Asturias…¿Paraíso natural?

Adoro mi tierra natal, Asturias,  pero lo cierto es que cuando cojo un bastón y me calzo las botas para perderme unas horas por retazos del camino primitivo, no dejo de preguntarme si podemos seguir hablando de “Paraíso Natural”; aunque tal vez se acerque al paraíso cristiano, una visión utilitarista de la naturaleza de donde fuimos expulsados por utilizar el único recurso natural que se nos tenía prohibido: El fruto del Edén.

En mi concejo hay otro eslogan para atraer al turismo: “Naturaleza a la carta”. ¿En que momento la naturaleza se convirtió en un restaurante donde vemos y tomamos lo que queremos y cuando lo queremos? La respuesta es que tristemente es así desde hace muchos años, pero tal vez no sea oportuno hacer gala de ello.

Cuando un0 da un paseo por la sierra astur, es cierto que ve belleza y naturaleza, pero hablamos de una naturaleza tan modificada por el hombre que resulta difícil encontrar restos de lo salvaje. Aún el glayu y el ratonero se espantan a 3 fincas de distancia (en el momento en el que tienes que medir en fincas, ya ves que algo falla), mientras el oso patrulla por la cordillera y los dragones se esconden por las callejuelas de Oviedo; pero en cierta medida el paisaje silvestre ha sido sustituido por cientos de terrenos particulares, muchos de ellos abandonadas por el éxodo rural, y de vez en cuando nos encontramos sierras pobladas de molinos de viento, “bosques” plantados en cuadrantes desafiando el azar de la naturaleza, o 4 jóvenes castaños de donde antaño emergía uno solo, señal de que no dejamos a nuestros bosques envejecer.

Que oye, no es mi intención criticar este sistema: la producción extensiva asturiana no deja de ser mucho más ética, necesaria y sostenible que el sistema imperante, y la energía eólica no deja de ser una de las opciones más deseables para obtener electricidad, pero hay que admitir que muy de “bosque cantábrico”, no es, y debemos fomentar que las zonas rurales no pierdan viva, pero si la pierden tal vez sea hora de fomentar la vuelta de los bosques a aquellos terrenos que se han convertido en improductivos.

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Pajares – Fotografía de Mariluz Rodríguez

Pero cuando uno sigue profundizando en la “naturaleza cantábrica”, no puede dejar de sentir rabia y lástima. Y es que hay mil ejemplos de las tropelías que se están cometiendo, que si bien ocurren cosas similares en buena parte de España, en el “paraíso terrenal” de la península adquiere todo un toque más bizarro y contradictorio.

A partir de aquí voy a enlazar numerosas noticias de prensa, e intentar opinar lo menos posible, pues no son temas de los que sepa mucho: Para empezar, el paisaje que antes comentaba, que es legítimo y que en muchos lugares han perdido hasta esa naturaleza fragmentada y domesticada, también convive con montes y pastos desbrozados para poder disparar y pastorear mejor (¿invadida por el matorral?), pero que no benefician en nada a la fauna.

También con monocultivos de pinos, y especialmente de eucalipto, un árbol que drena el suelo como una bomba y arde como gasolina, lo cual es perfecto, pues Asturias también es una de las comunidades más afectadas por una política forestal ridícula, y es que los incendios darían para otra entrada del blog. Por desgracia el eucalipto se extiende por España, y no porque tengamos koalas: Os dejo esta excelente reflexión de Arsenio Terrón de cara a su expansión por El Bierzo; tal vez debamos gestionar estos recursos madereros de una forma más respetuosa con el medio. Los “bosques” marinos tampoco están para tirar cohetes, con la desaparición casi total de las laminarias del Cantábrico.

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Plantación de eucalipto – Agencia SINC

Podríamos mencionar numerosas especies invasoras que parecen no importar mucho a la administración: La invasión de la avispa asiática, que pone en riesgo a los apicultores mucho más que las anecdóticas incursiones oseras, y que a día de hoy buena parte de su control y de la educación que debe acompañarla es realizada por entidades como el CEPESMA, que realiza charlas por toda Asturias y ha invertido en drones y fusiles sin apoyo del gobierno.

También la reacción tardía a la polilla guatemalteca que amenaza el cultivo de la patata, y de paso la soberanía alimentaria que buena cantidad de asturianos tienen la fortuna de dominar, aunque no sin sudor derramado. Los plumeros son otro ejemplo, que parecen ya flora autóctona de la cantidad que podemos ver por las cunetas de muchos kilómetros de autovía, son otra amenaza, muy ignorada durante años por la administración.

Y estos son los casos más sonados, pero siempre puede aparecer algún mapache merodeando las zonas urbanas, mientras el cerdolí continúa ganando presencia por culpa del mascotismo de cerdo vietnamita.

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Avispa asiática – Fotografía de Danel Solabarrieta

Mientras, los varamientos de cetáceos y otra fauna marina siguen sin atenderse en Asturias: Durante los inicios del año aparecieron 20 delfines muertos en apenas 3 semanas, cuerpos ignorados por la guardería del Principado. Lo que en otros países hubiera activado un protocolo nacional de varamientos masivos, movilizando a la comunidad científica y a organismos públicos, en Asturias ha desembocado en animales pudriéndose durante días en las playas.

En muchas ocasiones se aprovecha la dejadez para alimentar en tráfico ilegal de fauna, además de suponer un riesgo sanitario terrible (no hablemos de la indignación en cuanto a la falta de responsabilidades en el caso de que el animal llegue vivo a la costa). Durante 20 años fueron atendidos por el CEPESMA y su extensa red de voluntarios, pero la consejería no ha renovado el convenio con esta ONG que realizaba su labor con ejemplaridad, a pesar del enorme apoyo de los ciudadanos a esta institución y de que esta únicamente pedía respeto (y no dinero).

Si, señores, esta labor se hacía de forma altruista por particulares, que hacían el trabajo del gobierno, pero parece que no son capaces ni de mantener una relación honesta y de respeto con estas iniciativas populares.

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Uno de los delfines varados en Asturias – Fotografía de Juan Llaca

Luego podríamos hablar de algunas de nuestras aves: Para el caso del urogallo, del cual mucho se podría decir, os remito a este excelente documental de “Más que pájaros”, que finaliza con esta cita “Si el urogallo llega a desaparecer sabremos que ya no queda nada salvaje en la Cordillera Cantábrica, sabremos que ha sido domesticada”, no sin instar desde la Universidad de León a “Renaturalizar la cordillera”, que ya tiene poco de salvaje.

Si no vais a ver el documental, simplemente dejaros con la lectura que ha sido denunciada por múltiples divulgadores y biólogos, y es que el LIFE del urogallo parece estar gastando una millonada de forma ineficaz. Hay animales más comunes que también están sufriendo las políticas medioambientales asturianas: Nuestros humedales y nuestras aves acuáticas son buen ejemplo de ello.

Otras aves de las que podríamos hablar es de las carroñeras, donde Asturias va con años de retraso frente a otras comunidades en cuanto al depósito de cadáveres para su alimentación (¿lo cual tal vez redujera los ataques de lobos y osos al ganado? Bueno, comida se deja para el lobo, pero para cebaderos ilegales que permitan pegarles un tiro sin andar mucho), si bien se comenta que el negocio de convertir cadáveres en biomasa es muy rentable a día de hoy para ciertas empresas.

El ecoturismo empieza a plantearse como alternativa, pero la Cordillera Cantábrica es uno de los sitios donde menos se respeta a los animales observados, como el oso, con lo cual esta actividad parece más una amenaza para nuestras especies amenazadas a falta de ser convenientemente regulada.

Que por cierto, seguimos con dos poblaciones fragmentadas y una oriental especialmente escasa, poco apoyo para unirlas pero aún casos de furtivismo (y los censos auguran muertes cuyas dimensiones no son desconocidas), mientras la dinámica poblacional es guiada por decisiones políticas y económicas, haciendo oídos sordos a los investigadores pertinentes.

Por otro lado, parece que la política con otros grandes depredadores pasa más por disparar con riflesalgunos acusan de soberbia a aquellos que no creen en los controles letales del lobo, amparando a aquellos que cuelgan animales decapitados de señales, imagen ya habitual en el Principado de Asturias (este mismo febrero se ha cerrado con ¿3?), alimentada por noticias falsas y exageraciones que culpan al lobo de muertes animales e incluso humanas, mientras se implantan jaulas para capturarlos con motivos cuanto menos sospechosos e inconexos. Ya hemos hablado en otras ocasiones, ya sabéis que pienso que hay que apoyar a la ganadería, pero los controles letales no son la solución: Señores, hay bastantes estudios que nos llevan a pensar que matar lobos desestabiliza manadas y las hace más proclives a atacar el ganado!

La convivencia entre lobos y población rural se hace vital, y en mi opinión tal vez debamos comenzar a plantear, en lugar de dar ayudas a toro pasado, darlas como prevención: Si tienes tu ganado en zona de lobos y convives con ellos, subvencionemos ese tipo de ganadería, y fomentemos sellos “pro-lobo” para ligar la protección de este emblemático animal a líneas de productos de calidad que también protejan al mundo rural. Pero a día de hoy sale más rentable para la clase política prometer cabezas colgadas y cacerías que no ayudan nada al mundo rural pero sacian la sed de sangre y alimentan la polarización y el odio.

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Lobo ibérico – Fotografía propia

Como veis, muchos animales son ignorados, y los pocos de los que nos acordamos es para darles caza. Parece que uno de los animales con más protección es una especie invasora, la trucha arcoiris, que hay que mantener para sacar beneficio económico de ella (que bien se nos da rentabilizar el medio natural). Otros peces, como el salmón o la angula (en peligro de extinción), parecen no tener tanta suerte.

En otros países o incluso comunidades, no habría problema en prohibir la pesca deportiva durante un tiempo, pero en Asturias siempre podemos ayudar a las pobres truchas arcoiris matando unos cuantos cormoranes y nutrias; y es que en el caso de los cormoranes, desde el sector cinegético se habla de acabar con la mitad de su censo (que bien se nos da señalar a otras especies como las culpables de nuestra participación en la sexta extinción), y sus excrementos parecen mucho más peligrosos para algunos que noticias como estas: Avilés registra records nacionales que podrían suponer riesgos sanitarios, mientras Gijón intenta rivalizar con ella y nuestras centrales térmicas ahí andan, junto con otras industrias.

Recordemos que Asturias produce 1/5 de la polución industrial de nuestro país. ¿Qué clase de paraíso natural produce tal nivel de emisiones? La industrialización de Asturias ha traído muchos beneficios a la población, pero a día de hoy se debe respetar la salud de la población y los ecosistemas por encima de los beneficios económicos de unos pocos.

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Grupo de cormoranes – Fotografía propia

Pero bueno, cuando un animal lo pasa mal seguro que el Principado reacciona, ¿no? Lo cierto es que Asturias no cuenta con un centro de rescate oficial de fauna silvestre: El centro de Sobrescobio, que costo 5,3 millones de euros, está cerrado y actualmente solo sirve para criar urogallos en un programa de cría que los expertos tachan de ineficaz. Lo último que se sabe es que tras varios años “se planea” abrir de forma parcial.

De la piscifactoría de Infiesto apenas existen registros de su actividad recuperando fauna, si bien ha tenido veterinarios que han recuperado bastantes animales con escasos recursos; sin embargo si que se conocen varios centros privados que recuperan fauna sin ayuda económica pública: “El Parque de la Vida”o Fauna Urbana Gijón son algunos ejemplos, bajo el paraguas organizativo del ya mencionado CEPESMA, además del “Zoológico el Bosque”.

Este último es un centro situado a las afueras de Oviedo que actúa como centro de recuperación y tampoco cuenta con apoyos de la administración, recuperando a decenas de animales al año y corriendo con sus gastos veterinarios, realizando también charlas de divulgación y educación ambiental por Asturias para fomentar la protección al medio ambiente que parece inexistente, mientras el Ayuntamiento de Oviedo y el Principado no colaboran con el centro.

Además, este centro actúa como punto de recogida de fauna exótica y especies invasoras, muchas de ellas decomisadas o abandonadas (Más del 70% de sus animales son rescatados), ergo también juega un papel importante en la educación en torno al mascotismo responsable de los asturianos, por ello os recomiendo encarecidamente visitar el centro. Uno se podría preguntar las maravillas que podrían hacer estos centros, asociaciones y personas con una ínfima parte de los recursos utilizados en centros que no registran actividad en cuanto a recuperación de fauna se refiere.

Y seguro se me olvida algún veterinario de esos que se busca aún más problemas de los que ya da de por sí nuestra profesión, o particulares como Xuan Fernández con las gaviotas de la costa de Gijón, pero este texto no va tanto de nombres como de recordar lo desamparada que está la naturaleza más allá del Negrón.

Al ecoturismo de fauna antes mencionado se le une el senderismo y otras actividades más que necesarias pero mal reguladas, y parece que la administración se niega a admitir que ciertos paisajes tienen una capacidad de acogida límite. Un ejemplo claro son los Lagos de Covadonga, cada año más erosionado por las pisadas de miles de turistas, pero hay muchos otros, pues el paraíso natural es, como decía al principio, el eslogan de una visión mercantilizada de la naturaleza sin tener en cuenta que es un recurso limitado y sobre el que nos sostenemos: Escopeta, bastón o prismáticos pueden ser una forma de convivir con la naturaleza, pero de forma respetuosa y sostenible siempre.

El desdén al equipo científico del Jardín Atlántico, los intentos de implantar empresas sin medir impactos ambientales o de seguir mercantilizando el medio natural suponiendo peligros para este son otros ejemplos en los que no me extenderé. Lo que esta claro es que llenarnos la boca con el “paraíso natural” no tiene sentido si analizamos todas las tropelías que se cometen en torno a la naturaleza asturiana. Lo peor es que en muchas ocasiones, esto beneficia a unos pocos y perjudica a muchos, es por ello que hay que apoyar al sector primario y al medio rural más que señalarles como culpables, pero siempre respetando el medioambiente e intentando compatibilizar la soberanía sobre nuestra tierra y nuestra producción alimentaria con la conservación de la naturaleza a largo plazo.

¿Qué podemos hacer? Pues no creáis que tengo muchas ideas, pero los hay que si las tienen, y muchas. De momento, apoyemos a las ONGs y centros que recuperan fauna en Asturias, mientras el Principado les da la espalda. No permitamos que los últimos retazos salvajes de la fauna y flora asturiana sean doblegados, y vayamos en la dirección correcta; por nuestra parte solo queda votar a la gente adecuada, exigir responsabilidades políticas, y respetar el medio ambiente tanto como fuente de ocio como de recursos.

Ah, y ejerzamos nuestra responsabilidad como consumidores, que tal vez nuestro carro de la compra tenga algo que ver. Poco más que añadir; como hago siempre, os animo a seguir el facebook (que es el que uso principalmente), twitter e instagram del blog. Y creo que también os anima a compartir el contenido para poder llegar a más gente este proyecto de divulgación científica y educación ambiental! Nos vemos pronto!

¿Cazar leones para conservarlos?

Tras meses de la muerte de Cecil, el famoso león, salió una noticia en varios medios que no tuvo tantas repercusiones: “Las protestas en defensa de Cecil hacen plantearse a una reserva sacrificar a 200 leones”. En su momento, aproveché el suceso y el día mundial del león para poner en valor esa especie, que tantas culturas y civilizaciones han ensalzado, y que ahora mismo se encuentra en peligro por formas de caza deleznables; si no leísteis en su momento “Cecil: Ni el primero ni el último”, os lo recomiendo aunque esté un poco mal que yo lo haga…

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Fotografía de Michael Nichols

Aunque me desagrada la caza deportiva, y más si es en especies protegidas, lo que intentaba atacar en ese artículo era la realidad de la caza ilegal y especialmente la enlatada, que afecta a miles de animales y que es muy desconocida en el continente europeo. Desde luego, a mí moralmente no me parece la forma adecuada para conservar una especie, el vender algunos ejemplares como trofeo, pero tal vez sea un poco hipócrita criticar estas formas de financiación mientras nosotros, no solo no financiamos la conservación en África, sino que financiamos a empresas que van contra dichos intereses mediante nuestro consumo, tal vez sea más interesante traer soluciones constructivas al debate de si es ético o necesario que la caza financie la conservación, pues es algo que ocurre en muchos otros países.

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Fotografía de Michael Nichols

Es por ello que me ha parecido muy interesante la entrevista al doctor Byron du Preez, que es uno de los responsables del proyecto de conservación del valle de Bubye, la reserva privada de los famosos 200 leones; además de miembro de la WildCRU y del departamento de zoología de la universidad de Oxford; dicha entrevista la realizó Michael Schwartz, un periodista freelance especializado en conservación de fauna africana y todos los conflictos que la rodean, y siendo así, voy a comentarla un poco, haciendo algo de traducción pero también aportando mi visión del asunto:

Una de las primeras cosas que aclara el doctor Byron, que se declara como un investigador imparcial a la caza que pretende buscar soluciones conservacionistas para el mundo real, es que no hay espacio en África para una nueva población viable de leones, debido a la destrucción del hábitat, y que por esta y otras razones, el traslado de animales de la reserva se ha visto frustrado. La verdad es que este punto es interesante, y si bien hay un gran conflicto entre la explotación humana del terreno y la fauna, ¿de verdad no queda espacio para una especie con menos de 20.000 ejemplares en todo un continente? Me gustaría tener una respuesta más amplia al respecto.

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Fotografía de Michael Nichols

Cuando hablamos de sacrificar leones en una reserva nos referimos al famoso “culling” que tantas críticas a recibido en sectores como los zoológicos. El culling consiste en separar o sacrificar animales de un grupo o población para obtener un beneficio ecológico o genético, aunque generalmente se usa para hablar de los sacrificios.

Como señala Byron, el sacrificio de animales no es una solución definitiva, al igual que no lo son otros métodos de control con intervención humana, como son la contracepción o el traslado de animales. Cuando una reserva tiene suficiente tamaño, recursos y protección, las poblaciones pueden crecer, pero cuando tenemos una sobrepoblación en una especie donde los controles poblacionales naturales son la hambruna o las enfermedades, debemos buscar controles poblacionales creados por el hombre, pues animales como el león, gobernante de su nicho ecológico, apenas puede ser controlado por otros métodos naturales como la competencia entre especies; así, los leones pocas veces tendrán rival, e incluso acabarán con la vida de guepardos, licaones, leopardos o incluso hienas; en la entrevista se recalca la amenaza que supone esto para otros grandes felinos, pero lo cierto es que si nos vamos a los organismos oficiales, al igual que la caza furtiva no parece la principal amenaza para los leones, mucho menos que la competencia con este felino sea la gran amenaza para, por ejemplo, los guepardos.

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Fotografía de Michael Nichols

Hay que tener en cuenta que la gestión de la fauna silvestre africana se realiza en muchas ocasiones en reservas privadas como esta: Esto permite costear la gestión de fauna silvestre y su conservación mediante el sector privado. Dichas reservas privadas no son solo llevadas por empresarios, también por biólogos y veterinarios que cuidan de la salud del ecosistema.

En el caso de la reserva del valle de Bubye, si bien una de las soluciones que barajan es el culling, parece que su deseo es agotar primero otras estrategias de control como el traslado a pesar de las dificultades que comentábamos al principio; pues el control poblacional es vital para que el agotamiento de presas no suponga que los animales mueran de una forma mucho más sufrida como es la hambruna. Aunque aquí cabría preguntarse sí, aquellos que abogan porque el mundo natural no es Disney, deberían aceptar, o al menos no usar como argumento, la aparente “crueldad” de un método de control como es la hambruna por desproporción entre recursos y animales que dependen de dichos recursos.

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Fotografía de Michael Nichols

Byron defiende que el descenso de leones ha sido primordialmente por el descenso de su hábitat, y que por tanto ahora no podemos pretender aumentar una población de animales a costa del resto; pues “el beneficio final debe ser para el ecosistema al completo, sin importar la iconicidad de ciertas especies”.

El control por culling en las poblaciones de leones no es ninguna novedad: Como bien señalan en la entrevista, las pequeñas reservas de Sudáfrica han sacrificado unos 200 leones entre 2010 y 2012. Algunos lo ven como alternativa tras el aumento de las restricciones en la caza de trofeos que ha supuesto la muerte de Cecil. En la entrevista, Byron, a pesar de que recalca que la reserva no se apoya en la caza para controlar la población, dice que no deja de ser esencial una intervención humana responsable para mitigar los desequilibrios que hemos producido a lo largo de los siglos mediante nuestra intervención desmesurada en dichos ecosistemas. Y que muchas reservas africanas con sanas poblaciones de animales en peligro de extinción delegan en el aporte económico que significa la caza y que además permite un control poblacional.

Fotografía de Luca Galuzzi

Lo que está claro, independientemente de nuestra posición en cuanto a la caza como método de control poblacional o como método de costeo de la conservación, es que si queremos acabar con la caza deportiva en África, se va a tener que encontrar otra manera de subvencionar los costes conservacionistas de dichas reservas, pues no dejan de ser negocios. Así que más que culpar al revuelo mediático que ha causado Cecil, creo que puede ser una oportunidad para muchas reservas de empezar a potenciar otras formas de financiación como el ecoturismo. Y lo que también está claro es que el culling debe ser la última alternativa, y se debe buscar, tanto desde zoológicos como desde reservas, el traslado de animales para regular de forma artificial las poblaciones de animales salvajes. Espero que os haya resultado interesante esta visión de la conservación en África. Como siempre, os animo a compartir el post y a seguir el blog en el facebooktwitter de Nasua, y os animo a participar en los comentarios!

Bibliografía empleada

  • Culling to Conserve: A hard truth for lion conservation. Michael Schwartz