Los zorros que explicaron la inteligencia de nuestros perros

Dmitri Beliáyev es uno de esos nombres desconocidos que nos han traído grandes descubrimientos de cara a nuestra forma de ver el mundo. Dmitri fue un genetista ruso, que participo en la WWII, y que continúo estudiando la teoría darwiniana y la domesticación durante la Rusia de Stalin, estudiando la domesticación desde el punto de vista genético, siendo su trabajo uno de los más importantes del siglo XX en cuanto a comportamiento.

El experimento de Beliáyev era bastante sencillo, a pesar de su tremenda duración (Su creador murió hace más de 30 años, y a día de hoy continúa dicho experimento tras más de 50 años). Tenía dos poblaciones de zorros plateados (una variante del zorro rojo): Una de ellas era seleccionada por su reacción al contacto con humanos (si no se dejan tocar no se les permitía reproducirse), es decir, seleccionando animales mansos, y no permitiendo a aquellos más temerosos reproducirse, forzando una domesticación rápida. Tras varias generaciones, curiosamente, también se produjo una selección morfológica no intencionada: Estos animales tenían un cráneo feminizado (más pequeño), un esqueleto más estilizado, aparición de capas moteadas (si os fijáis, manchas blancas en cara aparecen en muchas razas de especies domesticadas), orejas elásticas y colas más curvadas.  La otra población actúa como población control, y en ella no se producía selección (pero sí contacto humano) pero el resto de condiciones eran las mismas.

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Zorro plateado – Fotografía de Kevin76

En cuanto a niveles hormonales, los zorros seleccionados tenían mayores niveles de serotonina, mientras que tenían menores niveles de corticosteroides, lo cual se relaciona enormemente con la reducción de comportamientos agresivos y la reducción de estrés. Comportamientos como ladridos, llantos y movimientos de cola también fueron seleccionados de forma no intencionada.  Dmitri descubrió así lo que es la domesticación: La selección contra comportamientos agresivos y a favor de la interacción humana, la cual, genéticamente parece ligada a muchas otras características fenotípicas.

Pero el experimento de Dmitri podría tener otras implicaciones: Un equipo de la universidad de Duke viajo al Instituto de Citología y Genética fundado por Dmitri en Siberia para testar su hipótesis: La domesticación se encuentra tras la enorme inteligencia de los perros, que han demostrado ser capaces de entender la comunicación humana mucho mejor que otros animales que se consideran altamente inteligentes, como los grandes simios.

Es importante recalcar que no hubo selección de cara a dicha habilidad comunicativa: De aparecer en los zorros seleccionados y no en los otros, es muy probable que dicha habilidad sea fruto de la domesticación. Y es que el equipo de la Universidad de Duke, liderado por Brian Harne, ya había comprobado que esta habilidad aparece en cachorros que aún no han tenido contacto con el ser humano (ergo no es que nos empiecen a comprender mediante la convivencia) y que no aparece en lobos (ergo no esta presente en sus “antepasados” salvajes), al igual que tampoco parece muy desarrollada en los chimpancés y bonobos que participaron también en estos juegos.

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Zorro domesticado – Fotografía de Luz Rovira

El experimento consistió en el juego del trilero apoyado en señales y gestos (es decir, ocultar comida en dos sitios y dar pistas de que se encuentra en uno de ellos), con dos poblaciones de animales de animales de 3-4 meses:

  • Cachorros “experimentales”: Animales pertenecientes a la línea seleccionada pero que aún no han estado expuestos al ser humano.
  • Cachorros “control”: Animales pertenecientes a la línea no seleccionada, pero con 5 semanas de exposición al ser humano.

Lo que el equipo de Brian Harne encontró fue que los cachorros “experimentales” eran muy buenos detectando las pistas que realizaba el investigador, mientras que los cachorros control no lo eran. Hay que recalcar que la exposición de los cachorros control consistió en entrenarles en esta clase de juegos y en la interacción con el ser humano, es decir, un periodo de socialización.

Estos animales control, si bien tuvieron menos éxito que los cachorros seleccionados o que los cachorros de perro utilizados en anteriores investigaciones, tuvieron bastantes aciertos, lo cual parece indicar que la socialización les ayudo bastante a desarrollar esta habilidad. Es decir, la capacidad de interpretar señales humanas parece estar, en mayor o menor medida presente en cánidos silvestres, pues podemos entrenar dicha habilidad a través de la socialización; sin embargo, dicha habilidad ha sido seleccionada durante la domesticación, haciendo a los perros unos expertos en interpretar los gestos humanos.

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Zorro rojo domesticado – Wikipedia.org

Se realizó otro experimento, diferenciándose del anterior en que no se socializó a los animales control y tampoco se utilizó comida como premio. En este caso, una persona toca uno de los juguetes con una lámina de metal que suena al tocarla; el otro es exactamente igual. ¿Cogerían el juguete con el que interacciona el ser humano? Se utilizó como “experimento control” el mismo proceso, pero tocando el juguete utilizando una pluma (sin que vieran que era movida por una persona). Se encontró en los animales experimentales un mayor interés en interaccionar por el juguete con el que previamente había interaccionado una persona, sin embargo, dicho aumento del interés no se produjo con la pluma. Lo interesante es que en la población control ocurre exactamente lo contrario: Los animales que no han sido “domesticados” prefieren el juguete que no ha sido tocado por una persona.

Todos estos comportamientos, dado que ambas poblaciones únicamente se diferenciaban en la domesticación, parecen indicar que la domesticación es la única responsable; esto apoya de forma bastante fuerte la hipótesis de la domesticación de la que hablábamos anteriormente, en la que se teoriza que las increíbles habilidades sociales de los perros son debidas a la domesticación.

Esta línea de investigación llevo a Brian Harne a teorizar que bonobos, e incluso humanos, somos fruto de una autodomesticación, tanto por nuestras increíbles habilidades sociales como por algunas características morfológicas que compartimos con la domesticación canina (nuestro cráneo es más feminizado que el de nuestros antepasados, y nuestros esqueletos, más frágiles). Aquí ya no me voy a meter, pero sería increíble que los zorros de Beliáyev nos lleven a replantearnos si nosotros mismos estamos domesticados.

Por desgracia, el mascotismo de fauna silvestre entro en escena y al parecer durante un tiempo se vendieron ejemplares como método de financiación. Aunque éticamente hay un par de “vacíos legales” (es fauna silvestre, pero domesticada, ergo solo puede vivir en cautividad y son animales que disfrutan de la interacción humana), enviamos un mensaje equivocado al incentivar que la gente tenga fauna salvaje como mascotas; aún así, y a pesar de este mensaje final, los zorros de Siberia nos han permitido entender mejor a nuestros amigos los perros, curioso, ¿cierto? Como siempre, os invito a seguir el facebook (que es el que uso principalmente), twitter (admito que lo tengo abandonadete) e instagram del blog. Y creo que también os anima a compartir el contenido para poder llegar a más gente este proyecto de divulgación científica y educación ambiental! Nos vemos pronto!