El peligro de no entender a los animales

Todos los animales emiten información de forma constante a través de vocalizaciones, colores o posiciones. Sin embargo, muchas veces malinterpretamos esa información, y eso repercute en el bienestar de esos animales y en el nuestro.

Hace poco, en mi cumpleaños me hicieron una sorpresa con tarjetas en las que salían chimpancés “graciosos”. Mi amiga, con la mejor intención del mundo, eligió una foto de uno de estos primates, mostrando toda su dentición, de forma similar a una sonrisa humana. Al ver la tarjeta, tuve sentimientos encontrados. Por un lado, un detalle que no olvidaré, pero por otro la sensación que da una foto que representa un sentimiento en las antípodas de lo intencionado.

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La imagen en cuestión – Autoría desconocida

No es algo anormal, de hecho, la misma imagen que utilizó mi amiga para ilustrar la tarjeta aparece en miles de webs, entre ellas, algunas de divulgación científica seria. Y es que incluso especies tan cercanas a nosotros tienen un lenguaje distinto al nuestro, y para ellos, el mostrar toda la dentición suele significar miedo o tristeza. Y este es uno de los peores ejemplos de las consecuencias de no comprender a los animales: Primates actores entrenados, para entre otras cosas, poner una expresión que nos resulta graciosa pero que significa miedo. ¿Cómo se consigue que un animal salvaje exprese miedo mediante el entrenamiento? Creo que no hace falta dar muchos detalles.

No entendemos a los animales. Por eso se hace muy difícil hablar en su nombre. Y fruto de ese desconocimiento existen múltiples consecuencias, principalmente para el bienestar y conservación de especies silvestres y nuestra relación con estas. Otro caso sería el mascotismo: Comportamientos anormales de mascotas “particulares” se vuelven virales, porque al desconocer su verdadero significado nos resultan graciosos; un claro ejemplo es el comportamiento defensivo del loris lento.

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Macaco de Gibraltar con cara de pocos amigos – Fotografía de Stephanie Piri

Pero el no entender a otras especies también tiene consecuencias directas para nosotros. De hecho, esta es una de las principales razones de ataques de animales silvestres a personas, pues normalmente todo conflicto con estos animales viene precedido de avisos por parte de estos, en forma de expresiones faciales o corporales. Sin embargo, las solemos ignorar, como bien señala un estudio reciente de la universidad de Lincoln, donde se demuestra que confundimos un aviso amenazante de un macaco con que nos lanzan un beso. A esto están acostumbradas muchas ONG que trabajan con este tipo de animales, como BMAC, una asociación conservacionista que trabaja con el macaco de Berbería. Desde BMAC, opinan que “Cuando invertimos tiempo entre animales salvajes, tenemos la responsabilidad de intentar entenderles, al igual que hacemos con otras personas para evitar estresarles. Aprender unas pocas expresiones faciales sencillas puede hacer una enorme diferencia positiva cuando observamos a estos animales”.

En otras ocasiones, malinterpretar a estos animales no nos lleva a un peligro directo, pero sí al estrés del animal. Es el caso de aquellos centros que mantienen animales salvajes en cautividad, ya sean santuarios o zoológicos. Reírnos o imitar a los animales al otro lado de la barrera no suele ser lo más respetuoso, y puede hacer más difícil la vida de los animales del centro y de la gente a su cargo. La ignorancia lleva a hacer muecas a primates o a agacharnos de espaldas ante un tigre esperando despertar en él comportamientos de depredador. También pensamos que un animal se sorprende por un truco de magia cuando en realidad le estamos molestando, o que un chimpancé lanzándonos cosas es gracioso.

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Imagen de “Proyecto Nim”

Por último, esta el caso inverso. En lugar de pensar que un animal esta alegre cuando está estresado, a veces pasa al revés. Y esto ya es un comentario personal: He colaborado con algún centro que acoge animales decomisados, y no sabéis lo que fastidia estar meses cuidando de animales que han sido maltratados por el ser humano, y que te venga el listo de turno (muchas ves tras haberse reído un rato del animal y que le expliques todo esto) a decirte “Ya…si se les ve tan tristes. Pobres”. Por favor, intentemos no hablar en nombre de animales y especies que no conocemos, porque a veces puede resultar ofensivo o incluso peligroso. Tal vez, en lugar de hablar tanto en su nombre, deberíamos empezar a aprender a escucharles.

 


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Disney no tiene la culpa de como vemos la naturaleza

Tener como única referencia del medio natural a las películas “Disney” de los 90 no sea la mejor idea para educar a nuestros hijos. Sin embargo, como fan del cine de animación, me niego a creer que se pueda culpar a estas películas de nuestra concepción de la naturaleza.

Concept art de “El Rey León”

En primer lugar, el cine de animación ha ido adquiriendo complejidad a lo largo de los años. De las sutiles morajelas de “bien y mal” y los animales que ponen el mantel a Blancanieves hemos pasado a ver películas como Wall-E, que retrata un futuro catastrófico para la especie humana por sus errores ambientales, o la reciente Moana, que nos acaba de sustituir el concepto “princesa Disney” por el de “Heroína”, una heroína que se enfrenta a una catástrofe ambiental causada porque el ser humano toma el poder de “dar vida” de la Madre Tierra (¿Os suena de algo?). Hoy veo valores mucho más interesantes en muchas películas de animación que en las series tipo “Hannah Montana”.

Concept art de “Wall-E”

Aún así, no se puede negar que en estas películas, especialmente en las más antiguas, se mantenían roles humanizados para los animales. El antropomorfismo une nuestra parte más emocional con nuestra necesidad por conocer y admirar la fauna, y ha hecho bastante daño a nuestro trato al medioambiente, si bien habría que recordar que la concepción de animales como seres no sintientes, el imperante anterior, ha traído mil veces más desgracias.

Es cierto que en los clásicos Disney hemos visto a las hienas como traicioneras, y a los conejos y ciervos como seres amigables. Yo mismo he “denunciado” algunos de estos conceptos mal traídos (Buen momento para recordaros que tengo un análisis “biofriki” de El Rey León y Buscando a Nemo). Pero también he visto como Disney nos trasmite a través de su “ciclo de la vida” el funcionamiento de la cadena trófica mientras algunos sectores, como el cinegético, simplifican y humanizan aún más los roles de la fauna salvaje (Cormorán malo por comer nuestro pescado, cazador bueno por matar al malvado lobo).

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Concept art de “Mulán”

También habría que decir, que no es responsabilidad de la televisión educar a los niños en valores ambientales. Tal vez su función pueda ser reforzar esa educación, o despertarla, pero no se puede sustituir un paseo por el bosque por ver “Bambi” en el salón. Tal vez ahí falla la cosa, y es que todo este viene a que yo he visto Disney toda mi vida, y tan mal no he salido…¿No? Mientras, hay padres que han comprado peces payaso a sus hijos tras ver Nemo, que han durado dos días (¿Sabías que Disney ha sacado guías para la compra responsable de peces con “Buscando a Dory”?)

Tal vez es porque yo al volver en coche de casa de mis abuelos y de haber visto “Balto”, veía un potro con la panza desgarrada tras el ataque de los lobos. O tal vez, porque antes de ver “Bichos”, había visto a mi abuelo embutido en un traje de apicultor. O simplemente porque las aventuras de Bambi podían haber ocurrido en los bosques que podía encontrar a 5 minutos de mi casa. Y es que el “efecto Walt Disney” tiene más que ver con nuestra desconexión con la naturaleza que con el cine de animación.

Concept Art de “Buscando a Dory”

Y es que no, por supuesto que Disney no sustituye a nuestras raíces rurales o a coger unos prismáticos para buscar buitres en el horizonte, a sentir el olor del musgo durante el camino o simplemente a los vuelos de un petirrojo a unos metros de nosotros. Pero eh! Tampoco es incompatible con la educación ambiental u otro tipo de programas. Yo veía Pocahontas, pero también “El Hombre y la Tierra”. ¿Veis por donde voy?

Aún así, las cosas van cambiando, y es que esta famosa empresa de animación no solo está introduciendo más valores sociales y ambientales en sus películas animadas, también lleva una década produciendo documentales bastante desconocidos en nuestro país, pero de una enorme calidad, y en los que la narrativa Disney y la crudeza del medio natural se mezclan sin forzar la cosa. ¿Sabíais que por ejemplo, Disney cuenta con un documental de polinizadores? 

Lo cierto es que los documentales de esta franquicia son ideales para poner a los más pequeños de la casa. Mientras que “Bears” nos narra las aventuras de unos oseznos y su madre en Alaska, “Monkey Kingdom” nos traslada a los líos jerárquicos de los macacos de Sri Lanka, que habitan las místicas ruinas de Polonnaruva.

Con una narración a medio camino entre la fábula y el documental, estos documentales no renuncian a poner nombres y “humanizar” a los animales en su justa medida, narrando sus historias no solamente como uno de los ciclos de un ecosistema, sino como una aventura de un conjunto de seres sintientes que tienen lazos familiares. Y es que tampoco podemos caer en retratar a los animales como máquinas que cumplen una función ecológica, que cumplen las 5 funciones vitales de todo ser vivo y se van de este mundo habiendo cumplido “su parte”.

Oscar, protagonista de “Chimpancés” – DisneyNature

Por cierto, a través de Disney Conservation Fund, en gran parte financiada a través de estos documentales, Disney apoya a 330 ONGs, invirtiendo más de 65 millones de dólares en conservación. En nuestro país, el angelote, un tiburón que surca las aguas canarias, es una de las especies beneficiadas por esta iniciativa. Pero también hay muchas ONG conocidas, como el instituto Jane Goodall, Panthera o Save the Elephants (Sí, justo hablamos en el post anterior de abejas y elefantes). Tampoco es mi intención ensalzar a una de las empresas más grandes del mundo por su “compromiso” con el medioambiente, pues es lo mínimo que se debería pedir a toda gran empresa, no solo a aquellas que hacen documentales.

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Concept Art de “El Rey León”

Por supuesto que muchos niños conocen mejor la fauna africana que la autóctona, pero ¿Vamos a esperar que un estudio americano haga una película animada del alimoche? ¿Pretendemos que sea una multinacional la que enseñe de fauna ibérica? Por supuesto que no. Eso es deber de nuestro sistema educativo, de la divulgación ambiental y de la relación con la naturaleza que mantenemos los adultos cuando nos calzamos las botas y nos perdemos en los bosques, cada vez que salimos de la jungla de cristal. Y sobre todo, a la curiosidad y capacidad crítica propias una vez tenemos las herramientas y el conocimiento para conocer nuestro patrimonio natural y su fauna de forma independiente y sin sesgos.

Bueno, cerramos el post como siempre, animándoos a compartirlo y difundirlo, y a meteros en las redes sociales del blog (facebookinstagram y twitter), dad un like o un follow, que son gratis y me ayudan con la difusión! Un saludo, gente!

Asturias…¿Paraíso natural?

Adoro mi tierra natal, Asturias,  pero lo cierto es que cuando cojo un bastón y me calzo las botas para perderme unas horas por retazos del camino primitivo, no dejo de preguntarme si podemos seguir hablando de “Paraíso Natural”; aunque tal vez se acerque al paraíso cristiano, una visión utilitarista de la naturaleza de donde fuimos expulsados por utilizar el único recurso natural que se nos tenía prohibido: El fruto del Edén.

En mi concejo hay otro eslogan para atraer al turismo: “Naturaleza a la carta”. ¿En que momento la naturaleza se convirtió en un restaurante donde vemos y tomamos lo que queremos y cuando lo queremos? La respuesta es que tristemente es así desde hace muchos años, pero tal vez no sea oportuno hacer gala de ello.

Cuando un0 da un paseo por la sierra astur, es cierto que ve belleza y naturaleza, pero hablamos de una naturaleza tan modificada por el hombre que resulta difícil encontrar restos de lo salvaje. Aún el glayu y el ratonero se espantan a 3 fincas de distancia (en el momento en el que tienes que medir en fincas, ya ves que algo falla), mientras el oso patrulla por la cordillera y los dragones se esconden por las callejuelas de Oviedo; pero en cierta medida el paisaje silvestre ha sido sustituido por cientos de terrenos particulares, muchos de ellos abandonadas por el éxodo rural, y de vez en cuando nos encontramos sierras pobladas de molinos de viento, “bosques” plantados en cuadrantes desafiando el azar de la naturaleza, o 4 jóvenes castaños de donde antaño emergía uno solo, señal de que no dejamos a nuestros bosques envejecer.

Que oye, no es mi intención criticar este sistema: la producción extensiva asturiana no deja de ser mucho más ética, necesaria y sostenible que el sistema imperante, y la energía eólica no deja de ser una de las opciones más deseables para obtener electricidad, pero hay que admitir que muy de “bosque cantábrico”, no es, y debemos fomentar que las zonas rurales no pierdan viva, pero si la pierden tal vez sea hora de fomentar la vuelta de los bosques a aquellos terrenos que se han convertido en improductivos.

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Pajares – Fotografía de Mariluz Rodríguez

Pero cuando uno sigue profundizando en la “naturaleza cantábrica”, no puede dejar de sentir rabia y lástima. Y es que hay mil ejemplos de las tropelías que se están cometiendo, que si bien ocurren cosas similares en buena parte de España, en el “paraíso terrenal” de la península adquiere todo un toque más bizarro y contradictorio.

A partir de aquí voy a enlazar numerosas noticias de prensa, e intentar opinar lo menos posible, pues no son temas de los que sepa mucho: Para empezar, el paisaje que antes comentaba, que es legítimo y que en muchos lugares han perdido hasta esa naturaleza fragmentada y domesticada, también convive con montes y pastos desbrozados para poder disparar y pastorear mejor (¿invadida por el matorral?), pero que no benefician en nada a la fauna.

También con monocultivos de pinos, y especialmente de eucalipto, un árbol que drena el suelo como una bomba y arde como gasolina, lo cual es perfecto, pues Asturias también es una de las comunidades más afectadas por una política forestal ridícula, y es que los incendios darían para otra entrada del blog. Por desgracia el eucalipto se extiende por España, y no porque tengamos koalas: Os dejo esta excelente reflexión de Arsenio Terrón de cara a su expansión por El Bierzo; tal vez debamos gestionar estos recursos madereros de una forma más respetuosa con el medio. Los “bosques” marinos tampoco están para tirar cohetes, con la desaparición casi total de las laminarias del Cantábrico.

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Plantación de eucalipto – Agencia SINC

Podríamos mencionar numerosas especies invasoras que parecen no importar mucho a la administración: La invasión de la avispa asiática, que pone en riesgo a los apicultores mucho más que las anecdóticas incursiones oseras, y que a día de hoy buena parte de su control y de la educación que debe acompañarla es realizada por entidades como el CEPESMA, que realiza charlas por toda Asturias y ha invertido en drones y fusiles sin apoyo del gobierno.

También la reacción tardía a la polilla guatemalteca que amenaza el cultivo de la patata, y de paso la soberanía alimentaria que buena cantidad de asturianos tienen la fortuna de dominar, aunque no sin sudor derramado. Los plumeros son otro ejemplo, que parecen ya flora autóctona de la cantidad que podemos ver por las cunetas de muchos kilómetros de autovía, son otra amenaza, muy ignorada durante años por la administración.

Y estos son los casos más sonados, pero siempre puede aparecer algún mapache merodeando las zonas urbanas, mientras el cerdolí continúa ganando presencia por culpa del mascotismo de cerdo vietnamita.

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Avispa asiática – Fotografía de Danel Solabarrieta

Mientras, los varamientos de cetáceos y otra fauna marina siguen sin atenderse en Asturias: Durante los inicios del año aparecieron 20 delfines muertos en apenas 3 semanas, cuerpos ignorados por la guardería del Principado. Lo que en otros países hubiera activado un protocolo nacional de varamientos masivos, movilizando a la comunidad científica y a organismos públicos, en Asturias ha desembocado en animales pudriéndose durante días en las playas.

En muchas ocasiones se aprovecha la dejadez para alimentar en tráfico ilegal de fauna, además de suponer un riesgo sanitario terrible (no hablemos de la indignación en cuanto a la falta de responsabilidades en el caso de que el animal llegue vivo a la costa). Durante 20 años fueron atendidos por el CEPESMA y su extensa red de voluntarios, pero la consejería no ha renovado el convenio con esta ONG que realizaba su labor con ejemplaridad, a pesar del enorme apoyo de los ciudadanos a esta institución y de que esta únicamente pedía respeto (y no dinero).

Si, señores, esta labor se hacía de forma altruista por particulares, que hacían el trabajo del gobierno, pero parece que no son capaces ni de mantener una relación honesta y de respeto con estas iniciativas populares.

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Uno de los delfines varados en Asturias – Fotografía de Juan Llaca

Luego podríamos hablar de algunas de nuestras aves: Para el caso del urogallo, del cual mucho se podría decir, os remito a este excelente documental de “Más que pájaros”, que finaliza con esta cita “Si el urogallo llega a desaparecer sabremos que ya no queda nada salvaje en la Cordillera Cantábrica, sabremos que ha sido domesticada”, no sin instar desde la Universidad de León a “Renaturalizar la cordillera”, que ya tiene poco de salvaje.

Si no vais a ver el documental, simplemente dejaros con la lectura que ha sido denunciada por múltiples divulgadores y biólogos, y es que el LIFE del urogallo parece estar gastando una millonada de forma ineficaz. Hay animales más comunes que también están sufriendo las políticas medioambientales asturianas: Nuestros humedales y nuestras aves acuáticas son buen ejemplo de ello.

Otras aves de las que podríamos hablar es de las carroñeras, donde Asturias va con años de retraso frente a otras comunidades en cuanto al depósito de cadáveres para su alimentación (¿lo cual tal vez redujera los ataques de lobos y osos al ganado? Bueno, comida se deja para el lobo, pero para cebaderos ilegales que permitan pegarles un tiro sin andar mucho), si bien se comenta que el negocio de convertir cadáveres en biomasa es muy rentable a día de hoy para ciertas empresas.

El ecoturismo empieza a plantearse como alternativa, pero la Cordillera Cantábrica es uno de los sitios donde menos se respeta a los animales observados, como el oso, con lo cual esta actividad parece más una amenaza para nuestras especies amenazadas a falta de ser convenientemente regulada.

Que por cierto, seguimos con dos poblaciones fragmentadas y una oriental especialmente escasa, poco apoyo para unirlas pero aún casos de furtivismo (y los censos auguran muertes cuyas dimensiones no son desconocidas), mientras la dinámica poblacional es guiada por decisiones políticas y económicas, haciendo oídos sordos a los investigadores pertinentes.

Por otro lado, parece que la política con otros grandes depredadores pasa más por disparar con riflesalgunos acusan de soberbia a aquellos que no creen en los controles letales del lobo, amparando a aquellos que cuelgan animales decapitados de señales, imagen ya habitual en el Principado de Asturias (este mismo febrero se ha cerrado con ¿3?), alimentada por noticias falsas y exageraciones que culpan al lobo de muertes animales e incluso humanas, mientras se implantan jaulas para capturarlos con motivos cuanto menos sospechosos e inconexos. Ya hemos hablado en otras ocasiones, ya sabéis que pienso que hay que apoyar a la ganadería, pero los controles letales no son la solución: Señores, hay bastantes estudios que nos llevan a pensar que matar lobos desestabiliza manadas y las hace más proclives a atacar el ganado!

La convivencia entre lobos y población rural se hace vital, y en mi opinión tal vez debamos comenzar a plantear, en lugar de dar ayudas a toro pasado, darlas como prevención: Si tienes tu ganado en zona de lobos y convives con ellos, subvencionemos ese tipo de ganadería, y fomentemos sellos “pro-lobo” para ligar la protección de este emblemático animal a líneas de productos de calidad que también protejan al mundo rural. Pero a día de hoy sale más rentable para la clase política prometer cabezas colgadas y cacerías que no ayudan nada al mundo rural pero sacian la sed de sangre y alimentan la polarización y el odio.

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Lobo ibérico – Fotografía propia

Como veis, muchos animales son ignorados, y los pocos de los que nos acordamos es para darles caza. Parece que uno de los animales con más protección es una especie invasora, la trucha arcoiris, que hay que mantener para sacar beneficio económico de ella (que bien se nos da rentabilizar el medio natural). Otros peces, como el salmón o la angula (en peligro de extinción), parecen no tener tanta suerte.

En otros países o incluso comunidades, no habría problema en prohibir la pesca deportiva durante un tiempo, pero en Asturias siempre podemos ayudar a las pobres truchas arcoiris matando unos cuantos cormoranes y nutrias; y es que en el caso de los cormoranes, desde el sector cinegético se habla de acabar con la mitad de su censo (que bien se nos da señalar a otras especies como las culpables de nuestra participación en la sexta extinción), y sus excrementos parecen mucho más peligrosos para algunos que noticias como estas: Avilés registra records nacionales que podrían suponer riesgos sanitarios, mientras Gijón intenta rivalizar con ella y nuestras centrales térmicas ahí andan, junto con otras industrias.

Recordemos que Asturias produce 1/5 de la polución industrial de nuestro país. ¿Qué clase de paraíso natural produce tal nivel de emisiones? La industrialización de Asturias ha traído muchos beneficios a la población, pero a día de hoy se debe respetar la salud de la población y los ecosistemas por encima de los beneficios económicos de unos pocos.

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Grupo de cormoranes – Fotografía propia

Pero bueno, cuando un animal lo pasa mal seguro que el Principado reacciona, ¿no? Lo cierto es que Asturias no cuenta con un centro de rescate oficial de fauna silvestre: El centro de Sobrescobio, que costo 5,3 millones de euros, está cerrado y actualmente solo sirve para criar urogallos en un programa de cría que los expertos tachan de ineficaz. Lo último que se sabe es que tras varios años “se planea” abrir de forma parcial.

De la piscifactoría de Infiesto apenas existen registros de su actividad recuperando fauna, si bien ha tenido veterinarios que han recuperado bastantes animales con escasos recursos; sin embargo si que se conocen varios centros privados que recuperan fauna sin ayuda económica pública: “El Parque de la Vida”o Fauna Urbana Gijón son algunos ejemplos, bajo el paraguas organizativo del ya mencionado CEPESMA, además del “Zoológico el Bosque”.

Este último es un centro situado a las afueras de Oviedo que actúa como centro de recuperación y tampoco cuenta con apoyos de la administración, recuperando a decenas de animales al año y corriendo con sus gastos veterinarios, realizando también charlas de divulgación y educación ambiental por Asturias para fomentar la protección al medio ambiente que parece inexistente, mientras el Ayuntamiento de Oviedo y el Principado no colaboran con el centro.

Además, este centro actúa como punto de recogida de fauna exótica y especies invasoras, muchas de ellas decomisadas o abandonadas (Más del 70% de sus animales son rescatados), ergo también juega un papel importante en la educación en torno al mascotismo responsable de los asturianos, por ello os recomiendo encarecidamente visitar el centro. Uno se podría preguntar las maravillas que podrían hacer estos centros, asociaciones y personas con una ínfima parte de los recursos utilizados en centros que no registran actividad en cuanto a recuperación de fauna se refiere.

Y seguro se me olvida algún veterinario de esos que se busca aún más problemas de los que ya da de por sí nuestra profesión, o particulares como Xuan Fernández con las gaviotas de la costa de Gijón, pero este texto no va tanto de nombres como de recordar lo desamparada que está la naturaleza más allá del Negrón.

Al ecoturismo de fauna antes mencionado se le une el senderismo y otras actividades más que necesarias pero mal reguladas, y parece que la administración se niega a admitir que ciertos paisajes tienen una capacidad de acogida límite. Un ejemplo claro son los Lagos de Covadonga, cada año más erosionado por las pisadas de miles de turistas, pero hay muchos otros, pues el paraíso natural es, como decía al principio, el eslogan de una visión mercantilizada de la naturaleza sin tener en cuenta que es un recurso limitado y sobre el que nos sostenemos: Escopeta, bastón o prismáticos pueden ser una forma de convivir con la naturaleza, pero de forma respetuosa y sostenible siempre.

El desdén al equipo científico del Jardín Atlántico, los intentos de implantar empresas sin medir impactos ambientales o de seguir mercantilizando el medio natural suponiendo peligros para este son otros ejemplos en los que no me extenderé. Lo que esta claro es que llenarnos la boca con el “paraíso natural” no tiene sentido si analizamos todas las tropelías que se cometen en torno a la naturaleza asturiana. Lo peor es que en muchas ocasiones, esto beneficia a unos pocos y perjudica a muchos, es por ello que hay que apoyar al sector primario y al medio rural más que señalarles como culpables, pero siempre respetando el medioambiente e intentando compatibilizar la soberanía sobre nuestra tierra y nuestra producción alimentaria con la conservación de la naturaleza a largo plazo.

¿Qué podemos hacer? Pues no creáis que tengo muchas ideas, pero los hay que si las tienen, y muchas. De momento, apoyemos a las ONGs y centros que recuperan fauna en Asturias, mientras el Principado les da la espalda. No permitamos que los últimos retazos salvajes de la fauna y flora asturiana sean doblegados, y vayamos en la dirección correcta; por nuestra parte solo queda votar a la gente adecuada, exigir responsabilidades políticas, y respetar el medio ambiente tanto como fuente de ocio como de recursos.

Ah, y ejerzamos nuestra responsabilidad como consumidores, que tal vez nuestro carro de la compra tenga algo que ver. Poco más que añadir; como hago siempre, os animo a seguir el facebook (que es el que uso principalmente), twitter e instagram del blog. Y creo que también os anima a compartir el contenido para poder llegar a más gente este proyecto de divulgación científica y educación ambiental! Nos vemos pronto!

Carroñeros: Los grandes incomprendidos

¿Qué se os viene a la cabeza cuando pensáis en hienas, cuervos o buitres? A una buena parte, nada bueno. En parte podríamos echarle la culpa a Disney, y de hecho mucha gente habla de movimientos como el animalista como fruto de la “generación disney”, acostumbrada a humanizar a los animales y a poner en ocasiones por delante nuestro concepto de bienestar a sus necesidades ecológicas. Ese no es el tema, pero como siempre, esa “humanización” de animales trae consecuencias negativas para ellos, como en este caso el poco apoyo ciudadano que presentan los programas de conservación de estas especies. Os hablaba en la entrada anterior de otra de sus consecuencias negativas: “El vínculo”.

También Disney puede tener algo de culpa en como vemos a los carroñeros. Cuando pienso en estos animales me vienen a la cabeza las maléficas hienas del Rey León, o los “relajados” soldados del codicioso Príncipe Juan. La animación tampoco ha hecho grandes favores a otros animales como las serpientes, pero hoy vamos a centrarnos en los carroñeros, pues Disney no es la única culpable: Esa imagen ya venía de antes y Disney simplemente transmitió el imaginario popular a la gran pantalla.

Buitres malignos de “Blancanieves” (Disney)

Existen otros carroñeros que se han librado de esta “criba” por ser animales peludos a los que se les han asignado otras características humanizadas: El oso, el lobo y otros carnívoros también son carroñeros, aunque sea de forma esporádica y oportunista (os dejo debajo de este párrafo un vídeo donde osos, buitres y lobos se rifan carroña en Somiedo). En el óceano, otros animales, como los tiburones, cumplen esta función. Nosotros mismos, el ser humano, hemos sido carroñeros oportunistas…¿Qué hay de malo en ello? En la animación nos exageran su anatomía: Ojos amarillentos, entrecerrados, sonrisas perversas y tonos aún más oscuros que en la naturaleza para “evidenciar” sus malignas intenciones…un caso claro es el de las hienas, una de las especies menos fieles del Rey León, cambiando la hiena manchada por una especie ficticia a juego con su rol ¿Pero son los carroñeros los “malos” del reino animal?

Los carroñeros cumplen un papel ecológico muy importante en las cadenas tróficas: El papel de los carroñeros, junto con el de los descomponedores o detritívoros, es eliminar los cadáveres y mantener limpio el ecosistema, son “el servicio de limpieza” de los ecosistemas, evitando así la transmisión de enfermedades y la contaminación de las fuentes de agua. Además, a día de hoy la comunidad científica intenta no separar a carnívoros de carroñeros, pues prácticamente todos los carnívoros son en mayor o menor medida carroñeros, y por tanto es difícil entender el vital papel de los carnívoros sin la ingestión de carroña, que permite un intercambio y flujo de energía de los ecosistemas más eficiente y rápido, proporcionando estabilidad a estos. En un estudio de 2014 sobre ello se alertaba de que “la extinción de los grandes mamíferos carnívoros y los buitres en amplias áreas del planeta pueden acarrear severos efectos negativos en cadena, que pueden afectar al ecosistema entero.”

Cachorro de hiena en Kruger – Fotografía de Joan Budai

Por desgracia, a estos animales nunca se les ha valorado lo suficiente. En España, por ejemplo, la falta de muladares o el uso de diclofenaco amenazan a las aves necrófagas, a las cuales ya dediqué una entrada hace tiempo, que os recomiendo leer pues complementa mucho lo que hablamos hoy. Si se extendiera al fin el uso de muladares por toda la península, nos ahorraríamos bastante dinero en eliminación de cadáveres y bastante contaminación en su destrucción o transformación; si la biomasa a partir de estos cadáveres permitiera un acceso barato a energía para las rentas más bajas estaría genial, pero en general hablamos de empresas privadas que cobran del erario público por deshacerse de los cadáveres y luego venden esa energía en forma de biomasa (Que oye, todos tenemos derecho a comer…pero si alguien solo puede vivir de cadáveres es el buitre). Se calcula que los buitres en España ahorran una energía equivalente al gasto de 9.000 hogares y evitan la liberación de 200.000 toneladas de dióxido de carbono.

“The hyena” – Fotografía de Perttu Saksa

En otros países, las necrófagas están mejor valoradas: Un ejemplo alucinante es el proyecto “Gallinazo avisa” que se está realizando en Perú, y que se basa en colocar cámaras Go Pro a buitres negros americanos o zopilotes, para localizar acúmulos de basura que muchas veces son ilegales o que las autoridades desconocen: Los ciudadanos pueden colaborar en la elaboración del mapa (y en recogida de basura), creando así un mapa en tiempo real de acumulación de residuos entre buitres y personas; en la web tenéis una presentación de las aves entre otras muchas cosas. Os dejo el vídeo de la campaña, que teatraliza el espíritu de esta entrada de forma magnífica:

Espero que esta entrada os permita reconciliaros con nuestros amigos los carroñeros, que tienen una importancia ecológica vital. Y recordemos que, por mucho que parezca que vivimos aislados en grandes ciudades, todas estas rutas ecológicas, cascadas tróficas y ciclos de los ecosistemas siguen influyendo totalmente en nuestra forma de vida de forma indirecta y directa. Como siempre, gracias por leerme y os enlazo a las redes sociales del blog: facebook y twitter. Se agradece la difusión, cuyo único objetivo es divulgar sobre estos temas!

Las sombras tras “el vínculo”

En una época donde la sensibilidad con los animales se hace cada día con más ciudadanos, también he visto como aflora un deseo hacia lo que yo llamo “el vínculo”. Nos encantan los animales, sobre todo los salvajes: Son criaturas increíbles, muchas veces exóticas y escasas, y son una muestra de lo único que es nuestro planeta y del proceso evolutivo que las ha ido moldeando hasta hoy. Probablemente sea esto lo que nos invite a interaccionar con ellas, por muy mala idea que esto pueda llegar a ser.

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Fotografía de Katerina Plotnikova

Y es que de eso hablo cuando digo “el vínculo”: Esa necesidad imperiosa que tenemos por “interaccionar” con los animales. Ya sea para sacarnos un selfie o mirarlas a los ojos esperando alguna especie de conexión espiritual.

Más allá de ese interés que suscitaron los zoológicos hace años en occidente, ahora nos importa más el bienestar de los animales y de ello han surgido muchas “interacciones” con animales que aparentan ser menos dañinas que una casa de bestias (el concepto antiguo de zoológico) pero que muchas veces son todo lo contrario, ya no hablamos tanto de exposiciones museísticas de animales, hablamos de antropomorfismo: Pensar que si a nosotros nos encantaría darle un abrazo a un tigre…¿Cómo va a ser estresante para él? 

Cada vez vemos más programas de televisión que fomentan este tipo de conexiones, muchas veces con buenas intenciones y con un balance “positivo”, pero que retroalimentan este rollo de lo guay que es tocar animales.

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Fotografía de Katerina Plotnikova

Primeramente, hablando de los zoológicos, yo mismo he participado como cuidador voluntario en interacciones donde yo marcaba los límites, y tengo sentimientos encontrados: En general, es innecesario e incluso peligroso juntar a animales salvajes y personas, si bien existen unas condiciones bajo las que creo que puede ser beneficioso; las cuales son tener como prioridades el bienestar de los animales, el objetivo divulgativo y la seguridad de las personas.

Por ejemplo, el contacto con serpientes inofensivas bajo unas pautas permite que sobre todo los más jóvenes se lleven un grato recuerdo y aprendan sobre estos animales, en especial que no deben tener ese concepto de alimañas que aún permanece a día de hoy en las zonas rurales.

Por desgracia, existen muchos lugares donde estas interacciones tienen como único objetivo el beneficio económico. Aún a día de hoy se pueden encontrar en España casos de este tipo, como centros donde puedes acariciar crías apartadas de sus madres sin ningún control o felinos con una correa, como el caso de la siguiente fotografía, donde podría haber elegido una de las cientos de fotos que tienen los visitantes con el animal mucho más idílicas, pero no quiero poner aquí rostros de gente que ha visitado el lugar equivocado:

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Ocelote en el zoo de Castellar – Tripadvisor

El turismo en países exóticos es el que más se ha aprovechado de estas situaciones, en lugares muy alejados del respeto al bienestar animal que debiera tener un zoológico en el siglo XXI. Hace unos años eran los macacos haciendo trucos o para hacerse fotos (y a día de hoy sigue siendo así), pero en esta misma dirección de maquillar de amor hacia los animales a la explotación animal también han proliferado falsos “centros de rescate” donde puedes tener tu momento mágico acariciando a un león en Sudáfrica o bañando a un elefante en Indonesia.

El problema es que es puro marketing y muchas veces esto solo nutre negocios como la caza enlatada bajo una fachada de “altruismo”. Otro ejemplo es el famoso “Templo del Tigre”, hasta hace poco idílico lugar donde monjes y tigres convivían para disfrute de los turistas, y donde se descubrieron decenas de cadáveres de tigres congelados.

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Monje interaccionando con tigres – donaldandcathy.typepad.com

Otro punto que me apasiona es el uso de interacciones como gancho para biólogos y veterinarios (y sobre todo alumnos) interesados en formarse en fauna silvestre. Pocas veces está justificado, y sin embargo muchas veces parece que el objetivo es triplicar el precio de cursos con carencias formativas a cambio de un “book” con animales salvajes, que aunque muchas veces están bien cuidados (y por eso no voy a poner enlaces, porque desconozco cada situación como para criticarla directamente), creo que muchas veces lo único que se fomenta con esas cosas es nutrir estas necesidades de interacción y sacar dinero de ello.

Como es mi tercer año organizando cursos de este tipo en AVAFES, me toca especialmente la fibra, cuando veo programas de una calidad muy inferior a la de nuestros cursos, pero que cuadruplican el precio de estos. Y es que una cosa es formarse y otra muy distinta es hacerse fotos. Aprovecho para hacer “publi”, hay AVAFES en las facultades de veterinaria de buena parte de España en la que los alumnos trabajamos mucho por sacar cursos, y se cobra únicamente para suplir los costes de organización, y los escasos beneficios se reinvierten en nuevas actividades más económicas. Seguidnos si queréis formaros de forma económica!

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Fotografía de Katerina Plotnikova

¿Y por qué esta necesidad de interaccionar y toquetear a los animales no es buena? Lo primero porque en muchas ocasiones la interacción entre el ser humano y la fauna salvaje es peligrosa tanto para personas y animales, y de hecho, al año se producen cientos de casos fatales por gente que decide que es buena idea acercarse mucho a animales salvajes tanto en su medio natural como en cautividad.

Y lo segundo, porque fomentamos esa “maravillosa” idea de que los animales salvajes y las personas son un buen tandem, y fomentamos el mascotismo de especies salvajes, que mueve uno de los mayores tráficos ilegales del mundo, del que son víctimas miles de animales al año, muriendo la mayoría en condiciones de transporte horribles, y sobreviviendo unos pocos de los cuales la mayoría acaba viviendo una cautividad mucho más horrible de la que estamos acostumbrados a denunciar.

Es una lástima ver como creemos que una foto en blanco y negro en un zoológico significa que el animal está triste, pero un tigre sentado en un sofá es super feliz porque la foto es a color y el “dueño” sonríe y abraza al animal. Es ignorancia pura que perjudica enormemente a estos animales.

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Oso grizzly humanizado – Fotografía de Caters News Agency

Y es que a día de hoy se sigue sin poder conocer el pensamiento de los animales en toda su complejidad en cada situación, y al igual que no podemos caer en tratarles como objetos, tampoco podemos proyectar nuestros deseos y sentimientos en ellos, pues no les haremos ningún favor idealizando las relaciones entre primates humanos y el resto de las especies de nuestro planeta; y es que muchos tienen imágenes demasiado cercanas a algunas de las que ilustran este artículo (me refiero al trabajo artístico de Katerina Plotnikova). Con esto no quiero decir que todas las interacciones sean horribles ni que no se pueda sacar uno fotos con animales salvajes. Pero creo que hay que dar una serie de “normas morales”:

  • Pregúntate por el objetivo de la interacción, ya no el que tenga quien la está ofreciendo; pregúntate si te aporta algo a tí más que un montón de likes en facebook.
  • Pregúntate si puede suponer estrés o un peligro para el animal o para tí.
  • Si estás interesado en hacer voluntariados, prácticas o trabajar con animales salvajes, lo primero piensa que lo normal es que no toques a los animales. Y sobre todo, investiga sobre los centros a los que quieres ir, si en verdad son sitios que trabajan por los animales o por contra son sitios en los que usan a los animales como reclamo para un “voluntariado” en el que debas pagar.
  • Si te estás formando, pon prioridad a la calidad de las ponencias antes que a hacerte fotos con animales o tocarlos.
  • Si trabajas con animales salvajes, esta bien compartir tu trabajo, pero ten en cuenta del impacto que puede tener, un “foto de ámbito laboral, los animales salvajes no son mascotas!” nunca viene mal.

Creo que además, en muchos casos estas interacciones, a pesar de ser beneficiosas para la divulgación la conservación (me viene a la cabeza Kevin Richardson o el propio Frank de la Jungla), deben ser evaluadas desde ambos puntos de vista y actuar en consecuencia, es decir, si las interacciones con animales pueden ayudar a la conservación, creo que sus autores tienen también la responsabilidad de contar la otra cara y ser activistas contra la idealización de las relaciones entre humanos y personas (En este caso, ambos hablan de ello en mayor o menor medida).

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Kevin Richardson interaccionando con un león – Fotografía de Adrian Steirn

Recalco: No estoy condenando todas las interacciones con animales, pero actuemos con cabeza y pensemos que nos aportan a nosotros y a ellos. Los animales salvajes no necesitan relacionarse con el ser humano, y la mayoría de interacciones tienen como resultado más probable el estrés del animal. Si estás interesado en trabajar con animales salvajes, que no sea por tocarlos, que sea por protegerlos. Y apoyad a los centros que fomenten la conservación y el respeto a la fauna salvaje, ya sea sin interacciones o usando estas como una herramienta divulgativa que respete a sus protagonistas: Con el resto, no perdáis ni el tiempo ni el dinero. Como siempre, gracias por leerme y os enlazo a las redes sociales del blog: facebook y twitter. Se agradece la difusión, cuyo único objetivo es divulgar sobre estos temas!

 

Reflexiones sobre el lobo (IV): Matando lobos en el super

La conservación del lobo ibérico, y en general de todos los grandes carnívoros a lo largo del globo, siempre ha dado que hablar: Dos bandos se conforman rápidamente, aquellos que defienden a los depredadores y aquellos que defienden a las presas, o mejor dicho, a su forma de vida. En los casos más extremos, hay ganaderos que llaman a ecologistas a tener a los lobos en las ciudades, o ecologistas que llaman al resto a boicotear los productos de estos mismos ganaderos. En este caso, y por una vez, ya que suelo ser “pro-lobo”, y pienso que no tiene sentido matar lobos, voy a pasarme al “centro anti-lobo” para hablar del apoyo a la ganadería. Y es que la pregunta que se me pasó el otro día por la cabeza fue “Y con lobos…¿no se seguiría haciendo boicot?“. Lejos de ser un consumidor ejemplar, procedo a reflexionar sobre este tema.

Y es que son muchos aquellos que critican al sector ganadero por pretender producir sin respetar el medio ambiente. Puede que parte del sector ganadero no este respetando del todo el medio ambiente como productor (cuestionable, pues a pesar del conflicto con depredadores, un ganadero extensivo en Picos de Europa causa un impacto bastante menor que una gran explotación americana), pero debíeramos preguntarnos…¿Nosotros respetamos al medio ambiente como consumidores? ¿De verdad compramos productos locales de gente que convive con depredadores y con la naturaleza? ¿Es que acaso no existe ya un boicot a los productores locales independientemente del lobo? O por contra, compramos la leche barata de hacendado, mientras muchos productores se ven obligados a venderla a un precio ridículo, ya que el consumidor, es decir, usted, demanda una leche de 50 céntimos.

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Lobos euroasiáticos alimentándose de ganado – Angelo Gandolfi

Pero quizás usted no sea así. Quizás usted sea un gran ecologista, y consuma quinoa. Aunque tal vez esa quinoa la hayan plantado en Francia, y los productores bolivianos se vean en quiebra por un capricho a miles de kilómetros. ¿Fruta ecológica? Sí por favor, pero bien rodeada de plásticos, y a ser posible, directa de Nueva Zelanda, que ahora mismo no se dan kiwis en España y tengo antojo de comerlos cuando yo decida. Muy ecológico todo, sobre todo el petróleo necesario para que tu fruta cruce medio planeta. Bollería con aceite de palma destroza las selvas de Malasia, mientras el coltán de nuestros smartphones genera violaciones de los derechos humanos. Todo ello sin contar con la cantidad enorme de energía que se necesita para traer nuestros alimentos de todas partes del mundo, porque preferimos lo barato. No se alarme, todos caemos en infinitas paradojas y contradicciones, es más fácil decir (o escribir en un blog), que hacer.

Y es que esta entrada ha sido especialmente dificil de escribir, porque recuerda las hipocresías propias, que sin duda todos cometemos en nuestro día a día por las circunstancias que sean. Creo que el caso es ser consciente de estas cosas e intentar cambiarlas con mayor o menor celeridad. Os invito a reflexionar más sobre las hipocresías propias y menos sobre las ajenas, que cada uno cargaremos con ellas como podamos según nuestra concienciación, moral y situaciones.

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Y es que la crisis del sector primario en España tiene bastante que ver con la globalización del planeta, incluído de la figura del consumidor. Y es que si el productor no baja sus precios, no hay problema: El capital manda, y usted irá a por pescados brasileños, patatas francesas o queso yo que se de donde. Lo que sé es que seguramente no sea de la montaña zamorana, o los valles gallegos, independientemente de como lidie el ganadero con el lobo.

Pedimos a nuestros ganaderos que no molesten al lobo. Que cuiden a su ganado si no quieren que perezca bajo sus colmillos. Existen muchas medidas para proteger a los animales de abasto, pero…¿Quién paga la protección al ganado? Muchos pensarán que el ganadero debiera hacerlo, y en parte tienen razón. Pero la realidad es que es el consumidor quien dicta los precios y por tanto los beneficios del ganadero. Si queremos queso que proteja al lobo, tendremos que estar dispuestos a pagar un poco más. Y si los productores se encuentran sofocados por las actuales exigencias del mercado ¿Cómo se van a arriesgar a dar el paso a este tipo de productos? Es difícil arriesgar, tanto por los tiempos que corren, por el carácter tradicional del sector y sobre todo, por nuestra falta de interés en invertir en una alimentación ética y sostenible.

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Lobo ibérico en Cabárceno – Fotografía propia

Es ahí donde tienen que entrar, desde mi humilde opinión, las entidades conservacionistas. Poco trabajo se está haciendo en cuanto a sellos pro-lobo en productos. Probablemente se requiera asesoramiento, persuasión y colaboración con el sector, en lugar de lo contrario. Cada vez que leo gente que habla de conservar al lobo “sin tener en cuenta a los ganaderos”, siento una gran tristeza. Porque no nos confundamos: Mientras se hable de “ecologetas” y “ganadurros”, este conflicto tiene difícil solución. Necesitamos productores y consumidores responsables, y eso es un trabajo que requiere actitud por ambas partes. Y aunque escribo esto desde la ignorancia creo que hay algo que esta claro: En el mundo de la conservación, no tener en cuenta a las poblaciones locales lleva a un proyecto inmoral y con vistas al fracaso. Estamos tan enfrascados en declarar al lobo como especie protegida en toda España, y hablando tan poco del problema de las ayudas por los daños que causa el lobo. Tal vez si se invirtiera más en ayudas para proteger al ganado y para compensar las pérdidas que causa el lobo nadie querría ponerse a pegar tiros a este emblemático animal (o tal vez no, vaya usted a saber).

Por supuesto, esto no quiere decir que no se deba ser tajante con el furtivismo revanchista, los lobos colgados de señales o las triquiñuelas en las ayudas. Existen, como en todos lados, personas sin ética ni moral, y sin ganas de aportar nada a la sociedad. Pero también existe una buena parte del sector ganadero que solo percibe unos consumidores que no valoran los productos de su tierra, y un lobo que solo les produce pérdidas. ¿Es moral pedir a los ganaderos que inviertan en proteger su ganado, si por nuestra forma de consumir el sector se va a pique? ¿Es moral pedir que el sector primario sea “eco” mientras no lo apoyamos, cuando un enorme % de la población vive de empleos que perjudican al medio ambiente para ganar un jornal que invertimos en un consumismo que sigue dañando ese mismo medio? Creo que lo moral es que cada uno genere su propio cambio, sin entrar a juzgar las hipocresías ajenas, informarse y empatizar. Trabajar juntos y no tirar de una soga desde ambos lados, que puede acabar rompiéndose. Porque si vamos contra nuestros pueblos y productores desde la urbe, el mundo podría cambiar mucho y probablemente, no para bien.

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Lobo ibérico – Fotografía de Terry Whittaker

Mientras, el consumidor debe estar cuanto menos informado. En los tiempos que corren es difícil muchas veces optar por un consumo responsable, especialmente para los más jóvenes, pero un cambio paulatino es interesante. Comencemos a leer las etiquetas de los productos y tengamos claras las consecuencias de nuestro consumo. Si os interesa comprar productos de nuestro país “buenos con el lobo”, os recomiendo productores ecológicos como Casa Grande de Xanceda. Pero creo que un cambio en el consumo hacia lo local, independientemente de sellos o etiquetas, es una de las cosas que puede ayudar al lobo; pues muchas veces, y por desgracia, hay más dinero invertido en crear la “marca eco” que en verdaderamente proteger el medio ambiente.

Y sobre todo, la próxima vez que leas una noticia de ecologistas y ganaderos, y rápidamente te posiciones en un bando, mira tu carrito del super, y que eso al menos nos genere un poco de empatía. Por suerte, existen un buen cúmulo de asociaciones que están apoyando a los productores locales, para ayudar así al lobo, y así a todos nuestros ecosistemas. Como siempre, os animo a compartir el artículo por las redes, y a seguir al blog en facebook y twitter! Nos leemos!

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Lobo ibérico en Zamora – Fotografía propia

De gorilas, orcas y hombres

La cautividad animal ha sido puesta de nuevo en tela de juicio en las últimas semanas; son muchos los que ponen en duda esa aparente evolución de las instituciones zoológicas hacia centros de conservación, y existen razones para poner en duda dicha premisa. Esta semana hemos visto una nueva muestra de ello, y es que mientras Harambe, un espalda plateada del zoo de Cincinnati, se las veía con un niño de 4 años; Morgan, la famosa orca sorda de Loro Parque, se hacía viral en un vídeo de 30 segundos.

Vamos a empezar diciendo que creo que el debate de la cautividad animal es muchísimo más complejo de a lo que normalmente se ve reducido: Los que ponen a los zoológicos como baluarte conservacionista por excelencia y sin fallos, frente a los que los ponen como cárceles de seres inocentes. Y que simplificar dicho debate a estas dos posturas me parece un error, tanto para el avance de la conservación como para el de los derechos de los animales. No es tan simple como poner una foto en blanco y negro, y decir que en los zoológicos solo reina la tristeza. Tampoco justificar las limitaciones espaciales y etológicas que sufren muchos de estos animales tras el escudo de la conservación sin poner verdaderas soluciones. Parece claro que la evolución de los zoológicos ha sido grande, pero aún no ha acabo. Pero bueno, este no es el tema del post de hoy.

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Fotografía de Jabruson

Lo que me escama de estas historias, tanto la de Harambe como la de Morgan, es que de pronto todo el mundo es experto en muchas cosas desde la comodidad de su sofá: Somos expertos en teleanestesia, comportamiento de cetáceos y primates, bienestar animal, cognición animal, primatología y un sinfín de paquetes más de conocimiento, derribando y superando décadas de estudio de los diferentes ecotipos de orca y del comportamiento de varias poblaciones de gorilas. En el caso de Harambe, culpando al zoológico de una mala decisión a la hora de no usar anestésico, pues el gorila no pretendía dañar al niño. En el caso de Morgan, se garantiza que el animal está cometiendo un suicidio.

Por mi parte, toda la ignorancia y cautela del mundo, ergo mi intención es traer algunas de las opiniones que he leído a lo largo de estas semanas. Es curioso ver como desde aquellos nichos de conocimiento en la materia es de donde llegan las palabras más cautas: Desde Gorilla Doctors, probablemente los mayores expertos en medicina veterinaria en estos primates, declaran que “los zoológicos tienen como primer deber proteger a los visitantes” (Me parece reseñable que una organización que se dedica a anestesiar gorilas no analice la situación ni juzgue a los responsables). Otros, como el veterano primatólogo Frans de Waal, comentan esta actitud de forma cautelosa, y hablan también de excitación y nerviosismo, que ponía en peligro la vida del niño, en la misma línea que cuidadores de gorilas veteranos como Amanda O´Donoughue, que recalcan que aunque había comportamiento de protección, también existía un nerviosismo peligroso en el animal, que arrastró bajo el agua al niño durante varios segundos. El veterano cuidador de primates Jack Hanna recordaba que la teleanestesia no es inmediata, y que cuando un gorila estresado recibe un disparo de dardo mientras tiene un niño en la otra mano, la vida del niño se pone en peligro.

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“La mirada del gorila” – Fotografía del usuario Zx30 (DA)

Desde la Humane Society de Estados Unidos, una de las asociaciones animalistas más potentes de América, recuerdan que “en la mayoría de muertes de animales a manos de humanos, no hay lugar para el dilema moral de elegir entre un gorila y un niño. Reconozcamos que los responsables del zoo tomaron esta decisión en un estado de crisis y con gran pesar, palabras que han sido compartidas por las redes sociales de otros veteranos en la protección de los primates, PASA, la alianza de santuarios de primates africanos, añadiendo al hecho de que una buena forma de demostrar el dolor que nos suscita esta noticia es ayudar a la protección de estas especies en su hábitat natural.

La veterinaria y primatóloga Belén Roca, con la que tuve la oportunidad de hablar hace tiempo del tema, comentaba que “Dar un punto de vista sin conocimiento previo del animal puede ser algo atrevido. Su pasado, sus hábitos, sus rutinas y su personalidad pueden ser esenciales a la hora de valuar el comportamiento de Harambe”, recalcando que aunque podría haberse planteado otra medida beneficiosa para ambos, es consciente de “los riesgos que se corren en la anestesia de un animal de semejante envergadura, además de que el disparo del dardo podría haber sido detonante de un comportamiento agresivo”.

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Harambe (zoo de Cincinatti) – Fotografía de Chris Miller

La doctora Jane Goodall, por su parte, mandaba sus condolencias al director del zoológico; en sus palabras se matizaba que apoyaba la idea de que el comportamiento del gorila era protector, pero de nuevo, palabras cautelosas frente a aquellos que garantizaban saber las intenciones del gran simio. Y es que tal vez la cautela sea lo más indicado cuando hablamos de una situación límite, de máximo estrés, en la que los responsables no disponían del vídeo que ahora vemos todos de forma apaciguada y fría desde nuestro ordenador (al igual que la mayoría han ignorado esos momentos donde Harambe arrastraba al niño por el agua con una fuerza tremenda). Otros culpan a los padres; de nuevo, cabría preguntarse si aquí nadie ha despistado a su hijo, su mascota o simplemente a su grupo de amigos, durante 2 minutos.

El caso es que tal vez nos atrevemos a juzgar muy pronto a todos los partícipes de esta historia. Lo que parece indiscutible, como apuntan desde Wildfare, es que “Lo que si queda claro es que el diseño de las instalaciones debería de ser un tema primordial, no solo por el bienestar de los animales cautivos, sino también para evitar estas situaciones”. Pero en mi opinión, aquellos que ven en la muerte de Harambe una elección fácil con verdugos y víctimas, están menospreciando la vida animal, independientemente de que hablemos de primates humanos o no humanos, no existen soluciones fáciles y no es un debate donde se pueda tener la razón absoluta por arte de magia.

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Espalda plateada (Cabárceno) – Forografía propia

Lo que está claro es que muchos se olvidarán de este suceso mañana, mientras que los protagonistas de esta historia (cuidadores, personal del zoológico, padres y compañeros de Harambe en su instalación) tardarán bastante más en olvidarlo, si es que llegan a hacerlo; mientras, día a día mueren gorilas como consecuencia de nuestra forma de consumo, y en muy pocas ocasiones mueren de esta forma trágica.

Por otro caso, el caso de Morgan es bien distinto. Tras evaluar un vídeo de 30 segundos, miles de personas dedujeron que el animal buscaba el suicidio. Cabría preguntarse porque un mamífero marino, que respira oxígeno fuera del agua, intenta suicidarse saliendo del agua. Las orcas salen de esta forma tanto en estado salvaje (caza de leones marinos en Argentina) como en cautividad (los entrenadores les hacen salir mediante refuerzo positivo para espectáculos y chequeos veterinarios). ¿Es normal que una orca decida quedarse durante varios minutos fuera del agua sin razón aparente? No sé de etología de cetáceos, ergo opinar se me hace difícil. ¿Tiene que ver esto con la lucha en contra de la cautividad de los cetáceos? Yo creo que no. Hablamos de rigor y de utilizar argumentos. Hay numerosos estudios que hablan del estrés en cetáceos en cautividad, con mucho más peso que hablar de suicidio en un vídeo de 30 segundos.

Veo a gente leer este titular y tener dos reacciones: O compartirlo corriendo como si fuera la verdad absoluta o reírse, muchos de ellos pensando que las orcas no son más que peces grandes, que ni sienten ni padecen, haciendo imposible que podamos otorgarles acciones y cualidades humanas como el suicidio…”Como van a suicidarse los animales, que tontería”. Ambas ideas dan bastante rabia y pena. Al final, lo que se consigue con este tipo de noticias, es que miles de personas hablen de cerrar zoológicos y liberar animales, sin que nadie ofrezca un lugar donde dichos animales puedan continuar su vida de forma digna, y que encima otros menosprecien la inteligencia y la vida de estos seres, que merecen todo nuestro respeto y consideración.
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Dos ejemplares de orca – Fotografía propiedad de Seaworld
Es respetable y comprensible la lucha contra la cautividad animal, pero en ciertos casos, en lugar de debates desde la ignorancia o gritos de libertad de animales que no pueden sobrevivir en el medio natural, sería más interesante pedir que estos centros cumplan los compromisos básicos que se supone cumplen las instituciones zoológicas, que muchas veces superan con creces la mágica solución propuesta, en caso de existir. En el mundo hay cientos de miles de animales salvajes cautivos, y en lugar de los más mediáticos, deberíamos preocuparnos de aquellos donde su situación y bienestar deja mucho que desear. Mientras los compañeros de recinto de Harambe probablemente tengan unas condiciones de vida geniales, tenemos en los Estados Unidos casi 10.000 tigres en cautividad: Solo 500 de ellos se encuentran en instituciones zoológicas regladas por la WAZA. El resto de millares de animales viven en jardines privados, circos, núcleos zoológicos de carretera y casas particulares. Esa es la cautividad contra la que deberíamos estar luchando. 
Seamos además conscientes pues, que antes de pedir que se liberen animales por vídeos virales sin fundamento, debiéramos potenciar la situación de los santuarios de este tipo de especies (en España nuestros santuarios de primates están colapsados y sin apenas apoyo institucional, y nadie habla de ello), además de denunciar la verdadera cautividad animal dañina, aquella que no tiene en cuenta ni la biología ni el bienestar de los animales que aloja, y sobre todo, fomentar la conservación de nuestra biodiversidad y consumir acorde a estos ideales. Pues veo a mucha gente preocupada por Morgan y Harambe, lo cual es enternecedor, pero a muy pocos preocuparse por la situación de sus congéneres en estado salvaje, y si seguimos así, pronto solo habrá gorilas y orcas en capitales europeas y estadounidenses, y se extinguirán de montañas y océanos. Pensemos antes en estos animales, tanto individualmente como englobados en especies amenazadas, y actuemos en consecuencia, en lugar de utilizar cualquier viralización para alimentar nuestras ideas, en lugar de ponerlas en duda constantemente.
Como siempre, os animo a compartir el post y a seguir el blog en el facebook y twitter de Nasua, y os animo a participar en los comentarios! Y siento tener esto tan abandonado, pero el deber me llama. Volveré!