El valor de una infancia primate

Una gran parte de los animales necesitamos ayuda de nuestros progenitores a la hora de sobrevivir durante los primeros meses de vida en mayor o menor medida.

En la mayoría de casos, este apoyo se reduce a los cuidados durante la lactancia; sin embargo, la relación con nuestros progenitores en el caso de los primates es una de las más estrechas del reino animal, prueba de ello son los múltiples casos de luto de madres que pierden a sus crías

Y es que mientras que muchas especies de animales pasan a gran velocidad del destete a la madurez sexual, los primates poseemos una infancia y un período juvenil largos y vitales para nuestra subsistencia futura.

La “lenta” vida de los primates

Es importante señalar que en comparación con el resto de animales e incluso de mamíferos, los primates poseemos uno de los ciclos vitales más lentos del reino animal, y por ende, la infancia primate es de las más largas. Tenemos pocos hijos y tardamos en tenerlos, tardamos en crecer, en madurar sexualmente, en aprender a desenvolvernos; en definitiva, los primates vivimos “lentamente”.

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Fotografía de Paul Souders

Los primates tenemos menos crías que otras especies animales, pero también invertimos mucho más tiempo en cada una de ellas: por ejemplo, un chimpancé apenas llegaría a las siete crías en toda su vida —algo que ya es raro— frente a las miles que puede tener una coneja.

El destete también tendrá enormes diferencias —dejamos de mamar, que no de depender—, mientras que un conejo deja de mamar a las tres semanas, un chimpancé lo hará a los cinco años.

Además, nuestros períodos de aprendizaje y socialización previos a la madurez sexual son mucho mayores que en la mayoría de especies de mamíferos, lo que aumenta los períodos críticos de aprendizaje: Sí, eso que sale en las películas de que los patos creen que lo primero que ven es su padre —bendito Konrad Lorenz seguido por decenas de patos—, en nuestro caso es un período mucho más largo.

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Fotografía de Eugenio Fernández

Y es que los primates no solo tenemos un destete alargado, también tenemos una infancia primate, es decir, un período juvenil previo a la madurez sexual, mucho mayor que en otras especies. Por ejemplo, los bonobos y los humanos prácticamente compartimos la edad a la que podemos reproducirnos por primera vez.

Durante esta etapa juvenil estableceremos lazos sociales, no solo con nuestros progenitores, sino con otros miembros del grupo. Las relaciones entre primates son la principal forma de aprendizaje frente a un componente mucho más instintivo en otras especies.

De hecho, no debemos olvidar que la relación con nuestras madres no es la única que importa. Padres, hermanas y otros miembros del grupo también participan en la infancia primate de muchas especies: mientras que los hermanos de algunas especies de mono tití son vitales para la crianza, los padres de macaco de Gibraltar participan activamente en ella de igual manera.

Tenemos pocos hijos y tardamos en tenerlos, tardamos en crecer, en madurar sexualmente, en aprender a desenvolvernos; en definitiva, los primates vivimos “lentamente”.

Las madres de alambre de Harlow

La importancia de esta relación y de estos períodos es de sobra conocida, gracias a varios experimentos realizados entre los 60 y 70, que evidenciaron las numerosas consecuencias de la privación de estímulos y relaciones durante estas etapas.

En estos experimentos, que hoy en día son considerados una de las mayores torturas a las que hemos llevado a nuestros primos, Harlow demostró en su laboratorio de la universidad de Winsconsin que la privación de contacto con otros primates y particularmente con sus madres producía efectos muy dañinos en estos monos.

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Fotografía de los experimentos de Harry Harlow

En el laboratorio de Harlow, los macacos podían verse unos a otros pero no podían tocarse al estar separados por cristales. El aislamiento de sus madres nada más nacer y de sus compañeros producía autolesiones y estereotipias varias, pero es especialmente trágico uno de aquellos experimentos.

En uno de los estudios, los infantes tenían dos “madres” para escoger: una de ellas era de alambre y tenía un biberón, mientras que la otra era de fieltro y tenía un lejano, relativo e insultante parecido a un mono.

En la mayoría de los casos las crías elegían a la madre de fieltro que no les proporcionaba alimento y se aferraban a ella, aunque eso les hiciera pasar hambre; para hacernos una idea, Harlow llegó a aislar a crías de primate hasta incluso dos años.

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Fotografía de los experimentos de Harry Harlow

Por desgracia, los experimentos realizados en este laboratorio eran numerosos; uno de ellos fue llamado pozo de la desesperación y consistía en introducir a los pequeños monos en una cámara de acero en total soledad durante semanas. Este aislamiento causaba enormes traumas en los pequeños primates.

Los monos terapeutas de Harlow

Tras salir del pozo de la desesperación, se les asignaba un mono terapeuta, que no había sido criado en estas condiciones, el cual ayudaba a los animales que salían del pozo a recuperarse —en un estado emocional lamentable— a través de grooming, abrazos y en definitiva, relaciones sociales.

Aún así, los monos terapeutas no serían 100% efectivos en los casos de aislamiento más graves, dado que parte del desarrollo final del cerebro de los mamíferos es post-parto, y el tremendo estrés que sufrieron estos animales puede incluso afectar a la maduración del sistema nervioso.

Los estudios de Harlow también demostraron que aunque la relación con las madres era vital, la compañía de otros primates de la misma edad era más que útil para que los monos aislados salieran de su trauma.

Fotografía de Gorilla Doctors

Una de las consecuencias más conocidas de los experimentos de Harlow fue el cambio en el trato a los bebes internados en hospitales y hospicios, que desarrollaban problemas de comportamiento similares al estar faltos de contacto y afecto, entrando en juego las casas de acogida.

Actualmente, también numerosos primates huérfanos se benefician de estos descubrimientos —y del sentido común de gente con empatía hacia otras especies— y los grandes simios que se quedan sin madre debido al tráfico ilegal o al bushmeat son criados por matronas.

Aunque es parte de su condena, gracias a este período alargado de aprendizaje a través de juego e imitación, muchos de estos santuarios y proyectos han conseguido que estos huérfanos puedan vivir en semilibertad. Por desgracia, muchos son recuperados en la edad adulta, tras un gran proceso de humanización.

Infancia primate y habilidades sociales

Uno de estos santuarios es el conocido Lola ya Bonobo, en la República del Congo. Allí, Zanna Clay y Frans de Waal realizaron un estudio que recuerda al de Harlow, pero que fue radicalmente más ético. 

Y es que por suerte o por desgracia, ya no hay que torturar animales para estudiar estas cosas, porque se rehabilitan cientos de ellos que ya han sido traumatizados, no por el bien de la ciencia sino por el egoísmo humano.

En el caso de los bonobos, entre otras cosas se estudió como estos primates se consuelan unos a otros, de forma similar a los “monos terapeutas” de Harlow, de enorme utilidad ante huérfanos que han visto a sus padres ser masacrados.

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Fotografía de Thomas Lohnes

Se observó que si bien los bonobos jóvenes eran más empáticos, la mayor diferencia era entre los huérfanos y aquellos que habían sido criados por su madre: Los bonobos que habían sido criados por su madre eran tres veces más dados a consolar a otros bonobos; mientras que en muchas ocasiones, la respuesta de los huérfanos era unirse al llanto o evadir la situación.

También se comprobó que los simios huérfanos eran ligeramente más dados a continuar llantos o rabietas y eran menos capaces de controlarse y relajarse; pero uno de los resultados más chocantes es que los huérfanos juegan con otros la mitad de tiempo que los bonobos criados por sus madres, que tenían hasta tres veces más amigos.

Orphan chimpanzee Kindu. Image courtesy of Lwiro Primates. www.lwiroprimates.org
Fotografía de Lwiro Primates

Por supuesto, una maternidad deficiente puede tener también malas consecuencias para las crías aunque estas no sean huérfanas. Es por ello que en muchos centros las matronas no solo sirven para cuidar huérfanos, sino para que las madres aprendan a cuidar a sus crías.

Un ejemplo de esto es la torpeza o incluso maltrato que algunos macacos rhesus realizan sobre sus crías, que parece estar directamente relacionado con las experiencias tempranas de las madres.

Los bonobos que habían sido criados por su madre eran tres veces más dados a consolar a otros bonobos; mientras que en muchas ocasiones, la respuesta de los huérfanos era unirse al llanto o evadir la situación.

No robemos más infancias

Este tema que hemos tratado es para mí uno de los principales argumentos que nos puede ayudar a concienciar contra la explotación de primates en diversos ámbitos donde se les priva de estos estímulos tan necesarios.

Especialmente en el mascotismo, pues tal vez demasiadas especies pueden ser mascota en nuestro país, y los primates sean los primeros a los que debemos blindar de esta amenaza, y alejarlos de nuestras casas.

Por desgracia, para que un primate actúe en el cine o sea tu feliz mascota, es necesario arrebatarle estos períodos críticos de los que hemos estado hablando: lo cierto es que cientos de personas siguen emulando inconscientemente los crueles experimentos de Harlow, otro peligro de no entender a los animales.

El aprendizaje con miembros de su especie es sustituido por el aprendizaje humano: en el peor de los casos, la falta de cuidados puede llevarle a la misma tortura a la que les sometió este científico americano.

En el mejor de los casos, estaremos humanizando a este animal, y estará condenado a carecer de las habilidades sociales que necesita uno de estos animales para tener una vida digna.

Y es que la mayoría de estos animales acaban siendo abandonados, y la rehabilitación se hace cuesta arriba y muy complicada, pues no sabrán comportarse entre los de su especie.

Porque cuando fomentamos su uso en películas o los compramos por internet, les estamos robando muchas cosas: les robamos su lenguaje, su personalidad silvestre y su infancia. Por suerte, existen cientos de centros tanto en España como en otras partes del mundo que intentan reparar los daños del ser humano en las mentes de estos animales.

Igualmente, el aislamiento de estos animales para dar facilidades en la experimentación animal es también uno de los temas más graves a este respecto, y debería preocuparnos más los estímulos sociales y ambientales que tienen estos animales que la propia experimentación en sí.

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Fotografía de Eugenio Fernández

Los primates somos un grupo de animales muy particular: mientras que una tortuga verde nunca conocerá a su madre y nacerá a cientos de kilómetros de ella, una cría de orangután pasará pegada a su madre cinco años. 

Y mientras que muchas especies pasarán años en soledad, cruzándose solo con otros individuos de su especie para copular, nosotros somos animales sociales que no podemos renunciar al contacto con otros: el aislamiento y la humanización se convierte, para los primates, en uno de los más duros casos de maltrato animal.

Somos un grupo de animales con el privilegio de una infancia que nos permite descubrir el mundo con inocencia y sin prejuicios. Atesoremos los recuerdos de la infancia que nos hacen hoy quienes somos, y recordemos que ocurre de igual manera con otras especies.  Y es que tal vez respetar la infancia sea otro “deber con la fauna silvestre” que estamos obviando.

 


 

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La biología tras “Tarzán”, de Disney

La adaptación animada de Tarzán realizada por Disney es una obra maestra de la animación, además de una de mis películas favoritas. Si El Rey León fue la película con la que más desgaste el VHS, Tarzán es una de las primeras películas que recuerdo haber visto en el cine. Así que ya iba siendo hora de hablar de ella y de gorilas, selvas y demás historias.

Dos mundos

La historia de Tarzán se mueve entre gorilas y humanos, entre civilización occidental y África, entre “Dos Mundos”, y de hecho, con ese tema comienza la película.

Una familia sobrevive a un naufragio y comienzan a construir una nueva vida en algún punto de África, mientras que una afectuosa madre de gorila y un espalda plateada, Kerchak y Kala, crían a su retoño de gorila.

El mundo de Tarzán es África. En concreto, el equipo de Tarzán viajó a África Central (Uganda y Kenia), y el Bosque Impenetrable de Bwindi (Uganda) fue una de sus mayores inspiraciones para el equipo, según revela el director artístico de la película, Daniel St. Pierre.

Arte de la película – Obra de Paul Felix

Este bosque es uno de los últimos hábitats del gorila de montaña (Gorilla beringei beringei), que inspira a la familia adoptiva de Tarzán y que el propio equipo observó en su hábitat, realizando bocetos y fotografías de su anatomía y movimientos.

Los gorilas son grandes simios apacibles, que viven en familias lideradas por un macho, formando un harén. Este macho posee un cráneo alargado debido a su prominente cresta sagital, que permite un enorme desarrollo de la musculatura mandibular.

A partir de los 12 años aparece un halo plateado que categoriza al animal como espalda plateada. Toda esta carga social y estructura anatómica se representa a la perfección en Kerchak, líder de los gorilas en la cinta de Disney.

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Arte de la película – Obra de Dominique Monfery

Durante este comienzo se va narrando esa historia paralela, en la cual Sabor, una hembra de leopardo (Panthera pardus pardus), es quien acaba con los padres de Tarzán, y a su vez con el hijo de Kala.

Aunque el leopardo suele optar por presas más fáciles, si se ha registrado predación sobre crías de gorila. Kala llorará su pérdida, y su destino se acabará cruzando con Tarzán, al que adoptará tras visitar la casa del árbol que fabricaron sus padres. (El luto en gorilas no es antropomorfismo Disney, es una realidad).

En mi corazón vivirás

Con la canción “En mi corazón vivirás” se introduce uno de los temas principales de la película, y es la propia lucha interna de Tarzán, a medio camino entre esos dos mundos. Conforme Tarzán crece, se da cuenta de que no encaja del todo en el grupo de gorilas.

Imagen de la película – Tarzán, de Disney

Ello le llevará a provocar una estampida de elefantes para ser aceptado por el grupo de Terk, la joven gorila que se acabará convirtiendo en la mejor amiga de Tarzán. La estampida se debe a que el pequeño Tantor y otros elefantes africanos (Loxodonta africana) confunden a Tarzán con una piraña. “No hay pirañas en África”…con esta frase comienza la genial escena (Más que cierto, en África el equivalente es el pez tigre).

Y por cierto…¿Por qué los elefantes de la película son rojos? Lo cierto es que los elefantes de ciertas regiones de África (como algún que otro parque de los que visitó el equipo) adquieren este color al darse baños de barros con arcillas.

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Boceto de la película – Obra de John Ripa

Volviendo al tema central de esta canción, Tarzán se empieza a dar cuenta de que no es como el resto de gorilas, y durante la canción de Kala reaparece la analogía de las manos, la cual permite exteriorizar ese conflicto de Tarzán y que se repite varias veces en la película. Durante la canción tenemos el cameo de otros primates, como gálagos y lemures (que solo viven en Madagascar, pero se lo perdonamos).

Hijo de hombre

La canción “Hijo de Hombre” representa el crecimiento de Tarzán y su adaptación a la vida como gorila; Tarzán encuentra su sitio en la sociedad de estos primates, y es capaz de usar herramientas y desplazarse de forma ágil por la selva.

Este cambio se nos muestra de una forma muy dinámica, y es a través del movimiento de Tarzán. Y es que el movimiento del protagonista es digno de estudio. A su particular surfeo arborícola, se le añaden formas de desplazamiento de otros primates.

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Arte de la película – Obra de Glen Keane

Por ejemplo, los gorilas se desplazan a cuatro patas, apoyando los nudillos. Tarzán hace lo mismo, y de hecho, los ilustradores han hecho que los nudillos de Tarzán se adapten a esta forma de desplazamiento.

Pero Tarzán también es capaz de desplazarse por braquiación. Una forma de desplazamiento llevada a arte por los gibones, que otros grandes simios podemos hacer de forma más torpe. Los más torpes sin duda son los gorilas, principalmente por su peso.

Ello le da a Tarzán una ventaja, al poder desplazarse entre las lianas junto a grupos de colobos (Pedazo de cameo!). Por eso vemos esa tremenda diferencia entre la capacidad de movimiento de Tarzán y el resto de su familia.

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Imagen de la película – Tarzán, de Disney

El equipo de la película estudió el movimiento de muchas más especies, que sirvieron de inspiración para un protagonista más salvaje. Gacelas, orangutanes, felinos e incluso camaleones fueron inspiración de los movimientos de Tarzán.

Como ya comentamos, el equipo viajó en 1996 a Kenya y Uganda. Ello les permitió ver a algunas de estas especies en su hábitat natural, visitando Amboseli y Masai Mara. Aunque los protagonistas son los gorilas, tuvieron la oportunidad de observar bastante mejor a los chimpancés, primates que no salen en la película.

Arte de la película – Obra de Glen Keane

Y es que el equipo visitó el santuario de chimpancés Sweetwaters, donde pasarón horas observando a estos animales. De hecho, la escena de Jane jugando con tres gorilas es directamente una de las experiencias que vivió Kevin Lima en el santuario con tres huérfanos.

Volviendo a la peli, llega el momento en el que Tarzán se siente al fin plenamente aceptado como gorila. Para ello, debe derrotar a Sabor, que retorna al territorio de los gorilas años después. En esta pelea, Tarzán se refugia entre las raíces de un gran árbol, que Sabor va destruyendo a zarpazos, dejando pasar rayos de luz. Es otro tema interesante de la película, resumido en palabras del propio director:

“En el curso de la película, durante cualquier amenaza, como las apariciones de Sabor, hay una fuerte luz. Cuando conocemos a Clayton, está cortando bambú y dejando que la luz rompa la profundidad del bosque. Son dos mundos distintos: El frondoso hábitat de los gorilas frente al mundo bañado por la luz de los humanos”

-Daniel St. Pierre-

Para los gorilas, la seguridad se encuentra tras la maleza del bosque impenetrable de Bwindi. Sin embargo, para nosotros la seguridad se encuentra bajo las luces de las farolas o entorno a fogatas y antorchas. Y al final, es lo que hacemos con las regiones más salvajes del planeta: Convertimos los hogares de otras especies en espacios abiertos, con menos refugios y más luz, haciéndolos peligrosos y desconocidos para ellos.

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Imagen de la película – Tarzán, de Disney

Desbaratando el campamento

Un grupo de ingleses liderados por Arquímedes Q. Porter, naturalista británico, desembarca en la región. Más adelante, habla a Tarzán de coetáneos suyos como la Reina Victoria, Kipling o el mismísimo Darwin. Por tanto, podemos fechar la película en finales del siglo XIX (¿Estás flipando con el nivel de frikismo con el que me he tomado esto, eh?).

Arte de la película – Obra de Harald Siepermann

El profesor Porter viene acompañado de su hija Jane, y del cazador Clayton, que hará de guardaespaldas de la pareja de investigadores. El viaje pretende demostrar la teoría del profesor Porter, que los gorilas no son bestias irracionales, y por contra forman familias y son seres sociales. 

En esta época, se conocía ya a los chimpancés, pero el gorila acababa de ser descubierto a través de cráneos y esqueletos, y se especulaba con la existencia de chimpancés gigantes de aspecto aterrador, convirtiendo al gorila en un exótico monstruo.

Durante la película se nos harán varias referencias a los inicios de la zoología de campo. Tarros con insectos, nombres científicos enunciados por el profesor o referencias a la propia biología de los gorilas. Ver a los Porter maravillarse por comportamientos reales de los gorilas, como la realización de nidos o el grooming (acicalamiento), es maravilloso.

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Imagen de la película – Tarzán, de Disney

Uno no puede evitar sonreír al ver como en la ficción estos personajes se adelantan cien años a Dian Fossey en sus investigaciones. Y más cuando Jane Porter parece un guiño a esas primeras investigadoras que pisaban África para cambiar nuestra percepción del mundo natural.

La propia Jane Goodall confiesa los libros de Tarzán como una inspiración para ir a África, y aunque es rebuscado y seguramente no intencionado, parece que la cinta animada intenta devolver el guiño a la labor de estas mujeres.

Imagen de la película – Tarzán, de Disney

Jane se encontrará con Tarzán muy pronto, tras ejercer un poco la ilustración científica y provocar a un grupo de lo que parecen papiones/mandriles. Mientras, Tantor, Terk y el resto de jóvenes gorilas descubren el campamento de los Porter y lo arrasan a través de experimentación musical, ideado por Phil Collins (como toda la maravillosa BSO de esta película) y titulada “Desbaratando el campamento”.

Lo extraño que soy

El encuentro de Jane y Tarzán desembocará en varias visitas al campamento de los Porter, en las cuales Tarzán saciará su sed de conocimiento a través de las antiguas imágenes de un proyector y la canción “Lo extraño que soy“, que tratará de narrarnos como Jane y Tarzán descubren el mundo del contrario y se terminan enamorando.

Captura de la película – Tarzán, de Disney

Mientras, Clayton intentará que Tarzán revele la localización de los gorilas. A estas alturas del film, no cabe duda de las intenciones perversas de este sujeto. Como experto cazador, su intención no es otra que cazar a estos primates para exhibirlos como bestias, algo que justo comenzaba a hacerse en Europa.

De hecho, el primer gorila exhibido en Europa fue en 1880. Y sería el primero de muchos, de los cuales gran parte murieron o fueron protagonistas de pintorescas historias de depresión que comenzaron a llamar la atención de europeos y americanos.

Nuestros primeros escarceos con animales salvajes en tierras lejanas no suelen tener buenas intenciones. A la caza furtiva se le sumó la exhibición itinerante o en centros comerciales y parques, acabando en la construcción de las primeras casas de fieras.

Tarzán terminará por enseñarles la localización de los gorilas, que maravilla a los Porter y da a Clayton la oportunidad de localizar los nidos. Y es que nuestros protagonistas intentarán marcharse juntos a Reino Unido, pero antes de que ocurra se hace efectiva la traición de Clayton, que comienza el intento de cazar a los gorilas, que se saldará con la muerte del propio Clayton (de las más gráficas de Disney) y el fallecimiento de Kerchak (NOOO!).

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Arte de la película – Obra de Paul Felix

La caza furtiva es una de las mayores amenazas de esta especie durante el pasado siglo; Dian Fossey luchó contra esta lacra hasta el punto de que hay serias sospechas de que su asesinato tuviera que ver con esto. Actualmente los gorilas de montaña están fuertemente protegidos gracias a ella y otros conservacionistas.

Hay muchas cosas que me gustan de esta película. Creo que Disney llevaba mucho tiempo cayendo en ese torpe antropomorfismo de ciervos y petirrojos poniendo la mesa, y fue saliendo poco a poco de él. En El Rey León vemos luz al final del túnel, y Tarzán nos muestra en su mayoría una “buena” humanización de los animales.

Y es que la cinta consigue defender la importancia de la familia, independientemente de si esta es biológica o no, a través de la relación entre gorilas y humanos. Una relación que no esta exenta de barreras y problemas, pero que tiene gran parte de realidad. Y ha permitido que muchos creciéramos soñando con gorilas, leopardos y selvas en nuestra niñez. 

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Cartel de la película – Tarzán, de Disney

Me voy no sin antes recordaros que es la tercera película de animación que analizo desde este punto de vista, así que echadle un ojo a El Rey León o Buscando a Nemo. Si se os ocurre alguna más, dejadla en los comentarios. Os remito al facebook del blog y el resto de redes. Nos leemos!

¿Por qué debería tener cuidado al compartir selfies y memes de animales?

Los selfies, vídeos virales, gifs y memes de animales pueblan internet. En el afán de conseguir uno de estos selfies para la red social de turno, hace unos días asistíamos a un hecho insólito: Un grupo de turistas acosaba a un oso al norte de León, hasta el punto de forzarle a cruzar una carretera con tráfico a plena luz del día.

Dejando a un lado la necesidad de una mayor regulación del ecoturismo; lo cierto es que da igual que red social usemos, basta con bajar un poco por sus infinitos “timelines” para encontrarnos con algún animal salvaje: Tal vez sea la imagen animada de un gato gracioso, un mono que parece flipar ante un truco de magia o un meme de animales haciendo algo “humano” y con algún chascarrillo de por medio.

Estas imágenes virales tienen bastante éxito y consiguen propagarse por la red, pero tal vez estén teniendo más consecuencias que hacernos pasar un buen rato frente a una pantalla. Vamos a verlo a través de las tres preguntas que deberíamos hacernos antes de subir un “selfie” con algún bichejo a nuestras redes sociales, y que servirán para preguntarnos que sentido tienen muchas de estas imágenes viralizadas.:

¿Es peligroso para mí realizar esa foto?

Los selfies requieren de una cercanía que muchos animales no están dispuestos a aguantar, llevando a accidentes, con los bisontes de Yellowstone a la cabeza. Mientras, los osos de Colorado son otro caso similar, donde se ha llegado a cerrar el parque natural para los turistas.

Otro caso llamativo son muchos de los primates que podemos encontrarnos en la Asia más turística: Si ya nos encantaba interaccionar de forma innecesaria e irresponsable con estos animales, ahora, con los selfies, los ataques a personas aumentan, y el mayor peligro en este caso son las enfermedades infecciosas que podemos contraer.

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Uno de los osos virales de Colorado – Mercury Press

¿Está en peligro el animal o ha sufrido estrés?

La respuesta es afirmativa en muchos de los casos, y la primera muestra de ello son los ataques que hemos mencionado antes: Sí un animal salvaje te ataca, probablemente le estuvieras estresando o intimidando.

En muchas ocasiones, no vemos ese estrés porque no sabemos reconocerlo. Un ejemplo claro es el babuino sorprendido por un truco de magia. 

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En realidad, ese animal se ha sentido estresado por los movimientos del “mago” y le ha mostrado una expresión de enfado, no de sorpresa. Esto fomenta que los turistas molestemos a los animales en los zoos.

Otro caso es el de animales en ambientes humanizados, que aunque pueden no estar sufriendo un estrés agudo en la imagen, si han sido privados de muchos estímulos y padecido trastornos mentales graves.

El ejemplo clásico es el de primates en ambientes anormales: Siendo afeitados, con ropa o jugando con perros. Estas son algunas de las imágenes más populares, y también, para aquellos que conocemos su trasfondo, unas de las más grotescas y dañinas.

Estos animales han sido apartados de sus madres, con las cuales mantienen una relación afectiva similar a la que mantenemos los humanos. Separarlos de estas para humanizarles es un maltrato psicológico terrible que destroza la vida de estos animales.

Esta moda por viralizar animales ha hecho que se creen empresas especializadas en selfies con animales. En nuestro propio país puedes hacerte fotos con tigres y otras especies, salidas de lugares de dudosa ética.

Pero hay empresas de este tipo lejos de las zonas urbanas, en lugares como el Amazonas, donde animales capturados y maltratados son usados para que el turista de turno actualice su instagram.

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World Animal Protection

Otro ejemplo es el de la explotación de elefantes en Indonesia y Tailandia, el uso de falsos santuarios de animales que cobran por subirte a estos animales, o incluso para hacer supuestos voluntariados. (Gente, los voluntariados con ONG y santuarios no consisten en duchar y jugar con elefantes!).

Que *a*fkr! Incluso existen cursos de biología o veterinaria en nuestro país en los que parte del temario consiste en hacerse un auténtico book con un animal salvaje. No intento criminalizar todos los cursos con fotos y animales, ni todas las atracciones con elefantes (algunas son santuarios de verdad)…pero un poquito de sentido común nos puede evitar más de un disgusto.

El daño de estas fotos también aparece en el ámbito del ecoturismo que comentábamos al principio. Ciertas asociaciones medioambientales piden un poco de mesura a la hora de compartir avistamientos de fauna, evitando que cualquiera pueda acceder a zonas delicadas como cantaderos o madrigueras.

¿Qué mensaje transmite?

Tal vez podamos pensar que el daño ya está hecho, y que compartir este contenido no va a mejorar a reparar el daño que se muestra en estas imágenes. Pero lo cierto es que estas imágenes transmiten muchos mensajes, la mayoría de forma inconsciente. Y la mayoría con consecuencias nefastas para estos animales.

Primeramente, estas imágenes promueven una competencia por ver quién maltrata mejor animales, promoviendo esa clase de negocios a través de hashtags y geolocalizaciones. Y es que, que mejor idea que tras participar en maltratar un perezoso por dinero, usar el hashtag del sitio y poner donde está para que otros puedan sumarse a la nueva moda.

Pero también ponen de moda y normalizan la tenencia de animales salvajes. ¿Quién no ha visto a un zorro o un mapache siendo acariciado? ¿O protagonizando un meme en el cual sale en un sofá? Estos gifs y memes de animales transmiten que sus protagonistas son buenas mascotas, algo peligroso para su bienestar, conservación y para aquellos que caen en esta compra ignorante y compulsiva.

Estos mismos mapaches se pusieron de moda en España hace años, seguramente motivado por el aumento de vídeos y virales de esta especie. ¿Consecuencias? La especie se convirtió en invasora, vector de la rabia y ya se han capturado en Madrid más de 700. Los afortunados van a centros de recuperación, pero otros son sacrificados.

Lo cierto es que existen numerosos estudios que certifican que cuando una especie se vuelve viral en internet, su adquisición como mascota aumenta. Es por ello que estos virales pueden aumentar, de forma directa, el tráfico ilegal de fauna. (Recordemos, mercado negro conectado a grupos armados, trata de personas, prostitución de menores y demás)

Sin querer criminalizar a nadie por compartir una imagen cómica, lo cierto es que cuando compartimos estas imágenes, estamos, por desgracia, apoyando el maltrato de animales y fomentando su tráfico ilegal y tenencia irresponsable. Pensar un poco antes de darle a “Share” puede evitar tanto sinsentido.

Si queréis ver fauna salvaje graciosa en internet, mejor que sea difundiendo comportamientos naturales, y no compartiendo su vida con humanos. Y de todas formas, si queremos ver animales graciosos en internet, siempre nos quedarán los gatitos…

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“Grumpy Cat” – Fotografía de Amy E. Price

 

El peligro de no entender a los animales

Todos los animales emiten información de forma constante a través de vocalizaciones, colores o posiciones. Sin embargo, muchas veces malinterpretamos esa información, y eso repercute en el bienestar de esos animales y en el nuestro.

Hace poco, en mi cumpleaños me hicieron una sorpresa con tarjetas en las que salían chimpancés “graciosos”. Mi amiga, con la mejor intención del mundo, eligió una foto de uno de estos primates, mostrando toda su dentición, de forma similar a una sonrisa humana. Al ver la tarjeta, tuve sentimientos encontrados. Por un lado, un detalle que no olvidaré, pero por otro la sensación que da una foto que representa un sentimiento en las antípodas de lo intencionado.

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La imagen en cuestión – Autoría desconocida

No es algo anormal, de hecho, la misma imagen que utilizó mi amiga para ilustrar la tarjeta aparece en miles de webs, entre ellas, algunas de divulgación científica seria. Y es que incluso especies tan cercanas a nosotros tienen un lenguaje distinto al nuestro, y para ellos, el mostrar toda la dentición suele significar miedo o tristeza. Y este es uno de los peores ejemplos de las consecuencias de no comprender a los animales: Primates actores entrenados, para entre otras cosas, poner una expresión que nos resulta graciosa pero que significa miedo. ¿Cómo se consigue que un animal salvaje exprese miedo mediante el entrenamiento? Creo que no hace falta dar muchos detalles.

No entendemos a los animales. Por eso se hace muy difícil hablar en su nombre. Y fruto de ese desconocimiento existen múltiples consecuencias, principalmente para el bienestar y conservación de especies silvestres y nuestra relación con estas. Otro caso sería el mascotismo: Comportamientos anormales de mascotas “particulares” se vuelven virales, porque al desconocer su verdadero significado nos resultan graciosos; un claro ejemplo es el comportamiento defensivo del loris lento.

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Macaco de Gibraltar con cara de pocos amigos – Fotografía de Stephanie Piri

Pero el no entender a otras especies también tiene consecuencias directas para nosotros. De hecho, esta es una de las principales razones de ataques de animales silvestres a personas, pues normalmente todo conflicto con estos animales viene precedido de avisos por parte de estos, en forma de expresiones faciales o corporales. Sin embargo, las solemos ignorar, como bien señala un estudio reciente de la universidad de Lincoln, donde se demuestra que confundimos un aviso amenazante de un macaco con que nos lanzan un beso. A esto están acostumbradas muchas ONG que trabajan con este tipo de animales, como BMAC, una asociación conservacionista que trabaja con el macaco de Berbería. Desde BMAC, opinan que “Cuando invertimos tiempo entre animales salvajes, tenemos la responsabilidad de intentar entenderles, al igual que hacemos con otras personas para evitar estresarles. Aprender unas pocas expresiones faciales sencillas puede hacer una enorme diferencia positiva cuando observamos a estos animales”.

En otras ocasiones, malinterpretar a estos animales no nos lleva a un peligro directo, pero sí al estrés del animal. Es el caso de aquellos centros que mantienen animales salvajes en cautividad, ya sean santuarios o zoológicos. Reírnos o imitar a los animales al otro lado de la barrera no suele ser lo más respetuoso, y puede hacer más difícil la vida de los animales del centro y de la gente a su cargo. La ignorancia lleva a hacer muecas a primates o a agacharnos de espaldas ante un tigre esperando despertar en él comportamientos de depredador. También pensamos que un animal se sorprende por un truco de magia cuando en realidad le estamos molestando, o que un chimpancé lanzándonos cosas es gracioso.

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Imagen de “Proyecto Nim”

Por último, esta el caso inverso. En lugar de pensar que un animal esta alegre cuando está estresado, a veces pasa al revés. Y esto ya es un comentario personal: He colaborado con algún centro que acoge animales decomisados, y no sabéis lo que fastidia estar meses cuidando de animales que han sido maltratados por el ser humano, y que te venga el listo de turno (muchas ves tras haberse reído un rato del animal y que le expliques todo esto) a decirte “Ya…si se les ve tan tristes. Pobres”. Por favor, intentemos no hablar en nombre de animales y especies que no conocemos, porque a veces puede resultar ofensivo o incluso peligroso. Tal vez, en lugar de hablar tanto en su nombre, deberíamos empezar a aprender a escucharles.

 


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La “otra” educación en zoos y santuarios

En un momento donde la cautividad animal está bajo el punto de mira, muchos se preguntan si los zoológicos y otro tipo de centros tienen de verdad una función educativa. En mi opinión, esta función está en muchos centros de manera anecdótica, y la cartelería no es suficiente para ejercer una verdadera educación. Sin embargo, voy a hablar de otro tipo de educación al visitar estos centros, y es la del visitante.

Y es que debe ser difícil educar cuando al visitar estos centros, muchas veces vamos al zoo como quien va al parque de atracciones, con el único objetivo de pasarlo bien, sin buscar una tarde de aprendizaje. Por un momento, vamos a alejarnos del debate, y dejando de lado nuestro concepto de estos centros, vamos a hablar del respeto que les debemos tener a estos animales una vez atravesamos la taquilla, independientemente de la filosofía del centro:

  • Aprenda a leer: La mayoría de estas “normas” suelen estar escritas varias veces en estos centros. Al ir más a reírnos de animales que a aprender, suele pasar que la gente únicamente es capaz de leer los precios de las cervezas. Tal vez encontremos, de paso, algún dato interesante de las especies que vamos a ver y entrenemos un poco la empatía.

 

  • Los animales ya tienen comida: Sí señores. Únicamente en el caso de que el centro venda alimentos para los animales debieran ustedes darles comida. Las dietas de la fauna que alberga estos centros están formuladas de forma estricta para evitar diversas patologías, y en muchas ocasiones los animales albergados pueden padecer diferentes alteraciones metabólicas. Normalmente, no tenemos ni idea de la dieta de estos animales, y muchos de nuestros alimentos pueden ser tóxicos para otras especies.
Macaco Rhesus comiendo galletas – Sarvesh Phule
  • Flashes no, gracias: El hecho de que la inmensa mayoría de estos centros únicamente abran durante las horas de luz debería hacer que prohibir los flashes no fuese necesario. Aún así, parece que hay gente que aún no ha aprendido a quitar el flash del móvil, a pesar de haberse gastado 800€ en este. El flash puede dañar la retina de muchos animales, especialmente aquellos adaptados para ver en horas de poca luz. La práctica se vuelve bochornosa cuando vemos como se realiza frente a recintos de cristal, que reflejarán la luz de nuestra cámara.

 

  • No toques, porque tocas: Me da igual que estés en una instalación de “inmersión”, los animales salvajes no están para ser sobados. El traspaso de enfermedades no solo es uno de los riesgos, el estrés de los animales y el nulo beneficio que reciben de que vayas tras ellos también están ahí. Por no hablar que nuestro escaso conocimiento del lenguaje de estos animales hace que nos llevemos un mordisco en muchas ocasiones. Estas instalaciones deberían tener vigilancia constante, pero también nuestra capacidad de asimilar normas básicas. Si quieres tocar animales, ten un perro.
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Orangutanes de Borneo en el Zoo de Dublín – Fotografía propia
  • “El mono me ha quitado el móvil”: ¿Y cómo lo ha hecho? ¿Se ha escapado del recinto? ¿O tal vez pensabas que lo de “no tocar a los animales” no incluye el uso de prolongaciones de tu mano en forma de dispositivos? Es especialmente sangrante la gracia que nos hace el agitar bolsos en la cara de animales que pueden quitarnos las cosas, como muchos primates. Ojalá te tire el móvil al estanque. Igualmente, el lanzar botellas o piedras para que los animales nos hagan caso es un comportamiento que aunque marginal se sigue viendo, y uno no sabe donde meterse.

 

  • Cierra el pico: El gritar constantemente y reírse a pleno pulmón del comportamiento de otras especies molesta a los animales, e incluso algunos captarán que te estás riendo de ellos, especialmente aquellos que vienen rescatados de circos o espectáculo. Esto es alucinante en algunas instalaciones dentro de edificios, donde podemos convertir la vida en cautividad en un suplicio durante las horas de visita.

 

  • Controle a sus crías: Aunque muchos de estos comportamientos pueden ser ejercidos por un adulto, es especialmente triste cuando el hijo lo ejecuta y el padre le ríe las gracias. Si no está preparado para visitar estos sitios, déjelo en casa, ya que si comenzamos así durante la infancia, mal vamos…
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Cobos de agua en Cabárceno – Fotografía propia

 

  • “Bshhh Bshhh, mira aquí”: Este punto resume todos los anteriores, mucha gente va a llamar la atención de los animales con un objeto o un ruido para que les miren, se acerquen, y con suerte puedan tocarles. El protagonista es el humano, al cual el animal no puede ni debe ignorar. En el momento en el que hacemos cosas así, no venimos a aprender, sino a desaprender: Venimos a que los animales nos vean a nosotros, a hacernos el selfie y poco más, y no a observar a estas especies y aprender de sus comportamientos e historias.

Esta forma de relacionarse con los animales en cautividad por parte del visitante hace que las funciones sociales y conservacionistas de estos centros se hagan difíciles de defender. Probablemente se deba trabajar en una educación más activa para que este tipo de comportamientos se transformen, y visitar estos centros signifique respetar a sus habitantes, independientemente de que queramos visitarlos o verlos cerrados. Por suerte, muchos centros, especialmente los santuarios y centros de rescate, cada vez regulan más las visitas, siendo incluso exclusivamente guiadas, lo cual ayuda a mitigar la mayoría de estos comportamientos.

Espero que os gustase la entrada y siento estar escribiendo tan poco. Como suelo hacer, os animo a compartir la entrada y difundirla, y a meteros en las redes sociales del blog como facebookinstagramtwitterdad un like o un follow, que son gratis y me ayudan con la difusión! Un saludo, gente!

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Coatí en el zoo El Bosque (Oviedo) – Fotografía propia

 

 

Disney no tiene la culpa de como vemos la naturaleza

Tener como única referencia del medio natural a las películas “Disney” de los 90 no sea la mejor idea para educar a nuestros hijos. Sin embargo, como fan del cine de animación, me niego a creer que se pueda culpar a estas películas de nuestra concepción de la naturaleza.

Concept art de “El Rey León”

En primer lugar, el cine de animación ha ido adquiriendo complejidad a lo largo de los años. De las sutiles morajelas de “bien y mal” y los animales que ponen el mantel a Blancanieves hemos pasado a ver películas como Wall-E, que retrata un futuro catastrófico para la especie humana por sus errores ambientales, o la reciente Moana, que nos acaba de sustituir el concepto “princesa Disney” por el de “Heroína”, una heroína que se enfrenta a una catástrofe ambiental causada porque el ser humano toma el poder de “dar vida” de la Madre Tierra (¿Os suena de algo?). Hoy veo valores mucho más interesantes en muchas películas de animación que en las series tipo “Hannah Montana”.

Concept art de “Wall-E”

Aún así, no se puede negar que en estas películas, especialmente en las más antiguas, se mantenían roles humanizados para los animales. El antropomorfismo une nuestra parte más emocional con nuestra necesidad por conocer y admirar la fauna, y ha hecho bastante daño a nuestro trato al medioambiente, si bien habría que recordar que la concepción de animales como seres no sintientes, el imperante anterior, ha traído mil veces más desgracias.

Es cierto que en los clásicos Disney hemos visto a las hienas como traicioneras, y a los conejos y ciervos como seres amigables. Yo mismo he “denunciado” algunos de estos conceptos mal traídos (Buen momento para recordaros que tengo un análisis “biofriki” de El Rey León y Buscando a Nemo). Pero también he visto como Disney nos trasmite a través de su “ciclo de la vida” el funcionamiento de la cadena trófica mientras algunos sectores, como el cinegético, simplifican y humanizan aún más los roles de la fauna salvaje (Cormorán malo por comer nuestro pescado, cazador bueno por matar al malvado lobo).

Mulan Viz Dev - Lake
Concept art de “Mulán”

También habría que decir, que no es responsabilidad de la televisión educar a los niños en valores ambientales. Tal vez su función pueda ser reforzar esa educación, o despertarla, pero no se puede sustituir un paseo por el bosque por ver “Bambi” en el salón. Tal vez ahí falla la cosa, y es que todo este viene a que yo he visto Disney toda mi vida, y tan mal no he salido…¿No? Mientras, hay padres que han comprado peces payaso a sus hijos tras ver Nemo, que han durado dos días (¿Sabías que Disney ha sacado guías para la compra responsable de peces con “Buscando a Dory”?)

Tal vez es porque yo al volver en coche de casa de mis abuelos y de haber visto “Balto”, veía un potro con la panza desgarrada tras el ataque de los lobos. O tal vez, porque antes de ver “Bichos”, había visto a mi abuelo embutido en un traje de apicultor. O simplemente porque las aventuras de Bambi podían haber ocurrido en los bosques que podía encontrar a 5 minutos de mi casa. Y es que el “efecto Walt Disney” tiene más que ver con nuestra desconexión con la naturaleza que con el cine de animación.

Concept Art de “Buscando a Dory”

Y es que no, por supuesto que Disney no sustituye a nuestras raíces rurales o a coger unos prismáticos para buscar buitres en el horizonte, a sentir el olor del musgo durante el camino o simplemente a los vuelos de un petirrojo a unos metros de nosotros. Pero eh! Tampoco es incompatible con la educación ambiental u otro tipo de programas. Yo veía Pocahontas, pero también “El Hombre y la Tierra”. ¿Veis por donde voy?

Aún así, las cosas van cambiando, y es que esta famosa empresa de animación no solo está introduciendo más valores sociales y ambientales en sus películas animadas, también lleva una década produciendo documentales bastante desconocidos en nuestro país, pero de una enorme calidad, y en los que la narrativa Disney y la crudeza del medio natural se mezclan sin forzar la cosa. ¿Sabíais que por ejemplo, Disney cuenta con un documental de polinizadores? 

Lo cierto es que los documentales de esta franquicia son ideales para poner a los más pequeños de la casa. Mientras que “Bears” nos narra las aventuras de unos oseznos y su madre en Alaska, “Monkey Kingdom” nos traslada a los líos jerárquicos de los macacos de Sri Lanka, que habitan las místicas ruinas de Polonnaruva.

Con una narración a medio camino entre la fábula y el documental, estos documentales no renuncian a poner nombres y “humanizar” a los animales en su justa medida, narrando sus historias no solamente como uno de los ciclos de un ecosistema, sino como una aventura de un conjunto de seres sintientes que tienen lazos familiares. Y es que tampoco podemos caer en retratar a los animales como máquinas que cumplen una función ecológica, que cumplen las 5 funciones vitales de todo ser vivo y se van de este mundo habiendo cumplido “su parte”.

Oscar, protagonista de “Chimpancés” – DisneyNature

Por cierto, a través de Disney Conservation Fund, en gran parte financiada a través de estos documentales, Disney apoya a 330 ONGs, invirtiendo más de 65 millones de dólares en conservación. En nuestro país, el angelote, un tiburón que surca las aguas canarias, es una de las especies beneficiadas por esta iniciativa. Pero también hay muchas ONG conocidas, como el instituto Jane Goodall, Panthera o Save the Elephants (Sí, justo hablamos en el post anterior de abejas y elefantes). Tampoco es mi intención ensalzar a una de las empresas más grandes del mundo por su “compromiso” con el medioambiente, pues es lo mínimo que se debería pedir a toda gran empresa, no solo a aquellas que hacen documentales.

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Concept Art de “El Rey León”

Por supuesto que muchos niños conocen mejor la fauna africana que la autóctona, pero ¿Vamos a esperar que un estudio americano haga una película animada del alimoche? ¿Pretendemos que sea una multinacional la que enseñe de fauna ibérica? Por supuesto que no. Eso es deber de nuestro sistema educativo, de la divulgación ambiental y de la relación con la naturaleza que mantenemos los adultos cuando nos calzamos las botas y nos perdemos en los bosques, cada vez que salimos de la jungla de cristal. Y sobre todo, a la curiosidad y capacidad crítica propias una vez tenemos las herramientas y el conocimiento para conocer nuestro patrimonio natural y su fauna de forma independiente y sin sesgos.

Bueno, cerramos el post como siempre, animándoos a compartirlo y difundirlo, y a meteros en las redes sociales del blog (facebookinstagram y twitter), dad un like o un follow, que son gratis y me ayudan con la difusión! Un saludo, gente!

¿Son los ratones la gran fobia de los elefantes?

Los elefantes aparecen retratados en múltiples películas y series como gigantescas criaturas torpes, que en contraste con su tamaño están asustados de pequeños roedores. Sin duda queda efectista y gracioso en la gran pantalla, pero parece que hay poco de verdad en este supuesto miedo a los ratones.

Lo cierto es que ya en la antigua Grecia existen fábulas de ratones que entran por la trompa del elefante y le vuelven loco. Incluso el médico irlandés Allen Moulin buscó justificación anatómica a tal teoría, causa de la famosa fobia de los paquidermos; en Dumbo y otras películas animadas también explotan esta irónica relación. Sin embargo, un elefante poco tiene que temer a un roedor, como os podéis imaginar, salvo su aparición (o la de cualquier otro animal rápido y de movimientos bruscos) correteando entre sus enormes piernas, y de hecho este mito ha sido descartado por varios expertos en estos gigantes africanos. Aunque no lo he puesto en el título, claramente esto es un #CazadoresDeMitos.

Elefante africano – Fotografía de Sebastiao Salgado

Lo cierto es que la realidad supera a la ficción, y existen unos animales muy pequeños que sí despiertan temor en los elefantes: Las abejas. Y es que las abejas africanas son más agresivas que las europeas y de picaduras más dolorosas, algo que puede llegar a ser muy dañino para los elefantes, especialmente cuando las picaduras caen sobre su sensible trompa o sus finas orejas, zonas muy sensibles en contrastes con el resto de su gruesa piel.

La alarma que suscita la cercanía de estos insectos hace que los elefantes, al menos en el este de África, tengan un sonido específico para informar al resto de compañeros de la presencia del enjambre. El lenguaje de los elefantes es muy rico, sin embargo, es una de las llamadas más específicas que se han encontrado, un hallazgo muy importante pues es uno de los primeros sonidos en adquirir una traducción clara “elefante-lenguaje humano”.

Las primeras observaciones etológicas que evidenciaron esto fueron las de la ONG “Save the Elephants”, que mostraron en 2002 como los elefantes esquivaban las acacias con abejas. Comportamientos similares se han visto relacionados con especies de hormigas africanas, sin embargo, ello no ha tenido las increíbles aplicaciones que luego veremos. Esta fobia a las abejas fue confirmada por una zoóloga, Lucy King, que grabó el sonido de estos enjambres y lo reprodujo cerca de varios grupos de elefantes, obteniendo la siguiente respuesta:

Pero…¿Tiene esto alguna aplicación? ¿Tendrá que corregir Tim Burton la fobia de Dumbo en el futuro remake de la película? Lo cierto es que esta fobia podría ayudar a conservar a los paquidermos africanos.

Para comenzar, debemos decir que los elefantes, ahí donde los veis, son uno de los animales “más destructivos” con los cultivos humanos. La expansión poblacional ha hecho que elefantes y humanos deban convivir, o más concretamente, agricultores y elefantes. Las plantaciones, único recurso de muchas poblaciones rurales, son un manjar para estos animales.

Relaciones similares ocurren en nuestro país, siendo bastante normal ver hozaduras de jabalí en huertos saqueados. Mismamente, nuestra relación con el lobo ibérico también es muy similar. ¿Cuál es la opción? ¿Controles letales? Poco recomendables éticamente (e incluso científicamente), más en una especie tan en peligro de extinción. ¿Qué la gente se las apañe? Esa es la idea que tienen algunos con el lobo en España, y es la que está llevando indirectamente a que se muestren decapitados en carreteras asturianas. Las poblaciones rurales, en directo contacto con la fauna silvestre, deben ser los conservadores últimos de estos animales, y por ello, se debe apoyar esta convivencia.

Elefantes africanos – Fotografía de autor desconocido

 

Las medidas de protección apoyadas por gobiernos y ONGs son sin duda la medida más razonable, que puede satisfacer tanto a agricultores como conservacionistas. Con herbívoros pequeños es más fácil, incluso con depredadores del ganado…pero…¿Cómo detener al mamífero terrestre más grande sobre la faz de la Tierra?

¿Veis por donde voy? Fue la propia Lucy King y esta ONG quien comenzó en 2007 un proyecto en Kenia, creando “Cercados de colmenas”, con una colmena cada 10 metros: Si un elefante intentaba llegar a los cultivos, tocaba la barrera y las abejas eran liberadas. Durante los años siguientes, se demostró que este método podía reducir los saqueos, especialmente si es combinado con otros métodos como el uso de perros guardianes.

Barrera-colmena – Fotografía perteneciente a http://elephantsandbees.com

El proyecto ha continuado expandiéndose, apostando no solo por utilizar las abejas como método de protección, sino como fuente de recursos: La calidad de la miel ha ido también mejorando junto a la eficacia de las barreras.

La propia ONG recoge la miel y la prepara para ser vendida como un producto sostenible y de comercio justo. La idea es que la miel producto de estas barreras pueda ser vendida por servicios turísticos de varios países africanos, como los hoteles y organizadores de safaris.

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Tarros de “Elephant friendly honey” – Fotografía perteneciente a http://elephantsandbees.com

La idea se ha expandido por África en 9 países: A la pionera Kenia se unieron Botswana, Mozambique, Sudáfrica, Tanzania, Uganda, Chad, Gabón y Malawi. El proyecto ha comenzado a tomar forma en Asia, donde agricultores de Sri Lanka, India y Tailandia ya cuentan con barreras similares. Su implementación en Asia requirió de nuevos estudios, pues por ejemplo Sri Lanka posee tres especies de abeja con diferentes características comportamentales. En India y Malasia se ha comenzado a usar dando eficacias superiores al 70%.

La idea demuestra así ser aplicable a diferentes especies de elefante, abeja e incluso distintos hábitats, pues no olvidemos que en África podemos encontrar elefantes en extensas sabanas y frondosos bosques, y los agricultores ligados a todas estas variables se pueden beneficiar del proyecto, incluso aunque no esté implementado por la ONG en su país gracias a los manuales gratuitos para realizar estas barreras. Os dejo el vídeo oficial del proyecto, en el cual Disney Conservation Fund y la Universidad de Oxford también participan, además de la web, donde podéis colaborar:

 

Bibliografía empleada:

  • Elephants Have an Alarm Call for Bees – Science
  • Bee Buzz Scares off African Elephants – NatGeo
  • Web del proyecto “Abejas y Elefantes