El peligro de no entender a los animales

Todos los animales emiten información de forma constante a través de vocalizaciones, colores o posiciones. Sin embargo, muchas veces malinterpretamos esa información, y eso repercute en el bienestar de esos animales y en el nuestro.

Hace poco, en mi cumpleaños me hicieron una sorpresa con tarjetas en las que salían chimpancés “graciosos”. Mi amiga, con la mejor intención del mundo, eligió una foto de uno de estos primates, mostrando toda su dentición, de forma similar a una sonrisa humana. Al ver la tarjeta, tuve sentimientos encontrados. Por un lado, un detalle que no olvidaré, pero por otro la sensación que da una foto que representa un sentimiento en las antípodas de lo intencionado.

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La imagen en cuestión – Autoría desconocida

No es algo anormal, de hecho, la misma imagen que utilizó mi amiga para ilustrar la tarjeta aparece en miles de webs, entre ellas, algunas de divulgación científica seria. Y es que incluso especies tan cercanas a nosotros tienen un lenguaje distinto al nuestro, y para ellos, el mostrar toda la dentición suele significar miedo o tristeza. Y este es uno de los peores ejemplos de las consecuencias de no comprender a los animales: Primates actores entrenados, para entre otras cosas, poner una expresión que nos resulta graciosa pero que significa miedo. ¿Cómo se consigue que un animal salvaje exprese miedo mediante el entrenamiento? Creo que no hace falta dar muchos detalles.

No entendemos a los animales. Por eso se hace muy difícil hablar en su nombre. Y fruto de ese desconocimiento existen múltiples consecuencias, principalmente para el bienestar y conservación de especies silvestres y nuestra relación con estas. Otro caso sería el mascotismo: Comportamientos anormales de mascotas “particulares” se vuelven virales, porque al desconocer su verdadero significado nos resultan graciosos; un claro ejemplo es el comportamiento defensivo del loris lento.

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Macaco de Gibraltar con cara de pocos amigos – Fotografía de Stephanie Piri

Pero el no entender a otras especies también tiene consecuencias directas para nosotros. De hecho, esta es una de las principales razones de ataques de animales silvestres a personas, pues normalmente todo conflicto con estos animales viene precedido de avisos por parte de estos, en forma de expresiones faciales o corporales. Sin embargo, las solemos ignorar, como bien señala un estudio reciente de la universidad de Lincoln, donde se demuestra que confundimos un aviso amenazante de un macaco con que nos lanzan un beso. A esto están acostumbradas muchas ONG que trabajan con este tipo de animales, como BMAC, una asociación conservacionista que trabaja con el macaco de Berbería. Desde BMAC, opinan que “Cuando invertimos tiempo entre animales salvajes, tenemos la responsabilidad de intentar entenderles, al igual que hacemos con otras personas para evitar estresarles. Aprender unas pocas expresiones faciales sencillas puede hacer una enorme diferencia positiva cuando observamos a estos animales”.

En otras ocasiones, malinterpretar a estos animales no nos lleva a un peligro directo, pero sí al estrés del animal. Es el caso de aquellos centros que mantienen animales salvajes en cautividad, ya sean santuarios o zoológicos. Reírnos o imitar a los animales al otro lado de la barrera no suele ser lo más respetuoso, y puede hacer más difícil la vida de los animales del centro y de la gente a su cargo. La ignorancia lleva a hacer muecas a primates o a agacharnos de espaldas ante un tigre esperando despertar en él comportamientos de depredador. También pensamos que un animal se sorprende por un truco de magia cuando en realidad le estamos molestando, o que un chimpancé lanzándonos cosas es gracioso.

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Imagen de “Proyecto Nim”

Por último, esta el caso inverso. En lugar de pensar que un animal esta alegre cuando está estresado, a veces pasa al revés. Y esto ya es un comentario personal: He colaborado con algún centro que acoge animales decomisados, y no sabéis lo que fastidia estar meses cuidando de animales que han sido maltratados por el ser humano, y que te venga el listo de turno (muchas ves tras haberse reído un rato del animal y que le expliques todo esto) a decirte “Ya…si se les ve tan tristes. Pobres”. Por favor, intentemos no hablar en nombre de animales y especies que no conocemos, porque a veces puede resultar ofensivo o incluso peligroso. Tal vez, en lugar de hablar tanto en su nombre, deberíamos empezar a aprender a escucharles.

 


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La “otra” educación en zoos y santuarios

En un momento donde la cautividad animal está bajo el punto de mira, muchos se preguntan si los zoológicos y otro tipo de centros tienen de verdad una función educativa. En mi opinión, esta función está en muchos centros de manera anecdótica, y la cartelería no es suficiente para ejercer una verdadera educación. Sin embargo, voy a hablar de otro tipo de educación al visitar estos centros, y es la del visitante.

Y es que debe ser difícil educar cuando al visitar estos centros, muchas veces vamos al zoo como quien va al parque de atracciones, con el único objetivo de pasarlo bien, sin buscar una tarde de aprendizaje. Por un momento, vamos a alejarnos del debate, y dejando de lado nuestro concepto de estos centros, vamos a hablar del respeto que les debemos tener a estos animales una vez atravesamos la taquilla, independientemente de la filosofía del centro:

  • Aprenda a leer: La mayoría de estas “normas” suelen estar escritas varias veces en estos centros. Al ir más a reírnos de animales que a aprender, suele pasar que la gente únicamente es capaz de leer los precios de las cervezas. Tal vez encontremos, de paso, algún dato interesante de las especies que vamos a ver y entrenemos un poco la empatía.

 

  • Los animales ya tienen comida: Sí señores. Únicamente en el caso de que el centro venda alimentos para los animales debieran ustedes darles comida. Las dietas de la fauna que alberga estos centros están formuladas de forma estricta para evitar diversas patologías, y en muchas ocasiones los animales albergados pueden padecer diferentes alteraciones metabólicas. Normalmente, no tenemos ni idea de la dieta de estos animales, y muchos de nuestros alimentos pueden ser tóxicos para otras especies.
Macaco Rhesus comiendo galletas – Sarvesh Phule
  • Flashes no, gracias: El hecho de que la inmensa mayoría de estos centros únicamente abran durante las horas de luz debería hacer que prohibir los flashes no fuese necesario. Aún así, parece que hay gente que aún no ha aprendido a quitar el flash del móvil, a pesar de haberse gastado 800€ en este. El flash puede dañar la retina de muchos animales, especialmente aquellos adaptados para ver en horas de poca luz. La práctica se vuelve bochornosa cuando vemos como se realiza frente a recintos de cristal, que reflejarán la luz de nuestra cámara.

 

  • No toques, porque tocas: Me da igual que estés en una instalación de “inmersión”, los animales salvajes no están para ser sobados. El traspaso de enfermedades no solo es uno de los riesgos, el estrés de los animales y el nulo beneficio que reciben de que vayas tras ellos también están ahí. Por no hablar que nuestro escaso conocimiento del lenguaje de estos animales hace que nos llevemos un mordisco en muchas ocasiones. Estas instalaciones deberían tener vigilancia constante, pero también nuestra capacidad de asimilar normas básicas. Si quieres tocar animales, ten un perro.
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Orangutanes de Borneo en el Zoo de Dublín – Fotografía propia
  • “El mono me ha quitado el móvil”: ¿Y cómo lo ha hecho? ¿Se ha escapado del recinto? ¿O tal vez pensabas que lo de “no tocar a los animales” no incluye el uso de prolongaciones de tu mano en forma de dispositivos? Es especialmente sangrante la gracia que nos hace el agitar bolsos en la cara de animales que pueden quitarnos las cosas, como muchos primates. Ojalá te tire el móvil al estanque. Igualmente, el lanzar botellas o piedras para que los animales nos hagan caso es un comportamiento que aunque marginal se sigue viendo, y uno no sabe donde meterse.

 

  • Cierra el pico: El gritar constantemente y reírse a pleno pulmón del comportamiento de otras especies molesta a los animales, e incluso algunos captarán que te estás riendo de ellos, especialmente aquellos que vienen rescatados de circos o espectáculo. Esto es alucinante en algunas instalaciones dentro de edificios, donde podemos convertir la vida en cautividad en un suplicio durante las horas de visita.

 

  • Controle a sus crías: Aunque muchos de estos comportamientos pueden ser ejercidos por un adulto, es especialmente triste cuando el hijo lo ejecuta y el padre le ríe las gracias. Si no está preparado para visitar estos sitios, déjelo en casa, ya que si comenzamos así durante la infancia, mal vamos…
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Cobos de agua en Cabárceno – Fotografía propia

 

  • “Bshhh Bshhh, mira aquí”: Este punto resume todos los anteriores, mucha gente va a llamar la atención de los animales con un objeto o un ruido para que les miren, se acerquen, y con suerte puedan tocarles. El protagonista es el humano, al cual el animal no puede ni debe ignorar. En el momento en el que hacemos cosas así, no venimos a aprender, sino a desaprender: Venimos a que los animales nos vean a nosotros, a hacernos el selfie y poco más, y no a observar a estas especies y aprender de sus comportamientos e historias.

Esta forma de relacionarse con los animales en cautividad por parte del visitante hace que las funciones sociales y conservacionistas de estos centros se hagan difíciles de defender. Probablemente se deba trabajar en una educación más activa para que este tipo de comportamientos se transformen, y visitar estos centros signifique respetar a sus habitantes, independientemente de que queramos visitarlos o verlos cerrados. Por suerte, muchos centros, especialmente los santuarios y centros de rescate, cada vez regulan más las visitas, siendo incluso exclusivamente guiadas, lo cual ayuda a mitigar la mayoría de estos comportamientos.

Espero que os gustase la entrada y siento estar escribiendo tan poco. Como suelo hacer, os animo a compartir la entrada y difundirla, y a meteros en las redes sociales del blog como facebookinstagramtwitterdad un like o un follow, que son gratis y me ayudan con la difusión! Un saludo, gente!

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Coatí en el zoo El Bosque (Oviedo) – Fotografía propia

 

 

Los animales en cautividad de los que nadie habla

La cautividad de animales salvajes es algo que preocupa a mucha gente, y lo podemos ver a diario con noticias que ponen el punto de mira en los zoológicos. Pero…¿Es esta la única forma de cautividad de fauna silvestre?

Para aclarar un poco este asunto vamos a utilizar un animal como el tigre y un país como Estados Unidos, que si bien tiene diferente legislación a la UE, nos puede dar una visión del alcance del problema.

Hace solo unos meses, los dueños de tigres sin “pedigrí” (Ascendencia desconocida o cruces entre subespecies) se libraban de los permisos que requerían las subespecies puras. No solo eso; la USDA ha incluido como violación de la ley de bienestar animal el retirar cachorros de sus madres antes de los 28 días para que puedan ser utilizados para el entretenimiento.

Estos cambios de leyes tan recientes parecen pensados para un criadero de alguna raza canina, sin embargo, son para una de las especies más amenazas del planeta. No son leyes pensadas para los zoológicos: Son leyes pensadas para la tenencia privada de estos animales. 

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Cría de tigre de bengala en una casa – Reuters

Se calcula que entre 5.000 y 10.000 tigres viven en este país en cautividad, superando de largo las poblaciones salvajes, que rondan los 3.500. Y bien, ¿Dónde se esconden todos estos animales? Tristemente, un tigre puede estar en muchos sitios que no sean los bosques de Rusia o las selvas de la India.

Uno de esos lugares es el jardín o garaje de muchas casas, pues resulta bastante sencillo tener fauna salvaje como mascota en muchos países. Y si bien organizaciones como el CITES (¿Qué es el CITES?) intentan controlar este mercado, con dinero es fácil obtener documentos legales que te permitan tener muchas especies cuya tenencia es peligrosa y poco ética. Muchos tigres, y otras muchas especies, son mantenidas en jardines particulares, sin ninguna garantía de su bienestar y con ningún objetivo educativo o conservacionista.

No hace falta irse al país de las oportunidades, en España podemos encontrarnos con situaciones horrendas en este aspecto. Para aquellos que conocen un poco el mundillo de las mascotas exóticas no les resultará extraño: En internet podéis encontrar muchos foros en los que abundan conversaciones sobre la tenencia de especies que no esperarías que un particular pudiera tener en nuestro país.

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Guepardo en coche particular – autoría desconocida

 En algunos países, los “zoológicos de carretera” son bastante comunes. Son centros cuyo único objetivo es atraer turistas que pasan por delante de su centro y nunca más volverán. Estos centros únicamente están regulados por leyes federales, y suelen tener a los animales hacinados. Si bien en Europa la ley de núcleos zoológicos es más restrictiva y no tenemos esa tradición, en España existen muchos núcleos zoológicos que hacen negocio con estos animales a través de espectáculos circenses, ferias, rodajes, etc. Es decir, estos centros, a diferencia de un zoo, no están obligados a tener ninguna actividad educativa o de conservación, y pueden usar directamente sus animales para el lucro.

Los circos con animales salvajes siguen siendo un gran negocio, y en este caso es común ver animales mutilados para que no puedan dañar a sus “entrenadores”, instalaciones ridículas que muchas veces se limitan a remolques, etc. La federación europea de veterinarios ya condeno las actividades circenses con animales, debido al entrenamiento con refuerzo negativo, las pésimas instalaciones y la nula educación que se transmite en este tipo de eventos hacia el mundo animal. En España se están prohibiendo en muchas comunidades autónomas y ayuntamientos, pero aún es legal.

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Macaco de gibraltar – Fotografía de Dev Dharm Khals

 

Los zoológicos tradicionales pueden estar acreditados o no. Un zoológico no acreditado puede realizar una gran labor, pero tampoco tenemos la garantía de que así sea. Lo mejor es informarse de las labores del centro (educacionales, conservacionistas, etc.), pues en este caso su labor no depende de instituciones, sino de voluntad popular, y es entonces donde nos encontramos lo mejor y lo peor de estos centros: Podemos tener centros que realizan rescate de fauna, educan y tienen bien a sus animales, compartiendo “categoría” con centros que en poco se diferencian a los zoos de carretera. Y es una pena que la gente no entienda la diferencia entre gente que se parte por los animales, y “gente” que parte esa labor, y con ella, al bienestar de sus animales.

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Imagen del Centro de Rescate-Zoo de Castellar, un centro denunciado por el estrés que sufren sus animales en las interacciones

Existen también muchos mal llamados santuarios y centros de rescate, que hacen pasar su labor como altruista. Podemos encontrar casos en España, pero en otras áreas del mundo es aún más sangrante. Por ejemplo, el negocio de la caza enlatada se rentabiliza con “santuarios” de crías donde puedes fotografiarte con futuros trofeos de caza.

Y es que hay muchos centros que crían animales salvajes con el objetivo de abastecer el tráfico de especies, especialmente en países como China, donde miles (sí, miles) de tigres son criados para abastecer un mercado negro de huesos y pieles. Por supuesto, también existen, en mayor medida, santuarios y centros de rescate reales que tienen como prioridad el bienestar y rehabilitación de sus animales, y nuestro país es una buena muestra de ello.

Sin embargo, también existen zoológicos acreditados por la WAZA (o su equivalente en España, la AIZA), una asociación que vela porque los zoológicos tengan como objetivo el bienestar animal, la conservación y la educación. Lo curioso es que, volviendo de nuevo al felino rayado y su situación en América, solo el 6% de los tigres en Estados Unidos están en este tipo de centros.

Esto quiere decir que mientras que un par de centenares de tigres se encuentran en este tipo de instalaciones, miles y miles de ejemplares permanecen en centros cuyo único objetivo es el lucro; y esto ocurre con cualquier especie. Personalmente, creo que estas asociaciones no son garantía de tales objetivos, o al menos del nivel que requiere actualmente la sociedad y el sentido común, pero si son un paso muy grande que debe diferenciarlas del resto, y regulan que las empresas que gestionan estos centros vayan en la buena dirección; aún así, creo que cada día serán más exigentes con sus miembros, pues es parte de la evolución natural que debiera tener el sector.

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Anuncios de venta de grandes felinos

Alguno pensará que esto nos pilla muy lejos. Si bien no vivimos en Estados Unidos, en Europa no nos libramos de cifras horrendas. Europa es el segundo importador de reptiles del planeta, se calcula que en Reino Unido hay 42 millones de animales no domesticados como mascotas, y hablaríamos de entre 2.500-7.500 primates solo en UK. Estos son algunos datos que he recabado en escasos minutos, sería interesante tener los datos de cuantos tigres o leones se pueden encontrar en jardines y garajes europeos y españoles. No es muy complicado y encontrar por internet la posiblidad de adquirir uno de estos animales.

Es entonces donde me pregunto a que estamos jugando. ¿Por qué veo a tanta gente pidiendo el cierre de zoológicos con miles de animales y a tan poca apoyando a centros de rescate y zoos buenos donde debieran trasladarse estos mismos animales para evitar su sacrificio? Tal vez fuera mucho más útil manifestarse por mayores restricciones en la tenencia de animales salvajes por particulares.

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Mujur, hembra de orangután de Borneo (zoo de Dublín) – Fotografía propia

 Porque está claro que en los zoológicos modernos hay mucho que mejorar, y es que este artículo no es una defensa de estos: Debieran cerrarse muchos centros y seguir una mejora constante de las premisas conservacionistas y educacionales (Más creo que este tema es mucho más complicado de lo que aparenta para muchos). El camino seguramente pase por unas acreditaciones más exigentes y una mayor proporción de santuarios y pequeños centros que educan y recuperan, en contraposición a la cautividad como forma de lucrarse sin aportar beneficios a los ecosistemas y la sociedad, y sobre todo, en contraposición a esa “cautividad invisible” que tan poca visibilidad tiene en los medios y que parece estar tan poco presente para muchos.

Por ello, sigamos apoyando, de forma crítica, a aquellos centros que velan por los valores educativos, que velan por el bienestar de sus animales y que velan por el futuro del planeta. Como siempre, muchas gracias por leerme. Os recuerdo que si queréis apoyar al blog, seguidlo en las redes sociales (facebook y twitter) e interaccionar con las publicaciones, pues simplemente un “me gusta” ayuda bastante a la difusión de este contenido divulgativo.

De gorilas, orcas y hombres

La cautividad animal ha sido puesta de nuevo en tela de juicio en las últimas semanas; son muchos los que ponen en duda esa aparente evolución de las instituciones zoológicas hacia centros de conservación, y existen razones para poner en duda dicha premisa. Esta semana hemos visto una nueva muestra de ello, y es que mientras Harambe, un espalda plateada del zoo de Cincinnati, se las veía con un niño de 4 años; Morgan, la famosa orca sorda de Loro Parque, se hacía viral en un vídeo de 30 segundos.

Vamos a empezar diciendo que creo que el debate de la cautividad animal es muchísimo más complejo de a lo que normalmente se ve reducido: Los que ponen a los zoológicos como baluarte conservacionista por excelencia y sin fallos, frente a los que los ponen como cárceles de seres inocentes. Y que simplificar dicho debate a estas dos posturas me parece un error, tanto para el avance de la conservación como para el de los derechos de los animales. No es tan simple como poner una foto en blanco y negro, y decir que en los zoológicos solo reina la tristeza. Tampoco justificar las limitaciones espaciales y etológicas que sufren muchos de estos animales tras el escudo de la conservación sin poner verdaderas soluciones. Parece claro que la evolución de los zoológicos ha sido grande, pero aún no ha acabo. Pero bueno, este no es el tema del post de hoy.

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Fotografía de Jabruson

Lo que me escama de estas historias, tanto la de Harambe como la de Morgan, es que de pronto todo el mundo es experto en muchas cosas desde la comodidad de su sofá: Somos expertos en teleanestesia, comportamiento de cetáceos y primates, bienestar animal, cognición animal, primatología y un sinfín de paquetes más de conocimiento, derribando y superando décadas de estudio de los diferentes ecotipos de orca y del comportamiento de varias poblaciones de gorilas. En el caso de Harambe, culpando al zoológico de una mala decisión a la hora de no usar anestésico, pues el gorila no pretendía dañar al niño. En el caso de Morgan, se garantiza que el animal está cometiendo un suicidio.

Por mi parte, toda la ignorancia y cautela del mundo, ergo mi intención es traer algunas de las opiniones que he leído a lo largo de estas semanas. Es curioso ver como desde aquellos nichos de conocimiento en la materia es de donde llegan las palabras más cautas: Desde Gorilla Doctors, probablemente los mayores expertos en medicina veterinaria en estos primates, declaran que “los zoológicos tienen como primer deber proteger a los visitantes” (Me parece reseñable que una organización que se dedica a anestesiar gorilas no analice la situación ni juzgue a los responsables). Otros, como el veterano primatólogo Frans de Waal, comentan esta actitud de forma cautelosa, y hablan también de excitación y nerviosismo, que ponía en peligro la vida del niño, en la misma línea que cuidadores de gorilas veteranos como Amanda O´Donoughue, que recalcan que aunque había comportamiento de protección, también existía un nerviosismo peligroso en el animal, que arrastró bajo el agua al niño durante varios segundos. El veterano cuidador de primates Jack Hanna recordaba que la teleanestesia no es inmediata, y que cuando un gorila estresado recibe un disparo de dardo mientras tiene un niño en la otra mano, la vida del niño se pone en peligro.

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“La mirada del gorila” – Fotografía del usuario Zx30 (DA)

Desde la Humane Society de Estados Unidos, una de las asociaciones animalistas más potentes de América, recuerdan que “en la mayoría de muertes de animales a manos de humanos, no hay lugar para el dilema moral de elegir entre un gorila y un niño. Reconozcamos que los responsables del zoo tomaron esta decisión en un estado de crisis y con gran pesar, palabras que han sido compartidas por las redes sociales de otros veteranos en la protección de los primates, PASA, la alianza de santuarios de primates africanos, añadiendo al hecho de que una buena forma de demostrar el dolor que nos suscita esta noticia es ayudar a la protección de estas especies en su hábitat natural.

La veterinaria y primatóloga Belén Roca, con la que tuve la oportunidad de hablar hace tiempo del tema, comentaba que “Dar un punto de vista sin conocimiento previo del animal puede ser algo atrevido. Su pasado, sus hábitos, sus rutinas y su personalidad pueden ser esenciales a la hora de valuar el comportamiento de Harambe”, recalcando que aunque podría haberse planteado otra medida beneficiosa para ambos, es consciente de “los riesgos que se corren en la anestesia de un animal de semejante envergadura, además de que el disparo del dardo podría haber sido detonante de un comportamiento agresivo”.

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Harambe (zoo de Cincinatti) – Fotografía de Chris Miller

La doctora Jane Goodall, por su parte, mandaba sus condolencias al director del zoológico; en sus palabras se matizaba que apoyaba la idea de que el comportamiento del gorila era protector, pero de nuevo, palabras cautelosas frente a aquellos que garantizaban saber las intenciones del gran simio. Y es que tal vez la cautela sea lo más indicado cuando hablamos de una situación límite, de máximo estrés, en la que los responsables no disponían del vídeo que ahora vemos todos de forma apaciguada y fría desde nuestro ordenador (al igual que la mayoría han ignorado esos momentos donde Harambe arrastraba al niño por el agua con una fuerza tremenda). Otros culpan a los padres; de nuevo, cabría preguntarse si aquí nadie ha despistado a su hijo, su mascota o simplemente a su grupo de amigos, durante 2 minutos.

El caso es que tal vez nos atrevemos a juzgar muy pronto a todos los partícipes de esta historia. Lo que parece indiscutible, como apuntan desde Wildfare, es que “Lo que si queda claro es que el diseño de las instalaciones debería de ser un tema primordial, no solo por el bienestar de los animales cautivos, sino también para evitar estas situaciones”. Pero en mi opinión, aquellos que ven en la muerte de Harambe una elección fácil con verdugos y víctimas, están menospreciando la vida animal, independientemente de que hablemos de primates humanos o no humanos, no existen soluciones fáciles y no es un debate donde se pueda tener la razón absoluta por arte de magia.

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Espalda plateada (Cabárceno) – Forografía propia

Lo que está claro es que muchos se olvidarán de este suceso mañana, mientras que los protagonistas de esta historia (cuidadores, personal del zoológico, padres y compañeros de Harambe en su instalación) tardarán bastante más en olvidarlo, si es que llegan a hacerlo; mientras, día a día mueren gorilas como consecuencia de nuestra forma de consumo, y en muy pocas ocasiones mueren de esta forma trágica.

Por otro caso, el caso de Morgan es bien distinto. Tras evaluar un vídeo de 30 segundos, miles de personas dedujeron que el animal buscaba el suicidio. Cabría preguntarse porque un mamífero marino, que respira oxígeno fuera del agua, intenta suicidarse saliendo del agua. Las orcas salen de esta forma tanto en estado salvaje (caza de leones marinos en Argentina) como en cautividad (los entrenadores les hacen salir mediante refuerzo positivo para espectáculos y chequeos veterinarios). ¿Es normal que una orca decida quedarse durante varios minutos fuera del agua sin razón aparente? No sé de etología de cetáceos, ergo opinar se me hace difícil. ¿Tiene que ver esto con la lucha en contra de la cautividad de los cetáceos? Yo creo que no. Hablamos de rigor y de utilizar argumentos. Hay numerosos estudios que hablan del estrés en cetáceos en cautividad, con mucho más peso que hablar de suicidio en un vídeo de 30 segundos.

Veo a gente leer este titular y tener dos reacciones: O compartirlo corriendo como si fuera la verdad absoluta o reírse, muchos de ellos pensando que las orcas no son más que peces grandes, que ni sienten ni padecen, haciendo imposible que podamos otorgarles acciones y cualidades humanas como el suicidio…”Como van a suicidarse los animales, que tontería”. Ambas ideas dan bastante rabia y pena. Al final, lo que se consigue con este tipo de noticias, es que miles de personas hablen de cerrar zoológicos y liberar animales, sin que nadie ofrezca un lugar donde dichos animales puedan continuar su vida de forma digna, y que encima otros menosprecien la inteligencia y la vida de estos seres, que merecen todo nuestro respeto y consideración.
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Dos ejemplares de orca – Fotografía propiedad de Seaworld
Es respetable y comprensible la lucha contra la cautividad animal, pero en ciertos casos, en lugar de debates desde la ignorancia o gritos de libertad de animales que no pueden sobrevivir en el medio natural, sería más interesante pedir que estos centros cumplan los compromisos básicos que se supone cumplen las instituciones zoológicas, que muchas veces superan con creces la mágica solución propuesta, en caso de existir. En el mundo hay cientos de miles de animales salvajes cautivos, y en lugar de los más mediáticos, deberíamos preocuparnos de aquellos donde su situación y bienestar deja mucho que desear. Mientras los compañeros de recinto de Harambe probablemente tengan unas condiciones de vida geniales, tenemos en los Estados Unidos casi 10.000 tigres en cautividad: Solo 500 de ellos se encuentran en instituciones zoológicas regladas por la WAZA. El resto de millares de animales viven en jardines privados, circos, núcleos zoológicos de carretera y casas particulares. Esa es la cautividad contra la que deberíamos estar luchando. 
Seamos además conscientes pues, que antes de pedir que se liberen animales por vídeos virales sin fundamento, debiéramos potenciar la situación de los santuarios de este tipo de especies (en España nuestros santuarios de primates están colapsados y sin apenas apoyo institucional, y nadie habla de ello), además de denunciar la verdadera cautividad animal dañina, aquella que no tiene en cuenta ni la biología ni el bienestar de los animales que aloja, y sobre todo, fomentar la conservación de nuestra biodiversidad y consumir acorde a estos ideales. Pues veo a mucha gente preocupada por Morgan y Harambe, lo cual es enternecedor, pero a muy pocos preocuparse por la situación de sus congéneres en estado salvaje, y si seguimos así, pronto solo habrá gorilas y orcas en capitales europeas y estadounidenses, y se extinguirán de montañas y océanos. Pensemos antes en estos animales, tanto individualmente como englobados en especies amenazadas, y actuemos en consecuencia, en lugar de utilizar cualquier viralización para alimentar nuestras ideas, en lugar de ponerlas en duda constantemente.
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El bisonte reconquista Europa

El bisonte es uno de los animales que más representación tiene en las cuevas rupestres de toda Europa. Esto nos da una idea de que este animal pobló durante milenios los bosques de toda Europa; de hecho, se calcula que los bisontes habitaron nuestra península durante 1,2 millones de años. Sin embargo muchas veces olvidamos que no es un animal cuya presencia en nuestras tierras sea tan prehistórica como pudiera parecer; y es que en España llevamos solo 10.000 años sin bisontes.

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Bisonte europeo. Fotografía de Staffan Widstrand

Pero es aún más sorprendente si nos vamos directamente al bisonte europeo (Bison bonasus) y a otras zonas de Europa. Y es que el bisonte europeo, último miembro del género Bison que habitó Europa, se extinguió en estado salvaje hace relativamente poco. La caza y la tala indiscriminada redujeron su hábitat. En el siglo XIV solo quedaban unas pocas cabezas en la región francesa de las Ardenas; quedando prácticamente extintos en Rumanía hasta 1762; y en las regiones montañosas de Transilvania hasta 1790, donde murió el último bisonte europeo en libertad. Sin embargo, en Rusia, Lituania y Polonia, gracias a que la caza de estos animales era privilegio real, permitió su supervivencia hasta la primera guerra mundial, cuando sirvieron de alimento a los soldados, muriendo el último bisonte polaco en 1919, y el último ejemplar de la especie en libertad pereció en el Cáucaso en 1927.

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Bisonte europeo. Fotografía de Pryndak Vasyl

Fueron los zoológicos los que jugaron un papel vital en la supervivencia de esta especie. 50 ejemplares perduraban en cautividad, repartidos por todo el mundo. Tras constituirse un organismo protector de esta especie (CIDB), se reintrodujeron 12 ejemplares en el bosque de Bialowieza por los años 50. En 1966 fue incluído como animal protegido por la ONU. De aquellos 12 ejemplares, descienden hoy 613, que gracias al esfuerzo de zoológicos y del CIDB, pueblan varios parques de Polonia, Bielorrusia, Rusia, Rumanía, Ucrania, Moldavia, Lituania y Kirguistán, muchos de ellos en estado salvaje.

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Bisontes europeos. Fotografía de Valène Aure

Los zoológicos y centros de cría forman un papel importante en esta vuelta de la extinción del mamífero terrestre más grande de Europa; sin embargo, lo ideal es establecer terrenos grandes de bisontes europeos en semilibertad. En 2015 se encuentran activos 8 proyectos de más de 200 hectáreas en tierras europeas. Además, en Polonia se considera a este animal patrimonio natural del estado y se cría en libertad por el país.

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Bisonte europeo en Paleolítico Vivo. Fotografía de A3

Pero España también abre las puertas al bisonte: En 2010 se introdujeron 7 ejemplares en San Cebrián de Mudá (Palencia), donde podéis encontrar el centro de interpretación del bisonte europeo. Posteriormente se han traído más ejemplares desde el resto de Europa. Actualmente, en España, podemos encontrar varias iniciativas que unen educación ambiental y ecoturismo: A Palencia se le une el Parque de la Prehistoria de Teverga (Asturias), Paleolítico Vivo (Burgos), Museo de la Fauna Salvaje de Boñar (León), la Reserva de Valdeserrillas (Valencia) y la Reserva de Bisontes de Campillito (Plasencia), además de varias iniciativas de vecinos de zonas rurales para potenciar regiones rurales mediante el retorno de este animal. 

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Bisontes de San Cebrián de Mudá. Fotografía de “El Norte de Castilla”

Sin embargo, el bisonte europeo no es solo un valor añadido a las regiones que apuestan por este animal. Es un animal con una gran actividad deforestadora, transformando el paisaje. Sin duda, una actividad que podría ser útil a la hora de evitar incendios y reutilizar tierras abandonadas por la ganadería, además de intentar compensar el descenso de la transhumancia, actividad que también es útil para evitar la proliferación de incendios en los meses más calurosos.

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Bisonte europeo, fotografía de Alexandr frolov

Gracias a estos proyectos, los censos de bisonte europeo han crecido enormemente, llegando actualmente a unos 5.000 ejemplares; de los cuales cerca de los 3.000 viven en libertad. Sin embargo, dado que dichas poblaciones fueron originadas a partir de un número reducido de ejemplares, nos encontramos de nuevo con un tema que he tocado en el blog (Visita el post sobre el gorila de montaña) y en MasScience (Visita el post sobre el guepardo), y que es la diversidad genética escasa, la cual hace especialmente vulnerable a esta especie a enfermedades como la fiebre aftosa y otras enfermedades de los animales de abasto.

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Reintroducción de bisonte europeo en el este de Europa. Rewilding Europe

A pesar de ello, cada año nacen 200 ejemplares de la especie en todo el mundo, y España podría tener un papel importante en el retorno del bisonte, dadas las miles de hectáreas sin aprovechamiento de ningún tipo, especialmente en la zona cantábrica. Hace poco os hablaba del concepto de “Rewilding”, y como estaba ocurriendo de forma natural en Chernóbil (Si no leísteis el post, os lo recomiendo, pues tiene mucho que ver con este).

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Bisonte europeo. Autoría desconocida

Sin embargo, esta corriente conservacionista de “reasilvestrar Europa” no solo se trata de la reconquista de especies autóctonas; también del retorno de las piezas clave de nuestros ecosistemas, olvidados en el tiempo. El bisonte europeo puede potenciar el turismo rural, al igual que lo están haciendo otras emblemáticas especies como el lobo. Ver a la fauna salvaje como una fuente de riqueza económica a largo plazo, en lugar de como una fuente de recursos con fecha de caducidad, es en mi opinión el único camino a seguir.

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Bisontes europeos. Autoría desconocida

Sin embargo, tal vez el bisonte europeo juegue un papel en nuestros ecosistemas ya olvidado, y que su extinción haya producido un empobrecimiento de nuestros ecosistemas los últimos 10.000 años. Tal vez su retorno nos traiga algo que perdimos hace mucho tiempo. Un engranaje en los ecosistemas que lleva perdido mucho tiempo. De hecho, recientemente se han publicado estudios sobre las consecuencias de la pérdida de megafauna, en especial fauna marina y grandes herbívoros terrestres; y es que tienen un enorme protagonismo en un sistema de reciclaje de nutrientes natural, en especial el fósforo, que también podría tener importantes consecuencias en los ecosistemas. 

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Bisonte europeo en libertad. Polonia. Fotografía de D.Kucharski & K.Kucharska

Tal vez este animal sea, junto a muchos otros, quien transforme todas esos ecosistemas que hemos engullido, y sea quien abra la puerta para el retorno de especies como el lobo o el lince en bastiones a los que aún no han llegado. Y eso es lo verdaderamente emocionante del retorno del mamífero más grande de nuestro continente. Sin embargo, no debemos olvidar realizar esta introducción con la máxima responsabilidad, pues se debe recordar que no existen evidencias de que el bisonte europeo poblara en nuestro país, solo sus antecesores, más concretamente el bisonte de estepa (Bison priscus), el cual no fue de ambientes tan boscosos como el bisonte europeo. No estamos pues ante una reintroducción; pero por contra, tampoco creo que estemos ante la introducción de una especie exótica. Es por ello que debe hacerse con mucho rigor, mucha responsabilidad y no “soltar bisontes por soltarlos”. Lo que para mí está claro es que Europa se está asalvajando. No te lo pierdas. 

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Bisontes europeos del Parque de Cabárceno. Fotografía de Cantur

¿Y tú? ¿Qué piensas del retorno de estas especies? ¿Deberíamos centrarnos en las que aún se encuentran en estado salvaje en nuestro país? ¿Son estas piezas perdidas de nuestros ecosistemas vitales para regenerar los ecosistemas? ¿O tal vez nuestra tierra ya se haya adaptado a la ausencia del bisonte? ¿Puede convertirse en un problema, al carecer nuestro país de una extendida población de depredadores como el oso y el lobo? ¿El hecho de que esta especie no sea exactamente la que pobló la península puede marcar la diferencia? Como en otras ocasiones, os animo a compartir el post y a seguir el blog en el facebook y twitter de Nasua! Nos leemos.