas para capturarlos con motivos cuanto menos sospechosos e inconexos. Ya hemos hablado en otras ocasiones, ya sabéis que pienso que hay que apoyar a la ganadería, pero los controles letales no son la solución: Señores, hay bastantes estudios que nos llevan a pensar que matar lobos desestabiliza manadas y las hace más proclives a atacar el ganado!

La convivencia entre lobos y población rural se hace vital, y en mi opinión tal vez debamos comenzar a plantear, en lugar de dar ayudas a toro pasado, darlas como prevención: Si tienes tu ganado en zona de lobos y convives con ellos, subvencionemos ese tipo de ganadería, y fomentemos sellos “pro-lobo” para ligar la protección de este emblemático animal a líneas de productos de calidad que también protejan al mundo rural. Pero a día de hoy sale más rentable para la clase política prometer cabezas colgadas y cacerías que no ayudan nada al mundo rural pero sacian la sed de sangre y alimentan la polarización y el odio.

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Lobo ibérico – Fotografía propia

Como veis, muchos animales son ignorados, y los pocos de los que nos acordamos es para darles caza. Parece que uno de los animales con más protección es una especie invasora, la trucha arcoiris, que hay que mantener para sacar beneficio económico de ella (que bien se nos da rentabilizar el medio natural). Otros peces, como el salmón o la angula (en peligro de extinción), parecen no tener tanta suerte.

En otros países o incluso comunidades, no habría problema en prohibir la pesca deportiva durante un tiempo, pero en Asturias siempre podemos ayudar a las pobres truchas arcoiris matando unos cuantos cormoranes y nutrias; y es que en el caso de los cormoranes, desde el sector cinegético se habla de acabar con la mitad de su censo (que bien se nos da señalar a otras especies como las culpables de nuestra participación en la sexta extinción), y sus excrementos parecen mucho más peligrosos para algunos que noticias como estas: Avilés registra records nacionales que podrían suponer riesgos sanitarios, mientras Gijón intenta rivalizar con ella y nuestras centrales térmicas ahí andan, junto con otras industrias.

Recordemos que Asturias produce 1/5 de la polución industrial de nuestro país. ¿Qué clase de paraíso natural produce tal nivel de emisiones? La industrialización de Asturias ha traído muchos beneficios a la población, pero a día de hoy se debe respetar la salud de la población y los ecosistemas por encima de los beneficios económicos de unos pocos.

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Grupo de cormoranes – Fotografía propia

Pero bueno, cuando un animal lo pasa mal seguro que el Principado reacciona, ¿no? Lo cierto es que Asturias no cuenta con un centro de rescate oficial de fauna silvestre: El centro de Sobrescobio, que costo 5,3 millones de euros, está cerrado y actualmente solo sirve para criar urogallos en un programa de cría que los expertos tachan de ineficaz. Lo último que se sabe es que tras varios años “se planea” abrir de forma parcial.

De la piscifactoría de Infiesto apenas existen registros de su actividad recuperando fauna, si bien ha tenido veterinarios que han recuperado bastantes animales con escasos recursos; sin embargo si que se conocen varios centros privados que recuperan fauna sin ayuda económica pública: “El Parque de la Vida”o Fauna Urbana Gijón son algunos ejemplos, bajo el paraguas organizativo del ya mencionado CEPESMA, además del “Zoológico el Bosque”.

Este último es un centro situado a las afueras de Oviedo que actúa como centro de recuperación y tampoco cuenta con apoyos de la administración, recuperando a decenas de animales al año y corriendo con sus gastos veterinarios, realizando también charlas de divulgación y educación ambiental por Asturias para fomentar la protección al medio ambiente que parece inexistente, mientras el Ayuntamiento de Oviedo y el Principado no colaboran con el centro.

Además, este centro actúa como punto de recogida de fauna exótica y especies invasoras, muchas de ellas decomisadas o abandonadas (Más del 70% de sus animales son rescatados), ergo también juega un papel importante en la educación en torno al mascotismo responsable de los asturianos, por ello os recomiendo encarecidamente visitar el centro. Uno se podría preguntar las maravillas que podrían hacer estos centros, asociaciones y personas con una ínfima parte de los recursos utilizados en centros que no registran actividad en cuanto a recuperación de fauna se refiere.

Y seguro se me olvida algún veterinario de esos que se busca aún más problemas de los que ya da de por sí nuestra profesión, o particulares como Xuan Fernández con las gaviotas de la costa de Gijón, pero este texto no va tanto de nombres como de recordar lo desamparada que está la naturaleza más allá del Negrón.

Al ecoturismo de fauna antes mencionado se le une el senderismo y otras actividades más que necesarias pero mal reguladas, y parece que la administración se niega a admitir que ciertos paisajes tienen una capacidad de acogida límite. Un ejemplo claro son los Lagos de Covadonga, cada año más erosionado por las pisadas de miles de turistas, pero hay muchos otros, pues el paraíso natural es, como decía al principio, el eslogan de una visión mercantilizada de la naturaleza sin tener en cuenta que es un recurso limitado y sobre el que nos sostenemos: Escopeta, bastón o prismáticos pueden ser una forma de convivir con la naturaleza, pero de forma respetuosa y sostenible siempre.

El desdén al equipo científico del Jardín Atlántico, los intentos de implantar empresas sin medir impactos ambientales o de seguir mercantilizando el medio natural suponiendo peligros para este son otros ejemplos en los que no me extenderé. Lo que esta claro es que llenarnos la boca con el “paraíso natural” no tiene sentido si analizamos todas las tropelías que se cometen en torno a la naturaleza asturiana. Lo peor es que en muchas ocasiones, esto beneficia a unos pocos y perjudica a muchos, es por ello que hay que apoyar al sector primario y al medio rural más que señalarles como culpables, pero siempre respetando el medioambiente e intentando compatibilizar la soberanía sobre nuestra tierra y nuestra producción alimentaria con la conservación de la naturaleza a largo plazo.

¿Qué podemos hacer? Pues no creáis que tengo muchas ideas, pero los hay que si las tienen, y muchas. De momento, apoyemos a las ONGs y centros que recuperan fauna en Asturias, mientras el Principado les da la espalda. No permitamos que los últimos retazos salvajes de la fauna y flora asturiana sean doblegados, y vayamos en la dirección correcta; por nuestra parte solo queda votar a la gente adecuada, exigir responsabilidades políticas, y respetar el medio ambiente tanto como fuente de ocio como de recursos.

Ah, y ejerzamos nuestra responsabilidad como consumidores, que tal vez nuestro carro de la compra tenga algo que ver. Poco más que añadir; como hago siempre, os animo a seguir el facebook (que es el que uso principalmente), twitter e instagram del blog. Y creo que también os anima a compartir el contenido para poder llegar a más gente este proyecto de divulgación científica y educación ambiental! Nos vemos pronto!

Carroñeros: Los grandes incomprendidos

¿Qué se os viene a la cabeza cuando pensáis en hienas, cuervos o buitres? A una buena parte, nada bueno. En parte podríamos echarle la culpa a Disney, y de hecho mucha gente habla de movimientos como el animalista como fruto de la “generación disney”, acostumbrada a humanizar a los animales y a poner en ocasiones por delante nuestro concepto de bienestar a sus necesidades ecológicas. Ese no es el tema, pero como siempre, esa “humanización” de animales trae consecuencias negativas para ellos, como en este caso el poco apoyo ciudadano que presentan los programas de conservación de estas especies. Os hablaba en la entrada anterior de otra de sus consecuencias negativas: “El vínculo”.

También Disney puede tener algo de culpa en como vemos a los carroñeros. Cuando pienso en estos animales me vienen a la cabeza las maléficas hienas del Rey León, o los “relajados” soldados del codicioso Príncipe Juan. La animación tampoco ha hecho grandes favores a otros animales como las serpientes, pero hoy vamos a centrarnos en los carroñeros, pues Disney no es la única culpable: Esa imagen ya venía de antes y Disney simplemente transmitió el imaginario popular a la gran pantalla.

Buitres malignos de “Blancanieves” (Disney)

Existen otros carroñeros que se han librado de esta “criba” por ser animales peludos a los que se les han asignado otras características humanizadas: El oso, el lobo y otros carnívoros también son carroñeros, aunque sea de forma esporádica y oportunista (os dejo debajo de este párrafo un vídeo donde osos, buitres y lobos se rifan carroña en Somiedo). En el óceano, otros animales, como los tiburones, cumplen esta función. Nosotros mismos, el ser humano, hemos sido carroñeros oportunistas…¿Qué hay de malo en ello? En la animación nos exageran su anatomía: Ojos amarillentos, entrecerrados, sonrisas perversas y tonos aún más oscuros que en la naturaleza para “evidenciar” sus malignas intenciones…un caso claro es el de las hienas, una de las especies menos fieles del Rey León, cambiando la hiena manchada por una especie ficticia a juego con su rol ¿Pero son los carroñeros los “malos” del reino animal?

Los carroñeros cumplen un papel ecológico muy importante en las cadenas tróficas: El papel de los carroñeros, junto con el de los descomponedores o detritívoros, es eliminar los cadáveres y mantener limpio el ecosistema, son “el servicio de limpieza” de los ecosistemas, evitando así la transmisión de enfermedades y la contaminación de las fuentes de agua. Además, a día de hoy la comunidad científica intenta no separar a carnívoros de carroñeros, pues prácticamente todos los carnívoros son en mayor o menor medida carroñeros, y por tanto es difícil entender el vital papel de los carnívoros sin la ingestión de carroña, que permite un intercambio y flujo de energía de los ecosistemas más eficiente y rápido, proporcionando estabilidad a estos. En un estudio de 2014 sobre ello se alertaba de que “la extinción de los grandes mamíferos carnívoros y los buitres en amplias áreas del planeta pueden acarrear severos efectos negativos en cadena, que pueden afectar al ecosistema entero.”

Cachorro de hiena en Kruger – Fotografía de Joan Budai

Por desgracia, a estos animales nunca se les ha valorado lo suficiente. En España, por ejemplo, la falta de muladares o el uso de diclofenaco amenazan a las aves necrófagas, a las cuales ya dediqué una entrada hace tiempo, que os recomiendo leer pues complementa mucho lo que hablamos hoy. Si se extendiera al fin el uso de muladares por toda la península, nos ahorraríamos bastante dinero en eliminación de cadáveres y bastante contaminación en su destrucción o transformación; si la biomasa a partir de estos cadáveres permitiera un acceso barato a energía para las rentas más bajas estaría genial, pero en general hablamos de empresas privadas que cobran del erario público por deshacerse de los cadáveres y luego venden esa energía en forma de biomasa (Que oye, todos tenemos derecho a comer…pero si alguien solo puede vivir de cadáveres es el buitre). Se calcula que los buitres en España ahorran una energía equivalente al gasto de 9.000 hogares y evitan la liberación de 200.000 toneladas de dióxido de carbono.

“The hyena” – Fotografía de Perttu Saksa

En otros países, las necrófagas están mejor valoradas: Un ejemplo alucinante es el proyecto “Gallinazo avisa” que se está realizando en Perú, y que se basa en colocar cámaras Go Pro a buitres negros americanos o zopilotes, para localizar acúmulos de basura que muchas veces son ilegales o que las autoridades desconocen: Los ciudadanos pueden colaborar en la elaboración del mapa (y en recogida de basura), creando así un mapa en tiempo real de acumulación de residuos entre buitres y personas; en la web tenéis una presentación de las aves entre otras muchas cosas. Os dejo el vídeo de la campaña, que teatraliza el espíritu de esta entrada de forma magnífica:

Espero que esta entrada os permita reconciliaros con nuestros amigos los carroñeros, que tienen una importancia ecológica vital. Y recordemos que, por mucho que parezca que vivimos aislados en grandes ciudades, todas estas rutas ecológicas, cascadas tróficas y ciclos de los ecosistemas siguen influyendo totalmente en nuestra forma de vida de forma indirecta y directa. Como siempre, gracias por leerme y os enlazo a las redes sociales del blog: facebook y twitter. Se agradece la difusión, cuyo único objetivo es divulgar sobre estos temas!

Las sombras tras “el vínculo”

En una época donde la sensibilidad con los animales se hace cada día con más ciudadanos, también he visto como aflora un deseo hacia lo que yo llamo “el vínculo”. Nos encantan los animales, sobre todo los salvajes: Son criaturas increíbles, muchas veces exóticas y escasas, y son una muestra de lo único que es nuestro planeta y del proceso evolutivo que las ha ido moldeando hasta hoy. Probablemente sea esto lo que nos invite a interaccionar con ellas, por muy mala idea que esto pueda llegar a ser.

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Fotografía de Katerina Plotnikova

Y es que de eso hablo cuando digo “el vínculo”: Esa necesidad imperiosa que tenemos por “interaccionar” con los animales. Ya sea para sacarnos un selfie o mirarlas a los ojos esperando alguna especie de conexión espiritual.

Más allá de ese interés que suscitaron los zoológicos hace años en occidente, ahora nos importa más el bienestar de los animales y de ello han surgido muchas “interacciones” con animales que aparentan ser menos dañinas que una casa de bestias (el concepto antiguo de zoológico) pero que muchas veces son todo lo contrario, ya no hablamos tanto de exposiciones museísticas de animales, hablamos de antropomorfismo: Pensar que si a nosotros nos encantaría darle un abrazo a un tigre…¿Cómo va a ser estresante para él? 

Cada vez vemos más programas de televisión que fomentan este tipo de conexiones, muchas veces con buenas intenciones y con un balance “positivo”, pero que retroalimentan este rollo de lo guay que es tocar animales.

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Fotografía de Katerina Plotnikova

Primeramente, hablando de los zoológicos, yo mismo he participado como cuidador voluntario en interacciones donde yo marcaba los límites, y tengo sentimientos encontrados: En general, es innecesario e incluso peligroso juntar a animales salvajes y personas, si bien existen unas condiciones bajo las que creo que puede ser beneficioso; las cuales son tener como prioridades el bienestar de los animales, el objetivo divulgativo y la seguridad de las personas.

Por ejemplo, el contacto con serpientes inofensivas bajo unas pautas permite que sobre todo los más jóvenes se lleven un grato recuerdo y aprendan sobre estos animales, en especial que no deben tener ese concepto de alimañas que aún permanece a día de hoy en las zonas rurales.

Por desgracia, existen muchos lugares donde estas interacciones tienen como único objetivo el beneficio económico. Aún a día de hoy se pueden encontrar en España casos de este tipo, como centros donde puedes acariciar crías apartadas de sus madres sin ningún control o felinos con una correa, como el caso de la siguiente fotografía, donde podría haber elegido una de las cientos de fotos que tienen los visitantes con el animal mucho más idílicas, pero no quiero poner aquí rostros de gente que ha visitado el lugar equivocado:

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Ocelote en el zoo de Castellar – Tripadvisor

El turismo en países exóticos es el que más se ha aprovechado de estas situaciones, en lugares muy alejados del respeto al bienestar animal que debiera tener un zoológico en el siglo XXI. Hace unos años eran los macacos haciendo trucos o para hacerse fotos (y a día de hoy sigue siendo así), pero en esta misma dirección de maquillar de amor hacia los animales a la explotación animal también han proliferado falsos “centros de rescate” donde puedes tener tu momento mágico acariciando a un león en Sudáfrica o bañando a un elefante en Indonesia.

El problema es que es puro marketing y muchas veces esto solo nutre negocios como la caza enlatada bajo una fachada de “altruismo”. Otro ejemplo es el famoso “Templo del Tigre”, hasta hace poco idílico lugar donde monjes y tigres convivían para disfrute de los turistas, y donde se descubrieron decenas de cadáveres de tigres congelados.

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Monje interaccionando con tigres – donaldandcathy.typepad.com

Otro punto que me apasiona es el uso de interacciones como gancho para biólogos y veterinarios (y sobre todo alumnos) interesados en formarse en fauna silvestre. Pocas veces está justificado, y sin embargo muchas veces parece que el objetivo es triplicar el precio de cursos con carencias formativas a cambio de un “book” con animales salvajes, que aunque muchas veces están bien cuidados (y por eso no voy a poner enlaces, porque desconozco cada situación como para criticarla directamente), creo que muchas veces lo único que se fomenta con esas cosas es nutrir estas necesidades de interacción y sacar dinero de ello.

Como es mi tercer año organizando cursos de este tipo en AVAFES, me toca especialmente la fibra, cuando veo programas de una calidad muy inferior a la de nuestros cursos, pero que cuadruplican el precio de estos. Y es que una cosa es formarse y otra muy distinta es hacerse fotos. Aprovecho para hacer “publi”, hay AVAFES en las facultades de veterinaria de buena parte de España en la que los alumnos trabajamos mucho por sacar cursos, y se cobra únicamente para suplir los costes de organización, y los escasos beneficios se reinvierten en nuevas actividades más económicas. Seguidnos si queréis formaros de forma económica!

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Fotografía de Katerina Plotnikova

¿Y por qué esta necesidad de interaccionar y toquetear a los animales no es buena? Lo primero porque en muchas ocasiones la interacción entre el ser humano y la fauna salvaje es peligrosa tanto para personas y animales, y de hecho, al año se producen cientos de casos fatales por gente que decide que es buena idea acercarse mucho a animales salvajes tanto en su medio natural como en cautividad.

Y lo segundo, porque fomentamos esa “maravillosa” idea de que los animales salvajes y las personas son un buen tandem, y fomentamos el mascotismo de especies salvajes, que mueve uno de los mayores tráficos ilegales del mundo, del que son víctimas miles de animales al año, muriendo la mayoría en condiciones de transporte horribles, y sobreviviendo unos pocos de los cuales la mayoría acaba viviendo una cautividad mucho más horrible de la que estamos acostumbrados a denunciar.

Es una lástima ver como creemos que una foto en blanco y negro en un zoológico significa que el animal está triste, pero un tigre sentado en un sofá es super feliz porque la foto es a color y el “dueño” sonríe y abraza al animal. Es ignorancia pura que perjudica enormemente a estos animales.

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Oso grizzly humanizado – Fotografía de Caters News Agency

Y es que a día de hoy se sigue sin poder conocer el pensamiento de los animales en toda su complejidad en cada situación, y al igual que no podemos caer en tratarles como objetos, tampoco podemos proyectar nuestros deseos y sentimientos en ellos, pues no les haremos ningún favor idealizando las relaciones entre primates humanos y el resto de las especies de nuestro planeta; y es que muchos tienen imágenes demasiado cercanas a algunas de las que ilustran este artículo (me refiero al trabajo artístico de Katerina Plotnikova). Con esto no quiero decir que todas las interacciones sean horribles ni que no se pueda sacar uno fotos con animales salvajes. Pero creo que hay que dar una serie de “normas morales”:

  • Pregúntate por el objetivo de la interacción, ya no el que tenga quien la está ofreciendo; pregúntate si te aporta algo a tí más que un montón de likes en facebook.
  • Pregúntate si puede suponer estrés o un peligro para el animal o para tí.
  • Si estás interesado en hacer voluntariados, prácticas o trabajar con animales salvajes, lo primero piensa que lo normal es que no toques a los animales. Y sobre todo, investiga sobre los centros a los que quieres ir, si en verdad son sitios que trabajan por los animales o por contra son sitios en los que usan a los animales como reclamo para un “voluntariado” en el que debas pagar.
  • Si te estás formando, pon prioridad a la calidad de las ponencias antes que a hacerte fotos con animales o tocarlos.
  • Si trabajas con animales salvajes, esta bien compartir tu trabajo, pero ten en cuenta del impacto que puede tener, un “foto de ámbito laboral, los animales salvajes no son mascotas!” nunca viene mal.

Creo que además, en muchos casos estas interacciones, a pesar de ser beneficiosas para la divulgación la conservación (me viene a la cabeza Kevin Richardson o el propio Frank de la Jungla), deben ser evaluadas desde ambos puntos de vista y actuar en consecuencia, es decir, si las interacciones con animales pueden ayudar a la conservación, creo que sus autores tienen también la responsabilidad de contar la otra cara y ser activistas contra la idealización de las relaciones entre humanos y personas (En este caso, ambos hablan de ello en mayor o menor medida).

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Kevin Richardson interaccionando con un león – Fotografía de Adrian Steirn

Recalco: No estoy condenando todas las interacciones con animales, pero actuemos con cabeza y pensemos que nos aportan a nosotros y a ellos. Los animales salvajes no necesitan relacionarse con el ser humano, y la mayoría de interacciones tienen como resultado más probable el estrés del animal. Si estás interesado en trabajar con animales salvajes, que no sea por tocarlos, que sea por protegerlos. Y apoyad a los centros que fomenten la conservación y el respeto a la fauna salvaje, ya sea sin interacciones o usando estas como una herramienta divulgativa que respete a sus protagonistas: Con el resto, no perdáis ni el tiempo ni el dinero. Como siempre, gracias por leerme y os enlazo a las redes sociales del blog: facebook y twitter. Se agradece la difusión, cuyo único objetivo es divulgar sobre estos temas!